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Las razones detrás del alza de los precios de los alimentos
Fecha de publicación:14/03/2011
País: Mundial
Fuente: El Mercurio, Revista del Campo, Chile

 

Más gente comiendo. Y no sólo lo básico, sino que  demandando cada vez más granos, más carne, más leche. Es decir, más personas empujando la demanda no sólo por alimentos, sino por  mejor calidad.

Sin embargo, la tierra parece ya no dar abasto para proveerlos. De hecho, por primera vez desde la década de los '60, la población del planeta crece a rangos mayores que los volúmenes de cosecha de los cultivos más importantes y consumidos en el planeta: arroz y trigo. De hecho, de acuerdo a los datos de la FAO, entre 1990 y 2007 la población mundial creció a una tasa promedio anual de 1,4%, mientras que la de trigo sólo aumentó en 0,5%.

Suelos degradados -alrededor del 40% de las tierras del mundo lo están en algún grado-, agua cada vez más escasa, cultivos que ya no rinden lo que antes y eventos climáticos que aumentan en intensidad y presencia destruyendo producciones completas, aumentan a pasos agigantados la incertidumbre de si se contará o no con las cosechas suficientes para satisfacer las necesidades de una población que crece imparable.

 Si a ello se agrega que las producciones y la tierra están siendo usadas para otros fines -como biocombustibles- la angustia de no contar con suficiente producción para satisfacer las necesidades básicas es aún mayor.

 Es decir, lo que está efectivamente en entredicho es el sistema productivo mundial. Porque si la tierra con esfuerzo es capaz de alimentar a los cerca de 7 mil millones de personas que la pueblan hoy, ¿cómo se puede esperar que les dé de comer a los cerca de 9 mil millones que se esperan en 2050?

Ese es el problema estructural detrás del alza imparable que el precio de los alimentos viene viviendo en los últimos 8 meses, y que, de acuerdo a los últimos informes de la FAO de la semana pasada, seguirían manteniendo la tendencia alcista. También es lo que explica que en un período tan corto como los últimos cuatro años, se hayan producido dos eventos casi simultáneos de precios disparados por las nubes.

Dentro de lo negativo de la situación, especialmente desde el punto de vista humanitario, la agricultura podría ser la gran beneficiada. No sólo porque los productores -incluidos los más pequeños- aumenten en forma potente sus ingresos, sino porque está cambiando la mirada global sobre la importancia de  este sector. Así, de ser visto como el productor de alimentos, ahora se transforma en un elemento crucial y  en las decisiones políticas y económicas de los líderes globales.

"La agricultura es un sistema clave de las economías", dijo el ex secretario general de las Naciones Unidas, y actual líder de la Revolución Verde en África, Kofi Annan, en su discurso inaugural de la 34 Sesión del Consejo de Gobernadores de la Fundación Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), que se reunió hace unos días en Roma. En la reunión, la situación actual que aumenta el hambre en el mundo -y el análisis de alternativas para evitarlo- fue el tema de todas las conversaciones.

La situación actual

Sin desconocer el problema estructural, en el alza del índice de los precios de los últimos ocho meses están incidiendo varios otros factores temporales que explican la volatilidad de los mercados actuales. Porque la realidad es que en este momento  hay más gente cayendo bajo la línea de la pobreza por el precio de los alimentos -se estima en 44 millones de personas-, más que porque no haya comida para comprar. Y ello a pesar de que, todavía, no hay escasez real de comida, aunque esa posibilidad sí está cada vez más cerca.

La realidad es que en 2009 las producciones globales de granos fueron muy positivas, lo que reabasteció los deprimidos stocks mundiales que venían de varios años a la baja y que habían estado entre las principales causas de las manifestaciones violentas en contra del alza de precios durante 2008.

"En esta oportunidad, los stocks mundiales están abastecidos, por cosechas con buenos rendimientos de los últimos años. Por supuesto que hay diferencias en lo que está ocurriendo según las regiones y los países de que se trate, pero lo concreto es que hasta ahora (mediados de febrero) no se puede hablar de escasez de alimentos. Los eventos climáticos han afectado, especialmente las cosechas de trigo. Pero lo que ocurre con él se refleja rápidamente también en el precio del maíz", recalca Liliana Balbi, economista superior, del servicio mundial de información y alerta de la FAO en la sede de las Termas de Caracalla, en Roma.

