Adriana Romero nació y creció en Las Toscas, Córdoba, donde construyó su vida junto con su familia.
Productora ganadera y cocinera de una escuela rural desde hace 15 años, conoce el monte como espacio de trabajo, sustento y encuentro comunitario. Su vínculo con el territorio también la llevó a participar en el Plan de Prevención de Incendios Forestales de la provincia de Córdoba, donde destaca la importancia de la capacitación y del cuidado cotidiano para reducir los riesgos.
Además de criar vacas, cabras y pollos, Adriana trabaja como cocinera en la escuela rural de su comunidad, una tarea que define como una verdadera pasión.
La escuela es mucho más que un lugar de enseñanza: es un espacio de encuentro para las familias y la comunidad. Para Adriana, cuidar el monte también implica proteger las condiciones que hacen posible la vida rural y sostener espacios fundamentales para que las nuevas generaciones puedan crecer y permanecer en su territorio.
Antonella Sleiman, productora carbonera de Santa Rosa, Santiago del Estero, conoce cada etapa de la elaboración del carbón, desde la selección de la leña hasta la comercialización. Junto con su familia, retomó la actividad en un horno ecológico, una alternativa que permite trabajar de manera más segura y aprovechar la madera de forma integral.
Como parte del proceso de la Cuenca Forestal de Monte Quemado, Antonella también promueve una mayor participación de las mujeres y las juventudes en la producción, la gestión y la toma de decisiones sobre el manejo sostenible del bosque nativo.
Para Antonella, el monte es mucho más que un recurso productivo: es un lugar de tranquilidad, identidad y oportunidades. “El monte significa todo”, explica, mientras reivindica la posibilidad de que las familias campesinas y especialmente las juventudes, puedan vivir, trabajar y generar ingresos en sus propios territorios.
Laura Ponulef, mujer mapuche de la comunidad Puel, en Neuquén, integra el grupo de mujeres apícolas Kume Ziwlliñ Mapu. A través de la apicultura, combina saberes tradicionales con prácticas productivas vinculadas al bosque nativo, construyendo una actividad que fortalece su autonomía y el trabajo colectivo en su comunidad.
Las colmenas forman parte de un paisaje donde el bosque nativo, las comunidades y las actividades productivas están estrechamente vinculados. A partir de su participación en el Programa Productoras de Bosques Nativos busca fortalecer la producción apícola y, al mismo tiempo, el papel de las mujeres en las decisiones y el cuidado del territorio.
En Los Leones, provincia de Córdoba, Miriam Chanquía cría alrededor de 140 cabras madres junto con su marido y su familia. La actividad requiere dedicación cotidiana, incluso durante los días de frío y lluvia: cuidar los animales y producir alimentos para el consumo y la venta. Su historia refleja el trabajo de numerosas familias rurales que encuentran en la cría de animales una forma de vida estrechamente vinculada con el monte y sus recursos.
“Sin monte no podría criar los animales”, sostiene Miriam. En su campo, los frutos del algarrobo, el mistol y el chañar forman parte de la alimentación de las cabras. Su testimonio pone en primer plano la relación entre la conservación del bosque nativo, la disponibilidad de agua y la continuidad de las actividades productivas.