AGRONoticias América Latina y el Caribe
 

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La Agricultura Familiar en América Latina y el Caribe
Fecha de publicación: 28/02/2014

La Agricultura Familiar, según se recoge en la Estrategia Centroamericana de Desarrollo Rural Territorial (ECADERT), engloba un conjunto de sistemas agrícolas basados en unidades domésticas de producción y consumo, en las cuales el trabajo de los miembros de la familia es la principal fuerza laboral y el grueso de las necesidades de consumo del hogar se satisfacen mediante la producción de la finca, ya sea directamente o adquiriendo bienes con productos vendidos o intercambiados. Este tipo de agricultura es una de las primordiales fuentes de producción de alimentos y de generación de empleos  rurales en América Latina y el Caribe (ALC), y tienen un papel importante en la lucha contra el hambre de la región.  

La Agricultura Familiar se basa en sistemas agrícolas fundamentados en la diversificación de cultivos, donde los agricultores familiares han transmitido, de generación en generación,  conocimientos y habilidades, preservando y mejorando las prácticas agrícolas encaminadas a aumentar y mejorar la producción sin perjudicar la sostenibilidad. La Agricultura Familiar contribuye a la vez a una dieta equilibrada y a la protección de la biodiversidad agrícola mundial. 

Según datos aportados por el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), en todo el mundo hay  más de 500 millones de explotaciones agrícolas familiares y a pesar  de contar con enorme potencial para aumentar la disponibilidad local de alimentos a un precio accesible, aún enfrenta grandes retos y restricciones, especialmente en comparación con la agricultura mecanizada orientada a la exportación. Sin embargo, “el apoyo a la Agricultura Familiar no debería hacerse en oposición a la agricultura especializada de gran escala, que también juega un papel importante para garantizar el suministro mundial de alimentos y que se enfrenta a sus propios retos” (G. da Silva, Director General de la FAO).

Según el Marco Estratégico de Cooperación de la FAO para la Agricultura Familiar en América Latina y el Caribe, 2012 - 2015 , aprobado por los países miembros en la XXXII Conferencia Regional de la FAO en el año 2012, las explotaciones en manos de pequeños agricultores representan más del 80 por ciento del total, y aportan entre el 30 y 40 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) agrícola regional. La Agricultura Familiar en la región provee, a nivel país, entre 27 y 67 por ciento del total de la producción alimentaria, ocupando entre el 12 y el 67 por ciento de la superficie agropecuaria.

Aunque la Agricultura Familiar utiliza sobre todo mano de obra familiar, también es común que emplee mano de obra eventual contratada: hasta el 70 por ciento del empleo agrícola en la región(FAO‐BID, 2007a) en las zonas rurales donde se encuentran los focos más duros de pobreza e inseguridad alimentaria.  Además de su importancia como proveedor de alimentos para las ciudades, generador de empleo agrícola y fuente de ingresos para los más pobres, la Agricultura Familiar contribuye al desarrollo equilibrado de los territorios y de las comunidades rurales (Schneider, 2009), ya que es un modelo productivo que favorece el arraigo de la familia al medio rural; crea redes de protección social; permite preservar y potenciar aspectos culturales, habilidades, destrezas y tradiciones; y favorece la preservación de especies vegetales y animales endógenas de la región.

Sólo en América Central (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), se cuenta con más de dos millones de familias (más de 10 millones de individuos) que producen granos básicos, comprendiendo a productores de maíz, frijol, arroz y sorgo; la casi totalidad de ellos son agricultores familiares que representan el 52 por ciento de la población rural de Centroamérica.

La modernización de la agricultura en América Latina ha tenido un carácter desigual e incompleto en la mayoría de los países que, en algunos casos, ha privilegiado a los sectores empresariales frente a la pequeña agricultura. En la región se ha ido creando una agricultura polarizada con unidades productivas de diferentes dimensiones, y con distintas racionalidades. Hoy se pueden distinguir, en términos generales, dos grandes tipos de explotaciones: la agricultura empresarial y los pequeños productores o “Agricultura Familiar”.  

La Agricultura Familiar ocupa un lugar fundamental en la agenda política de los gobiernos de la región y en los organismos intergubernamentales, dada su importancia para aumentar la seguridad alimentaria y reducir el hambre en la región.

