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Simposio internacional de la FAO sobre “La función de las biotecnologías agrícolas en los sistemas alimentarios sostenibles y la nutrición”

El último informe sobre El Estado de Inseguridad en el Mundo estima que casi 800 millones de personas están crónicamente subalimentadas en 2014-16, lo que significa que alrededor de una de cada nueve personas en el mundo no puede actualmente consumir suficientes alimentos para satisfacer las necesidades energéticas para llevar una vida activa y saludable. 

Incluso cuando las personas tienen acceso a una cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades energéticas, puede que no les proporcionen todas las vitaminas y demás nutrientes que necesitan. De hecho, se calcula que más de 2 000 millones de personas en todo el mundo sufren de deficiencias de micronutrientes (lo que se conoce también como hambre oculta). Además, unos 500 millones de personas padecen obesidad. En los últimos años se ha reconocido cada vez más la importancia de reducir la malnutrición, lo cual ha generado un creciente apoyo y compromiso político. Prueba de ello es, entre otras cosas, el aumento del número de países que ha adherido al Movimiento para el Fomento de la Nutrición y los buenos resultados de la convocatoria de 2014 de la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2).

El mundo sigue atravesando una fase de crecimiento demográfico excepcional. La población mundial aumentó de unos 1 600 millones de personas en 1900 a 3 000 millones en 1960 y hasta 7 300 millones en la actualidad. Cabe prever que para el año 2050 superará los 9 000 millones. Por consiguiente, se espera que la demanda de alimentos aumente considerablemente a medida que la población mundial crezca y los mayores ingresos impulsen cambios en los hábitos alimenticios hacia el consumo de más productos pecuarios. Asimismo, se prevé que los sectores agropecuarios, incluidas la actividad forestal y la pesca, produzcan más productos no alimentarios, relacionados con la energía y los piensos. Al mismo tiempo, los recursos naturales de los que depende la agricultura, como la tierra, el agua y el suelo, se ven cada vez más amenazados por la degradación ambiental y el cambio climático. 

El cambio climático ya ha empezado a afectar considerablemente a la agricultura. Debido al cambio climático, variables fundamentales —como la temperatura, el régimen de lluvias, la disponibilidad de agua, la frecuencia y la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, los niveles del mar y la salinización— cambiarán y tendrán una gran impacto en los sectores agrícola, pecuario, forestal y pesquero. Muchos de los países y poblaciones más afectados por el cambio climático son aquellos que ya están aquejados de inseguridad alimentaria y malnutrición.

Por tanto, resulta necesario avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles que produzcan más alimentos (que tengan además un mayor valor nutritivo) y que ocasionen menos daños para el medio ambiente, enfrentándose de este modo al cambio climático. 

La FAO considera que la ciencia y la tecnología pueden desempeñar un papel fundamental al ofrecer soluciones a estos graves problemas. El conjunto de tecnologías disponibles para los productores para este fin debe ser lo más amplio posible, incluidas todas las tecnologías convencionales, como las utilizadas para mejorar la gestión del agua en los sistemas de producción de regadío y de secano, así como el amplio abanico de biotecnologías agrícolas. Este Simposio se centra en la función de las biotecnologías agrícolas. Hay que señalar que si bien la amplia gama de biotecnologías agrícolas abarcadas por el Simposio incluye la modificación genética, no se centrará en los organismos modificados genéticamente (OMG).

Basándose en los resultados de la Conferencia Técnica Internacional de la FAO sobre Biotecnologías Agrícolas en los Países en Desarrollo de 2010 (ABDC-10), la FAO actúa como un intermediario neutral y convoca el Simposio para examinar la manera en que la aplicación de la ciencia y la tecnología, y particularmente de las biotecnologías agrícolas, puede ayudar a los pequeños productores a desarrollar sistemas alimentarios sostenibles y mejorar la nutrición en el contexto del cambio climático. Se abordarán también las inversiones necesarias y otras cuestiones relacionadas con la adquisición y la utilización de estas tecnologías.