Transmisión
La fiebre aftosa es una de las enfermedades más contagiosas de los animales, que pueden infectarse por inhalación, ingestión o por transmisión venérea. El principal mecanismo de contagio en los rebaños es por contacto directo, por inhalación del virus. En las condiciones adecuadas se puede contagiar la fiebre aftosa a larga distancia (medida en kilómetros) con intervención del viento, para lo cual es necesario una potente fuente de virus, por ejemplo, una piara infectada, una gran humedad, condiciones atmosféricas estables y rebaños expuestos al otro extremo de la corriente del viento.
El desplazamiento de animales infectados es la principal forma de propagación entre rebaños. También transmiten la infección los vehículos, equipo, personas y productos contaminados.
El virus de la fiebre aftosa puede sobrevivir largos períodos en la carne si el pH no baja de 6,2. También puede sobrevivir en nódulos linfáticos, médula espinal y vísceras congelados. El virus de la fiebre aftosa sobrevive asimismo en las carnes saladas y curadas, así como en los productos lácteos sin pasteurizar.
Se ha demostrado experimentalmente que la fiebre aftosa se puede transmitir por inseminación artificial, cuando se utiliza semen de animales infectados.
Riesgo de introducción
El mayor riesgo de ingreso de la fiebre aftosa es a través de las importaciones de animales vivos susceptibles, carne contaminada o productos lácteos de países en los que hay fiebre aftosa. El virus puede sobrevivir largos periodos en una variedad de carnes frescas, parcialmente cocidas, curadas y ahumadas, así como en productos lácteos inadecuadamente pasteurizados, que podrían introducir los pasajeros de los aviones y los barcos, o bien podría llegar por correo o en embarcaciones de pesca o yates.

