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Ecuador

Riego y drenaje

Evolución del desarrollo del riego

La superficie potencial de riego se estima en 3.14 millones de ha, considerando la aptitud de los suelos para el riego y los recursos hídricos disponibles.

Ya en la época prehispánica existían grandes sistemas hidráulicos, con funciones de drenaje y riego. En la época colonial, los españoles rehabilitaron las acequias, y se formaron las grandes propiedades agrícolas. También se realizaron nuevas obras para ampliar las áreas regadas. Las comunidades indígenas trabajaban deforma gratuita asemejando una relación de tipo feudal. Este despojo de la tierra y del agua ocurrió durante varios siglos. Las políticas del Estado republicano nacido en 1830 reconocían los derechos del agua y privilegios de las familias de los antiguos propietarios españoles. Fue sólo a partir del siglo XX, cuando algunas haciendas desaparecieron o se dividieron entre varios propietarios, gracias a las reformas agrarias de los años 1960s y 1970s. Sin embargo, aún permanecen grandes propiedades agrícolas en varias provincias del país (MAGAP, 2011).

En 1944, se expidió la Ley de Riego y Saneamiento, que otorgaba responsabilidades más específicas al Estado sobre el riego. En este período se creó la Caja Nacional de Riego para estudiar, construir y administrar los proyectos de riego del país. A su gestión se debe gran parte de los sistemas Pisque, Arenillas, Milagro y el inicio de otros proyectos. La Caja Nacional de Riego subsistió hasta 1966, año en que se crea el Instituto Ecuatoriano de Recursos Hidráulicos (INERHI). En este período, el INERHI construyó los primeros y más importantes sistemas de riego estatales, estando a cago tanto de la ejecución de obras como de la definición de las políticas. A través de esta gestión, el Estado central tuvo un importante rol en la conformación de una red pública de riego. El riego privado-particular y el comunitario/asociativo, por su parte, llegó a controlar alrededor del 80 por ciento del área regada en el país (MAGAP, 2011).

Hasta los años 1990, el INERHI, siguió unos planes orientados hacia el aumento de las superficies bajo riego, a través la construcción de grandes obras hidráulicas que respondían a las demandas de generación hidroeléctrica, agua potable y riego (MAGAP, 2011).

En 2010, se estiman 1 152 000 ha con infraestructura de riego, superficie obtenida a partir de la Subsecretaría de Riego y Drenaje (SRD) (Ex-INAR) y de la Secretaría del Agua (SENAGUA). Sin embargo, se estima que alrededor de 348 000 ha adicionales están siendo regadas sin concesión y por lo tanto no aparecen en las estadísticas oficiales, obteniendo de esta manera un total de 1 500 000 ha equipadas con riego. De este total, 266 000 ha o el 18 por ciento corresponde a la superficie con infraestructura construida por el Estado que corresponde a los 76 sistemas públicos de riego; 466 000 ha o el 31 por ciento corresponde a los sistemas comunitarios y asociativos; 420 000 ha o el 28 por ciento corresponde a los sistemas privados-particulares, y 348 000 ha o el 23 por ciento corresponden al uso del agua sin concesión. La superficie con infraestructura de riego efectivamente regada es de 942 000 ha debido a los múltiples problemas que presentan principalmente los sistemas de riego públicos y los sistemas de riego comunitarios/asociativos, de los cuales tan sólo se regó el 61 por ciento y el 50 por ciento de la superficie equipada respectivamente. Los sistemas privados/particulares se estima que regaron el 78 por ciento de la superficie equipad (MAGAP, 2011).

En 2000, según el III Censo Agropecuario, la superficie total con infraestructura de riego fue de 853 400 ha, de las cuales 663 900 ha o el 78 por ciento utilizan riego por gravedad, 170 100 ha o el 20 por ciento riego por aspersión y 19 400 ha o el 2 por ciento riego localizado (MAGAP, 2011) (Tabla 4 y Figura 3). Para el riego de pastos en la sierra se utiliza el riego por surcos, melgas e inundación, mientras que la inundación en el cultivo del arroz y el riego por surcos en la caña de azúcar y oleaginosas de ciclo corto son muy utilizados en la costa. La tecnología en el riego por superficie en las zonas andinas, ha mejorado substancialmente, en especial en el riego de hortalizas, raíces y tubérculos y en el aprovechamiento de suelos con pendientes transversales fuertes, en donde el cultivo en curvas de nivel y fajas es generalizado. El riego por aspersión y localizado se ha desarrollado especialmente en la costa para cultivos de exportación como banano, flores, hortalizas y frutales en la costa y en la producción de flores, así como en frutales y espárragos, donde la alta rentabilidad de estos cultivos ha inducido a los agricultores a realizar inversiones en las instalaciones.





En 2000, de una superficie equipada para el riego de 853 400 ha, 362 288 ha o el 42.45 por ciento se situaban en la región de la Sierra, 490 417 ha o el 57.47 por ciento en la región de la Costa, 614 ha o el 0.07 por ciento en la región del Amazonía y 81 ha o el 0.01 por ciento en Galápagos (MAGAP, 2011).

En cuanto al tamaño de las parcelas de riego, en 2000 las parcelas pequeñas (< 10 ha) abarcaron 219 200 ha, parcelas medianas (10 - 100 ha) abarcaron 286 500 ha, y las parcelas grandes (> 100 ha) abarcaron 347 700 ha (Figura 4). No está disponible información sobre tamaño de parcela más actual (MAGAP, 2011).


