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Creación de sistemas alimentarios resilientes - Consulta del GANESAN sobre el alcance del informe

Durante su 51.º período de sesiones plenarias (23-27 de octubre de 2023), el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) aprobó su Programa de trabajo plurianual (PTPA-2024-27) para cuatro años, en el que se pedía a su Grupo de alto nivel de expertos en seguridad alimentaria y nutrición (GANESAN) preparar un informe sobre “Creación de sistemas alimentarios resilientes” para presentarlo en el 53.º período de sesiones plenarias del CSA, en octubre de 2025 .

El texto de la petición del CSA, incluido en el PTPA, es el siguiente:

Los desafíos mundiales para la seguridad alimentaria y la nutrición, tales como la pandemia de la COVID‑19, los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos debidos al cambio climático, los desastres naturales, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra, revelan vulnerabilidades estructurales de los sistemas agrícolas y alimentarios. Estas perturbaciones y tensiones pueden alterar las cadenas de valor alimentarias y, cuando se combinan con otros factores –como las crisis financieras o económicas–, podrían hacer que los alimentos saludables dejen de ser asequibles o de estar disponibles. Existen también desigualdades profundas y prácticas insostenibles en los sistemas actuales de distribución y comercialización de alimentos. Hay un amplio reconocimiento de las debilidades y vulnerabilidades de los sistemas agrícolas y alimentarios y peticiones crecientes para mejorar su funcionamiento y que puedan responder a los desafíos actuales y futuros, con el fin de diversificar las fuentes de insumos, la producción, los mercados, la cadena de suministro y los agentes, en apoyo de la creación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, consorcios y otros grupos con miras a mantener la diversidad en la agricultura y las cadenas de valor alimentarias. Dada la mayor frecuencia de perturbaciones que afectan a los sistemas agrícolas y alimentarios en los últimos años y los crecientes riesgos procedentes de diversas fuentes, es imperativo explorar más a fondo cómo hacer los sistemas agrícolas y alimentarios más resilientes —es decir, cómo aumentar su capacidad de recuperación, adaptación y transformación frente a las perturbaciones—, así como más equitativos y sostenibles, de modo que sean capaces de brindar apoyo a todas las dimensiones de la seguridad alimentaria. Entender los distintos tipos de vulnerabilidades de los sistemas agrícolas y alimentarios, así como las repercusiones que tienen para los diferentes agentes implicados, permitirá al CSA ofrecer un espacio para el intercambio y la convergencia de las medidas normativas necesarias para mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro de alimentos locales, regionales y mundiales, incluida la consideración de las oportunidades de empleo inclusivas y equitativas, la función del comercio, la sostenibilidad ambiental, el acceso a dietas saludables y los derechos humanos. 

Objetivos y resultados previstos: El objetivo de la línea de trabajo es elaborar un conjunto de recomendaciones sobre políticas específicas y orientadas a la acción sobre la “Creación de sistemas alimentarios resilientes” como medio esencial de cumplir la visión del CSA, el ODS 2 y otros varios ODS —en particular el 8, el 10, el 12, el 14 y el 15, como resultado de la contribución de los sistemas agrícolas y alimentarios a los medios de vida y los sistemas naturales. La línea de trabajo se beneficiará de las conclusiones y recomendaciones formuladas en un informe del GANESAN sobre el tema.

Para responder a la petición del CSA, el GANESAN elaborará el informe “Creación de sistemas alimentarios resilientes”, que aportará recomendaciones a la línea de trabajo del CSA del mismo título en la esfera prioritaria: “Fomento de la resiliencia de los sistemas agrícolas y alimentarios a las perturbaciones y tensiones” El GANESAN ha elaborado un proyecto del alcance del informe y busca la opinión de las partes interesadas.

Proyecto de alcance del informe del GANESAN

Los sistemas alimentarios se han vuelto cada vez más complejos en los últimos decenios, caracterizados por un creciente comercio transfronterizo de productos alimentarios organizado en sistemas de distribución “justo a tiempo” y por depender de millones de trabajadores del sistema alimentario para suministrar insumos y producir, elaborar, transportar, comercializar y preparar los alimentos a lo largo del camino que recorren hasta su destino final. Los distintos componentes de los sistemas alimentarios presentan diferentes grados de vulnerabilidad y resiliencia ante diversos tipos de perturbaciones, en función de sus características. Por ejemplo, las cadenas de suministro de alimentos dependen del buen funcionamiento de las redes de transporte (Colon et al., 2021), requieren grandes cantidades de tierra, agua y energía proveniente de combustibles fósiles (Taherzadeh et al., 2021) y dependen de regulaciones para garantizar la inocuidad y la calidad (Machado Nardi et al., 2020). En el caso de las cadenas de suministro de alimentos orientadas a escala mundial, estas dependen de canales de comercio internacional predecibles y están habilitadas por normas acordadas a nivel mundial. Las cadenas de suministro de alimentos nacionales requieren una infraestructura local y regional sólida para los insumos, la producción, el almacenamiento, la elaboración, la distribución y la comercialización. Las cadenas de suministro de alimentos pueden sufrir tensiones cuando alguno de los múltiples factores interconectados necesarios para su correcto funcionamiento se ve afectado negativamente. Los riesgos asociados a las perturbaciones y desigualdades existentes en estos sistemas pueden multiplicarse cuando las cadenas de suministro de alimentos dependen exclusivamente de los suministros y la mano de obra mundial o local, o cuando hay perturbaciones múltiples que afectan al mismo tiempo a los sistemas alimentarios (FAO, 2021a). Es importante reconocer que la dinámica de las cadenas de suministro de alimentos es también sumamente específica de cada contexto y que sus estructuras y organización son singulares en diferentes regiones y países (Nchanji y Lutomia, 2021).

Según la 3ª Nota del GANESAN sobre cuestiones críticas, emergentes y duraderas (2022), este tipo de perturbaciones tienen el potencial de afectar negativamente a múltiples dimensiones de la seguridad alimentaria y la nutrición. El informe del GANESAN de 2020 afirma que debemos aprovechar urgentemente el momento para transformar radicalmente los sistemas alimentarios y reequilibrar las prioridades para garantizar que todas las personas tengan seguridad alimentaria en todo momento. El llamamiento a la acción de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios (2021) se centró en cinco objetivos, uno de los cuales es crear resiliencia ante las vulnerabilidades, las perturbaciones[1] y las tensiones[2].

