Preguntas y respuestas: Desplazamiento forzado
Personas o comunidades enteras experimentan un desplazamiento forzado cuando se ven obligadas a abandonar sus hogares para evitar situaciones que los ponen en peligro. Por ejemplo, los conflictos armados, la violencia, las perturbaciones climáticas (como inundaciones y sequías) y la vulneración de los derechos humanos, como la persecución motivada por la raza, la orientación sexual, la religión, la nacionalidad, la opinión política o la pertenencia a un determinado grupo social, son todos factores que impulsan el desplazamiento. Las personas que abandonan sus hogares en estas condiciones se clasifican generalmente en tres categorías:
- Refugiados: personas que han dejado su país para buscar seguridad en otro, donde están protegidas por el derecho internacional.
- Desplazados internos: personas que han huido a otra región de su país y que siguen dependiendo de que su propio Gobierno les proporcione protección frente a la violencia y la persecución. Esto hace que los desplazados internos sean uno de los grupos más vulnerables de personas desplazadas a nivel mundial.
- Repatriados: cualquier persona que ha sido desplazada por la fuerza y ha vuelto a su hogar o residencia habitual. La elección de volver debería ser voluntaria y basarse en el consentimiento informado y libre de cada persona.
El desplazamiento forzado provoca a menudo que las personas dejen todo atrás en busca de seguridad. Las personas desplazadas y sus familias suelen perder sus medios de vida, activos, redes de seguridad social y documentación legal. También pueden sufrir una mayor violencia, daños o explotación durante el difícil viaje emprendido para encontrar refugio, así como la pérdida devastadora de seres queridos.
En estos casos de extrema vulnerabilidad, las personas pueden experimentar repercusiones graves en su salud física y mental, sus ingresos y su capacidad de abordar otros desafíos. En estas condiciones, las personas se encuentran en una situación de necesidad de protección y apoyo inmediatos para ayudarles a satisfacer sus necesidades básicas, así como una asistencia a más largo plazo para reconstruir sus vidas.
Las soluciones duraderas son el objetivo último de quienes han sido desplazados de manera forzada. Estas se logran cuando las personas desplazadas por la fuerza dejan de tener necesidades de asistencia y protección específicas relacionadas con el desplazamiento y pueden disfrutar de sus derechos humanos sin discriminación. A continuación se describen las tres principales soluciones duraderas al desplazamiento forzado.
- La integración local se basa en los procesos que se llevan a cabo en los planos jurídico, económico, social y cultural. Para los refugiados, la integración local se produce cuando el Estado hospedante otorga a las personas un conjunto más amplio de derechos y beneficios. Esto permite que las personas desplazadas tengan una mayor capacidad para retomar y restaurar sus medios de vida, lo cual, a su vez, contribuye a una mayor autonomía. Algo importante es que la integración local culmina cuando los refugiados pueden beneficiarse de una protección permanente por parte del Estado a través de la concesión de asilo o de la ciudadanía. En lo que respecta a los desplazados internos, la integración local se logra cuando las personas han restablecido las relaciones económicas, sociales y psicosociales necesarias para mantener sus vidas y medios de subsistencia y su inclusión en la vida cívica. Para ambos grupos, la integración satisfactoria depende de que las personas desplazadas coexistan de manera pacífica entre ellas y con otros grupos, por ejemplo, las comunidades hospedantes, sin miedo a sufrir discriminación, explotación o abuso.
- El reasentamiento puede constituir un valioso instrumento de protección cuando no se pueden satisfacer las necesidades de protección de los refugiados en el primer país donde soliciten asilo. En esta situación, el reasentamiento en un tercer país que haya acordado ayudarlos puede ser una solución viable para garantizar su seguridad. Del mismo modo, el reasentamiento permite a los Estados compartir las responsabilidades de protección, reduciendo la repercusión de acoger a grandes cantidades de refugiados en los países de asilo. En el caso de los desplazados internos, el reasentamiento se rige por el principio de que las personas deben poder reasentarse voluntariamente, en condiciones de seguridad y dignidad, en sus hogares o lugares de residencia habitual o en otra parte del país donde su vida, seguridad, libertad y salud no estén en riesgo.