El Marco Estratégico de Cooperación de la FAO para la AF en América Latina y el Caribe, 2012 - 2015 resume las acciones más importantes que han llevado a cabo los gobiernos de la región en apoyo a la Agricultura Familiar. El gobierno de Argentina, por ejemplo, ha destinado casi 2 millones de dólares para impulsar la inscripción de los agricultores del rubro en el registro nacional y  en Costa Rica el gobierno ha adoptado un plan para el sector. El gobierno de Chile ha incrementado el presupuesto para apoyar este tipo de cultivos a través del Instituto  Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y en México, se han  adoptado medidas para poner en marcha una iniciativa de inclusión social contra el hambre basada en el apoyo a la agricultura familiar.

Brasil, donde más del 80 por ciento de los alimentos consumidos provienen de la agricultura familiar, destaca por ser uno de los países en la región  que más ha apoyado a la agricultura familiar. El Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF) de Brasil, en marcha desde 1966, es uno de los más vastos esfuerzos desplegados en América Latina  para apoyar la agricultura familiar a escala del país más grande de la región. Entre otras ayudas, el PRONAF ofrece un programa subsidiado de seguro agrícola contra riesgos climáticos, y algunos otros apoyos a cargo de entidades estatales específicas: los desarrollos tecnológicos llevados a cabo por la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA, por sus siglas en portugués) y su transferencia a los productores a través de entidades federales y estaduales de asistencia técnica.

Asimismo, iniciativas e instituciones de más reciente creación, como la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar en Argentina; el programa de Apoyo a la agricultura familiar del Ministerio de Agricultura y Ganadería de El Salvador; el Programa de Fomento de la Producción de Alimentos para la agricultura familiar  en Paraguay, establecido en 2010; y la Estrategia de agricultura familiar implementada por el Ministerio de Agricultura de Costa Rica. Otros países también están desarrollando políticas de protección y promoción como es el caso de Bolivia que ha declarado la Agricultura Familiar como actividad de interés nacional.

Año Internacional de la Agricultura Familiar

Naciones Unidas ha declarado el 2014 como Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) con el objetivo de reposicionar la Agricultura Familiar en las agendas nacionales, promover el debate sobre los desafíos a los que se enfrentan los pequeños campesinos y ayudar a identificar formas eficaces de apoyo a la Agricultura Familiar. El Plan Maestro del Año Internacional de la Agricultura Familiar 2014 (en inglés) identifica cuatro objetivos fundamentales del AIAF: (1) Apoyar el desarrollo de las políticas agrícolas, ambientales y sociales propicias para la agricultura familiar sostenible; (2) Aumentar el conocimiento, la comunicación y concienciación del público; (3) Lograr una mejor comprensión de las necesidades de la agricultura familiar, su potencial y limitaciones, y garantizar el apoyo técnico; (4) Crear sinergias para la sostenibilidad.

Siguiendo estos cuatro objetivos, la FAOha marcado sus líneas de acción para este año que pasan por la promoción del diálogo en los procesos de tomas de decisiones sobre políticas que refuercen el valor de la Agricultua Familiar y su importancia dentro de las comunidades rurales. La FAO se presenta como el punto de enlace entre organizaciones públicas y privadas para que trabajen conjuntamente en el desarrollo de políticas encaminadas a apoyar este sistema de producción agrícola. Al mismo tiempo la FAO está llevando a cabo una labor de comunicación, promoción y divulgación de la importancia que tiene la Agricultura Familiar para reducir la inseguridad alimentaria.


Por su parte, varios países de la región están llevando a cabo acciones de apoyo a la Agricultura Familiar a través de la aprobación de políticas concretas o la creación de comités y grupos de trabajo. Según recoge el Boletín de Agricultura Familiar de América Latina y el Caribe de la FAO, en el marco del AIAF 2014, el Parlamento Andino ha aprobado, en el último semestre de 2013, una declaración de implementación en la región andina de políticas públicas a favor del desarrollo sostenible de los sistemas agrarios basados en la unidad familiar. Perú es uno de los países que afronta el reto de continuar formulando y replanteando sus políticas y programas con el objetivo de lograr un desarrollo rural inclusivo e integral de su actividad agropecuaria. En países como Bolivia se conformó el Comité de Agricultura Familiar para el AIAF integrado por representantes de las organizaciones de productores, representantes de la sociedad civil y representantes del Gobierno. Por su parte, Venezuela ha anunciado su integración al Fondo de Agricultura Familiar del MERCOSUR, un organismo que financia acciones para el desarrollo de los pequeños y medianos productores a nivel regional

 

Más información en:

Objetivos y Líneas de Acción Agricultura Familiar 2014 FAO

Prioridades de la Agricultura Familiar en América LAtina y el Caribe

Marco Estratégico de Cooperación de la FAO para la Agricultura Familiar en América Latina y el Caribe, 2012 - 2015

Boletín de Agricultura Familiar de América Latina y el Caribe