Esta creciente concienciación sobre el efecto de las perturbaciones en los sistemas alimentarios y la SAN, así como la necesidad de aumentar la resiliencia de los sistemas alimentarios, requiere un marco conceptual más sólido y recomendaciones sobre políticas aplicables. El informe del GANESAN propondrá un marco para comprender mejor la resiliencia en el contexto de los sistemas alimentarios y la SAN y, por consiguiente, para abordar la planificación de la resiliencia. Examinará las experiencias de los países en la creación de sistemas alimentarios más resilientes, en especial con el objetivo de identificar las innovaciones que pueden mejorar la resiliencia y las políticas necesarias para hacer realidad este potencial.

Este informe “Creación de sistemas alimentarios resilientes” se enmarcará en la comprensión conceptual y el análisis de informes anteriores del GANESAN, en especial en lo relativo a los sistemas alimentarios, el enfoque en el derecho a la alimentación y las seis dimensiones de la seguridad alimentaria. El informe examinará las perturbaciones de origen múltiple que afectan a países a menudo ya estructuralmente afectados por el cambio climático y otros factores sociales, políticos o económicos que generan tensión. En tales contextos, el informe determinará cómo puede un país prepararse mejor ante perturbaciones imprevistas, preservando al mismo tiempo la sostenibilidad. El informe identificará las actividades de los sistemas alimentarios, los actores y los grupos de población especialmente expuestos a riesgos en crisis prolongadas, al tiempo que dará prioridad a los resultados en materia de seguridad alimentaria y nutrición.

La resiliencia es una cuestión sistémica y compleja. Varía según las regiones, cambia en función de la escala y puede implicar compensaciones en las que las mismas políticas que crean resiliencia en una dimensión (p.ej. la ambiental) pueden tener deficiencias en otra (p.ej. el acceso a los alimentos).

Los informes del GANESAN investigarán numerosas dimensiones de la resiliencia, incluido el grado en que la seguridad alimentaria y la nutrición individuales y familiares son resilientes en función de los recursos humanos y financieros. Las familias con abundantes recursos humanos y financieros pueden ser más capaces de mantener dietas nutritivas a pesar de las perturbaciones (Stringer et al., 2019), pero la riqueza no siempre se traduce en una mejor nutrición, ya que el acceso, la educación y la concienciación tienen un gran efecto en las elecciones de los consumidores (Popkin, B. M., 2002).

En segundo lugar, la resiliencia de la producción alimentaria también debe evaluarse en función de factores agroecológicos a nivel de producción primaria. Las granjas, la producción animal, la pesca y otras producciones agrícolas con abundante biodiversidad, suelos sanos, agua y heterogeneidad del paisaje suelen ser más resilientes que los sistemas intensivos durante perturbaciones y crisis, como sequías o brotes de plagas. La bibliografía sugiere que estos sistemas pueden recuperarse más rápidamente tras una perturbación. Por lo tanto, las intervenciones en apoyo a las prácticas agronómicas que fomentan la salud agroecológica pueden aumentar la resiliencia.

Un tercer elemento clave de la resiliencia que debe tenerse en cuenta es la resiliencia comunitaria, que puede verse reforzada por el capital social y las redes, la sociedad civil y las infraestructuras. Las comunidades con redes sociales bien desarrolladas e infraestructuras inclusivas, organizaciones de la sociedad civil que funcionan, índices de delincuencia más bajos, mayor participación en la vida pública y en la toma de decisiones, y mejor acceso a los servicios pueden movilizar respuestas colectivas a las perturbaciones y mantener así la integridad de los sistemas alimentarios incluso durante las crisis (Fraser, E.D., 2006).

En cuarto lugar, hay que considerar la resiliencia de las cadenas de suministro alimentario en su totalidad (Davis et al., 2021).  Unas cadenas de suministro eficientes y fluidas son una parte vital de un sistema alimentario que funcione, pero pueden verse fácilmente perturbadas al inicio de una conmoción, como ha ocurrido en relación con la COVID-19 y las políticas restrictivas aplicadas para contener la pandemia. Además, el transporte, la elaboración, el envasado y la venta al por menor de productos alimentarios son una fuente vital de oportunidades económicas y de los medios de vida de millones de personas. Por lo tanto, comprender la resiliencia de las cadenas de suministro es un aspecto fundamental para entender la resiliencia del sistema alimentario.

Un quinto elemento importante en cualquier marco de resiliencia está vinculado a la resiliencia institucional de los gobiernos estatales/locales. Los Estados, las autoridades locales y otras instituciones que pueden proporcionar redes de seguridad, sistemas de alerta temprana y una buena gobernanza ofrecen una mayor resiliencia a los ciudadanos y son más capaces de implementar a tiempo respuestas efectivas cuando surgen las crisis.

Frente a la creciente frecuencia e intensidad de las perturbaciones, hacer que los sistemas alimentarios sean más resilientes, así como más equitativos y sostenibles, es esencial para la SAN. Entre las posibles medidas destinadas a mejorar el funcionamiento de la cadena de suministro se encuentran las siguientes: fomentar una mayor diversidad en todas las etapas de la producción, la elaboración, el comercio y la venta al por menor de alimentos, permitiendo un mayor equilibrio entre las cadenas de suministro de alimentos a nivel mundial, regional y local con objeto de reducir la dependencia excesiva de un único canal de suministro de alimentos; hacer que las cadenas de suministro sean más inclusivas mediante la creación de oportunidades de empleo e ingresos más equitativas; encontrar medios innovadores de conectar a los proveedores de insumos con los productores y a los productores con los elaboradores y comerciantes incluyendo el uso de tecnologías digitales de acceso amplio; instituir medidas más eficaces para garantizar la sostenibilidad ambiental en todos los puntos de las cadenas de suministro de alimentos, desde la producción hasta el consumo; aumentar la transparencia de los mercados de insumos y productos y elaborar normas de comercio agrícola internacional que respalden los sistemas alimentarios resilientes; reforzar las infraestructuras para apoyar cadenas de suministro a escalas múltiples, que comprendan el nivel local y regional; reforzar los entornos alimentarios para que sean más resilientes y puedan contribuir a mitigar el efecto de las perturbaciones en el acceso a los alimentos; y adoptar políticas más coherentes que respalden las medidas destinadas a mejorar la resiliencia de los sistemas alimentarios.

Entender los distintos tipos de vulnerabilidades de los sistemas agrícolas y alimentarios, así como las repercusiones que tienen para los diferentes agentes implicados, permitirá al CSA ser un catalizador para el intercambio y la convergencia de las medidas normativas necesarias para mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro de alimentos locales, regionales y mundiales, incluida la consideración adecuada de las oportunidades de empleo inclusivas y equitativas, la función del comercio, la sostenibilidad ambiental, el acceso a dietas saludables y entornos alimentarios equitativos, sustentados en la realización de los derechos humanos. 