Pero cuando se pensaba que la tierra estaba volviendo a entregar comida suficiente, en 2010 el clima volvió a hacer de las suyas. 

La sequía devastó o afectó los rendimientos de trigo de Rusia y Argentina (que a pesar de tener menos volumen que el año anterior recolectó más de lo estimado, al igual que en el maíz); las inundaciones arrasaron con las de Canadá, Australia y Pakistán.

"Lo que se está viendo entonces no son problemas estructurales, sino eventos puntuales que están afectando. Hay que tener claro que el clima se está transformando cada vez más en un elemento vital. Sin embargo, se pueden tomar medidas para prevenir el impacto de ellos y las consecuencias", recalca Balbi.

Lo concreto es que las estimaciones de cosechas cayeron y que la producción mundial se proyecta menor que el crecimiento de la población. Entonces, aparece el temor en los mercados de que no habrá suficiente comida. Los países toman medidas proteccionistas en un intento de proteger el abastecimiento interno, congelan sus exportaciones y no faltan los especuladores que adquieren más de lo que necesitan en un intento de evitar su propia escasez.
A ello se suman la inestabilidad y la violencia del último tiempo en el mundo árabe que ha disparado nuevamente el valor del petróleo, lo que incide aún más en el precio de la producción de alimentos (por el costo de los insumos como los fertilizantes) y de su transporte.

Surge así la inseguridad  de si se contará con alimentos, y los precios entonces comienzan a subir sin parar, al punto que en febrero el índice de la FAO alcanzó los 236 puntos, el puntaje histórico más alto.

Sin embargo, la realidad es que hasta ahora no se ha producido una escasez alimentaria. Aún más, ni los cereales, ni los lácteos, ni la carne han llegado a los niveles de precios que alcanzaron en 2008. Lo que efectivamente se ha disparado es el índice de los precios, elevándolo por sobre el que hubo en 2008. Pero la diferencia con ese momento, es que en la actual situación están influyendo aceites vegetales y el azúcar, los que disparados inciden en la medición total.

Además, a diferencia de en la crisis de 2008, en esta oportunidad el problema no está afectando a todos los granos. El caso más notorio es el del arroz, que hasta ahora no sólo no ha subido de precio, sino que no hay elementos que hagan predecir que pudiera hacerlo y que es la base de la alimentación de los países asiáticos, más que otros cereales.

Un futuro angustiante

Sin embargo, lo que hoy aparece más como consecuencia del temor que genera la volatilidad de los mercados a una falta de oferta, puede cambiar radicalmente este año.

Contrario a lo que se piensa, y como sostiene The Economist, el aumento del consumo de proteínas y granos por parte de la población de China e India no tendría tanta incidencia en la situación actual, ya que hasta ahora esos países prácticamente se han autoabastecido.

 Sin embargo, China estaría sufriendo una sequía que podría afectar su producción de trigo... y el impacto de eso sería dramático ya que el país tendría que salir a comprar el grano, lo que desbalancearía aún más los vulnerables stocks mundiales (porque si bien no hay escasez, sí están bajando más rápido de lo conveniente).

Si a ello se agrega que los eventos climáticos intensos y extremos se están volviendo una constante alrededor del planeta y son un factor que puede exacerbar los problemas anteriores, aumenta aún más la incertidumbre de cómo se podrían dar las producciones de este año. Entonces, el fantasma de la incapacidad de generar el volumen de alimentos necesarios para una población creciente que, además, busca productos de mejor calidad, se vuelve una realidad.
Por ello, lo que pase este 2011 resulta clave.

"No hemos terminado de analizar las lecciones del 2008 y ya estamos en esto. Sin embargo, hay que estar atentos, porque cómo impacta varía mucho dependiendo del cereal y del país del que se trate. Por ejemplo, si bien Egipto es el primer importador de trigo del mundo, tiene políticas de protección que evitan que el alza desmedida llegue a los consumidores. En cambio, en Kenia, que compran mucho menos, sí van a pagar mucho más caro por él, pues no tienen esa protección. En realidad, habrá que ver qué pasa este año", dice Balbi.

