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Bolivia ante la crisis alimentaria mundial
Fecha de publicación:31/01/2011
País: Bolivia
Fuente: Los Tiempos

El Foro Económico Mundial de Davos, evento que anualmente reúne a los más importantes políticos y empresarios de los cinco continentes para analizar los principales problemas del mundo actual, ha terminado sus sesiones con una conclusión categórica: una muy probable crisis alimentaria a escala planetaria es el mayor riesgo que se cierne sobre la estabilidad económica, política y social del mundo entero. La escasez de alimentos y la consiguiente alza de precios pueden llevar a un colapso de la economía global, desencadenar múltiples insurrecciones populares en los países más afectados y no estaría lejana la posibilidad de que incluso sea el origen de guerras internacionales.

 

 

Pocos días antes, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó un informe en el que con abundantes datos advierte que el mundo se está encaminando hacia una crisis alimentaria que si no es afrontada de manera integral puede alcanzar gravísimas dimensiones en el corto plazo. Acompañó su informe con una guía básica dirigida a los gobiernos del mundo con una serie de recomendaciones sobre lo que deben y lo que no deben hacer para afrontar el problema.

 

 

Entre las recomendaciones de la FAO, la principal dirigida a los países productores de alimentos es exhortarlos a no aplicar ningún tipo de restricciones a la exportación de alimentos a fin de proteger los mercados locales. "La FAO advierte fuertemente que no se tomen tales medidas, pues suelen provocar más incertidumbre y alteración en los mercados mundiales e impulsan los precios al alza aún más a nivel global, al tiempo que deprimen los precios domésticos y por lo tanto reducen los incentivos a producir más alimentos", dijo Richard China, director de la División de Políticas y Apoyo al Desarrollo de Programas de la FAO al referirse al tema.

 

 

La FAO reconoce que a corto plazo puede ser para los gobiernos muy tentadora la posibilidad de restringir las exportaciones y adoptar medidas para mantener bajos los precios de los alimentos. Asegura, sin embargo, que tales políticas a mediano pero sobre todo a largo plazo pueden ser funestas pues al desincentivar las inversiones que requiere el sector agrícola y al desalentar a los agricultores privados –sean estos pequeños medianos o grandes—a asumir los riesgos que la actividad productiva lleva consigo, sólo ocasionarían a la larga disminuir la producción, aumentar la escasez, reforzar las tendencias alcistas de los precios.

 

 

Todos los gobiernos del mundo, sean productores o consumidores de alimentos, están obligados a atender las advertencias y recomendaciones de la FAO. Pero con mucha más razón Bolivia, pues como lo demuestra con toda elocuencia la creciente escasez de alimentos que ya padecemos, hay abundantes motivos para temer que la política gubernamental sobre la materia está mal encaminada. Bolivia pudiendo ser uno de los países que más contribuya a afrontar y resolver la crisis alimentaria mundial está encaminándose a ser una de sus primeras víctimas. Y la razón para que tal calamidad ocurra no es de orden económico sino ideológico y consiste en poner cada vez más cortapisas a los sectores dedicados a la agropecuaria y, particularmente, al agroindustrial.