PREGUNTAS PARA ORIENTAR LA CONSULTA ELECTRÓNICA SOBRE EL ALCANCE DEL INFORME DEL GANESAN

Partiendo de este marco, en esta consulta buscamos aportaciones a los siguientes temas:

  1.  

Diferentes formas de definir la resiliencia:

  • ¿Cómo definen los diferentes grupos la resiliencia (p.ej. las organizaciones de los pueblos indígenas, la literatura científica/revisada por pares, otros titulares de derechos clave)? 
  • ¿Cuáles son los principales tipos de vulnerabilidades que enfrentan las cadenas de suministro y cuáles son las posibles consecuencias para los actores del sistema alimentario (entre ellos, los suministradores de insumos, los productores de alimentos, los comerciantes, los trabajadores del sistema alimentario y los consumidores) considerando los diferentes tipos de perturbaciones posibles?
  • ¿Qué tipo de desigualdades y desequilibrios de poder están presentes en los sistemas alimentarios y cómo afectan a la seguridad alimentaria y la nutrición resilientes, especialmente en el caso de los grupos que se enfrentan a aspectos multidimensionales e interconectados de la desigualdad y la vulnerabilidad?
  • ¿Qué marcos de resiliencia hay que explorar?
  • ¿Cuáles son los factores determinantes, los activos y las capacidades que conducen a la resiliencia a diferentes escalas (familiar, comunitaria, nacional, regional)?
  • ¿Cómo puede evaluarse y/o medirse la resiliencia a diferentes escalas (familiar, comunitaria, nacional, regional)?
  • ¿Qué indicadores medirían que los sistemas alimentarios son resilientes en sus diferentes componentes (p.ej. consumo, cadenas de suministro, venta al por menor y producción)?
  • ¿Cuáles y dónde están los puntos débiles de los sistemas alimentarios mundiales a la hora de garantizar la resiliencia de la seguridad alimentaria y la nutrición?
  • ¿Qué evidencias existen para medir la resiliencia y la eficacia de las intervenciones?
2.

Comprender para qué debemos estar preparados: la naturaleza de las perturbaciones:

  • ¿Qué tipos de perturbaciones son más relevantes para los sistemas alimentarios y cuáles tienen más probabilidades de afectar a la SAN? ¿Qué tipo de perturbaciones no se han investigado lo suficiente, en especial en lo que respecta a su efecto sobre la SAN y los sistemas alimentarios?
  • ¿Cómo pueden afectar los distintos tipos de perturbaciones (p.ej. climáticas, sociales, financieras o políticas) a las diferentes regiones y a los distintos aspectos del sistema alimentario (p.ej. producción, elaboración o distribución)?
  • ¿Cómo equilibrar la preparación para perturbaciones a corto plazo (p.ej. sequías e inundaciones) con la necesidad de garantizar que los sistemas alimentarios se ajusten a los límites planetarios y la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas?
  • ¿Hay formas de aumentar la resiliencia ante perturbaciones desconocidas e imprevistas?
3.

Comprender y mitigar las compensaciones:

  • ¿Existen compensaciones entre el aumento de la adaptación a un tipo de perturbación y la creación de otros tipos de fragilidad?
  • ¿Cuál es el efecto en los programas de resiliencia de las diferentes concepciones de la seguridad alimentaria y la nutrición (p.ej. centrarse en la nutrición, los cuatro pilares, las seis dimensiones de la seguridad alimentaria, etc.)?
4.

Programas y políticas existentes para fomentar la resiliencia: análisis de las carencias de las estrategias actuales y recomendaciones:

  • ¿Cómo se preparan hoy los países para la resiliencia de los sistemas alimentarios?  ¿Cuáles son las principales políticas y documentos que pueden proporcionar información sobre estos planes a nivel nacional?
  • ¿Existen asociaciones / iniciativas actuales o recientes que hayan demostrado contribuir a la creación de resiliencia? ¿Cuáles son las enseñanzas adquiridas?
  • ¿Podría proporcionar casos de éxito y ejemplos de mejores prácticas que puedan aplicarse a otros lugares?
  • ¿Está la cartera actual de programas de resiliencia bien alineada con los diferentes tipos de perturbaciones, escalas o partes del sistema alimentario, tanto previstas como imprevistas?
  • ¿Qué lagunas existen en la cartera actual de políticas de adaptación/resiliencia de los países?
  • ¿Qué tipos de cambios normativos son necesarios para aumentar la resiliencia de los sistemas alimentarios locales, regionales y mundiales, en particular con respecto a las normas del comercio mundial y teniendo en cuenta las oportunidades de empleo inclusivas y equitativas, la sostenibilidad ambiental, el acceso a dietas saludables y los derechos humanos?
  • ¿Cuál es la función de los Estados en el fomento de sistemas alimentarios más resilientes, en particular con respecto al suministro de infraestructura, las medidas reglamentarias, la coordinación internacional en materia de políticas y la coherencia en las políticas?
  • ¿Qué medidas son necesarias para incentivar estrategias e inversiones del sector privado que fomenten la resiliencia de las cadenas de suministro?
5. Comparta bibliografía reciente, estudios de casos y datos que puedan ayudar a responder a las preguntas antes mencionadas.

El GANESAN utilizará los resultados de esta consulta para elaborar el informe, que luego se hará público en su borrador V0 para consulta electrónica, y posteriormente se someterá a examen por pares, antes de su finalización y aprobación por el equipo de redacción del GANESAN y el Comité Directivo.

Agradecemos de antemano a todos los que contribuyan con su lectura, sus comentarios y sus aportaciones sobre el alcance de este informe del GANESAN. Los comentarios son bien recibidos en español, francés e inglés.

La consulta estará vigente hasta el 25 de junio de 2024.

¡El GANESAN espera que la consulta sea fructífera!

Cofacilitadores:

Paola Termine, Coordinadora interina del GANESAN, Secretaría del GANESAN

Silvia Meiattini, Especialista en comunicación y divulgación, Secretaría del GANESAN


Tenga en cuenta que, paralelamente a esta consulta, el GANESAN convoca a expertos interesados en presentar su candidatura al equipo de redacción de este informe. Esta convocatoria estará vigente hasta el 12 de junio de 2024. Pueden obtener más información aquí


REFERENCIAS

Colon, C., Hallegate, S. & Rozenberg, J. 2021. Criticality analysis of a country’s transport network via an agent-based supply chain model. Nature Sustainability, 4: 209-215.

Committee on World Food Security (CFS) (2023). CFS Multi-Year Programme of Work 2024-2027. CFS 2023/51/7.