El cambio de visión

El principal impacto es para los países donde la alimentación base es a partir de cereales y para los que no tienen una producción suficiente para abastecerlos, sino que los importan. Y cuando se trata de personas, los más afectados son aquellos que gastan entre el 50 y el 80% de sus ingresos en alimentación, muchos de los cuales ya se están yendo a dormir sin comer.

 "Hoy la seguridad alimentaria es la presión. Y hay que considerar que hay un valor económico en acabar con el hambre. Niños sanos significan economías sanas", recalcó la princesa Haya Al Hussein, Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas, en su discurso en la inauguración del Consejo del FIDA, en Roma.

Por ello, mientras la escalada de los precios no ceja, la agricultura, especialmente la de los pequeños, adquiere una nueva dimensión en los ojos de quienes toman las decisiones globales.

Desde la Revolución Verde el foco de los desarrollos y de las decisiones enfocadas en el tema agrícola estuvo centrado en aumentar la producción y fue gracias a las técnicas y cambios que introdujo, que   consiguió dar un salto de 150% en la producción de alimentos. Sin embargo, generar el 70% más que se demandaría en el futuro aparece como mucho más difícil, pues la tierra ya no rinde lo que antes, sus condiciones no son las mismas.

Por ello, ante los eventos actuales y la perspectiva futura, el objetivo es que el agro no sea sólo productor de alimentos, sino que se transforme en un elemento clave en la toma de decisiones políticas y económicas de los países, y de paso sea un generador de bienestar económico en sus comunidades, especialmente las agrícolas.

"La agricultura es clave en la seguridad alimentaria. Y hay que enfrentar el tema desde todas las dimensiones, pues ninguna iniciativa puede tener éxito sin el apoyo a la agricultura, especialmente la pequeña", enfatizó Annan.
Considerarla en las decisiones políticas se vuelve así prioritario. Pero también invertir en ella para adecuarla a responder a las necesidades que se le imponen.

"Los temas rurales son claves para enfrentar el desarrollo económico y social de los años que se vienen. El contexto y las perspectivas del desarrollo agrícola están cambiando. Hoy es clave establecer cadenas de valor modernas. El desafío hoy no es sólo que los pobres se sitúen por sobre la línea de la pobreza. Ahora se vuelve clave la creación de una economía mundial con un agro pujante, donde los jóvenes y los pequeños agricultores tengan un futuro. Hay que pensar en una agricultura orientada al mercado, rentable y sostenible. Es lo que nos puede ayudar a solucionar la seguridad alimentaria", indicó al abrir las sesiones del Congreso del FIDA, el presidente de la entidad Kanayo F. Nwanze.

El momento de los pequeños

Aunque suene insólito, la respuesta a aumentar la producción de alimentos del planeta pareciera venir de la mano de los pequeños productores. Hay que considerar que en el mundo hay cerca de 500 millones de pequeñas explotaciones agrícolas y que en muchos países son precisamente esos agricultores los que producen la mayor cantidad de comida.
El problema es que sus parcelas no son lo suficientemente eficientes, por gestión, por no contar con los recursos o simplemente por prácticas inadecuadas.  Con la actual y creciente necesidad por generar alimentos, se vuelve prioritario entonces conseguir que hectáreas que ahora generan una tonelada de cosecha, doblen su producción. Por ello, los líderes del mundo están tomando conciencia de que apoyados, esos pequeños se pueden transformar en un elemento de peso en la seguridad alimentaria del futuro.

 "Hay un mundo de oportunidades y nuevos desafíos en los sectores rurales. Los sectores urbanos están creciendo rápido, los habitantes de las ciudades no sólo son más sino que disponen de más recursos para comida, y consumen no únicamente cereales, sino que han diversificado su alimentación, todo ello abre nuevos mercados para los productores agrícolas", recalca Edward Heinemann, jefe del equipo encargado del informe 2011 sobre pobreza rural del FIDA.

Pero hay que tener claro que buena parte de esos agricultores no tienen las condiciones económicas, de gestión ni los conocimientos para poder aprovecharlas. Por ello el llamado de los líderes globales es a invertir en agricultura, para que los productores accedan e incorporen las tecnologías que les permitan producir en forma más eficiente y acorde con las nuevas necesidades que impone la actual realidad productiva y ambiental.

