La FAO a examen: de la resolución de la posguerra a un futuro compartido de seguridad alimentaria
A través de Peace and Nature, la obra de Pablo Atchugarry está expuesta en el Museo y Red de Alimentación y Agricultura de la FAO (FAO MuNe), en la sede de la FAO.
©FAO
A los 80 años, la historia de la FAO es una de continuidad, adaptación y propósito duradero. Desde su fundación a la sombra de un conflicto global hasta su papel actual en el centro de la transformación de los sistemas agroalimentarios, la historia de la FAO refleja una creencia persistente: que la libertad frente a la necesidad es un derecho básico, y que el derecho a la alimentación es un derecho humano fundamental. La libertad frente al hambre es un imperativo moral y una base para la paz y la prosperidad.
El pasado: una Constitución nacida de la crisis
La FAO surgió de entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, época en la que el hambre, la escasez y la devastación rural ponían en peligro la recuperación mundial. De forma generalizada, se consideraba que la inseguridad alimentaria era una de las causas fundamentales de la inestabilidad, y que la reconstrucción agrícola era esencial para volver a levantar las naciones. En este contexto, los 42 Miembros fundadores se reunieron en la ciudad de Quebec en 1945 para aprobar la Constitución de la FAO, por la que se establecía la Organización como el primer organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas.
En la Constitución y en los Textos fundamentales de la Organización se articulaba un mandato ambicioso y perdurable: aumentar los niveles de nutrición, mejorar la productividad agrícola, mejorar la vida de la población rural, contribuir a la expansión de la economía mundial y, al mismo tiempo, liberar del hambre a la humanidad. Estos principios fundacionales no eran ideales abstractos; se trataba de compromisos prácticos de cooperación, intercambio de información y asistencia técnica, basados en la convicción de que la seguridad alimentaria es inseparable de la paz.
Constitución de la FAO
© FAO/Luigi Spaventa
En sus primeros años, la FAO operaba desde Washington, D.C., creando capacidad institucional y apoyando la recuperación agrícola después de la guerra. En 1951, la Organización trasladó su Sede a Roma, lo que unió a la FAO, tanto de manera simbólica como en la práctica, con la larga tradición de cooperación agrícola internacional representada por el antiguo Instituto Internacional de Agricultura. Esta reubicación marcó la consolidación de la FAO como una institución mundial permanente con una identidad realmente internacional.
El Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO, señaló en el prólogo de una publicación que conmemoraba el 80.º aniversario de la Organización: “Los fundadores fueron conscientes de que la FAO sería esencial para la familia de las Naciones Unidas y para el mundo. Esto refleja la buena concepción institucional: un pragmatismo visionario de la década de 1940 que combinó propósito moral con multilateralismo inclusivo”.
Izquierda/Derecha: Italia, 1959. La Conferencia de la FAO designa 1961 como el Año Mundial de las Semillas. © Foto cortesía de PUBLIFOTO, Roma
Yugoslavia, 1954. Recursos de aguas subterráneas para riego. ©FAO/J. Dabell
El contexto de la Guerra Fría: independencia y evolución
La FAO vivió sus decenios de formación durante la Guerra Fría, período definido por la división ideológica y las tensiones geopolíticas. Sin embargo, la evolución de la FAO demuestra la fuerza de su mandato independiente y técnico. Como se documenta en las exposiciones y otro tipo de material conservado en el Museo y Red de la Alimentación y la Agricultura —inaugurado el 16 de octubre por el Excmo. Sr. Sergio Mattarella, Presidente de la República Italiana, y el Sr. QU Dongyu, como parte de las celebraciones del Día Mundial de la Alimentación de 2025—, la Organización servía como un foro inusual en el que los países, al margen de sus diferencias políticas, colaboraban en desafíos comunes relacionados con la alimentación, la agricultura, la pesca y la actividad forestal.
La FAO mantuvo su papel de organización neutral, que pertenece a sus Miembros y que se rige por los hechos comprobados, los datos, la experiencia profesional y la gobernanza basada en normas. Su labor durante este período, que abarcaba ámbitos como la reconstrucción agrícola, el desarrollo rural y la recopilación de los primeros datos mundiales, sentó las bases de la cooperación internacional moderna en torno a los sistemas agroalimentarios. Gracias a su independencia, la FAO no solo sobrevivió, sino que cobró mayor importancia, incluso a medida que la política mundial se volvía cada vez más polarizada y complicada.
Vista general de la entrada del Museo y Red de Alimentación y Agricultura de la FAO (FAO MuNe).