Davis, K. F., Downs, S., & Gephart, J. A. (2021). Towards food supply chain resilience to environmental shocks. Nature Food2(1), 54-65.

FAO. 2021a. The State of Food and Agriculture 2021. Making agrifood systems more resilient to shocks and stresses. Rome, FAO. https://doi.org/10.4060/ cb4476en

Fraser, E. D. (2006). Food system vulnerability: Using past famines to help understand how food systems.

HLPE. 2022. Critical, emerging and enduring issues for food security and nutrition. A note by the High Level Panel of Experts on Food Security and Nutrition of the Committee on World Food Security. Rome.

Machado Nardi, V. A., Auler, D. P., & Teixeira, R. 2020. Food safety in global supply chains: A literature review. Journal of Food Science, 85(4): 883-891.

Matsushita, K., Yamane, F., & Asano, K. (2016). Linkage between crop diversity and agro-ecosystem resilience: Nonmonotonic agricultural response under alternate regimes. Ecological Economics126, 23-31. 

Nchanji, E.B. & Lutomia, C.K. 2021. Sustainability of the agri-food supply chain amidst the pandemic: Diversification, local input production, and consumer behaviour. In: Cohen, M.J., ed. Advances in Food Security and Sustainability, 6: 1-288. https:// hdl.handle.net/10568/115941

Popkin, B. M. (2002). The dynamics of the dietary transition in the developing world. In The Nutrition Transition (pp. 111-128). Academic Press.

Stringer, L., Fraser, E., Harris, D., Lyon, C., Pereira, L., Ward, C., & Simelton, E. (2019). Adaptation and development pathways for different types of farmers: key messages.

Taherzadeh, O., Bithell, M. & Richards, K. 2021. Water, energy and land insecurity in global supply chains. Global Environmental Change, 67: 102158.

United Nations Food Systems Summit 2021. Secretary-General’s Chair Summary and Statement of Action on the UN Food Systems Summit https://www.un.org/en/food-systems-summit/news/making-food-systems-work-people-planet-and-prosperity


[1] La FAO define las perturbaciones como “desviaciones de breve duración de las tendencias a largo plazo que tienen efectos negativos sustanciales en un sistema, el estado de bienestar de las personas, los activos, los medios de vida, la seguridad y la capacidad de soportar perturbaciones futuras”. Entre las perturbaciones que afectan a los sistemas alimentarios figuran las catástrofes, los fenómenos meteorológicos extremos, los eventos biológicos y tecnológicos, el aumento de las enfermedades y plagas de plantas y animales, las crisis socioeconómicas y los conflictos. Las perturbaciones pueden ser covariables o idiosincrásicas” SOFA 2021, https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/dab2a08b-9815-…

[2] La FAO define las tensiones como “tendencias o presiones a largo plazo que socavan la estabilidad de un sistema y aumentan la vulnerabilidad dentro de él. Las tensiones pueden ser resultado de la degradación de los recursos naturales, la urbanización, la presión demográfica, la variabilidad del clima, la inestabilidad política o la decadencia económica”. SOFA 2021
https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/dab2a08b-9815-4f85-907c-55791f73b3a5/content

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Dear HLPE-FSN Secretariat,

Please find in attachment some inputs that we hope will provide a valuable contribution to your work for the development of this important report. We look forward to the opportunity to further collaborate on this significant endeavor.

Sincerely,

Stefano Marras
Director of Global Partnerships - UN Affairs
Bayer AG, Crop Science Division

Dr. Marc Wegerif

University of Pretoria. Dept. Anthropology, Archaeology and Development Studies
Sudáfrica

I made a separate submission specifically critiquing the centring of a supply chain thinking in the scoping document and appealing for a more holistic approach to be used. Here I make some other inputs in the attached in response to the prompting questions in the online consultation page.

Key points include:

  • The need to give attention to the impact of advertising on food choices.
  • Inequalities that shape food system decision making and outcomes and are unsustainable.
  • The importance of learning from and building on the food systems created by the subaltern, especially in poorer countries. These are people’s solutions that work in their particular contexts and have shown great resilience. An example is a recently (2023) completed PhD by Dr Stephen Hahlani focussed on the resilience of the Mbare Musika market in Harare: https://repository.up.ac.za/handle/2263/94268
  • More attention needs to be given to the impact of conflict as shown in Ukraine, Gaza, Sudan and elsewhere. This will require looking at international and regional peace keeping and justice, which are under extreme pressure at this time.

More details are in the attached. I hope these inputs are of interest.

Marc…

My input based on the queries posed for the consultation:

  1. Different ways of defining resilience :
  • How do different groups define resilience (e.g. Indigenous Peoples’ Organizations, the scientific / peer reviewed literature, other key rights holders)? 

Definitions adopted in the HLPE report will be key since resilience is a pretty generic concept that means different things to different people.

In FAO’s SOFA 2021 report, the resilience of agrifood systems was defined in a compact manner as:

“The capacity over time of  agri-food systems, in the face of any disruption, to sustainably ensure availability and access to sufficient safe and nutritious food for all, and sustain the livelihoods of agri-food system actors.”

It was then broken down in practical terms into capacities to guarantee diversity in production, availability of food through multiple channels (including imports and stocks), physical access to food, and economic access to food. Indicators were then constructed to capture aspects of these capacities. 

However different groups will define resilience in different ways, highlighting the multifaceted nature of resilience, encompassing anticipatory actions, economic stability, social protection, cultural preservation, and adaptive governance. Each group brings a unique perspective to the concept. Reconciling different definitions of resilience will involve integrating diverse perspectives into a cohesive framework., which can be challenging and will require choices about the scale of analysis (e.g. individuals, communities, value chains, national agrifood systems)

 

  • What are the main types of vulnerabilities facing food supply chains and what are the potential consequences for food system actors (including input suppliers, food producers, traders, food system workers and consumers), considering different kinds of potential shocks?

Food supply chains face various vulnerabilities that can significantly impact actors from input suppliers to consumers. Environmental vulnerabilities, such as climate change, natural disasters, and pest outbreaks, can disrupt production, cascading through the supply chain, causing job insecurity, and higher food prices, ultimately leading to increased food insecurity for consumers. Economic vulnerabilities, including market fluctuations, recessions, and trade restrictions, result in revenue instability for input suppliers, income reductions for producers, and market uncertainties for traders, while consumers face reduced purchasing power and access to nutritious food.

Social vulnerabilities, such as political instability, conflicts, and pandemics, further complicate the situation by causing operational disruptions, forced displacements, labor shortages, and exploitation risks for food system workers. Infrastructural vulnerabilities, including failures in transportation networks, storage facilities, and energy supplies, exacerbate these challenges by increasing logistical costs and causing delays in food delivery. 