- Los refugiados y las personas desplazadas internamente pueden decidir volver voluntariamente o ser repatriados a su país o lugar de origen cuando las condiciones sean seguras. Cuando lleguen, necesitarán el compromiso pleno de su país para ayudarles a reintegrarse y rehacer sus vidas.
Esto significa que las personas experimentarán lo siguiente:
- seguridad a largo plazo y libertad de movimientos;
- un nivel de vida suficiente, en particular, como mínimo, acceso a alimentos suficientes, agua, vivienda, sanidad y educación básica;
- acceso al empleo y los medios de vida;
- acceso a mecanismos eficaces que restablezcan su vivienda, tierras y propiedades o les compensen por ellas.
El desplazamiento forzado sigue aumentando en todo el mundo.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que, en mayo de 2023, existían más de 110 millones de personas desplazadas a nivel mundial. A finales de 2022 eran 108,4 millones. Esto representa un incremento de más de 19 millones de personas desplazadas por conflictos, persecuciones y vulneraciones de los derechos humanos desde 2021, el mayor incremento interanual jamás registrado.
Esto se traduce en que más de 1 de cada 74 personas en el planeta se ha visto obligada a abandonar su hogar.
Las estadísticas, de un vistazo:
- 35,3 millones de refugiados;
- 62,5 millones de desplazados internos;
- 5,4 millones de solicitantes de asilo;
- 5,2 millones de personas que necesitan protección internacional*.
Más de la mitad (52 %) de todas las personas desplazadas por la fuerza procedían solo de tres países: la República Árabe Siria (6,5 millones), Ucrania (5,7 millones) y Afganistán (5,7 millones). Además, el 76 % de las personas desplazadas de manera forzada han sido acogidas por cinco países, la mayoría de los cuales son países de ingresos medianos bajos, entre ellos, Türkiye (3,6 millones), la República Islámica del Irán (3,4 millones), Colombia (2,5 millones), Alemania (2,1 millones) y el Pakistán (1,7 millones).
Con algunas excepciones, los países donde la agricultura es un factor esencial que contribuye al producto interno bruto hospedan una cantidad importante de refugiados y desplazados internos. Aunque las poblaciones desplazadas eligen cada vez con más frecuencia asentarse en las ciudades, una parte importante de ellas se establece en campos o asentamientos situados en zonas rurales.
Los medios de vida de muchas personas desplazadas de manera forzada dependían de la agricultura antes de que estas abandonaran sus hogares y siguen dependiendo de ella durante el desplazamiento. Con competencias y capacidades sólidas en este sector, la inversión en los medios de vida agrícolas constituye una forma esencial de garantizar que las personas desplazadas puedan retomar sus actividades de generación de ingresos. De manera similar, la agricultura brinda a las personas desplazadas que no tienen experiencia agrícola una oportunidad para producir sus propios alimentos y ganarse la vida con ella si reciben el apoyo adecuado.
*Personas que se encuentran fuera de su país o territorio de origen, generalmente porque han sido desplazadas por la fuerza a través de fronteras internacionales, que no han sido reportadas en otras categorías (personas solicitantes de asilo, refugiados, personas en situación similar a los refugiados) pero que es probable que necesiten protección internacional y que requieran protección contra el retorno forzoso y acceso a los servicios básicos de forma temporal o a largo plazo (ACNUR, 2023).La inseguridad alimentaria y el desplazamiento forzado están estrechamente relacionados. Los factores que provocan los desplazamientos, como los conflictos y las perturbaciones climáticas, tienen consecuencias devastadoras en la producción alimentaria. Por ejemplo, los grupos armados pueden establecer como objetivos y destruir deliberadamente los insumos para la producción de alimentos, el almacenamiento de alimentos, los mercados y las carreteras. Asimismo, las perturbaciones climáticas, como las inundaciones, matan al ganado, destruyen los cultivos y reducen la fertilidad del suelo y el potencial de producción. Estos fenómenos pueden causar inseguridad alimentaria o empeorarla, lo cual, en combinación con otros factores, puede hacer que las personas abandonen sus hogares, perdiendo así sus activos productivos.