©FAO/Alessandra Benedetti
El presente: un mandato perdurable en acción
Transcurridos 80 años, el mandato de la FAO sigue siendo sorprendentemente coherente con su visión fundacional, a pesar de que los desafíos que aborda se han vuelto más complejos. El hambre y la malnutrición persisten, la crisis climática representa una amenaza para los sistemas agroalimentarios y las desigualdades siguen condicionando el acceso a los recursos. La FAO responde a estos desafíos con una combinación de procesos dirigidos por los Miembros, que incluyen al Comité de Asuntos Constitucionales y Jurídicos (CCLM), el Comité de Finanzas y el Comité del Programa, su experiencia profesional y su liderazgo técnico.
Los principales comités técnicos de la FAO son fundamentales para esta labor, ya que constituyen mecanismos intergubernamentales inclusivos para el diálogo sobre políticas y el establecimiento de normas. Órganos como el Comité de Agricultura (COAG), el Comité de Pesca (COFI), el Comité Forestal (COFO) y el Comité de Problemas de Productos Básicos (CCP) velan por que los Miembros sirvan de guía para la orientación normativa y estratégica de la FAO. Por conducto de estos comités, la FAO transforma su mandato constitucional en orientaciones, marcos e instrumentos de carácter voluntario concretos que dan forma a las medidas de ámbito nacional y mundial.
La FAO proporciona conocimientos técnicos y ayuda a los Miembros a aplicar el Codex Alimentarius, que es el conjunto de normas alimentarias internacionales que protegen la salud de los consumidores y promueven la equidad en el comercio de alimentos.
En apoyo de estos procesos, la FAO cuenta con un gran número de profesionales con gran experiencia —economistas, agrónomos, nutricionistas, especialistas en pesca y actividad forestal, estadísticos y analistas de políticas— cuya labor sustenta la toma de decisiones basadas en hechos comprobados. Esta combinación de excelencia técnica y gobernanza inclusiva ha permitido a la FAO mantener su posición de autoridad y seguir rindiendo cuentas.
La publicación FAO a los 75 años plasmó esta continuidad al describir la manera en que la Organización había evolucionado sin dejar de ser fiel a su misión original. El hito de la publicación FAO a los 80 años parte de esa misma descripción, y hace hincapié en los progresos realizados al tiempo que reafirma los principios por los que se ha regido la FAO desde 1945.
Izquierda/Derecha: El Director General de la FAO, QU Dongyu, pronuncia su discurso inaugural durante el lanzamiento del Llamamiento Global de la FAO 2026 sobre Emergencias y Resiliencia.
©FAO/Alessandra Benedetti
Transformación agrícola en África: Kenia.
©FAO/Eduardo Soteras
Prosperidad: la seguridad alimentaria como bien público mundial
La historia de la FAO pone de manifiesto que la seguridad alimentaria no es solo una preocupación humanitaria, sino un motor de la prosperidad compartida. Al mejorar la productividad agrícola, salvaguardar los recursos naturales y fortalecer los medios de vida rurales, la FAO contribuye a la estabilidad económica y la cohesión social. Con su labor, apoya a los países en la elaboración de políticas que equilibran la productividad con la sostenibilidad, garantizando que la prosperidad actual no se produzca a expensas de las generaciones futuras.
A través de su función normativa, la FAO también ayuda a definir la seguridad alimentaria y la nutrición como bienes públicos mundiales, lo que requiere la adopción de medidas colectivas y un compromiso a largo plazo. Esta perspectiva, consagrada en su Constitución, sigue siendo fundamental para la pertinencia de la FAO en un mundo en rápida evolución.
Provincia de Balkh, Afganistán. Samad Bay siembra semillas certificadas de trigo en las tierras que recibió de la FAO.
© FAO/ Hashim Azizi
El futuro: continuidad, adaptación y acción colectiva
En los últimos seis años, la FAO ha experimentado el mayor cambio transformador de su larga historia. “Nos hemos digitalizado, hemos orientado estratégicamente nuestras actividades en torno a las cuatro mejoras (una producción, una nutrición, un medio ambiente y una vida mejores) y hemos consolidado nuestro papel como verdadero centro de conocimiento y potencia científica”, afirmó el Director General de la FAO. “Los desafíos actuales nos han obligado a elaborar nuevos modelos analíticos y recomendaciones sobre políticas. Hemos cambiado el modelo operativo de cómo obtenemos resultados. Las asociaciones y la transparencia son el eje central de nuestra labor.”
De cara al futuro, la FAO se regirá por los mismos principios que guiaron su fundación: cooperación, hechos comprobados y responsabilidad compartida. A medida que crece la población mundial y se intensifican las presiones climáticas, la FAO seguirá apoyando a los Miembros en la transformación de los sistemas agroalimentarios para que sean más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles.
Video del 80 anniversario de la FAO
17/12/2025
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) concibe un mundo en el que todas las personas tienen acceso a suficientes...