"Es ... importante continuar concentrándose en las intervenciones que desarrollan mecanismos para la participación de la gente en la rehabilitación y el desarrollo y que proporcionen un incentivo para desvincularse del conflicto;...para que la gente se reúna pacíficamente y discuta puntos de interés comunes en vez de problemas que dividen; y para asegurar que los intereses de los más desvalidos sean adecuadamente atendidos." 5.
Con una infraestructura y un capital social enormemente disminuido y con sus sistemas de gobierno resquebrajados, Afganistán sigue siendo una nación en crisis. La pérdida de los empleos y de los ingresos por las exportaciones, así como la falta de una administración económica nacional y de capacidades de generación de ingresos ha debilitado la economía formal nacional. Casi veinte años de guerra han conducido a la reducción en espiral de la situación social y económica del país6. En 1996, el Informe de Desarrollo Humano del PNUD ubicaba a Afganistán en el lugar 169 de un total de 175 países en lo que respecta al Índice de Desarrollo Humano 7.
Antes de que la guerra empezara, Afganistán había sido clasificado como uno de los países menos desarrollados del mundo. No obstante, en 1978, contaba con un autoabastecimiento en granos por primera vez desde principios de 19008. Las carreteras, los diques y los sistemas de irrigación formales estaban desarrollándose con el fin de apoyar a la agricultura a gran escala, además, una red de departamentos, instituciones y agencias de capacitación gubernamentales apoyaban a los agricultores poseedores de pequeñas tierras.
En 1992, la guerra alcanzó el clímax, dejando alrededor de un tercio de la población (6 millones de personas) internamente desplazada o en campos para refugiados fuera del país. Las reducciones significativas en la producción agrícola sumieron al país en una extrema necesidad de alimentos y otro tipo de asistencia. Los sistemas agrícolas habían sido devastados, la infraestructura se había deteriorado, y los servicios de extensión del gobierno se redujeron drásticamente.
Sin embargo, pasaron los años, y gracias a los esfuerzos de varias agencias de las Naciones Unidas y otros donadores (especialmente la Unión Europea) y gracias a las actividades respaldadas por las ONG, la producción agrícola empezó a recuperarse. Hacia 1995, estos esfuerzos habían logrado grandes resultados. Entre dos y tres millones de refugiados regresaron a sus fincas, el abastecimiento alimentario del país aumentó y gran parte de las tierras de cultivo comenzaron a producir nuevamente.
En Afganistán ya no existe un gobierno formal. A falta de éste, las NU proporcionan un tipo de dirección en la reconstrucción y desarrollo del país. La falta de un gobierno central ha ocasionado varias limitaciones en la rehabilitación de las capacidades del país. Sin embargo, se han presentado oportunidades en todas partes y en cualquier momento. Especialmente, las organizaciones de desarrollo y otras han trabajado directamente con comunidades y con las ONG para planificar e implementar actividades. No obstante, la falta de infraestructura y de servicios de extensión sigue frustrando los esfuerzos para institucionalizar las lecciones aprendidas.
Por lo menos tres cuartos de la población vive en áreas rurales y se calcula que aproximadamente el 85% de ésta depende de la agricultura para subsistir. Así pues, es lógico pensar que el desarrollo agrícola, incluyendo el desarrollo de la ganadería, puede tener una influencia profunda en el desarrollo de la paz y la estabilidad en Afganistán. Los ingredientes básicos para el desarrollo de la producción ganadera aún siguen estando presentes en el país - tierras, agua, razas indígenas adaptadas, y mujeres y hombres emprendedores y acostumbrados al trabajo fuerte.
Se calcula que aproximadamente ocho millones de hectáreas de tierra agrícola se cultiva cada año en Afganistán, un tercio de las cuales se encuentra irrigada por acción de las lluvias y el resto por irrigación. El país se caracteriza por tener 11 zonas agroecológicas, con un cinco por ciento de áreas irrigadas9.
