La presencia reciente de enfermedades de los animales
contagiosas para las personas —como el virus Nipah,
en 1999, el SARG (síndrome respiratorio agudo y grave)
en 2002 y la actual epidemia de gripe aviar altamente patógena,
cuyo contagio ha causado casi 200 muertes de personas—
han sensibilizado al público sobre la relación
entre los animales silvestres, la producción pecuaria
y la salud pública. El riesgo de transmisión
de enfermedades desde los animales a las personas será
mayor en el futuro, debido al crecimiento de la población
humana y la población pecuaria, a los espectaculares
cambios que se producen en la producción pecuaria,
al surgimiento d redes agroalimentarias mundiales y a un considerable
aumento de la movilidad de las personas y los bienes.
El caso de la gripe aviar pone de relieve cómo puede
surgir un nuevo problema viral de la fauna silvestre, adaptándose
inicialmente y después circulando en las aves de corral,
con los riesgos consiguientes para las personas y para otras
especies de animales. La gripe aviar altamente patógena
también indica que la ampliación de las cadenas
de suministro pecuario, las condiciones locales de producción
pecuaria repercuten en los riesgos mundiales para la salud
humana.
Los cambios en la producción
de alimentos de origen animal
La demanda de carne y de otros productos pecuarios ha aumentado
sustancialmente conforme la población humana ha crecido
y los países se han vuelto más ricos. En respuesta,
han aumentado considerablemente la población y la densidad
pecuaria, en ocasiones en proximidad de los centros urbanos.
Ha aumentado la producción concentrada de alimentos
de origen animal, con menos razas y variedades pero más
productivas, con una especialización e integración
vertical de las etapas de la producción (como la reproducción,
la cría, el engorde) y cambios importantes en la estructura
y el tamaño de las instalaciones donde se tiene a los
animales. Estas cuestiones pueden traducirse en graves riesgos
de enfermedades locales y mundiales lo cual, hasta el momento,
no se ha reconocido en general.
En todo el mundo, la producción de cerdo y aves de
corral son los subsectores pecuarios que crecen y se industrializan
más rápidamente, con tasas de crecimiento anual
de la producción del 2,6% y 3,7% en el último
decenio. En los países industrializados, casi todos
los pollos y los pavos se producen en casas donde se mantienen
de 15 000 a 50 000 aves durante toda su vida. Las codornices,
los cerdos y los bovinos también se crían en
condiciones de elevada densidad cada vez más. Esta
tendencia a la industrialización de la producción
pecuaria también se está produciendo en los
países en desarrollo, donde la producción intensiva
está sustituyendo aceleradamente a los sistemas tradicionales,
sobre todo en Asia, América del Sur y África
del Norte.
Mantener miles de animales en unidades de producción
industrial, a menudo concentradas geográficamente,
además del desplazamiento rápido y repetido
de animales entre distintas unidades durante el proceso de
producción, todo ello aumenta la probabilidad de transferencia
de patógenos en y entre las poblaciones pecuarias.
La frecuencia de la exposición de las poblaciones susceptibles
de animales a diversos patógenos repercute a su vez
en las tasas y los criterios de selección de la evolución
de los patógenos, y podría facilitar de esta
manera el surgimiento de patógenos.
Surgimiento de los virus de la gripe
Las aves acuáticas silvestres son reservorio de los
virus A de la gripe y posiblemente todos los virus A de los
mamíferos tienen nexos ancestrales con cepas aviares.
Los virus A de la gripe aviar pueden sufrir mutaciones moleculares
y adaptarse a nuevas poblaciones hospedantes, y adquirir de
esta manera la capacidad de producir grandes brotes de enfermedades
tanto en aves como en personas.
Se ha observado que los virus de la gripe aviar altamente
patógena no son endémicos en las poblaciones
de aves silvestres y que sólo se presentan en las aves
de corral a consecuencia de mutaciones moleculares de los
virus A de la gripe poco patógenos.
