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Editorial

Hambre y sobrepeso: equilibrando la balanza nutricional en América Latina y el Caribe

 

Por Jordi Vaqué, Gestor de Información y Comunicaciones en FAO

 

Decía Andy Warhol que una de las grandezas de Estados Unidos era una tradición de consumo que, según él, no distinguía clases sociales. “Los consumidores más ricos compran, esencialmente, las mismas cosas que los más pobres”, afirmó, aludiendo a que el marketing alimentario estadounidense era capaz de generar productos con un atractivo universal. Esta visión, precursora de la globalización venidera, podría verse como un antecedente de los cambios en la producción y consumo de alimentos que hoy se propagan en el mundo. Y no necesariamente porque en los últimos años se hayan democratizado, sino porque se ha pasado a un modelo que, a fuerza de integrarse en los mercados internacionales, se apoya en los productos ultra-procesados, deja de lado el valor nutricional de los alimentos, sacrifica las formas tradicionales de producción e implica, a menudo, un gran volumen de desperdicio alimentario.

Es el caso de América Latina y el Caribe, una región en buena parte capaz de producir por encima de las necesidades de su población. Según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional recientemente publicado por la FAO y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el sobrepeso afecta hoy a cerca del 58% de habitantes de América Latina y el Caribe. Esto son, a grandes rasgos, 360 millones de personas, de los cuales 140 (el 23%) sufren obesidad. Las conclusiones requieren prudencia –hablamos de una región extensa y diversa, con un buen número de disparidades entre naciones. Sin embargo, sí puede afirmarse que existe una progresiva y preocupante tendencia al sobrepeso en toda la región. Lo sufre más de la mitad de la población de todos los países –a excepción de tres, Haití (38,5%), Paraguay (48,5%), y Nicaragua (49,9%). En cabeza de la lista se encuentran Bahamas, México y Chile, con un 69,64 y 63% respectivamente.

 

"Bahamas, el tercer país en renta per cápita de la región, no sólo acusa el porcentaje más alto de obesidad en adultos, también supone uno de los países con mayor prevalencia de sobrepeso en niños"

 

Las causas de esta progresión las encontramos en nuevas pautas en la alimentación y producción de alimentos presentes, en mayor o menor medida, en todos los países de la región. Y es que, en la línea de lo que Warhol afirmaba cuando hablaba de la accesibilidad del consumo, estos productos y los comportamientos alimentarios que generan ya no están limitados a los hogares de ingresos altos. De hecho, los cambios en la dieta se observan también, y con mayor velocidad, en los países de renta media y baja, en lo que podría verse como una tendencia general, un mainstreaming de valores que impacta todos los estadios de la producción y consumo. Así, el sobrepeso ya no es un rasgo exclusivo de los más ricos, aunque son los países ricos los que encabezan la tendencia. Por ejemplo, Bahamas, el tercer país en renta per cápita de la región, no sólo acusa el porcentaje más alto de obesidad en adultos, también supone uno de los países con mayor prevalencia de sobrepeso en niños

 

En un dramático contraste, sin embargo, el hambre sí prevalece entre los más pobres. 34 millones de personas en América Latina y el Caribe todavía no tienen acceso a los alimentos que necesitan. Apenas 850 km separan Bahamas de Haití, su contraparte, que se mantiene como el país con más desnutridos del mundo –el 53% de su población, un problema que se agudiza al hablar de mujeres y niños, especialmente en zonas rurales. “Es allí donde los gobiernos necesitan focalizar sus esfuerzos”, asegura Eve Crowley, Representante Regional Adjunta para América Latina y el Caribe.

Sin embargo, aunque el hambre no se ha erradicado, hay espacio para el optimismo. En el último cuarto de siglo se ha pasado de un 15% de población afectada por el hambre al 5,5%. Y Argentina, Barbados, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, México, Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela han logrado mantener sus niveles de subalimentación por debajo del 5%. El crecimiento económico, el compromiso político y la capacidad de los países para abordar la que ha sido una lacra histórica para la región se encuentran detrás de este logro.

 

"La clave para avanzar es promover sistemas alimentarios sostenibles que liguen agricultura, alimentación y nutrición y salud"

 

América Latina y el Caribe enfrenta pues un doble reto. Por un lado, lograr mantener y generalizar la tendencia a la baja en los porcentajes de hambre y desnutrición. Por otro, no menos importante, poner freno al sobrepeso y la obesidad antes de que se arraigue en las comunidades. Para combatir tanto uno como lo otro se vuelve esencial fomentar una alimentación saludable y una producción sostenible de alimentos. “La clave para avanzar es promover sistemas alimentarios sostenibles que liguen agricultura, alimentación y nutrición y salud”, apunta Crowley. Y añade: “Estas medidas deben ser complementadas con políticas para fortalecer la agricultura familiar, implementar circuitos cortos de producción y comercialización de alimentos, y sistemas de compras públicas ligados a programas de alimentación escolar saludable y educación alimentaria”.

Es inevitable que en un mundo comprendido como aldea global se repliquen comportamientos, tendencias, y formas de vida. Y es algo que tiene tanto de democratizante como de arriesgado –en la medida en que puede poner en peligro los sistemas tradicionales de producción y alimentación. Pero también cabe verlo como una oportunidad –invirtiendo esta tendencia. Ricos y pobres pueden, en efecto, hallar atractivo en los mismos productos y hábitos. Con el esfuerzo de todos los actores implicados, es posible generar nuevos iconos de consumo que representen el acceso a estándares de vida más confortables, tal y como como hacían las pinturas de Andy Warhol en los años 60, representando botes de sopa, latas de refresco, o incluso plátanos. Pero imaginen otros iconos; unos que respondan a un consumo sostenible, responsable, nutritivo y saludable. Imaginen una nueva tendencia alimentaria global capaz de combatir el hambre y la obesidad a partes iguales. Quién sabe: quizás si Warhol hubiese vivido en esta época hubiese llenado sus pinturas con mazorcas de maíz.

 

 

Jordi Vaqué

Gestor de Información y Comunicaciones en el Centro de Inversiones de la FAO, División de América Latina y el Caribe (TCIC)

 

Los datos que aparecen en este artículo se fundamentan en la publicación Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional publicado en Enero del año 2017. Haga click aquí para acceder al apartado web de FAO al respecto.

 

Foto 1 Gwenael Piaser vía Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

Foto 2 - Marjan Lazarevski via Flickr (CC BY-ND 2.0)

Foto 3 - U.S. Department of Agriculture via Flickr (CC BY 2.0)

Foto Boletín - Benjamin Watson via Flickr (CC BY 2.0)

    

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