The final chapter of FAO’s SOFA 2021 report on resilient agrifood systems outlines potential ways to mitigate these impacts by diversifying supply sources, investing in resilient infrastructure, implementing adaptation practices, and strengthening social protection measures.

 

  • What kind of inequities and power imbalances are present in food systems and how do they affect resilient FSN and especially for those groups facing multidimensional and intersectional aspects of inequality and vulnerability?

SOFA 2021, followed by an article published in Food Policy, highlighted how the greatest vulnerability for most countries is in economic access to food following a shock, even though availability and physical access to food could be important depending on the shock. 

The paper in Food Policy highlighted how inequality in income is a driver of vulnerability in economic access to an energy-sufficient diet. We find that: 

“… that for individuals struggling to afford an energy-sufficient diet, a one percent reduction in income inequality could provide a benefit 3 to 7 times that of a similar increase in mean income per capita.”

The above applies to income inequality across all sectors; however, the most recent SOFA report (2023) on the hidden costs of agrifood systems highlights how the largest hidden cost in agrifood systems in low-income countries is associated with poverty due to power imbalances for actors within agrifood systems.

 

  • What resilience frameworks are there that should be explored? 

The obvious that stands out is the Sendai Framework for Disaster Risk Reduction. However, while the Sendai Framework provides a comprehensive approach to DRR, it does not explicitly focus on food systems. There is a need for more detailed guidelines and strategies tailored specifically to the unique vulnerabilities and needs of agrifood systems. Also, based on SOFA 2021 on resilience, a stronger emphasis on the socio-economic dimensions of resilience in agrifood systems, such as addressing poverty, inequality, and the role of social protection (relative to the Sendai framework).

FAO has several strands of work that are more agrifood systems focused, which taken together can be viewed as a comprehensive framework, focusing on risk management, early warning systems, anticipatory action, sustainable practices, livelihood support, governance, and investment. These are summarized in FAO’s SOFA 2021report, produced in collaboration across all FAO divisions working on resilience aspects.

 

  • What are the determinants, assets and skills that lead to resilience at different scales (household, community, national, regional)? 

At the household and community level the Resilience Index Measurement and Analysis (RIMA) is probably the FAO work of reference. It includes dimensions such as access to basic services, livelihood strategies, social safety nets, and adaptive capacity.

At the more aggregate level FAO’s SOFA 2021 is a good source.

 

  • How can resilience be evaluated and/or measured at different scales (household, community, national, regional)? 

This is a challenging task. I advise to think through the definition of the components of resilience at each scale being analyzed so as to make sure that indicators are reflective of the definition being adopted. 

SOFA 2021 is a good source for indicators of resilience at the national level: it has measure of resilience of agrifood systems transportation infrastructure for 90 countries (physical access to food), and for primary production, food availability and economic access to food for over 140 countries.

 

  • What indicators would measure that food systems are resilient across their different components (e.g. consumption, supply chains, retail and production)?

Not sure that there is an indicator that is effective in measuring resilience across different components. In FAO’s SOFA 2021, we provided an indicator for producers (Primary Production Flexibility Index), one for supply chain infrastructure proxied through transport system robustness, one for supply chain diversification  (Dietary Sourcing Flexibility Index, scheduled to be included in FAOSTAT later this year), and one of economic access for consumers. Maybe these four indicators together can be used to assess the overall resilience agrifood systems. However, it should be noted that these are indicators of how vulnerable to disruption a specific part of an agrifood systems is, without providing any insight on how easily the component would recover from the disruption. This was a necessary choice to develop indicators that would be available for many countries.  

 

  • Which and where are the weak points in global food systems in terms of ensuring the resilience of food security and nutrition? 

In a nutshell, according to FAO’s SOFA 2021 report, the most common vulnerability across countries is in economic access to food following a shock. This was seen during the Covid pandemic when there was concern about food supply, but in the end food was available but many did not have the income to purchase food, requiring social protection programs to be put in place to face the challenge.  

 

2.            Understanding what we must be prepared for – the nature of shocks:

  • What types of shock are more relevant to food systems and which ones are more likely to affect FSN? What type of shocks have been under-researched, especially regarding their impact on FSN and food systems? 

On the primary production side weather shocks, pests, and diseases are clearly extremely important. Here early warning systems and anticipatory actions are key.

I feel the vulnerability in economic access due to shocks, and how to link it to social protection program design, are two aspects that are understudied. 

 

  • Are there ways of enhancing resilience to unknown and unforeseen shocks? 

To me resilience is mostly about being able to face unknown and unforeseen shocks. This is the aspect of resilience that goes beyond risk management where events are known as is their likelihood.

The only way to enhance that kind of resilience is to have structural properties of agrifood systems that enable it recover from disruptions. This means a diversified supply of food, with diversified supply chains, good infrastructure, as well as stable incomes for consumers to be able to purchase nutritious food (with social protection programs where needed).

 

3.            Understanding and mitigating trade-offs:

  • Are there trade-offs between increasing adaptation to one type of shock and creating other types of fragility? 

Building resilience into a system may involve tradeoffs. Diversity in supply chains may mean that efficiency is not being maximized. If markets are very competitive it may be difficult to sustain that diversity since the least efficient suppliers may go out of business. 

 

  • What is the impact on resilience programming of different understandings of food security and nutrition (e.g. focus on nutrition, the four pillars, the six dimensions of food security, etc)?

When working on SOFA 2021 on resilience we found it very useful to think in terms of the different ways of framing FSN. SOFA 2021 developed indicators that try to capture element so food availability, physical access, and economic access. Also the distinction between energy-suffcient diets and healthy diets is a useful distinction to understand how shocks are affecting FSN, and what needs to be done. Our paper in Food Policy focused on the these two extremes when shocks occur. 

 

4.            Existing programmes and policies to promote resilience – a gap analysis of current strategies and recommendations:

  • What types of policy changes are needed to enhance the resilience of local, regional and global food systems, including with respect to global trading rules and considering inclusive and equitable employment opportunities, environmental sustainability, access to healthy diets and human rights?

The 2021 SOFA report recommends a comprehensive approach involving diverse strategies and stakeholder collaboration. In that report’s final chapter, a distinction is made between entry points tailored to coping with uncertainty (shocks difficult to foresee) and those adapted to managing specific risks (more predictable shocks). [see Table 5 in that chapter].

 

  • What is the role of states in building more resilient food systems, including with respect to providing infrastructure, regulatory measures, international policy coordination and policy coherence?

This is an item that is covered in some detail in the last chapter of FAO’s 2021 SOFA report.

 

  • What measures are necessary to incentivize private sector strategies and investments that promote supply chain resilience?