 "Sin dejar de preocuparnos por obtener una buena productividad, tenemos que hacerlo de forma de que sea más sustentable en términos ambientales, utilizando los recursos naturales de manera de que puedan ser perpetuados y volviéndolos más resilientes al cambio climático, para que de esa forma sus producciones se vuelvan más seguras y estables incluso ante los eventos como las sequías o inundaciones", enfatiza Heinemann.

La vuelta a utilización de técnicas tradicionales, incorporación de variedades resistentes a los eventos climáticos como la sequía o salinidad de los suelos, uso y mejoras de cultivos locales que pueden dar seguridad de producciones son respuestas tecnológicas a los embates climáticos, y por ende a dar una cierta seguridad de que se podrá contar con producciones estables.

Facilitar microcréditos y el uso de seguros agrícolas que eviten que ante una inundación u otro desastre natural se pierda todo lo invertido y permita que los campesinos puedan volver a empezar, son respuestas desde el ámbito económico. "Lo que hay que desarrollar es un enfoque coherente en las inversiones a lo largo de toda la cadena de la agricultura", destaca Kofi Annan.

Invertir en productos locales

Asimismo, hay que potenciar, recalcan los expertos, las producciones locales, especialmente de aquellos productos considerados "no transables", pues por sus características no se transformarán nunca en commodities. Se trata de productos locales, que muchas comunidades han tendido a reemplazar por cereales, pero que están naturalmente adaptados a las condiciones locales y son más resistentes a los embates climáticos de esas zonas.

 "Hay poblaciones que viven de eso. Son países menos importadores, que ante situaciones como las actuales son menos vulnerables. Es lo que está ocurriendo en algunos países de África en este momento que no se están viendo tan afectados por las alzas de los cereales", explica Balbi.

Pero en este nuevo foco la mirada se superpone a los que trabajan directamente la tierra y se amplía a incorporar en las nuevas políticas e inversiones a los que quieren mantener un vínculo con ella, pero no tienen la propiedad de ésta ni los recursos para que produzca -especialmente mujeres y jóvenes- por lo que sus posibilidades son aún más limitadas.

"Lo que hay que buscar y apoyar son las ideas de alto valor, que los jóvenes tienen en grandes cantidades, y acompañarlos para que las establezcan. Por ejemplo, si un campesino produce maíz, probablemente el hijo no podrá hacerlo, pero sí querrá instalar una tienda de tortillas. Es decir, agregó valor, se transformó en un empresario vinculado con el campo, y da un nuevo ingreso a su comunidad", dice Roberto Haudry, encargado del Departamento de Managment de la División América Latina y el Caribe del FIDA.

Con tierras con mejores rendimientos, sus cosechas no sólo les darán de comer, sino que les entregará a esos pequeños agricultores mejores retornos económicos y.... verán en ellos un buen negocio.

En lo que los expertos también coinciden es en la necesidad de que los países inviertan más en investigación agrícola, como una forma de conseguir respuestas a las nuevas disyuntivas que aparecen.

Así el agro y las áreas y producciones vinculadas a él ganarían estabilidad económica, el agro y las zonas agrícolas se transforman en una alternativa atractiva y, como consecuencia, se genera una cierta estabilidad mayor en la producción de alimentos.

Quizá así se logre al menos paliar en parte la incapacidad actual del planeta para responder a la demanda de alimentos que se viene y con ello evitar la alta volatilidad de los precios que está viviendo el mundo.

El aumento de población por alimentar en los próximos 40 años, incluidos los mil millones que hoy sufren hambre, equivale a tres India extras. La FAO  estima que la demanda total por alimentos aumentará en cerca de 70%.

Por primera vez desde la década del '60 que la población crece más que la producción mundial de las cosechas de los cultivos más importantes del planeta, arroz y trigo. Entonces la pregunta es cómo conseguir que una tierra, que parece que ya no da abasto, rinda lo suficiente para alimentar a una población cada vez mayor.

Alrededor del 40% de las tierras del mundo tienen algún nivel de degradación. Invertir en su recuperación aportaría a la seguridad  alimentaria.

 

Author: Patricia Vildósola Errázuriz
Publicado por: El Mercurio