Publicaciones
La agroecología existe como disciplina científica desde la década de 1930, comenzando a escala local y de campo, centrándose en las interacciones biológicas entre los elementos del ecosistema y la agricultura. Desde este punto de vista, que considera las fincas como ecosistemas movidos por fuerzas ecológicas, se han desarrollado nuevos sistemas de gestión, que de lo contrario no se hubieran considerado. Las formas biológicas de gestionar las plagas mediante el restablecimiento de los equilibrios naturales son un ejemplo clave.
Al igual que creció el campo de la ecología, la agroecología ha ampliado su alcance, al aplicar principios ecológicos en el diseño y la gestión de los agroecosistemas, más allá de los campos para incluir paisajes y comunidades. Cada vez más, ha abarcado la organización social de las comunidades, reconocida como uno de los pilares de la agroecología. La difusión y asimilación de la agroecología, en las últimas décadas, se ha basado en la divulgación de agricultor a agricultor, con el apoyo de los investigadores a dicha innovación campesina.
Como disciplina científica, la agroecología no es prescriptiva; no proporciona recetas ni paquetes técnicos. Se basa en la aplicación local de los principios agroecológicos básicos. El marco de la FAO sobre agroecología se basa en los siguientes elementos: diversidad, cocreación e intercambio de conocimientos, sinergias, eficiencia, reciclaje, resiliencia, valores humanos y sociales, cultura y tradiciones alimentarias, gobernanza responsable, economía circular y solidaria. La elección de las prácticas de gestión y de las tecnologías para lograr la agroecología o para avanzar hacia una transición agroecológica es siempre específica de cada lugar, moldeada por un contexto socioecológico determinado.
La ciencia de la agroecología reconoce explícitamente el valor de la investigación y los conocimientos participativos ascendentes y promueve (i) crear enlaces entre los procesos de innovación formales e informales; (ii) combinar los sistemas de conocimiento y la experiencia locales con el conocimiento científico; (iii) reconocer y respetar a los agricultores y proveedores de alimentos como propietarios del conocimiento y coinvestigadores e innovadores.