Public policies could focus, in some countries, on improving access to credit and financial services, particularly for small and medium agri-food enterprises (SMAEs). Facilitating access to financial services allows these businesses to invest in resilience-building measures such as diversification of supply sources and production redundancies.

Also, facilitating the forming consortia or clusters can help SMAEs pool resources, overcome scale-related constraints, and improve access to markets and technologies. Ideally,  governments should promote inclusive governance and broad participation, ensuring that small-scale producers and vulnerable households are integrated into the broader agri-food systems. This approach helps in creating synergies between efficiency, inclusiveness, and resilience.

That being said, including diversity & redundance in supply chains to increase resilience will lead in some cases to a trade-off in terms of overall efficiency. Addressing this trade-off will require creating an enabling environment that allows both shorter and longer supply chains to thrive, with a diverse mix of products sourced both locally and through international trade. 

 

 

5.           Share recent literature, case studies and data that could help answer the questions listed above.

Besides SOFA 2021 on resilience and it’s dataset, a few other recent sources (in a rapidly expanding literature):

Béné, C. and Devereux, S., 2023. Resilience and food security in a food systems context (p. 413). Springer Nature.

Béné, C., Frankenberger, T.R., Nelson, S., Constas, M.A., Collins, G., Langworthy, M. and Fox, K., 2023. Food system resilience measurement: principles, framework and caveats. Food Security15(6), pp.1437-1458.

Cattaneo, A., Sadiddin, A., Vaz, S., Conti, V., Holleman, C., Sánchez, M.V. and Torero, M., 2023. Ensuring affordability of diets in the face of shocks. Food Policy117, p.102470.

Schneider, K.R., Fanzo, J., Haddad, L., Herrero, M., Moncayo, J.R., Herforth, A., Remans, R., Guarin, A., Resnick, D., Covic, N. and Béné, C., 2023. The state of food systems worldwide in the countdown to 2030. Nature Food4(12), pp.1090-1110.

Dr. Marc Wegerif

University of Pretoria. Dept. Anthropology, Archaeology and Development Studies
Sudáfrica

Thank you for the opportunity to share some inputs on the draft scope of the HLPE-FSN report.

In this input (document attached) I focus on my concern with the centring of supply chains throughout the draft scope document. I believe we have moved in our thinking beyond the limitations of supply chain thinking. The supply chain approach is limited by its narrow focus on vertical production and economic links and is also rooted in and still overly influenced by corporate supply chain management thinking. This leaves it missing completely or undervaluing the horizontal relations including the social and ecological factors that shape the food system and are shaped by it. These social and ecological factors are clearly central to resilience that this report is focused on. Supply chain thinking has been widely critiqued for this narrowness, I believe suffering the same limitations as the value chain approach it is related to that has also been criticised for the same reasons.

The development of the concept of food systems was in part to specifically address the limitations of supply/value chain thinking and there are other more holistic approaches available to us. Appeal that this report and the process of its production put aside the supply chain thinking central to the current draft scope and embrace amore holistic approach.

Carolin Weber

Federal Ministry for Food and Agriculture
Germany

Dear colleagues from HLPE-FSN,
Thank you for the opportunity to comment on the scope of the HLPE FSN report on building resilient food systems. Please find attached the German comments.

Kind regards

Carolin Weber
________________________
Unit 622
Right to Food

Federal Ministry for Food and Agriculture, Gernamy
website: http://www.bmel.de/

GERMANY – Input to HLPE FSN e-consultation building resilient food systems (scope)

  • How can resilience be evaluated and/or measured at different scales (household, community, national, regional)? 

Genetic resources: 

Food system resilience could be measured through the diversity of genetic resources for food and agriculture (GRFA). This can be monitored on different scales for example through the access of community seedbanks, or on national level through measuring the diversification of agricultural production systems (see also next question).

The diversity of domesticated and related wild species of plants, animals, forest trees, fungi, invertebrates, and microorganisms, and the genetic diversity within them are:

a.            essential for breeding to improve the quality and quantity of agricultural production systems (e.g. biofortification), the resource efficiency (e.g. water need) or features like abiotic/ biotic stress tolerance (e.g. heat tolerance).

b.            essential to preserve biological diversity in a sustainable way and increase resilience of agroecosystems.
 

Free trade: 

While negotiating free trade agreements increased attention should be focused around stand-alone chapters concerning “sustainable food systems” and “trade and sustainable development (TSD)”.

  • What indicators would measure that food systems are resilient across their different components (e.g. consumption, supply chains, retail and production)? 

Genetic resources:
 

SDG Indicator 2.5.1 (Number of plant and animal genetic resources for food and agriculture secured in either medium- or long-term conservation facilities) is appropriate to monitor a part of food system resilience. 

Monitoring of in-situ conservation of crop wild relatives could be a complementary indicator as well.

Regarding production, the level of diversification of agricultural production systems can be an indicator for resilience meaning the diversity of cultivated species, varieties, breeds, lines and strains.

Monitoring species with important ecosystem functions for production systems in agriculture for example wild bees and hoverflies as pollinators or soil microorganisms for fertile soils.

Monitoring the genetic diversity of domesticated varieties and breeds also gives an indication on food system resilience. For example SDG Indicator 2.5.2 (Proportion of local breeds classified as being at risk of extinction) which uses the effective population size as basis.

  • Which and where are the weak points in global food systems in terms of ensuring the resilience of food security and nutrition? 

Concerning global food systems one challenge resides in finding a coherent approach in terms of the various efforts undertaken by policy makers around the globe in order to improve the resilience of food security and nutrition. 

Genetic resources:

Genetic resources are a key form of natural capital needed for stability and adaptability in agriculture and forestry. Therefore, the bottleneck is the preservation of genetic diversity especially for breeding, combined with sustainable management practices.

  • What are the determinants, assets, and skills that lead to resilience at different scales (households, community, national, regional)?

To cope with often foreseeable food and nutrition crises in globalised food systems, it is essential to build the four following resilience capacities of people, communities, and societies in the long run.

  1. Anticipatory capacities enable people to assess risks and reduce the probability of imminent crises occurring. Improved anticipatory capacities include early warning systems that provide timely relevant information about risks and anticipated crises; appropriate laws and policy frameworks and crisis response plans to work effectively when a crisis occurs; crisis-sensitive social protection mechanisms to alleviate chronic stresses and cushion against acute crises. Good governance at all levels.

  2. Absorptive capacities enable people affected by acute crises to satisfy their basic needs and ensure that important sub-national structures remain operational. They enable the use of individual and collective reserves, social protection programmes, temporary cash and food transfers, collective loan and savings schemes and insurance so that households meet food and nutrition needs and cover expenses during a crisis. Absorption includes systems to protect natural resources, physical infrastructure, and health and education facilities.

