Directrices para la acuicultura sostenible

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La acuicultura es vital para la seguridad alimentaria y la nutrición mundiales. Es crucial para la vida y los medios de subsistencia de millones de personas, especialmente en comunidades vulnerables a la pobreza y la malnutrición.

Las Directrices para la acuicultura sostenible proporcionan un marco que todos los países y partes interesadas pueden utilizar para mejorar la producción, la nutrición, el medio ambiente y la vida en general sin dejar a nadie atrás.

El ser humano lleva milenios cultivando peces y otros alimentos acuáticos, pero la acuicultura tal como la conocemos hoy en día es una industria relativamente nueva que ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos decenios, impulsada por el progreso científico, las innovaciones tecnológicas, la inversión y una demanda mundial de alimentos acuáticos en constante aumento.

La acuicultura es uno de los sectores alimentarios de más rápido crecimiento y la única forma de satisfacer la demanda cada vez mayor de una población mundial en expansión. Con la pesca de captura al límite de su capacidad o en declive debido a la sobreexplotación y al cambio climático, la acuicultura se ha convertido en una actividad esencial que proporciona más de la mitad de los alimentos acuáticos del mundo para el consumo humano.

Si se lleva a cabo de forma correcta, la acuicultura puede proporcionar alimentos sanos, ricos en nutrientes y respetuosos con el clima a una población mundial que se espera alcance los 9 700 millones de personas en 2050. Por lo tanto, es vital dirigir esta industria poderosa, dinámica y en constante evolución en la senda de la sostenibilidad por el bien de las generaciones actuales y futuras.

Para ello, la FAO y sus Miembros elaboraron las Directrices para la acuicultura sostenible, un conjunto de principios, prácticas y recomendaciones consensuados y compartidos que todos los países y partes interesadas pueden utilizar para avanzar hacia sistemas agroalimentarios más productivos, eficientes, resilientes, climáticamente inteligentes y responsables desde el punto de vista social y ambiental, en los que la acuicultura desarrolle su potencial para satisfacer la creciente demanda de alimentos acuáticos seguros, nutritivos, accesibles y asequibles.

La visión que subyace a las Directrices para la acuicultura sostenible es la de un sector acuícola que contribuya de manera significativa a acabar con el hambre en el mundo y a la mejora equitativa del nivel de vida de todos los agentes involucrados en sus cadenas de valor, incluidos los más pobres.

Las Directrices son mundiales, voluntarias, adaptables y complementarias de las leyes y normas vigentes. Se basan en los principios de sostenibilidad, protección del medio ambiente, no discriminación, Estado de derecho, equidad e igualdad, participación, transparencia y rendición de cuentas, así como en enfoques holísticos e integrados.