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Cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria en el Caribe
Fecha de publicación: 28/02/2013

Un desafío común. Los países del Caribe comparten retos similares en materia de desarrollo económico y sostenible, entre ellos la escasa disponibilidad de recursos, la exposición a los desastres naturales, la dependencia excesiva del comercio internacional y la vulnerabilidad al cambio climático. Aunque apenas contribuyen al aumento de los gases de efecto invernadero, estos países se enfrentan a desafíos importantes del cambio climático. El incremento de las temperaturas, y del nivel del mar, así como el aumento de la frecuencia y la intensidad de los huracanes, no sólo dañan la propiedad y amenazan la vida, también tienen otros efectos sobre los medios de subsistencia en los países del Caribe.

 

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) proyecta para el Caribe un aumento de la temperatura anual al final del siglo XXI, de entre 1,4° C y 3,2° C. Los resultados de los modelos climáticos proporcionados por la oficina regional para el Caribe de PRECIS (Providing Regional Climates for Impacts Studies) indican un aumento de la temperatura media en la zona entre 1ºC y 4ºC hacia el año 2080. Con respecto a las precipitaciones, los escenarios del IPCC del 2007 prevén para el Caribe una disminución en la precipitación anual -el cambio varía desde -39 hasta +11 por ciento-, aunque algunos modelos también sugieren aumentos. Las proyecciones regionales sobre el aumento del nivel del mar indican variaciones desde 0,17 hasta 0,24 metros para el año 2050.

 

El clima extremo y los fenómenos meteorológicosextremos han desestabilizado gravemente el tejido socio-económico de la región en las últimas dos décadas. Los huracanes intensos están asociados con tormentas, fuertes vientos, decoloración de los corales, inundación del terreno y erosión de la tierra. A modo de ejemplo, la temporada de huracanes de 2004 fue muy activa y provocó daños por un valor estimado de 5.7 mil millones de dólares americanos. Es más, los sectores productivos, entre los que se incluye la agricultura, sufrieron más de un tercio (35,2 por ciento) de los daños y pérdidas asociadas.

 

También se ha detectado un aumento en la temperatura del Mar Caribe. Las proyecciones climáticas reflejan que este calentamiento vendrá acompañado por cambios temporales y espaciales en los patrones que rigen las precipitaciones así como por huracanes más intensos y más frecuentes.  El incremento en la intensidad de los huracanes y el aumento del nivel del mar tiene grandes implicaciones para las zonas de costa de muchos de los países de la región, sin olvidar que más del 50 por ciento de la población de los países caribeños vive a menos de 2 kilómetros de la costa.

 

El cambio climático amenaza la agricultura y la seguridad alimentaria en el Caribe. La agricultura, que representa el 23 por ciento del empleo en la región y 62 por ciento en Haití, es el sector más vulnerable a los impactos provocados por el cambio climático. La presión a la que está sometida la tierra cultivable, los recursos hídricos y la biodiversidad de la zona se verá incrementada con los cambios previstos en los patrones de las precipitaciones

 

Los daños que pueden causar los fenómenos meteorológicos extremos a la actividad pesquera, los buques pesqueros y los arrecifes de coral son un retroceso en el desarrollo del sector. Sin vegetación costera, la tierra está desprotegida ante las fuertes tormentas que pueden inundar las áreas agrícolas, destruyendo las tierras de labranza y desplazando los asentamientos costeros. El aumento general de la temperatura de las aguas superficiales y del nivel del mar podrían afectar a los arrecifes de coral y manglares.

 

El impacto negativo del cambio climático es una amenaza importante para la seguridad alimentaria en los países del Caribe, agravando aún más los problemas existentes: disminución de la producción interna de alimentos y aumento de las importaciones, pérdida de valor de mercado y disminución de las exportaciones tradicionales. Según datos de la FAO, en el Caribe viven 9,5 millones de personas malnutridas, alrededor del 12 por ciento del total de la población de la región. El número se ha incrementado en las últimas tres décadas, a pesar de lo cual existen claros signos de recuperación en los últimos años.

 

La agricultura no puede esperar :  “Actúa rápido y haz que funcione”. La agricultura contribuye directamente a la subsistencia de la mayoría de la población sin recursos. Es necesario, pues, aportar soluciones específicas para la adaptación al cambio climático que tengan como objetivo reducir la vulnerabilidad a la que se exponen agricultores, pescadores y otros sectores de la agricultura de los que depende la subsistencia de las comunidades locales. El coste de la inacción puede ser muy elevado para los países del Caribe.

 

Por ejemplo, el informe del Instituto de Estocolmo de Medio Ambiente y el Instituto para el  Desarrollo Global y Ambiental (2008) llegó a la conclusión de que "la inacción en la prevención de riesgos asociados al cambio climático tendrá un coste anual para el Caribe de cercano a los 22 mil millones de dólares americanos anuales para el año 2050 y de 46 mil millones de dólares americanos en el año 2100”. Una cantidad que se refiere tan sólo a tres conceptos: daños provocados por el incremento de huracanes; pérdida de ingresos por turismo y daños en las infraestructuras.