  3. Adaptive capacities enable people to adjust to long-term changes and modify their livelihoods accordingly and provide positive options for action through acquired knowledge and skills to make their livelihoods more crises resilient. As regards food security and nutrition, developing capacities for diversifying food crops, establishing small-scale and community gardens, increasing the efficiency of irrigated agriculture, and for storing, processing, and preserving food is relevant. Technological and social innovations (e.g., adapted seed varieties; climate-smart, resource-saving agricultural practices) and the development of partnerships is vital in successfully adapting to living conditions that have been changed by crises and risks. These strategies enable people to switch to livelihoods that are less prone to crisis and tap into new income sources.

  4. Transformative capacities enable people to analyse the underlying causes of crises and the resulting negative impacts, and to accelerate structural change to create sustainable, more resilient livelihoods. This may involve a fundamental shift in the political, economic, and socio-cultural structures that cause and sustain food and nutrition insecurity and poverty. To support change, context-specific food security and nutrition approaches must be anchored in decentralised and national structures. Appropriate multi-sectoral coordination mechanisms, cross-sectoral budgeting of activities related to food and nutrition, the development and implementation of strategies to improve nutrition and the dissemination of related skills should be supported. The successful transformation of food and nutrition systems is closely linked to a change in social values incl. power structures at different levels. Participatory and inclusive approaches are vital as they support ownership, responsibility and commitment and present realistic options for action.

Systemic approaches (i.e., multi-level, multi-sectoral, multi-stakeholder, people-centred) can strengthen the different resilience capacities of people, households and government institutions to food and nutrition crises. Strengthening resilience requires integrated, multi-sectoral short, medium, and long-term measures that are combined depending on the context (community-based approaches).

  • What kind of resilience frameworks are there that should be explored?

The Humanitarian-Development-Peace-Nexus (HDP-Nexus) is a crucial resilience-building approach to reduce humanitarian needs and prevent several risks which people living in vulnerable conditions face. To take precedence over reaction, early warning systems prevent extreme events from leading to hunger and all forms of malnutrition. 

Understanding the food security-nutrition-climate-security nexus requires framing risks and resilience. Resilience and risk management are cross-cutting issues in the areas of food security and nutrition, rural development, and agriculture. Risk management and analyses (incl. analysing climate risks for groups in vulnerable situation and women) are a fundamental basis for drawing up national adaptation plans (NAPs) and updating adaptation components in national climate contributions (NDCs) to strengthen resilience.

Diversification as a factor for strengthening resilience. Improving the income of smallholder farmers. E.g.: Supporting small-scale fisheries who contribute to sociocultural diversity: there is a significant positive association between their diverse fisheries practices and the resilience and well-being of coastal and inland water communities (Source: Illuminating Hidden Harvests)

Integration of indigenous knowledge systems, e.g., long-practiced oral traditions, neglected and underutilized species, experiences and knowledge offer expert insights into the state of ecosystems, changes over time, and the proper adaptive responses for sustainable harvesting (ibid).

  • How to balance preparing for short-term shocks (e.g., droughts and floods) versus the need to ensure food systems fit within planetary boundaries and long-term sustainability of systems? 

Planetary and dietary challenges must be addressed simultaneously by all relevant governmental departments since they are fundamentally interlinked. Consumer-driven measures such as shifting diets in high- and middle-income countries towards less-emitting food items as well as reducing food loss and waste are important cost-effective elements of a sustainable food system transformation.

Agroecology, as a holistic approach to the transformation of agriculture and food systems, seeks to optimize the interactions between plants, animals, humans, and the environment while also addressing the need for socially equitable food systems within which people can exercise choice over what they eat and how and where food is produced. It is a sustainable development path that incorporates climate protection and climate resilience

In addition, an increased application of and investments in nature-based solutions and integrated production systems (e.g., agroforestry) offer huge potentials.

Moreover, repurposing harmful agricultural subsidies offers multiple benefits to the food system, climate system, and ecosystem.

Risk mainstreaming in agricultural and food systems. Risk awareness and climate resilience as the basis for transformed agriculture and food systems. Strengthening resilience can generate costs in the short term (efficiency reduction). In the long term, however, these investments pay off and high (damage) costs are reduced.

Compensation mechanisms that combine income from agricultural and aquatic food production with a payment for positive external effects; such a smart income mix can provide smallholder farmers and fishers with a living income and contribute to both food and nutrition security and climate protection.

Regarding fisheries, there is a need to understand how flexibility can be introduced into the fisheries management cycle to foster adaptation, strengthen fisheries resilience, and enable managers to respond in a timely manner to changes in the dynamics of marine resources and ecosystems.

  • What kind of inequities and power imbalances are present in food systems and how do they affect resilient FSN and especially for those groups facing multidimensional and intersectional aspects of inequality and vulnerability?

Gender equality, women’s empowerment and integrating indigenous people and youths strengthens adaptive capacity for resilience to climate change and other external shocks such as the global COVID-19 pandemic.

In addition, the transformation of food systems needs to be a ‘just’ rural and urban process so that it reduces inequality and inequities of all kinds, rather than increasing them. No one must be left behind.

  • Are there current or recent partnerships / initiatives proven to contribute to building resilience? What are the lessons learned? 

Examples established with the support of the German Federal Ministry for Economic Cooperation and Development:

  1. Global Food and Nutrition Security (GAFS) dashboard has been providing crucial data on food crisis and has been supportive on making informed decisions in terms of how to respond fast. In addition, GAFS helped managing food security and nutrition crises through (food security) crisis preparedness plans for establishing more integrated and proactive systems.

  • Shared understanding of food and nutrition crises information and country needs.

  • Strengthened linkages across country- and global-level decision-making.

  • Enhanced coordination of humanitarian and development policy and financial responses.

  1. CRISP: The Climate Risk Planning & Managing Tool for Development Programmes in Agri-food Systems offers support to mainstream climate risk considerations into project design and implementation. It specifically addresses project managers and practitioners in agriculture, rural development and food security and nutrition projects.

  2. Indo-German flagship initiative on agroecology and sustainable management of natural resources: Since 2022, Indo-German cooperation in the field of agroecology to promote climate resilience and sustainable use and management of natural resources for food security and nutrition within planetary boundaries.

  3. The initiative CompensACTION for food security and a healthy planet aims to promote large-scale innovative payment mechanisms (compensation mechanisms) for ecosystem services. Experience shows that scalable payment mechanisms must bring clear benefits for smallholder farmers and require public and private funding.