La introducción de virus poco patógenos de
la gripe aviar en poblaciones de aves de corral, industriales
y domésticas, parece producirse mediante contacto directo
o indirecto con aves acuáticas silvestres. En los últimos
10 años se han registrado diversas incursiones de virus
poco patógenos de la gripe aviar en aves de corral,
sobre todo en América del Norte y Europa, pero también
en México, Chile y Pakistán. Tanto en la epidemia
de gripe aviar altamente patógena que hubo en los Países
Bajos en 2003 y en la que hubo en 2004 en la Columbia Británica,
Canadá, que afectó seriamente al sector industrial,
parece que antes de la situación de emergencia hubo
brotes de gripe aviar poco patógena en la misma región.
La gran eficacia de la avicultura industrial parece imponer
el costo necesario de incrementar la bioseguridad y la vigilancia,
a fin de reducir los riesgos para la salud pública
mundial. Sin embargo, se ah demostrado que algunos patógenos
entran y salen fácilmente de los gallineros. La amplia
propagación de la gripe aviar altamente patógena,
no sólo en sistemas domésticos sino también
en el sector industrial, así como las prácticas
de bioseguridad observadas, indican que en las unidades de
producción industrial éstas medidas no siempre
son suficientes para evitar las incursiones de la gripe aviar
altamente patógena.
En los últimos 10 años han aumentado los casos
de epidemias de gripe aviar altamente patógena, y desde
1997 se han documentado casi el mismo número de epidemias
menores y mayores que en los 40 años anteriores. Es
más, el alcance de las epidemias más recientes
ha aumentado espectacularmente. Las epidemias que hubo en
Italia, los Países Bajos y el Canadá revelan
que en las zonas donde la producción avícola
es muy densa, combatir la gripe aviar es muy difícil,
incluso para servicios de sanidad animal de gran calidad.
El punto de contacto entre los animales
y las personas
En los últimos 100 años, en 1918, 1957 y 1968
surgieron de pronto cepas antigenéticamente diferentes
del virus de la gripe aviar transmisible entre personas que
produjeron pandemias de gripe humana. Los análisis
moleculares de esos virus pandémicos revelaron que
todos contenían el componente aviar.
Diversos estudios han demostrado que los virus de la gripe
aviar de los animales pueden atravesar el punto de contacto
entre los animales y las personas en el contexto de la producción
pecuaria. De esta manera, las personas que crían ganado
y los que por otros motivos mantienen un estrecho contacto
con animales vivos, son los grupos que con mayores probabilidades
funcionan como "puente" para los virus de la gripe
aviar entre el ganado y las comunidades humanas en general.
Por fortuna, los virus de la gripe aviar que hoy circulan
entre las aves de corral no se contagian a las personas con
facilidad, no han adquirido todavía una capacidad de
transmisión sostenible entre humanos, y sólo
el virus H5N1 de la gripe aviar altamente patógena
presenta numerosos casos de muerte de personas infectadas.
Sin embargo, el aumento del contacto humano con los virus
de la gripe aviar también aumenta la probabilidad de
que los virus de la gripe aviar y la gripe humana infecten
al mismo individuo y puedan incrementar su capacidad de transmisión
entre personas.
Conclusiones
La concentración de la producción pecuaria
en zonas circunscritas genera considerables riesgos para la
salud pública y de sanidad animal. Un aspecto que no
se reconoce de la producción industrial de alimentos
de origen animal es la exposición de los trabajadores
a las zoonosis.
Si bien el virus H5N1 de la gripe aviar altamente patógena
hoy es motivo de preocupación mundial, también
deberían vigilarse internacionalmente con gran atención
los virus de la gripe aviar en general que se producen en
las aves de corral y en los cerdos. El contacto humano con
los virus de la gripe aviar que circulan "en silencio"
tiene las mismas probabilidades de crear situaciones de emergencia
de cepas potencialmente pandémicas, como la exposición
a la gripe aviar altamente patógena.
Los encargados de elaborar las políticas de los países
en desarrollo y los de los países desarrollados parecen
aceptar que las grandes granjas industriales tienen normas
más altas de autodisciplina en materia de bioseguridad,
mientras que es necesario que el Estado vigile con mayor atención
a los pequeños productores. Pero la realidad de la
salud animal, los incentivos económicos y el interés
público en la prevención de las enfermedades
son demasiado complejos para que simple reglas generales como
ésta sean óptimas para la sociedad. Sólo
un enfoque amplio y documentado sobre la gestión de
riesgos en las granjas industriales y domésticas puede
sustentar un suministro de alimentos inocuos y asequibles.
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