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La nueva edición del Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad de RIMISP explora las variables territoriales que impactan directamente en las desigualdades de género de América Latina

El nivel de pobreza en América Latina depende principalmente del territorio pero también del género al que se pertenezca. Así lo confirma el Informe Latinoamericano 2015 sobre Pobreza y Desigualdad, publicado recientemente por el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP), Fondo Internacional del Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Centro de Investigación para el Desarrollo Internacional (IDRC/CRDI).

 

El informe destaca que la desigualdad territorial es una realidad en la región, y en él se analiza el porqué de las brechas territoriales en base a diferentes categorías fundamentales para el desarrollo: pobreza, educación, salud, dinamismo económico y empleo, ingresos, seguridad ciudadana e igualdad de género. Latinoamérica ha conseguido progresos aunque éstos no se han producido necesariamente en las zonas más desfavorecidas, y la desigualdad de género o la inseguridad ciudadana muestran claros retrocesos.

 

Eje fundamental del Informe es la desigualdad de género, se sigue observando que la capacidad de las mujeres de generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres varía según los territorios al interior de los distintos países, “situación que no solo afecta la calidad de vida de las mujeres que habitan esos territorios rezagados, sino que el conjunto de los procesos de desarrollo de los países de la región”, se enfatiza.

 

El informe coteja distintos países de la región y certifica como el enfoque territorial parece ser más eficaz en la reducción de brechas de desarrollo, porque fundamenta aspectos sociales estructurales. Por lo tanto para enfrentarse a la desigualdad presente en América Latina es preciso reducir la brecha de desarrollo entre hombres y mujeres y empoderar económicamente a la mujer lo que constituye un desafío estratégico. Mediante la eliminación de las barreras estructurales que limitan el ingreso de las mujeres al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres y que restringen su acceso a activos productivos. Asimismo, el informe advierte que es necesario trabajar sobre las dinámicas específicas de aquellos territorios “que dificultan la participación de las mujeres en la esfera económica del desarrollo territorial”. Además de la creación de políticas específicas con perspectiva de género dentro de entornos rurales genera un impacto directo en el bienestar de las mismas, sus capacidades personales, y en el desarrollo de sus respectivas comunidades. 

 

    

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