Cuando las personas se ven obligadas a abandonar sus hogares, suelen necesitar capital inicial, oportunidades y acceso a la tierra para retomar sus actividades de subsistencia. Sin estos recursos, las personas son menos capaces de cultivar o comprar alimentos. Asimismo, las zonas donde se asienten las personas pueden estar sufriendo con anterioridad una escasez de recursos, por ejemplo, de agua y alimentos. Esto puede provocar tensiones entre las comunidades hospedantes y desplazadas, afectando así a las relaciones de cooperación, lo cual impedirá el avance socioeconómico de ambas comunidades. También es posible que los sistemas de producción de alimentos de los países hospedantes no sean lo suficientemente sólidos como para afrontar perturbaciones demográficas. En estas situaciones, el desplazamiento puede añadir una gran presión a los países hospedantes, incrementando el riesgo de inseguridad alimentaria de ambas comunidades.
La FAO desempeña una función esencial en la respuesta a las crisis de desplazamiento forzado proporcionando un amplio apoyo agrícola para abordar la inseguridad alimentaria y la malnutrición y lograr soluciones duraderas. Reconociendo que las respuestas a las crisis humanitarias necesitan incorporar tanto asistencia humanitaria inmediata como un enfoque de las soluciones sostenibles centrado en el desarrollo sostenible, los programas de la FAO están diseñados para trabajar en el nexo acción humanitaria-desarrollo-paz.
Al inicio y en las primeras fases del desplazamiento, la FAO proporciona asistencia humana como, por ejemplo, transferencias de efectivo e insumos agrícolas (semillas y herramientas), lo cual ayuda a los refugiados y a los desplazados internos a satisfacer sus necesidades básicas de alimentos y cosechar cultivos para consumirlos y venderlos, lo que contribuye a su autosuficiencia y resiliencia. Estas intervenciones se complementan con un apoyo a más largo plazo, por ejemplo, el desarrollo de cadenas de valor, que promueve los medios de vida agrícolas sostenibles.
La FAO también trabaja para mejorar el acceso de las personas desplazadas por la fuerza a los recursos naturales (como el agua), que son esenciales para los medios de vida agrícolas, y la gestión de estos. Asimismo, aplicando medidas preventivas antes del inicio de una crisis, y medidas de reducción del riesgo de catástrofes, la FAO ayuda a evitar y mitigar los factores y las devastadoras consecuencias de los peligros climáticos que destruirían la infraestructura crítica, perturbarían la vida y medios de vida de las personas y podrían conllevar un desplazamiento.
Cuando las personas desplazadas participan en las economías locales, se benefician tanto las comunidades hospedantes como las personas desplazadas.
La FAO aprovecha el potencial transformador de la agricultura promoviéndolo como una opción viable de subsistencia y también como un factor impulsor de la inclusión socioeconómica para alcanzar soluciones duraderas. Para ello, la FAO vincula la producción de alimentos con los mercados, y a las personas desplazadas con asociados del sector privado, en ambos casos, fomentando su inclusión en las cadenas de valor locales. Esto contribuye a estimular la economía local e impulsar el desarrollo local. Las escuelas de campo para agricultores de la FAO, donde ambas comunidades otorgan un enfoque práctico al aprendizaje y la aplicación de buenas prácticas agrícolas, la agricultura climáticamente inteligente y los conocimientos financieros, ofrecen a las personas la oportunidad de conocerse trabajando codo con codo. Estas actividades pueden generar intercambios comerciales y culturales, así como dar lugar a una coexistencia pacífica.