 

Las respuestas a los efectos provocados por el cambio climático deben coordinarse e integrarse con el actual desarrollo socioeconómico y las políticas ambientales de la región. Dentro de las múltiples opciones para la adaptación al cambio climático están las soluciones de ingeniería (defensas, edificios resistentes a los huracanes, provisión para el almacenamiento de agua, etc.); soluciones legislativas (revisión de las normas de construcción, zonificación de las tierra cercanas a las costas, la actualización de las políticas nacionales de aguas, etc.)ysoluciones tecnológicas (cultivos resistentes, terrazas, agricultura de contorno, barreras de vegetación, cortavientos, protección de los manglares, etc.). A pesar de esta amplia gama de acciones, la insuficiencia de datos, la capacidad técnica e institucional de los países y la limitación de los recursos financieros disponibles son restricciones que pueden limitar la elección de las opciones y su ejecución.

 

Las intervenciones relacionadas con la gestión de riesgos, tales como las declaraciones de zonas en riesgo y los planes para la reducción de la vulnerabilidad, ayudan considerablemente a los países del Caribe a prepararse para los impactos provocados por el cambio climático. La transferencia del riesgo puede ocurrir a través de la creación de micro seguros, de bonos de catástrofes o la reducción de las primas de seguros como incentivos para tomar medidas preventivas.

 

Dada la magnitud de los impactos provocados por el cambio climático, el desarrollo de una “estratégica climática” coherente para la región debe convertirse en la primera de las prioridades para las naciones caribeñas.

  


El caso de Jamaica:
Acciones específicas en respuesta al cambio climático

 

Para avanzar en las respuestas a los impactos del cambio climático y las vulnerabilidades, son necesarias intervenciones específicas para cada país en el marco del desarrollo de programas naciones coherentes y la ejecución de políticas. En el contexto de un programa de apoyo al sector agropecuario de Jamaica del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), la FAO ha realizado un estudio sobre “cambio climático y agricultura en Jamaica”. El estudio identifica los impactos potenciales del cambio climático, presenta intervenciones apropiadas y analiza si éstas pueden ser implantadas y dónde pueden serlo.  El estudio hace recomendaciones para orientar políticas generales e identifica prioridades de inversión compatibles con "Visión de Jamaica 2030" y el Plan Nacional de Desarrollo.

 

La agricultura en Jamaica ya está experimentando el impacto de la variabilidad climática. A pesar de que la contribución de la agricultura al PIB de Jamaica ha disminuido de manera constante durante las últimas dos décadas (en 2009 se situó en el 5,2 por ciento) el sector emplea al 20 por ciento de la población activa del país. En este contexto, los pequeños agricultores son los más vulnerables a los cambios en la variabilidad climática que ya está teniendo lugar. Por ejemplo, la temperatura media en Jamaica se ha incrementado 0,6ºC desde los años 60, con una media de aumento de 0,14ºC por década. La media de precipitaciones en la isla también ha descendido progresivamente en el período junio-noviembre durante los últimos cincuenta años, aunque estas tendencias no son estadísticamente significativas. Los daños y las pérdidas debido a importantes fenómenos meteorológicos entre 1994 y 2010 ascienden a más de 150 millones de dólares americanos. En promedio, el impacto de los fenómenos meteorológicos sobre la agricultura representan cerca del 20 por ciento del impacto total en el país.


Acciones prioritarias de adaptación para el sector agrícola en Jamaica. Agricultores y pescadores ya implementan una serie de estrategias para afrontar y responder a las variaciones del clima. Sin embargo se necesitan mejores medidas para hacer frente al riesgo de sequías (como cultivos alternativos, recolección de aguas pluviales, rehabilitación de estructuras de almacenamiento de aguas existentes, uso conjunto de aguas superficiales y aguas subterráneas, acolchado del terreno para retener aguas, reducción de las prácticas de labranza, riego por goteo); para hacer frente a las inundaciones  (construcción de plataformas elevadas, mejoramiento de la red de desagües, construcción de diques); y también para hacer frente a los fuertes vientos de los huracanes (plantación de cultivos de bajo perfil, poda periódica de los árboles, utilización del mecanismo triangular de frenado para el banano).


Las diversas consultas mantenidas con los organismos gubernamentales confirman la importancia de mejorar la inversión en el sector agrario jamaicano con medidas de adaptación al cambio climático. Por ejemplo, la creación de una unidad específica de cambio climático en el Ministerio de Agricultura y Pesca (MOAF, por sus siglas en inglés) es esencial, así como el desarrollo de un amplio sistema de manejo de base de datos para la gestión de riesgos relacionados con desastres climáticos. Otras medidas de inversión propuestas se refieren a (i) infraestructura agrícola, con múltiples objetivos de desarrollo rural, para ayudar a reducir los impactos de los riesgos asociados al clima; (ii) mayor número de iniciativas de protección de la agricultura de las comunidades más expuestas a los fenómenos atmosféricos extremos; (iii) fortalecimiento de los servicios de apoyo al sector agropecuario y pesquero; (iv) aumento de investigaciones avanzadas para la mejora de las cosechas; la gestión de tecnologías aplicadas y de la diversificación de estrategias de adaptación, especialmente en las áreas más vulnerables.