Visión general sobre los suelos
Los suelos conforman un recurso esencial y forman parte fundamental del entorno natural en el que se produce la mayor parte de los alimentos mundiales. A la vez, el suelo forma parte esencial de servicios ecosistémicos como la regulación del agua y su abastecimiento, la regulación del clima, la conservación de la biodiversidad, la captura de carbono y servicios culturales. La función de los suelos de apoyo a la alimentación y la agricultura en todo el mundo es fundamental para la conservación y el fomento de la vida humana en este planeta.
Al propiciar el crecimiento de plantas, el suelo también cumple importantes funciones de apoyo a la biodiversidad animal en la superficie terrestre, con inclusión de la fauna silvestre y el ganado domesticado. Asimismo, el propio suelo contiene innumerables miles de millones de organismos diversos que cumplen muchas funciones esenciales como la disolución de los restos vegetales, la asimilación de componentes procedentes de la atmósfera, la aeración del suelo, la regulación del carbono, los ciclos hidrológicos y de nutrientes y la disolución de elementos tóxicos.
Cada vez se reconoce más la contribución esencial del suelo a la calidad y la disponibilidad de nuestro abastecimiento de agua. Como se reconoce hoy, el suelo, en combinación con el paisaje y su vegetación, se ocupa de distribuir la totalidad del agua pluvial que cae sobre él, por lo que le corresponde un papel clave en relación con el ciclo del agua y el abastecimiento.
El suelo cumple también otra función esencial de control de la contaminación (como la derivada del uso indebido de plaguicidas y nitratos) mediante sus propiedades de absorción y gracias a la manera especial en la que el agua discurre por el suelo. El suelo siempre ha sido importante como cimiento esencial de edificios, vías y otras construcciones de infraestructura, a la vez que aporta sus materiales básicos.
Por último, los suelos también cobran reconocimiento por su contribución esencial a la modificación y mitigación de los riesgos y efectos del cambio climático mediante su regulación de procesos bioquímicos dinámicos y el intercambio de gases de efecto invernadero con la atmósfera. La materia orgánica del suelo es uno de los principales reservorios de carbono de la biosfera y tiene importancia por su doble función de factor determinante del cambio climático y variable de respuesta a este, en vista de su singular capacidad de actuar tanto de fuente como de sumidero de carbono. Una ordenación de los suelos sostenible y resiliente al clima forma parte esencial tanto del sistema climático como del balance del carbono terrestre.