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Agua, la urgente necesidad de una gestión más eficaz
Fecha de publicación: 30/04/2013

Las estadísticas indican que todas las personas beben de 2 a 4 litros de agua a diario, sin embargo, la mayor parte del agua que “bebemos” está incorporada en los alimentos que consumimos: producir un kilo de carne de vacuno consume más de 15.000 litros de agua y un kilo de trigo se “bebe” 1.500 litros. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el 70 por ciento del agua extraída en América Latina y el Caribe se utiliza con fines agrícolas, principalmente para producción de alimentos y procesado de productos agrícolas. El problema al que tienen que hacer frente los países de la región, en la mayoría de las ocasiones, no es un déficit hídrico si no un déficit en la gestión del agua debido a la ausencia de planificación o a la inexistencia de infraestructuras adecuadas.

América Latina y el Caribe, según datos del Decenio Internacional para la Acción “El agua, fuente de vida” (UNW-DPAC, por sus siglas en inglés), posee cerca de un tercio de los recursos hídricos del mundo. Sin embargo, estos recursos se distribuyen de manera desigual entre los países y dentro de ellos entre las diferentes zonas. Así, las grandes zonas urbanas tienen generalmente garantizado el acceso al agua, mientras que en las zonas rurales el acceso a los recursos hídricos, tanto para consumo humano como para el sector agropecuario, no está asegurado en la mayoría de los casos.


El crecimiento de la economía y de la población tienen una relación directa con la disminución de la disponibilidad del agua aumentado la presión sobre este recurso. Además, muchas zonas de la región son altamente vulnerables a las consecuencias adversas del cambio climático: sequías e inundaciones se suceden en el tiempo. Por tanto, se hace necesario un enfoque holístico de la situación teniendo en cuenta tanto los recursos hídricos necesarios para asegurar la vida como aquéllos previstos para garantizar el desarrollo económico de las subregiones. 


Las tendencias muestran que la producción agrícola seguirá creciendo en la mayoría de los países de América Latina, especialmente en cultivos con gran demanda de agua: maíz, soja y arroz. La región produce el 31 por ciento de la oferta mundial de biocombustibles y el 48 por ciento de la soja (Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica Para América Latina, CEPAL). El riego puede desempeñar un papel importante en el aumento de los rendimientos agrícolas, sin embargo, en muchos países los niveles de eficiencia de riego se sitúa entre el 30 y 40 por ciento. A estos datos, cabe añadir que el aumento de la población urbana - según datos de la CEPAL el 80 por ciento de la población de América Latina vive en las ciudades - presenta un nuevo factor de conflicto: trasladar el agua del sector agrícola para el abastecimiento de agua potable en las ciudades.

Los países de la región son conscientes de la importancia que tiene el agua para el desarrollo y el progreso económico. Por esta razón, en los últimos años están desarrollando políticas encaminadas a la construcción de grandes infraestructuras hídricas que pueden coadyuvar en el imparable crecimiento que está experimentando el sector agropecuario. Sin embargo, estas políticas aún están lejos de conseguir sus objetivos y necesitan un mayor impulso para alcanzarlos. Sergio Zelaya, Oficial de la Convención de las Naciones Unidas Contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés), señala que “agencias de la ONU prestan asistencia técnica para que los países puedan desarrollar sus capacidades de gestión de los recursos hídricos, a través de políticas naciones más eficaces”.

Gestión del agua en América Latina
 

América Latina presenta un déficit de infraestructuras que eviten el malgasto del agua y distribuyan este recurso de manera más eficaz, evitando fugas de agua en canalizaciones agrícolas y en las redes de distribución urbanas. Además, la expansión territorial de sus ciudades provoca un déficit hídrico que se produce por la contaminación provocada por las aguas residuales, muchas de las cuales solo han sido tratadas de manera parcial, contaminación de los acuíferos y las prácticas agrícolas deficientes.
 

