Las mujeres desempeñan funciones esenciales en los sistemas agroalimentarios, ya que producen, elaboran y comercializan alimentos que sustentan a las familias, las comunidades y las economías. Sin embargo, a menudo sus contribuciones no se reconocen, y las desigualdades persistentes limitan su acceso a los recursos, las oportunidades y la toma de decisiones.  

El Año Internacional de la Agricultora 2026 pone de relieve estas realidades y es un llamamiento a la acción colectiva y al aumento de las inversiones para cerrar las brechas de género, fortalecer los medios de vida de las mujeres y promover su liderazgo en las cadenas de valor agroalimentarias. Al promover la igualdad de género y crear condiciones para que las mujeres y las niñas que participan en las cadenas de valor agroalimentarias prosperen, el Año Internacional de la Agricultora contribuye a construir sistemas agroalimentarios más justos, inclusivos y sostenibles para todas las personas.

Las agricultoras empoderadas son agentes fundamentales del cambio para la transformación de los sistemas agroalimentarios. Cerrar la brecha de género en el acceso a la tierra, la financiación, la tecnología, la educación y la toma de decisiones mejora el bienestar de las mujeres y sus hogares, estimula la productividad, fortalece la resiliencia al cambio climático e impulsa el avance hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

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Las agricultoras: quiénes son y qué hacen 

El término “agricultoras” abarca todas las mujeres que trabajan en los sistemas agroalimentarios, en diferentes capacidades y en todos los segmentos de las cadenas de valor. Esto incluye a agricultoras, productoras, campesinas, agricultoras familiares y pequeñas agricultoras, trabajadoras estacionales, pescadoras, trabajadoras de la industria pesquera, apicultoras, pastoras, silvicultoras, elaboradoras, comerciantes, poseedoras de conocimientos tradicionales, mujeres que se desempeñan en el ámbito de las ciencias agrícolas, trabajadoras formales e informales y empresarias rurales. Asimismo, engloba a las mujeres en toda su diversidad: mujeres jóvenes y mayores, mujeres indígenas y de las comunidades locales, mujeres con discapacidad y mujeres refugiadas y desplazadas.   

La definición comprende a las mujeres que trabajan tanto en el sector formal como en el informal y reconoce su contribución independientemente de la propiedad de la tierra o de su situación laboral. Refleja las funciones diversas y esenciales que todas las mujeres desempeñan para sostener los sistemas agroalimentarios —incluidas el liderazgo, las tareas de cuidado y el trabajo doméstico—, al tiempo que apoyan la seguridad alimentaria, contribuyen a la prosperidad económica y mejoran la nutrición y los medios de vida de sus familias y comunidades. 

Mensajes clave

Los sistemas agroalimentarios son una importante fuente de empleo para las mujeres en todo el mundo

En muchos países, los sistemas agroalimentarios constituyen una fuente de medios de vida más importante para las mujeres que para los hombres.

Las mujeres desempeñan funciones fundamentales en todos los sistemas agroalimentarios, desde la producción y la transformación hasta la distribución y el comercio, y son esenciales para la seguridad alimentaria y la nutrición de los hogares

Las mujeres desempeñan funciones esenciales en toda la cadena de valor agrícola y alimentaria al contribuir a la producción de alimentos, las labores agrícolas y las actividades posteriores a la cosecha, además de llevar a cabo tareas de cuidados fundamentales que ayudan a sostener los sistemas agroalimentarios y las comunidades rurales. 

A pesar de su papel esencial en los sistemas agroalimentarios, las agricultoras se enfrentan a condiciones de trabajo más precarias, un mayor volumen de trabajo y un acceso desigual a los recursos

Sus funciones suelen estar marginadas, y a menudo sus condiciones de trabajo son peores que las de los hombres, al ser irregulares, informales, a tiempo parcial, con salarios bajos, con un uso intensivo de la mano de obra y, por lo tanto, vulnerables.

En todas las cadenas de valor, las agricultoras se enfrentan a brechas persistentes en el acceso a la tierra, los servicios, el capital, los insumos, la educación y la tecnología

A su vez, ante episodios de calor y precipitaciones extremos y sequías, la carga de trabajo de las mujeres aumenta más que la de los hombres.

Garantizar los derechos de las mujeres sobre la tierra fortalece los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural y ayuda a las comunidades a prosperar

Las mujeres siguen quedando rezagadas en lo que respecta al acceso, la gestión y la propiedad de la tierra y sufren discriminación o una protección jurídica inadecuada en estos ámbitos. Promover los derechos de las mujeres sobre la tierra aumenta su empoderamiento, su capacidad de inversión, su sostenibilidad y su resiliencia, al tiempo que mejora el acceso a los servicios, reduce la violencia de género y refuerza su poder de negociación.

El empoderamiento de las mujeres es una esfera clave de inversión para el desarrollo rural, la prosperidad y la protección del medio ambiente y resulta fundamental para acelerar la transición hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles

Empoderar a las agricultoras puede mejorar el bienestar de las mujeres y sus hogares, reducir el hambre, aumentar la diversidad alimentaria, impulsar los ingresos y las economías y fortalecer la resiliencia de las poblaciones.

Las jóvenes del medio rural a menudo se enfrentan a dificultades específicas para acceder a los recursos debido

a las dinámicas de poder generacionales y de género, así como a limitaciones estructurales, económicas, sociales y geográficas. Las mayores responsabilidades de cuidado domésticas y no remuneradas que asumen las mujeres jóvenes contribuyen a impedir que tengan acceso a la educación y a oportunidades de empleo y de capacitación.