Las exhaustivas intervenciones agrícolas de la FAO incluyen los siguientes elementos fundamentales.

El entorno jurídico y normativo de un país hospedante desempeña una función esencial a la hora de determinar las vidas de las personas desplazadas por la fuerza y la viabilidad de las soluciones duraderas. Algunos países, como Uganda, han adoptado políticas que garantizan los mismos derechos humanos que a otros nacionales y permiten a los refugiados moverse libremente por el país, trabajar y establecer negocios. Sin embargo, este es un caso excepcional y no representa la norma, pues muchos otros refugiados y personas desplazadas carecen de derechos y medios para rehacer sus vidas.
La FAO trabaja con los gobiernos hospedantes para promover y fomentar políticas favorables para las personas desplazadas por la fuerza. Esto incluye fomentar su acceso a la tierra y a otros recursos naturales, así como su inclusión socioeconómica y en los planes de seguridad y de desarrollo nacionales. Estas medidas resultan esenciales para asegurar que los países hospedantes garanticen un entorno jurídico que permita a las personas desplazadas contar con los recursos necesarios para vivir una vida digna y, en última instancia, lograr una solución duradera a su desplazamiento.
Por último, disponer de infraestructura clave también resulta fundamental para lograr medios de vida agrícolas sostenibles y soluciones duraderas. A menudo faltan equipos e instalaciones poscosecha, mercados e infraestructura hídrica y carreteras o estos han sido dañados o destruidos en las zonas rurales y remotas, donde se encuentran los asentamientos o campos de refugiados. La FAO invierte en la construcción de infraestructura y en intervenciones de rehabilitación para garantizar que los sistemas alimentarios locales puedan funcionar y las personas puedan retomar sus actividades de subsistencia. Estas intervenciones también pueden integrar a las personas desplazadas por la fuerza y las comunidades locales a través de actividades de efectivo por trabajo, ayudando así a fomentar la cohesión social.En situaciones de desplazamiento masivo, la población de las zonas hospedantes puede aumentar drásticamente en un período de tiempo muy corto, lo cual ejerce una presión adicional sobre los recursos naturales esenciales como, por ejemplo, los bosques, el agua y la tierra. La escasez de recursos, en combinación con las repercusiones del cambio climático, puede provocar la degradación y el agotamiento de dichos recursos, así como una competencia por ellos entre las comunidades hospedantes y desplazadas. Esto, a su vez, puede causar tensiones e, incluso, conflictos.
La FAO trabaja para evitar daños al medio ambiente y garantizar que ambas comunidades puedan acceder, utilizar y gestionar los recursos de manera segura y sostenible mediante:
Bosques:
- la prevención y el abordaje de los daños a los bosques, así como la prevención de conflictos entre comunidades y la violencia contra las mujeres y las niñas, promoviendo fuentes de energía limpia alternativas y oportunidades de medios de vida sostenibles basadas en los productos forestales;
- el establecimiento de plantaciones forestales y la promoción de técnicas y plataformas de gestión forestal adecuadas para garantizar un acceso sostenible y suficiente al combustible, así como reducir la presión en los bosques naturales circundantes.
Tierras:
- la promoción del acceso sostenible a las tierras destinadas a la producción agrícola y el uso de estas;
- la prevención y el abordaje de la erosión del suelo para obtener mejores resultados en materia de productividad;
- la mitigación de los conflictos que puedan derivarse del acceso, la asignación y el uso de la tierra.
Agua:
- la mejora de la productividad del agua y la reducción de la pérdida de agua mediante la impartición de capacitación sobre técnicas de gestión del agua eficientes y tecnologías que ahorren agua como, por ejemplo, los sistemas de riego por goteo;
- la enseñanza de la agroecología diversificada para ayudar a los agricultores a adaptarse a la escasez de agua.