Expertos en la materia como la profesora Elena María Abraham, del Instituto Argentino de Zonas Áridas señala que “los dirigentes nacionales deben ser conscientes de que la gestión del agua es un tema prioritario dentro de sus políticas nacionales, pues tiene repercusiones sociales, económicas y medioambientales muy graves para sus naciones”. En esta línea, añade Sergio Zelaya “es necesario tener en cuenta los aspectos socio-culturales y los biofísicos a la hora de planificar la gestión de las cuencas” para optimizar las gestión de los recursos hídricos.
 

Varios países de la región han implementado reformas significativas en sus políticas de gestión de agua con el objetivo de encontrar un mejor equilibrio entre la cantidad de agua para consumo humano y la que demanda el sector agropecuario. Por ejemplo, Brasil ha adoptado una nueva legislación de aguas y una política nacional de gestión del agua. Otros países como  Honduras, Nicaragua, Perú, Venezuela están en proceso de creación y ejecución de nuevas políticas de gestión de recursos hídricos. Chile ha reformado su ley de agua y saneamiento y privatizado todos los servicios públicos relacionados con el agua. México reformó su legislación de aguas y de consejos de cuencas fluviales.
 

Como respuesta a la necesidad de coordinar la gestión y la gobernanza del agua con el desarrollo nacional, el Gobierno de Guatemala creó el Gabinete Específico del Agua (GEA) como el organismo de coordinación de políticas, planificación y presupuesto entre todos los ministerios. “Un país como Guatemala –afirma Elisa Colom, asesora del GEA– tiene aún mucho camino por recorrer en materia de gestión y gobernanza del agua. El principal reto es buscar el equilibrio entre las necesidades de carácter económico, las de carácter social y la sostenibilidad ambiental”.

El mayor reto institucional del GEA ha sido generar condiciones favorables para promover e  implantar un proceso nacional de gestión estratégica del agua que promueva el desarrollo de los  recursos hídricos a favor de metas y objetivos del desarrollo nacional. Con la emisión de la  Política Nacional del Agua (2011) se han definido objetivos, principios, orientaciones y líneas  estratégicas comunes. De esta manera las acciones y presupuestos sectoriales a nivel nacional cumplirán tanto metas y objetivos sectoriales/temáticos como nacionales y de interés público; y los gobiernos municipales y el sistema de los consejos de desarrollo cuenta con un referente nacional.


La Agenda del Agua 2030 en
México “establece –según Grisell Medina y Frederik Pischke de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA)– una serie de objetivos y acciones, así como un proceso de plazos y presentación de informes para conseguir que la oferta y la demanda de recursos hídricos esté equilibrada”.  La mayoría de las iniciativas que componen este programa están relacionadas con la reasignación de las funciones legales, desarrollo de capacidades y la implementación de incentivos económicos para un uso más racional del agua. Con el programa se quiere alcanzar un enfoque integrado de la gestión de los recursos hídricos que se asegura que todos los actores, entre ellos los productores agrícolas, tienen un puesto en la mesa de negociación. “El agua –añaden Medina y Pischlke– es un recurso vital para el desarrollo sostenible y debe ser considerado como un elemento transversal para cualquier cuestión relacionada con el medio ambiente, el bienestar social y el desarrollo económico”.


Agua y Objetivos de Desarrollo del Milenio


El suministro de agua potable sigue siendo un desafío en muchas partes de América Latina, especialmente en las zonas agrícolas. Se han logrado avances generales en cuanto a acceso a agua potable y a la reducción de las diferencias entre zonas urbanas y rurales, sin embargo las áreas rurales siguen en desventaja en todas las regiones en vías de desarrollo. Una mejora en la gestión del agua, tanto para consumo humano como para uso agrícola, repercutirá directamente en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Entre esos objetivos, hay dos directamente relacionados con la gestión y utilización del agua: (1) Erradicar la pobreza extrema y el hambre y (7) Garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente.