Conrado Blanco Mamani, Chile


“La cría de llamas y alpacas es una responsabilidad de cara a las generaciones futuras para que no se pierdan nuestras tradiciones”.

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© Elizabeth Harries

01/02/2025

Conrado Blanco Mamani, de 65 años, nació y creció en las tierras altas del norte de Chile, a unos 4 500 metros sobre el nivel del mar, y ha dedicado su vida a las llamas y las alpacas que viven en las montañas andinas y que forman parte de su identidad cultural.

“Durante muchos años, la cría de camélidos ha sido el sostén económico de mi familia y de una gran parte de los habitantes de mi comunidad,” afirma Conrado, oriundo de Guallatire, localidad de alta montaña cerca de la frontera con el Estado Plurinacional de Bolivia. “Con esto, hemos sido capaces de sobrevivir haciendo lo que nos gusta y lo que heredamos de nuestros antepasados”. 

Su rebaño mixto de 400 llamas y alpacas pace libremente en una gran extensión de pastos de alta montaña. Le proporciona carne y lana para su familia o para la venta en el mercado local.

© Elizabeth Harries

Conrado está dispuesto a mantener todas las prácticas asociadas a la cría de camélidos, afirma, ya que es consciente de que son un modo de vida ancestral que está en peligro de desaparecer. Estas prácticas incluyen secar la carne al sol en el altiplano para hacer charqui, una sabrosa carne deshidratada que permite preservar la carne de llama y alpaca durante mucho tiempo.

Hace poco empezó a recibir turistas en su granja para mostrarles sus animales y su producción de carnes. Su objetivo es convertir sus tierras en un modelo sostenible en el que se entrelace el ecoturismo con la producción de camélidos. 

© Elizabeth Harries

Esto implica también mantener prácticas tradicionales para cuidar de los pastos y el medio ambiente local, así como el patrimonio cultural, apunta. Le preocupa especialmente el mantenimiento de los bofedales, humedales a gran altitud que son importantes para la disponibilidad de agua dulce para los animales y las personas en esta zona montañosa. Para ello, por ejemplo, rota a los animales para que pasten y limita el número de animales que pueden pacer en una zona en concreto al mismo tiempo.

La cría tradicional de llamas y alpacas es un trabajo muy respetuoso con el medio ambiente, afirma. “Y por eso debe respetarse y protegerse. Ante todo, es una responsabilidad de cara a las generaciones futuras para que no se pierdan nuestras tradiciones”.