El cambio climático, uno de los principales factores del desplazamiento, tiene consecuencias devastadoras sobre la producción agrícola y los medios de vida. Los cambios en las precipitaciones, las sequías prolongadas y las inundaciones repentinas pueden exacerbar las vulnerabilidades preexistentes y, por tanto, actuar como factor impulsor del desplazamiento.
La FAO reconoce la importancia de incorporar la adaptación al cambio climático en sus intervenciones. Esto puede incluir:
- la distribución de semillas resistentes a la sequía;
- la inversión en infraestructura para proteger los cultivos, como redes de sombra que amplíen al máximo el uso del agua y retengan la humedad durante los períodos de sequía prolongada;
- la incorporación de la agricultura climáticamente inteligente para garantizar la resiliencia ante futuras perturbaciones climáticas;
- la inversión en técnicas de gestión del agua como, por ejemplo, el aprovechamiento del agua y la reutilización de la escorrentía agrícola, en zonas donde haya escasez de agua;
- la inversión en la conservación de los medios de vida y programas de subsistencia alternativos en situaciones donde los fenómenos meteorológicos extremos, como sequías e inundaciones, pongan en riesgo los medios de vida agrícolas;
- la promoción de la reducción de riesgos de catástrofes y las intervenciones aplicando medidas preventivas para evitar y mitigar el riesgo y la repercusión de las perturbaciones climáticas;
- el trabajo con los gobiernos para gestionar los recursos naturales, armonizar los procesos de planificación agrícola y crear planes para la gestión del agua y el riesgo climático basados en zonas.
FAO also incorporates disaster risk reduction and Anticipatory Action in its interventions to help prevent displacement and lessen the impact of disasters on vulnerable communities.
Disaster risk reduction is the practice of using systematic efforts to reduce the causes and impacts of disasters. These practices may include reducing the exposure of populations to hazards, adequate management of land and other natural resources and improving preparedness and early warnings for oncoming, adverse events. In practice, disaster risk reduction can help prevent future displacement and mitigate and prevent the risk of additional livelihood losses.
Sometimes, however, disasters may be unavoidable.
FAO utilizes Anticipatory Action programming, which relies on data analysis to predict where and when crises might occur. It enables people to act in advance of a crisis to help people protect their assets, avoid displacement or limit how long displacement is experienced when unavoidable.
Disaster risk reduction and Anticipatory Action interventions incorporate social protection mechanisms, such as cash assistance, to ensure that in times of crisis, both people who are displaced and those who are at risk of becoming displaced have access to financial resources to ensure their livelihoods are not lost.
Las respuestas agrícolas exhaustivas de la FAO también tienen como objetivo tanto abordar los factores del desplazamiento como evitar que este se produzca. Un aspecto de este enfoque se centra en la elaboración de respuestas sensibles a los conflictos que puedan contribuir a mejorar la cohesión social y la relación entre las comunidades desplazadas y hospedantes.
Para ello, se llevan a cabo evaluaciones que detallan la dinámica contextual local (social, cultural, económica y política) con miras a determinar cómo puede la FAO adherirse al principio de “no hacer daño” y, al mismo tiempo, posiblemente contribuir a las iniciativas de consolidación de la paz locales. Esto garantiza que las intervenciones de la FAO sean inclusivas, promuevan la integración local y satisfagan de manera adecuada las necesidades de las personas.
Las escuelas de campo para agricultores y los clubes Dimitra son dos metodologías que emplea la FAO para crear vínculos sociales, así como apoyar la movilización de las comunidades y la inclusión económica. Estas actividades conjuntas proporcionan a miembros de distintas comunidades la oportunidad de conocerse y trabajar para lograr un objetivo común. Asimismo, a través de la inclusión económica de las personas desplazadas, las comunidades hospedantes también se benefician de una mejora de la producción de alimentos, el comercio y el desarrollo económico. A largo plazo, estas medidas ayudan a aliviar las tensiones o conflictos que puedan surgir y a fomentar un entorno pacífico que puede actuar como base para alcanzar soluciones duraderas.
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