  4. The initiative FISH4ACP is contributing to food security and nutrition, economic prosperity and job creation by ensuring the economic, social and environmental sustainability of fisheries and aquaculture value chains in Africa, the Pacific.

 

Je voudrais me pencher un peu sur l'aspect pratique de la politique qui touche à l'insécurité alimentaire et nutritionnelle au Bénin actuellement. Les conflits entre deux pays aboutissant à la fermeture des frontières sont également des sources d'insécurité. Par exemple le cas entre le Niger et le Bénin, ou nous savons que  le marché nigériens fournit en  grande quantité le Bénin en produits maraichers lors de la période de soudure ou de la contre saison, et ceci agit directement sur le prix de vente qui par la relation d'offre et de demande arrive à baisser. Donc les produits sont un peu disponibles et relativement pas tres chers. Néanmoins dans ce contexte, ou des dispositions n'ont pas été prises en amont pour garantir la sécurité alimentaire avant le début de ce conflit, nous nous retrouvons alors face à une dure réalité, des produits non disponible et cher sur le marché. Les conséquences sur la qualité nutritionnelle des aliments servis dans les rues et les ménages vont s'en dire. Pour moi, nous pouvons pas négliger les flux alimentaires interpays et inter continents, néanmoins il est important que des accords soient bien précis sur la viabilité de ces derniers même en cas de conflits. Ceci fait partir des lacunes dans les stratégies actuelles dans les politiques qui visent pas forcement l'intérêt de la sécurité alimentaire mais leur propre intérêt. Il est important que des pôles agricole de développement se mettent en place dans nos pays, pas forcement en fonction s des produits phares à l'exportation pour les devises mais également des produits de première nécessite dont auront besoin toutes les familles quelques soient leur niveau de revenu. 

RESILIENCIA DEL SISTEMA ALIMENTARIO Y GOBERNANZA POLICÉNTRICA SOBRE EL BIEN COMÚN FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático conlleva notablemente la escasez de los recursos naturales, pudiendo agravarse en un futuro próximo, creando mayores conflictos por la pugna desde cualquiera de sus múltiples usos, entre ellos la producción de alimentos para una creciente población del planeta. En la literatura económica especializada, Elinor Ostrom define los bienes de uso común como aquellos recursos que presentan una alta sustractibilidad de uso y una gran dificultad de excluir beneficiarios potenciales. Además, por cuanto resultan ser los bienes de todos, pero en su conservación, resultan los bienes de nadie, e incluso, pueden llegar a situaciones extremas de agotamiento. Ostrom y otros autores plantean que los bienes comunes –entre ellos el agua–, siguen siendo manejados dentro de una postura dicotómica entre Estado y mercado, que resulta ineficiente en su gestión. Por tanto, es fundamental fortalecer las instituciones, las redes de cooperación y la gobernanza policéntrica, de cara al cambio climático y otros problemas que afectan a la sociedad. En este escenario, el objetivo general es analizar la importancia de las transformaciones del sistema alimentario y su capacidad de resiliencia frente al cambio climático u otros eventos adversos, considerando la gobernanza policéntrica en el manejo de los recursos; en especial, aquellos de uso común. Con base en la revisión e interpretación de la literatura especializada sobre el objeto de estudio, destaca que actualmente se demandan sistemas alimentarios sostenibles y cada vez más resilientes, para garantizar a largo plazo, el acceso a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, con la finalidad de prevenir y absorber los impactos no previstos de diversos fenómenos. Asimismo, se subraya la necesidad de tomar en cuenta criterios de equidad, inclusión y prácticas de producción y consumo responsables, repensando el papel del Estado y la articulación interinstitucional de los actores.

Dear FSN,

I am Mike Hands, a Founder/Trustee of Inga Foundation in UK.  I was a Researcher in the University of Cambridge for 16 years, but based mainly in Central America (1986-2002).  We were researching the Ecology of slash-and-burn agriculture in an acid-soil rain forest environment; and particularly conducting long-term trials of different cropping systems for the production of basic grains.  

I would like to draw the Forum's attention to Inga Foundation's Land for Life Program in Honduras which has been implementing the findings of the four Cambridge projects since 2012.

The context here is highly-degraded soils on steep, rocky hillsides in the Cordillera Nombre de Díos.  Many of these sites have been subject to slash-and-burn episodes repeated over a period of more than a century, in most cases.  The farmers who now own these small farms describe them as "estéril" (Sterile); they are generally dominated by invasive fire-climax grasses and/or scrub vegetation.  

By planting Inga trees in dense alley-cropping (a-c) configuration; and by adding mineral supplements (Rock-P, Dolomitic Lime and K-Mag), we have been able to restore the fertility and moisture-holding capacity of these soils within 2-3 years.  

Around 500 families are currently, and successfully, implementing Inga a-c which is at the heart of a broader agroforestry model known there as the Guama (Inga) Model.  Inga a-c is a mulching system that generates its own Nitrogen inputs to the soil.  These families have achieved food-security in basic grains in the face of climatic extreme conditions.  In the prolonged droughts of 2016, 2019, 2023 and this year, the only farmers to take in grain crops were those using the Inga a-c system.  The key to its success is that the soil is never exposed to the full force of the sun; it is protected, firstly by the dense Inga canopy; and secondly, following annual pruning, by a deep mulch of Inga leaves.  This retains residual moisture within the soil, making it available to the crop.

The system is being replicated in 15 other humid tropical countries.

Once the families have achieved food-security in basic grains on permanent Inga-c plots, they can remove residual land from the slash-and-burn cycle and can plant more extensively-managed agroforest systems; the remaining three components of the Guama Model.  They produce a wide diversity of cash-crops, fruit crops and, eventually, fine tropical timber.  The model has transformed the families' economies; it is regenerating springs of fresh water and is re-greening the landscape.

Here is the point regarding resilience:  Tree-based systems, like forests, are resilient to both drought and violent storms because the roots anchor the soil, which can receive and retain massive volumes of rainfall without erosive damage.  Soil Organic Matter (SOM) under forest acts as a sponge, releasing water slowly.  As outlined above, the canopy, litter layer and/or mulch resist violent rainstorms.

The model is outlined in a recent publication by The Royal Society Open Science platform:

 Hands, M. R. 2021:    The search for a sustainable alternative to slash-and-burn agriculture in the World's Rain Forests:  The Guama Model and its Implementation.  

Royal Society Open Science. Vol. 8:  Issue 2.

The Royal Society.  London.

https://doi.org/10.1098/rsos.201204

and is better described on:  www.ingafoundation.org

Thank you for your kind patience if you have read this far

Mike Hands

Inga Foundation