Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

¿Cómo nos ayuda la tipología de microrregiones a saber dónde la inversión agrícola puede tener más impacto?


La tipología de microrregiones permite identificar territorios según su potencial, eficiencia y pobreza, facilitando que las inversiones agrícolas se dirijan a donde generan mayor impacto, optimizando recursos y promoviendo desarrollo sostenible en la región SICA

En una región donde millones de personas dependen de la agricultura y conviven con sequías recurrentes, tomar decisiones de inversión basada en datos puede marcar la diferencia entre avanzar o quedarse atrás. Por eso, en los últimos años, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), ha dado pasos importantes para transformar la agricultura y el desarrollo rural en la región. Un avance clave es la creación de una tipología de microrregiones agrícolas. En términos sencillos, se trata de una clasificación de zonas según su potencial productivo, eficiencia y niveles de pobreza.

Esta herramienta, desarrollada en el marco de la Inicia Mano de la mano de la FAO, utiliza datos estadísticos, geoespaciales y modelos econométricos para mapear las áreas rurales de ocho países: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. Además, se ha generado un mapa del Corredor seco y las zonas áridas, que en conjunto abarcan alrededor del 34 % del territorio de la región y albergan a 21 millones de personas, de las cuales más del 20 % trabaja en la agricultura y en la producción de granos básicos.

Gracias a estos mapas, los gobiernos y sus aliados pueden visualizar dónde las inversiones agrícolas pueden tener mayor impacto, facilitando la toma de decisiones basadas en evidencia. La metodología identifica siete tipologías de microrregiones, lo que permite diseñar estrategias diferenciadas para cada territorio, en lugar de aplicar soluciones generales que no siempre responden a las necesidades locales.

Por ejemplo, en Honduras, el corredor seco y las zonas áridas abarcan 236 municipios. De ellos, 137 se clasifican como microrregiones con oportunidades agrícolas altas, donde se recomiendan inversiones agroproductivas con énfasis en capacitación, servicios financieros, infraestructura y fortalecimiento de la organización local. Otros 11 municipios están en categoría de alto desempeño, por lo que se sugiere apuntar a mercados de alto valor y fomentar la innovación y la digitalización, entre otros aspectos. En los 88 municipios restantes, caracterizados por oportunidades agrícolas moderadas, se proponen inversiones orientadas a la inclusión social y productiva, junto con la generación de nuevas oportunidades de empleo.

Una región que invierte poco en su campo

El contexto de partida no es sencillo. La inversión en el sector agropecuario en Centroamérica y el Caribe es cinco veces menor que en Estados Unidos y un 40 % inferior a la de Sudamérica, lo que limita la capacidad de innovación y adaptación.

En la región SICA, la agricultura sigue siendo el principal empleador y una fuente clave de divisas. Sin embargo, su sostenibilidad depende de la adopción de nuevas tecnologías y modelos de negocio, así como de políticas públicas inclusivas que permitan que los beneficios lleguen también a quienes hoy se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Al mismo tiempo, el corredor seco y las zonas áridas sufren alta variabilidad climática, sequías recurrentes y degradación de recursos naturales, lo que incrementa la vulnerabilidad de las comunidades rurales. Para un hogar, una mala temporada puede significar perder la cosecha, los ingresos y, en consecuencia, poner en riesgo su seguridad alimentaria.

En este escenario, no se trata solo de invertir más, sino de invertir mejor. Se requiere que las inversiones se dirijan a cerrar brechas y generar crecimiento, en particular en aquellos territorios con alto potencial productivo pero baja eficiencia, donde existe margen para aumentar rendimientos y empleo. Asimismo, en las microrregiones con bajo potencial y alta pobreza, se requieren intervenciones no agrícolas y medidas de protección social, entre otras acciones, que ayuden a diversificar las fuentes de ingreso y a reducir la vulnerabilidad de los hogares rurales.

Cooperación, inversión y políticas basadas en evidencia

La Iniciativa Mano de la mano “Construyendo resiliencia en el corredor seco y zonas áridas de la región SICA” está en marcha desde el 2022, con la participación de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Agropecuario Centroamericano (SECAC), la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) y otras instituciones del SICA.

A través de la tipología de microrregiones y el uso de mapas, como herramientas basadas en evidencia, es posible priorizar las intervenciones públicas orientadas a transformar el sector agroalimentario y mejorar el bienestar de los hogares que afrontan condiciones de pobreza y desnutrición. Esta iniciativa busca apoyar a los gobiernos, a la sociedad civil, la academia, el sector privado, las instituciones financieras nacionales e internacionales y a la comunidad de donantes en el análisis del potencial de desarrollo de los territorios. También contribuye a identificar brechas y necesidades de inversión hacia aquellos territorios donde pueden generar cambios más profundos y duraderos.

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