Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM)

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Sistema Integrado de Ganadería Camélida y Agricultura Altoandina y de la Precordillera Norte de Chile

SIPAM desde 2025

Integrated system of camelid livestock and agriculture in northern Chile’s High-Andean and Pre-Andean regions
©Carlos Pallacán


En el norte de Chile, las comunidades Aymara, Quechua y Likan Antay han sostenido durante milenios un sistema resiliente que integra la crianza de camélidos, cultivos nativos y la gestión tradicional del agua. Las mujeres desempeñan un papel clave en la conservación de semillas, el procesamiento de alimentos y la transmisión de saberes. Este sistema garantiza la seguridad alimentaria, conserva la biodiversidad agrícola y promueve el manejo colectivo de ecosistemas altoandinos frágiles bajo condiciones ambientales extremas.

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Seguridad alimentaria y medios de vida


En una de las zonas climáticamente más desafiantes del sur de Chile, las comunidades Mapuche-Pehuenche han desarrollado un sistema que garantiza la subsistencia y la nutrición mediante estrategias diversificadas: huertas familiares, ganadería transhumante y recolección sostenible de alimentos silvestres. La movilidad estacional del ganado y el uso diversificado de los recursos del bosque y la montaña proveen proteínas, fibras, plantas medicinales y leña. Esta diversidad reduce la vulnerabilidad ante perturbaciones externas y sostiene los medios de vida de familias en territorios remotos, incluso en condiciones ambientales cada vez más adversas.

Agrobiodiversidad

Este sistema conserva razas locales de llamas y alpacas, así como una amplia variedad de cultivos nativos adaptados a entornos áridos y de gran altitud. Los agricultores cultivan variedades tradicionales de quinua, papas, habas, maíz y zapallos, seleccionadas e intercambiadas mediante redes comunitarias. La combinación de cultivos varía según la altitud, exposición y disponibilidad de agua, garantizando resiliencia ante la variabilidad climática.

Los camélidos son esenciales no solo por sus funciones productivas, sino también por mantener el equilibrio de los ecosistemas. Se seleccionan diferentes razas según su uso (carne, fibra o transporte), y los pastores conservan la diversidad genética mediante prácticas comunales y reproducción selectiva. Su desplazamiento contribuye a la dispersión de semillas, el reciclaje de nutrientes y la regeneración de pastizales nativos.

La agrobiodiversidad también se enriquece con la recolección de plantas silvestres, incluidas hierbas, frutas y especies medicinales. Estas aportan alimento, medicina y valor espiritual, reflejando un profundo conocimiento ecológico. La biodiversidad del sistema cumple un papel central en la adaptación climática y la reducción de riesgos para los productores andinos de pequeña escala.

Sistemas de conocimiento local y tradicional

La eficacia del Sistema Integrado de Ganadería Camélida y Agricultura del norte de Chile se basa en el rico patrimonio de conocimientos locales y tradicionales de los pueblos Aymara, Quechua y Likan Antay. Este saber local proviene de las experiencias, habilidades y prácticas específicas de las comunidades que habitan los distintos niveles ecológicos del territorio y de su interacción con el entorno, incluyendo tradiciones, costumbres, técnicas agrícolas, medicina tradicional, creencias y valores culturales, esenciales para la preservación y el desarrollo sostenible de las comunidades.

Este conocimiento abarca desde técnicas agrícolas adaptadas a las condiciones del altiplano hasta prácticas de manejo de camélidos que optimizan su salud y productividad. La sabiduría ancestral en la selección de semillas, el cultivo en eras y terrazas que conservan el agua y el suelo, y las estrategias de pastoreo rotativo son ejemplos de cómo el conocimiento tradicional contribuye a la adaptación y la resiliencia del sistema. Este acervo de saberes, acumulado durante generaciones, es de gran valor para la ciencia agrícola contemporánea.

Culturas, sistemas de valores y organización social

Las culturas y los sistemas de valores de las comunidades indígenas andinas están intrínsecamente ligados al Sistema Integrado de Ganadería Camélida y Agricultura del norte de Chile. Históricamente, este sistema ha sido más que una estrategia de subsistencia: constituye la base de la economía regional, las redes comerciales, la cohesión social, la identidad cultural y la espiritualidad.

Las prácticas agrícolas y pastoriles se entrelazan con festividades, rituales y tradiciones que refuerzan la relación sagrada con la tierra, los animales y el ciclo de la vida. Las organizaciones sociales basadas en principios de reciprocidad y colaboración, como el ayni y la minga, fomentan la solidaridad comunitaria y la gestión colectiva de los recursos comunes, aportando sostenibilidad al sistema y bienestar comunal.

Por ejemplo, la organización comunitaria en torno a la gestión del agua ha permitido a las comunidades indígenas andinas de Chile desarrollar ingeniosos sistemas de riego, como el “tendido”, que les permite cultivar en condiciones extremas, desde los 2.500 hasta los 4.500 metros sobre el nivel del mar.

Características del paisaje

El sistema agrícola-camélido se despliega a lo largo de un paisaje altoandino diverso, moldeado por milenios de interacción entre las personas y el entorno. Los campos en terrazas, bofedales, corrales y rutas de pastoreo se distribuyen entre los 3.000 y 4.500 metros sobre el nivel del mar, formando un mosaico de espacios productivos y culturales dentro de un ecosistema montañoso frágil.

Los bofedales —humedales de altura— son elementos ecológicos clave: almacenan agua, sostienen el forraje y regulan los ciclos hidrológicos, posibilitando el pastoreo durante todo el año. Su conservación depende del manejo hídrico cuidadoso, los acuerdos locales y la mínima alteración externa. Los campos en terrazas y los corrales de piedra evidencian una adaptación de largo plazo a las pendientes, la erosión y la aridez.

El paisaje visual está marcado por caravanas de camélidos, asentamientos aislados y cordones montañosos con significado ceremonial. El movimiento estacional a lo largo de los diferentes pisos altitudinales refleja la complementariedad vertical, donde los distintos niveles ecológicos se utilizan de manera coordinada. Este paisaje vivo representa la integración física y cultural entre las personas, el ganado, los cultivos y la naturaleza.

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