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América Latina a dos velocidades
Fecha de publicación:06/04/2011
País: América Latina y el Caribe
Fuente: Capital Madrid

Monitor de Latinoamérica: Los países ligados a los emergentes se beneficiarán más del nuevo orden económico global

 

 Si hace unos meses el Fondo Monetario Internacional (FMI y el Banco Mundial (BM) aseguraban que Latinoamérica, liderada por Brasil, México, Argentina, Chile y Perú será una de las locomotoras del crecimiento mundial en 2011, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) acaba de corroborar esta impresión. Pero tras convenir también en que la región se expandirá a un ritmo menor que en 2010, ha introducido un importante matiz: que lo hará a dos velocidades, dividida en dos bloques con perspectivas de bonanza y con tendencias muy diferenciadas. El primer grupo, encabezado por Brasil, reúne a los exportadores de materias primas y se orienta hacia los mercados emergentes. El segundo, liderado por México, mantiene un modelo más dependiente de los países industrializados. El PIB del primer grupo avanzará en torno al 4,4%. El del segundo, lo hará en torno al 2,7%. Eso sí ninguno de los dos bloques que comienzan a distinguirse en la región se librará de la amenaza inflacionista, impulsada por el alza del petróleo y los alimentos.

En su reciente informe "¿Una región, dos velocidades?", el BID detecta un drástico cambio en el orden económico internacional que tiene grandes implicaciones macroeconómicas y comerciales para la región y que sienta las bases para que Latinoamérica sea una de las grandes beneficiadas de la situación si aprovecha sus oportunidades. La entidad señala que tras la crisis financiera global se ha producido un alza de los precios de las materias primas que beneficia al área y un aumento de los flujos financieros hacia Latinoamérica. Apunta que los precios del petróleo, metales y alimentos son un 23%, un 8% y un 35% más altos, respectivamente, que los niveles anteriores en 2006 y que el coste de la financiación para las economías emergentes es sustancialmente menor a los niveles previos a la crisis, dado que el exceso de ahorro, generado mayormente en Asia, no está siendo absorbido por los países industrializados.

Pero el sólido crecimiento económico en Latinoamérica no es uniforme y oculta dos velocidades y posturas diferentes frente a fenómenos como la entrada masiva de capitales, según han destacado la semana pasada los expertos en la asamblea anual del BID en Calgary (Canadá). El modelo capitaneado por Brasil está muy bien situado en un escenario internacional en el que las economías emergentes son el motor de crecimiento, según la entidad, que observa unas perspectivas de expansión más brillantes para este bloque, derivadas precisamente de los altos precios de las materias primas y de la fuerte entrada de flujos de capital, así como del auge de Asia como importante comprador de productos primarios latinoamericanos y las bajas tasas de interés mundiales. En este grupo se ubican Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y Trinidad y Tobago. Las previsiones de expansión para estas economías en 2011 se sitúan en una media del 4,4%.

Por el contrario, el grupo liderado por México, cuyos miembros comparten lazos comerciales mucho más fuertes en bienes y servicios con los países industrializados, registrarán un avance menor, del 2,7%, debido a la lenta salida de las crisis de las naciones que constituyen sus principales mercados, especialmente la UE. En este bloque, que agrupa a importadores netos de materias primas y países con gran dependencia de las remesas de países más avanzados, se sitúan México y todos los países centroamericanos y los caribeños, salvo Haití.

Divergencia regional

Esta divergencia regional refleja lo que está aconteciendo en la economía global tras la gran crisis de 2008. Ante de ésta, los países emergentes representaban el 50% de la demanda mundial y hoy equivalen al 75%. Y los países de la región mejor posicionados con respecto a estos mercados parten con notable ventaja para impulsar su desarrollo. Según datos del BID, India, Rusia y China, que representaban el 9% de las exportaciones brasileñas en 2006, pasaron a suponer el 17% en 2009, mientras que en México las ventas a esos países se mantenían en un exiguo 3% en 2009. Mientras que las ventas de Brasil a las naciones industrializadas equivalían el 50% en 2006, tres años después habían bajado al 44%. En México, las exportaciones a las naciones más industrializadas seguían suponiendo el 91% del total en 2009.

Para los expertos del BID está meridianamente claro que la reciente crisis global ha alumbrado un nuevo orden económico muy distinto al existente antes del crash. Los países emergentes han ganado peso, empuje, dinamismo y protagonismo en el concierto global y las naciones latinoamericanas más vinculadas con ellos están en mejores condiciones para impulsar su desarrollo que las que permanecen ancladas a unos países ricos cuya economía está aún convaleciente y se reactiva con dificultad y extremada languidez.

Con todo, las proyecciones favorables para Brasil y su grupo no están exentas de quebraderos de cabeza: la masiva entrada de capitales que sufre Latinoamérica está generando recalentamiento, apreciación de los tipos reales de cambio y un rápido crecimiento del crédito. Varios países, con Brasil en primer lugar, han sufrido un duro impacto sobre sus monedas, cuya revaluación observan con inquietud por su efecto nocivo en la competitividad exterior.

El BID calcula que 2010 entraron en la región 266.000 millones de dólares, un nivel sin precedentes, aunque el 55% de estos capitales fueron flujos financieros, no inversión directa. Brasil o Argentina aplican controles e impuestos a la entrada de esos capitales especulativos, algo que México no ve oportuno. Colombia, parte del primer grupo, tampoco lo hace.

