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Argentina

Riego y drenaje

Evolución del desarrollo del riego

La etapa de racionalización del uso del agua en Argentina comenzó a finales del siglo XIX con la construcción de nuevos diques y obras de derivación en la provincia de Mendoza y posteriormente en San Juan, Tucumán y el Alto valle del Río Negro, obras en su mayoría diseñadas y construidas a partir del año 1898. En 1909, el Gobierno Nacional dictó la Ley Nacional de Irrigación Número 6546, que impulsó la realización en el país de gran número de obras hidráulicas de derivación y la creación de nuevos sistemas de riego. La entrada en el mercado nacional de los equipos de bombeo, en la década de los años 50, introdujo importantes cambios en el riego argentino, sobre todo, una ampliación en la superficie bajo riego así como la mejora en la sistematización de la tierra, preparación del suelo, aplicación del agua, mejora en las eficiencias, diversificación en los cultivos y posteriormente la introducción de técnicas de aspersión y riego localizado, debido al mayor costo del agua y la necesidad de recuperar las inversiones realizadas mediante la producción de cultivos de alta rentabilidad.

La superficie potencial de riego estimada es de 16 millones de ha, considerando la superficie de suelos sin limitaciones y la disponibilidad del recurso hídrico.

En 2011, la superficie con infraestructura de riego se estima en un máximo de 2 357 000 ha (Tabla 4). La superficie equipada efectivamente regada se estima en 2 162 100 ha, del orden del 92 por ciento.



La superficie actual de riego con agua superficial abarca una superficie de 1 357 000 ha, con agua complementaria mixta superficial y subterránea se incorporan 600 000 ha y con agua subterránea se riegan 400 000 ha (Figura 3).


Las captaciones de agua para riego se realizan fundamentalmente a partir de embalses y derivaciones de los ríos. En casos excepcionales se bombea de forma directa desde los ríos. Con respecto a la reutilización de las aguas residuales, si bien en la Provincia de Mendoza se vienen usando desde hace años las aguas residuales industriales mezcladas con las aguas de riego, sólo desde el año 1996 se le ha dado forma legal a la reutilización de aguas residuales tratadas mediante la definición de los parámetros mínimos de calidad de los efluentes tanto domésticos como industriales. Con dicha resolución comienza la organización de Áreas de Cultivos Restringidos (ACRES) controlados por el Departamento General de Irrigación. Se están llevando a cabo iniciativas similares en las restantes provincias con clima árido y semi-árido. No existen datos disponibles sobre superficie regada a nivel nacional con uso directo de aguas residuales. Tan sólo se conoce dicho dato para la provincia de Mendoza, en donde se comienza con la utilización de los denominado ACRES siendo de unas 13 000 ha en 2011.

En 2011, las hectáreas abastecidas por riego por gravedad se estimaron en 1 949 000 (83 por ciento), el riego por aspersión abastecía 281 000 (12 por ciento) y el riego con alguna variante de riego localizado otras 127 000 ha (5 por ciento) (Figura 4). El 70 por ciento del área que abarcó el riego localizado estuvo concentrado en tan sólo 4 de las 23 provincias donde se lo aplicó. En cambio en el año 1988, era para el riego por superficie de 1 389 544 ha, mientras que la superficie puesta en riego por aspersión y riego localizado era de 65 207 ha.


Se puede caracterizar a los sistemas de riego por la dimensión que presentaron las superficies dedicadas a cada uno de ellos: en 2002, con localizado no hubo áreas mayores a 10 000 ha, con aspersión tampoco hubo áreas mayores a 20 000 ha, en tanto que se observó riego por gravedad en todos los rangos analizados (INDEC, 2006).

En 2002, se estima que un 74 por ciento de la superficie de riego pertenecería al sector público y un 26 por ciento al sector privado (INDEC, 2006).

Las regiones consideradas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) para el Censo Nacional Agropecuario 2002 son:

  • NOA (Noroeste Argentino): provincias de Catamarca, La Rioja, Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Tucumán
  • NEA (Noreste Argentino): provincias de Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones
  • Pampeana: provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, San Luis y Santa Fe
  • Cuyo: provincias de Mendoza y San Juan
  • Patagonia: provincias del Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego

Sobre la base del Censo Nacional Agropecuario de año 2002, última fuente de datos completa disponible a nivel nacional la distribución del área regada a escala provincial y regional es la siguiente: Destaca la región NOA liderando la lista de aportes con un 32 por ciento, seguida por la Pampeana, con otro 29 por ciento del total. La región de Cuyo, histórica y tradicionalmente reconocida como una típica región dedicada al riego, ocupa el tercer lugar en el país, con un 26 por ciento de la superficie regada nacional. Por su parte, la extensa región árida y más austral del territorio, la Patagonia, cuenta con un 8 por ciento del área regada nacional, en tanto que el NEA, región dominada por condiciones principalmente húmedas, reúne el 5 por ciento (CNA, 2002).

En el periodo censal 1988-2002 se han producido en el sector de riego del país cambios cuantitativos como el aumento de la superficie en áreas con disponibilidad del recurso (NOA), en áreas con fuertes incentivos fiscales (San Juan, La Rioja, Catamarca, San Luis) y en áreas húmedas y subhúmedas y cualitativos como la incorporación de sistemas localizados en la región árida y equipos de aspersión autopropulsado en el área de riego suplementario.

La eficiencia del uso del agua en las áreas tradicionales de riego se estiman en torno al 35-40 por ciento en promedio para el país, mientras que en las mejores zonas de Cuyo se estima un eficiencia menor del 60 por ciento.

