
Las empresas deben crear modelos de negocios que respeten los derechos humanos, promuevan el trabajo decente y protejan a los empleados. Los altos niveles de empleo informal dentro de la agricultura representan una barrera importante para muchos, no solo
para los pobres, en el acceso a la protección social. Esto deja a muchas personas, vulnerables a las consecuencias de las crisis. Proporcionar protección social no debe percibirse como un coste, sino como una inversión. No solo protege
a los empleados, sino que también mejora su potencial económico y productivo, lo que también beneficia a los empleadores a largo plazo.