El banco aconseja al grupo brasileño que evite políticas fiscales laxas, recorte el gasto y retire las medidas de apoyo a la economía adoptadas durante la crisis. Para el grupo mexicano, la receta difiere: consiste en apostar por la estabilidad macroeconómica, asegurando la viabilidad fiscal y una financiación estable de sus actuales déficit por cuenta corriente, además de adaptarse "de forma creativa" a los nuevos patrones del comercio internacional. Según el BID, estos países deberían rediseñar sus estrategias de producción y de comercio para conectarse de forma más activa con los grandes países emergentes.

Panorama alentador

En cualquier caso, el panorama para la región es alentador, aunque no está exento de complicaciones. En lo que respecta al comercio internacional, el auge de Asia ha creado una demanda creciente e insaciable de recursos naturales de Latinoamérica, aunque también una presión competitiva creciente e incesante sobre los productores de manufacturas latinoamericanos, tanto en los mercados internos como los externos. El actual clima probablemente lleve a los países exportadores de materias primas de la región a crecer a tasas más aceleradas que aquellos países que son primordialmente importadores de materias primas y más dependientes de las exportaciones de productos y servicios a Norteamérica y Europa y de las remesas enviadas por emigrantes. Por otro lado, si la escalada de las materias primas supone beneficios adicionales para buena parte de las economías del área, también entraña una grave amenaza inflacionista.

Por ello, en su informe, y tras destacar que el reequilibrio global plantea tanto desafíos económicos como oportunidades comerciales para Latinoamérica y el Caribe, el BID destaca la necesidad de prudencia fiscal y de nuevas políticas comerciales para aumentar el acceso a mercados de Asia, EEUU y Europa. "El nuevo orden económico surgido tras la crisis financiera global probablemente generará en los próximos años un clima internacional favorable sin precedentes para la región", pero los gobiernos regionales, "deben aprovechar la oportunidad para llevar a cabo políticas que reduzcan las vulnerabilidades externas de sus países y aseguren un crecimiento económico sostenible", sostienen los expertos de la entidad.

En ello coincide la Cepal, que estos días se ha sumado a los positivos augurios que se multiplican sobre la economía regional. El organismo destaca que el dinamismo de la región en los primeros meses de 2011 podría llevar a revisar al alza el crecimiento de Latinoamérica del 4,2% al 4,5% (tras el 6,1% de 2010), si bien alerta del riesgo de recalentamiento en países como Brasil, cuyo PIB avanzará en torno al 5% este año, frente al 4% que se pronostica para México. Según la Cepal, que no entra a valorar la posible partición de la región en dos bloques con crecimiento diferenciado y que no oculta su preocupación por "la importante presión inflacionista" en el área, la previsible mejora de las expectativas tiene que ver con que se detectan ya perspectivas mucho mejores en algunos países de Sudamérica como Argentina, Uruguay y Paraguay, cuyas exportaciones se benefician del alza de los precios de los alimentos, de los combustibles y de los minerales. Esta circunstancia ayudará a dinamizar también las economías de Perú y Chile, que podrían crecer más del 6% previsto hasta ahora.

Preocupa el auge inflacionista

Inquieta, eso sí, la presión de los precios, y no sólo a la Cepal. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de reiterar tanto su temor a que las economías de Latinoamérica estén recalentándose como su llamamiento a no subestimar los riesgos de la creciente inflación. Ambos organismos advierten que en Brasil el IPC se elevó al 5,9% en 2010 y que podría situarse en el 5,7% este año, y hacen notar que la presión de los precios comienza a ser elevada en otras naciones sudamericanas, por lo que llaman a redoblar la vigilancia y a una actuación de los bancos centrales. Con todo, descartan procesos de hiperinflación como los generados en la década de los ochenta y sostienen que la previsión es que en ningún caso se produzcan en 2011 tasas de inflación de más de un dígito, salvo en Argentina y Venezuela. El caso venezolano es el más problemático, ya que tras cerrar 2010 en el 27,2%, el IPC podría dispararse hasta el 32,6% este año.

La inquietud inflacionista, procedente en particular del aumento de los precios de los alimentos, la comparte la FAO que, en un documento conjunto con la Cepal, acaba de advertir de que "las grandes fluctuaciones de precios han llegado para quedarse y Latinoamérica debe prepararse para esta circunstancia". Una vez más se constata que el alza de los precios de las materias primas es en arma de doble filo para la región.

En un documento titulado "Volatilidad de precios en los mercados agrícolas (2000-2010): implicaciones para América Latina y opciones de políticas" se detallan las características del actual escenario: cambios frecuentes, imprevisibles e intensos en los precios de las materias primas agrícolas, que generan diversos impactos en los países, los cuales varían según las condiciones nacionales. Para los países especializados en la exportación de materias primas alimentarias, por ejemplo, un alza en los precios representa importantes oportunidades para mejorar sus términos de intercambio, mientras que para otros puede representar un riesgo para su seguridad alimentaria, especialmente para los importadores netos de alimentos. Desde el segundo semestre de 2010 y durante los primeros meses de 2011, los precios internacionales de los alimentos han vuelto a repuntar, sobrepasando incluso los niveles alcanzados durante la crisis de 2008, se señala en el documento.

Otro problema que emerge en región es el del desempleo, algo que los expertos atribuyen al enfriamiento de las grandes economías latinoamericanas con respecto a la fortísima expansión registrada en 2010. Los últimos datos muestran que la desocupación en Brasil subió al 6,4% el mes pasado, mientras que México ha escalado al 5,28%, según las cifras oficiales.

 

Palabras clave: Modelo de crecimiento, emergentes, orden económico global
Author: Carlos Álvaro