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Editorial

Drones y Apps. El reto de la innovación tecnológica en el Agro

Redacción Agronoticias

A menudo la cuestión de las inversiones eficientes apunta a la tecnología. Basta echar la vista atrás en la historia para detectar picos de tecnificación junto a los grandes saltos cualitativos en el rendimiento del sector agropecuario. Así, en un contexto global en el que lo tecnológico ya no se refiere estrictamente a infraestructura y entra de lleno en el terreno de lo digital, afrontamos el reto de crear soluciones tecnológicas integradas, aplicables a contextos distintos y accesibles para todos. La misión de la tecnología ya no es sólo ahorrarnos la labor física –es una contribución activa en el proceso de toma de decisiones.

¿Es la tecnología digital la antesala del desarrollo? Sí, a tenor del vuelco cualitativo en sectores tan dispares como la educación o la gestión de transportes. Se habla de Agricultura de Precisión desde mediados de los años 90, ya con la tecnificación como precepto fundamental, pero la revolución digital –particularmente en lo que a soportes se refiere– ha supuesto un antes y un después en el potencial de aplicaciones para el sector. Hoy el SARP (Sistema Aéreo Remotamente Pilotado), especialmente conocido como dron, garantiza un monitoreo efectivo con aplicaciones en todos los ámbitos del agro. El dron es capaz de sobrevolar en poco tiempo vastas áreas de terreno, recopilando datos a través de su cámara multiespectral de gama alta y el sensor térmico. Evalúa un rango de factores diverso y complejo, desde la climatología a los patrones en el comportamiento de las reses. Así, un dron es capaz de diagnosticar la aparición de plagas, detectar una crecida de las aguas, o anticipar un período de sequía. El debate sobre su potencial está encima de la mesa, y algunas entidades de la región de América Latina y el Caribe apuestan por ellos como vía de desarrollo. El Ministerio de Desarrollo Agropecuario de Panamá, sin ir más lejos, apoya un programa para que 12 comunidades de Pueblos Indígenas se capaciten en el uso de drones para el control exhaustivo de las áreas forestales. La FAO está apoyando al Gobierno de Filipinas en un proyecto que utiliza drones para anticiparse a los efectos del cambio climático.

Si bien es cierto que su uso genera soluciones integradas, flaquea en lo que a accesibilidad se refiere. La inversión inicial resulta inasumible para el pequeño productor, y la complejidad en los procesos de capacitación o su adaptación a contextos específicos dificulta su introducción efectiva sobre el terreno.

Pero no son sólo los SARPs los únicos en irrumpir en el escaparate de innovaciones para el sector agropecuario. El peso progresivo que ha ganado el emprendimiento en los últimos años ha generado la llegada de las start-ups, un formato de organización que rompe con el esquema tradicional de proveedores de bienes o servicios, primando la innovación y la creatividad en casi todos los aspectos de su trabajo. Y las aplicaciones móviles se alinean a la perfección con los principios de las start-ups, en buena parte por su naturaleza también cambiante e innovadora. Si el objetivo de las start-ups es ofrecer soluciones tecnológicas e innovadoras a necesidades cotidianas, las apps devienen poderosas herramientas en ese proceso. Así, desde hace algunos años, la región de América Latina y el Caribe ha sido testigo de esta nueva tendencia empresarial. Según el estudio Start-up América Latina (OECD, 2016), sorprende el apoyo institucional que muchos gobiernos de la región han mostrado en los últimos años hacia el emprendimiento y el I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación), orientando sus políticas al impulso de esta tendencia y acelerando la financiación desde sus etapas más tempranas. Ello podría derivar en un impacto sustancial para el agro, indudablemente uno de los sectores con mayor potencial para la innovación.

 

“La investigación y el desarrollo (I+D) en agricultura, así como el intercambio de información, son factores de especial relevancia para lograr que las inversiones sean incluyentes. Los pequeños productores de alimentos no son meros receptores pasivos de las tecnologías del Norte, sino que sus conocimientos y su experiencia sobre cómo afrontar las condiciones específicas de sus respectivas regiones son de un valor incalculable. Sin embargo, carecen de acceso a otros conocimientos que podrían ayudarles a mejorar la productividad, la sostenibilidad y la resiliencia de sus explotaciones”.

- Erinch Sahan y Monique Mikhail, Inversión privada en agricultura: Por qué es fundamental, y qué se necesita, Oxfam (2012)

 

La inversión en innovación es pues una vía de desarrollo, y la cuestión sobre si una aplicación es más efectiva que la Agricultura de Precisión no está clara –si bien ambas pueden complementarse, y las variables circunstanciales definirían cada caso. Pero parece que la interfaz de una aplicación móvil, pensada de antemano para simplificar procesos y facilitar el acceso a datos, es más accesible que el uso de un dron, cuya interpretación de datos por lo general requiere de conocimientos técnicos avanzados. Si a lo que se aspira es a democratizar y popularizar el proceso de innovación en el sector agropecuario de América Latina y el Caribe, es lógico pensar que ocurra de la mano de una herramienta que ya está allí.

En ese sentido, las app cuentan con la ventaja de todo aquél dispositivo concebido para la comunicación interpersonal: beben del ámbito del conocimiento compartido y del intercambio de experiencias, toman referencias del mercado a tiempo real y abren la puerta a la interacción directa del productor, el intermediario y el consumidor. Su potencial resulta intimidatorio, más si cabe en el contexto de la agricultura familiar o la pesca artesanal; ya que supone pasar de la gestión estrictamente humana a un modelo en el que el productor tiene la asistencia permanente de un dispositivo móvil. Una app le indica el momento óptimo para el cultivo y le asesora sobre su mantenimiento, como es el caso de la app colombiana Farmapp; le anticipa sobre los potenciales riesgos, como hace Agroclick, también colombiana; y le ofrece alternativas. Colombia, no en vano, está despuntando en el mercado las start-ups agropecuarias en la región de América Latina y Caribe. De allí es también la aplicación Control Ganadero, que busca apoyar al productor en todos los pasos del proceso, desde el seguimiento de los animales a la gestión de fincas pasando por el control financiero. En lo que a pesca se refiere, habría que destacar la reciente app peruana SOSPesca, que, en la línea del acuerdo de la FAO sobre pesca ilegal, favorece la pesca sostenible informando de las vedas o las tallas  permitidas para las capturas. Hablamos de una transición lenta pero firme e integral en la gestión del sector, y en este caso sí que no se trata, necesariamente, de una transición costosa. El componente popular de los dispositivos móviles se reafirma como una vía de fácil acceso a lo tecnológico.

Cabe pensar en qué riesgos trae asociado el uso de la tecnología en un contexto agropecuario, particularmente en entornos rurales pobres y poco tecnificados. Vincular la tecnología a la explotación regular de la tierra, por ejemplo, plantea conflictos de intereses diversos, como una situación de dependencia, de desequilibrio social o la pérdida del conocimiento acumulado durante generaciones en pro de los datos estadísticos. Pero también es cierto que en un momento en el que el cambio climático está forzando a replantear la gestión de la agricultura a escala global, la tecnología puede suponer un aliado fundamental en el proceso. Y deberá serlo para todos.

 

 

Imagen 1 de Lima Pix via Flickr (CC BY 2.0)
Imagen 2 de uditha wickramanayaka via Flickr (CC BY-NC 2.0)
Imagen 3 de de CAFNR via Flickr (CC BY-NC 2.0)

    

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