La contribución social y económica potencial de la ganadería al desarrollo agrícola, a la seguridad alimentaria interna y a la generación de ingresos en Afganistán es vasta. La producción ganadera siempre ha sido parte integral de los pequeños sistemas agrícolas a lo largo del país, proporcionando alimento, potencial agrícola, ingresos, lana, pieles de Karakal, y cuero. En la actualidad, la producción ganadera contribuye con lo siguiente10:
· una fuente de ingreso regular, aunque pequeña, mediante la venta de leche, huevos, reservas pequeñas y servicios,
· oportunidades de empleo en áreas en donde el trabajo familiar podría tener muy poca o ninguna otra oportunidad,
· oportunidades para el procesamiento del "valor agregado" en la finca y el mercadeo derivado de productos animales,
· un efecto "amortiguador" o estabilizador mediante la evasión del riesgo a través de combinaciones de diferentes cultivos y especies animales en la finca,
· una utilización viable de las áreas marginales que cuentan con pocos, si los hay, usos alternativos,
· activos a corto plazo que pueden liquidarse rápidamente, especialmente especies menores como las ovejas, chivos y aves de corral; para la compra de alimentos, insumos agrícolas, pago de pensiones escolares y obligaciones sociales,
· reservas de capital a largo plazo,
· fuente de proteínas y micronutrientes importantes,
· abono como combustible y material para la construcción,
· insumos para la producción de cultivos: potencia de los animales de tiro, abono, capital de trabajo, y finalmente,
· servicios de transporte.
De acuerdo con un informe inicial de las NU11, la esperanza de vida y las tasas de alfabetización de las mujeres de Afganistán se encuentran entre las más bajas del mundo. Los años de conflicto y el consecuente desplazamiento masivo de la población afgana resquebrajaron las estructuras familiares y además aumentaron la opresión de la población femenina 2.
Por "razones religiosas y culturales", a muchas mujeres afganas se les ha negado el acceso a la educación y al empleo fuera del hogar12. Recientemente, las autoridades del Talibán han denegado a las mujeres de Afganistán el acceso a la educación y al empleo, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones de las NU por convencer a las autoridades locales de "revocar estas políticas discriminatorias". Afganistán es un país signatario de la Convención para la Eliminación de toda Forma de Discriminación Contra la Mujer y del Acuerdo de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y ha ratificado este último. Sin embargo, los desarrollos políticos recientes han debilitado además la situación global de la mujer en Afganistán en términos de desplazamiento y acceso a los servicios. Recientemente, el Secretario General de las NU13 ha señalado que en las ciudades bajo el control del Talibán, la situación de la mujer ha empeorado.
Las recientes restricciones para las mujeres han afectado adversamente la capacidad de las NU y de otros donadores activos en los esfuerzos de rehabilitación y desarrollo en Afganistán, para impartir sus programas a aquellos que los necesitan. Esto es verdadero para la población rural y para las implicancias negativas de estas restricciones en el sector agrícola, sector en el cual las mujeres son muy activas.
El año pasado, las decisiones del Talibán han hecho cada vez más difícil para las mujeres el hecho de trabajar fuera del hogar, y para otros, el hecho de trabajar con mujeres. Esto puede tener serias implicancias en los esfuerzos de producción ganadera. Si las mujeres no están "presentes", su conocimiento y experiencia no puede contribuir a la solución de los problemas de la ganadería. No obstante, es importante recordar que la medida en que las restricciones del Talibán afectan a las mujeres varia de región en región e incluso entre áreas urbanas y rurales. También, en términos más generales, algunos observadores han señalado casos en los que las autoridades del Talibán han tenido que ceder frente a la enérgica protesta popular, especialmente en áreas rurales14.
El restringido movimiento de la mujer en Afganistán ha añadido limitaciones a los planificadores de las NU (y otros) que intentan responder a las necesidades de desarrollo en áreas que durante años ya se han visto presionadas por el conflicto. La pregunta de cómo reunir e integrar, con el máximo de eficacia, la información socioeconómica y desagregada por el género obtenida de los hogares de los pueblos con el fin de planificar, de la manera más adecuada, las intervenciones ganaderas en las comunidades y más allá de éstas, se ha vuelto cada vez más difícil de responder. Las restricciones en el movimiento de las mujeres han hecho imposible que las mujeres afganas trabajen fuera del hogar, a no ser que se trate del sector de salud humana. Esto ha evaluado las capacidades de los planificadores agrícolas, incluyendo veterinarios y especialistas en producción ganadera, para planificar e implementar con mayor efectividad los programas agrícolas.
Al momento de redactar este estudio de caso, a solicitud del Secretario General, el Asesor Especial de las NU en Problemas de Género y Progreso de la Mujer, había establecido un grupo inter agencias para evaluar la situación en Afganistán. Irónicamente, de algún modo, los esfuerzos por impedir la participación "pública" de la mujer en Afganistán, intensificaron la visibilidad de la mujer, quizás más que en otros países, a los ojos de quienes operaban dentro de la comunidad donadora de las NU,
2 Se estima que existen más de un millón de viudas en Afganistán