El papel del riego en la producción agrícola, la economía y la sociedad

La superficie total cosechada de cultivos con infraestructura para el riego ascendía a 2 300 000 ha en 2008, de las cuales los cultivos más importantes con riego integral son los frutales, vid y olivo con 559 000 ha (24 por ciento), las hortalizas con 312 000 ha (14 por ciento), los industriales (caña de azúcar, tabaco, algodón, etc.) con 273 000 ha (12 por ciento) y otros cultivos con 156 000 ha (8 por ciento). Con riego complementario los cultivos más importantes son los cereales y oleaginosas con 600 000 ha (26 por ciento del total), los forrajeras con 380 000 ha (17 por ciento) y otros cultivos con 20 000 ha (1 por ciento) (INDEC, 2009) (Tabla 4 y Figura 5). Los cultivos forrajeros se clasifican en alfalfas (cultivados de octubre a mayo), avena, centeno y triticale (cultivos invernales).


Las alternativas encontradas de cultivos regados por región son:

  • NOA: cereales, oleaginosas, caña de azúcar, tabaco, otros industriales, legumbres, forrajeras, hortalizas, limonero, otros cítricos, vid, otros frutales y otros cultivos.
  • NEA: arroz, otros cereales, oleaginosas, algodón, tabaco, otros industriales, hortalizas, mandarino, naranjo, otros cítricos, otros frutales y otros cultivos.
  • Pampeana: arroz, maíz, trigo, otros cereales, girasol, soja, otras oleaginosas, papa, otras hortalizas, frutales y otros cultivos.
  • Cuyo: forrajeras, frutales de pepita, frutales de carozo, frutales secos, hortalizas, vid, olivo, y otros cultivos.
  • Patagonia: hortalizas, cinco variantes de Frutales: de pepita, de carozo, menores, vid y otros frutales.

En 2011, el costo medio del desarrollo de sistemas de riego en explotaciones en regadío públicas es de 5 000 $EE.UU./ha, mientras que en las privadas es de 1 000 $EE.UU./ha. El costo medio de operación y mantenimiento es de 100 $EE.UU/ha/año en las explotaciones públicas y privadas. El costo medio del desarrollo del drenaje es de 2 500 $EE.UU./ha en las explotaciones públicas y de 800 $EE.UU./ha en las privadas. El costo medio de la rehabilitación de la infraestructura de riego es de 2 000 $EE.UU./ha en explotaciones públicas y de 500 $EE.UU./ha en explotaciones privadas. Por último, el costo medio de la instalación de un sistema de riego por aspersión es de 1 200 $EE.UU./ha mientras que el de riego localizado es de 1 500 $EE.UU./ha.

La mujer y el riego

La falta de agua es uno de los problemas más generalizados que afecta la calidad de vida de las mujeres rurales, aunque existen diferencias agroecológicas y hay zonas en el país donde es abundante por la cantidad de lluvias que se registran. Las superficies de producción de las agriculturas campesinas varían en las diferentes zonas del país. Buena parte de las mismas están ubicada en zonas productivas marginales de Argentina y esto implica que tienen dificultades agroecológicas para su desarrollo. En general, se trata de parcelas pequeñas y, por lo común, obtienen rendimientos inferiores al promedio por falta de los recursos necesarios como el agua, fertilizantes, insecticidas, herramientas, etc. y, en algunos casos, por escasa capacitación. Las consecuencias de la falta de agua resultan en un exceso de trabajo durante los meses sin lluvias para el acarreo de la misma. Por otro lado, el proceso de ajuste estructural de la década del noventa dio como resultado el abandono de los sistemas de riego por parte del Estado, lo que ha perjudicado especialmente a los pequeños productores entre los que se encuentran un elevado número de mujeres.

Las actividades forestales, en general, se caracterizan por ser más masculinas que femeninas, sobre todo en lo que se refiere al cortado de árboles. Sin embargo, las mujeres participan en el apilado de la madera, acarreo de leña y, especialmente, en las actividades de plantación y riego de árboles (Biaggi, Canevari, Tasso, 2007).

En las provincias de Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán, del total de la propiedad de la tierra solo el 4 al 6 por ciento está en manos de mujeres, y se estima que estos datos son representativos de todo el país. Las decisiones en la unidad productiva la toman los varones y las mujeres, pero los varones tienen más visibilidad en el espacio público. Las reuniones con los técnicos son mayoritariamente de varones y los servicios de asistencia técnica y financieros, van automáticamente dirigidos al varón (Moreyra, 2015).

A día de hoy, la mujer rural demanda entre otras cosas la resolución de problemas estructurales como son la regularización de la tenencia de la tierra, el agua para riego y sistemas de captación y almacenamiento de agua (Biaggi, Canevari, Tasso, 2007).

Estado y evolución de los sistemas de drenaje

La superficie con infraestructura de riego drenada en 2005 se estima en 1 650 000 ha, mientras que en 1984 era de 800 000 ha.

Se estima que un alto porcentaje cercano al 30 a 40 por ciento de las tierras irrigadas sufren algún grado de salinización y/o sodificación y otras se ven en peligro de ser afectadas.

La situación del problema planteado en Mendoza ha sido evaluada por la Comisión Provincial de Drenaje creada por el Departamento General de Irrigación de la misma provincia en al año 1984. Se había detectado que el 46 por ciento de las áreas de riego estaban afectados por problemas de drenaje, no obstante ello esta evaluación se hizo en el período 1985-87, en donde la oferta hídrica fue muy elevada, es probable que actualmente estos valores sean sensiblemente menores.

     
   
   
             

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