En 2000, el agua de riego proviene fundamentalmente de los recursos hídricos superficiales, un 97 por ciento proviene de derivaciones de ríos, un 1 por ciento de bombeo directo de ríos, un 1 por ciento de embalses y un 1 por ciento de aguas subterráneas (Figura 5).


En el año 2001, existían 80 hectáreas de cultivo que eran regadas con el agua residual tratada proveniente del sistema de cuatro lagunas de estabilización (Cabrera et al, 2001).

La alta disponibilidad de recursos hídricos superficiales ha restringido, a pesar de su gran riqueza, la utilización de las aguas subterráneas para riego. Excepto en las Hoyas de Quito y Latacunga, el grado de aprovechamiento de los acuíferos para riego en 1998 era muy limitado. Son pocos los sistemas de riego que utilizan aguas subterráneas en la sierra, en parte debido a los costes de alumbramiento y operación y mantenimiento. De hecho, buena parte de los pozos en operación han sido abandonados, especialmente aquellos pertenecientes a los distritos de riego públicos al quedar en manos de sus beneficiarios. Sin embargo, cuando el agua ha sido utilizada para cultivos de alta rentabilidad, como en el caso de las flores, su uso se ha mantenido. En la costa es más generalizado el uso de mantos freáticos favorecido por la escasa profundidad, el gran volumen de extracción y la alta rentabilidad de los cultivos, especialmente el banano. Los acuíferos costeros pueden presentar problemas de salinidad debido al ambiente marino en el que se formaron y cómo se depositó el agua subterránea. Por este motivo es importante que en estas áreas se determine la salinidad del agua y se evalúe la tolerancia de los cultivos (MAGAP, 2011).

Según estudios de algunas instituciones que trabajan en riego campesino, se han encontrado eficiencias de riego que van del 35 por ciento a 55 por ciento (MAGAP, 2011).

El papel del riego en la producción agrícola, la economía y la sociedad

Según el III Censo Nacional Agropecuario (2000), la superficie total cosechada de cultivos con infraestructura para el riego en el año 2000 ascendía a 666 320 ha, de las cuales los más importantes son el arroz con 153 860 ha (23 por ciento del total), los bananos con 148 480 ha (22 por ciento), la caña de azúcar con 90 830 ha (14 por ciento), las hortalizas con 80 740 ha (12 por ciento) y el maíz con 60 640 ha (9 por ciento) (Tabla 4 y Figura 6).


Los principales cultivos con riego en la sierra son: maíz, papas, hortalizas (cebolla, zanahoria, remolacha), alfalfa, oca, melloco, leguminosas de grano y frutales de clima templado (manzana, pera, ciruela y durazno). En la costa destacan el banano, cacao, arroz, café, caña de azúcar, maíz y frutales. Estos cultivos constituyen la partida exportadora más importante del país.

La mujer y el riego

En Ecuador, casi las tres cuartas partes de las personas productoras y dueñas de las unidades de producción son hombres, aunque las mujeres constituyen alrededor del 42 por ciento de la población activa agrícola. A pesar de que las mujeres campesinas son las principales responsables del proceso agro-productivo, existen claras brechas de desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito rural que impiden a las mujeres acceder y gestionar de forma equitativa los recursos y servicios productivos y agro-ecológicos, como son la tierra, el agua y las semillas (García Romero y Astete Muñoz, 2012).

Un estudio realizado a finales de los años 90 sobre la participación de la mujer en la agricultura de regadío en dos canales privados de riego en la provincia de Carchi mostró que el control y el acceso a los recursos hídricos está influenciado entre otros factores por la tenencia de la tierra y el sexo, teniendo los hombres un mayor acceso a los recursos hídricos. La participación de las mujeres en las asociaciones de usuarios de agua es baja. Aun así, mujeres con una educación superior a la media ocupan puestos de liderazgo en dichas organizaciones. El riego en general se considera una actividad masculina, pero tras preguntar explícitamente a las mujeres sobre su participación en las actividades de campo los resultados mostraron que aproximadamente un 41 por ciento de las mujeres se ocupaban del riego (Bastidas, 1999 y FAO, 2001).

Varios proyectos llevados a cabo en las últimas décadas por el Banco Mundial en Ecuador, han permitido a las mujeres aumentar su capacitación y ser las promotoras y líderes de diferentes proyectos. Por ejemplo, su inclusión en la lista de turnos para el riego a finales de los años 90 dio visibilidad al rol de la mujer en el riego y les ha permitido obtener más derechos (Songco, 2002).

Estado y evolución de los sistemas de drenaje

La costa y amazonía, son las regiones más vulnerables al anegamiento de sus áreas productivas, por su topografía, exceso e intensidad de las precipitaciones o por el desborde de los cursos de agua en la época invernal y por lo tanto en ellas el drenaje agrícola es un requerimiento generalizado. En la sierra, también existen requerimientos de drenaje agrícola, pero están más localizadas y la topografía de la región posibilita un mayor drenaje natural. (MAGAP, 2011).

El drenaje agrícola en Ecuador, ha sido muy descuidado, tanto en superficies regadas como en zonas húmedas, lo que ha causado efectos de degradación de los suelos (salinización) y limitaciones severas de aprovechamiento de áreas productivas. Esto ha producido la disminución significativa de los rendimientos de los cultivos, por lo que muchos agricultores se han visto obligados a ampliar la frontera agrícola (MAGAP, 2011).

En 1998, se estimaba una superficie con infraestructura de riego drenada de 52 030 ha.

     
   
   
             

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