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Los alimentos se disparan por el cóctel explosivo de demanda y especulación
Fecha de publicación:16/01/2011
País: Mundial
Fuente: Intereconomia

Más de 1.000 millones de personas sufren hambre crónica, como enfermedad. Tan grave es el asunto que existe un organismo, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), sólo para paliar, dentro de sus posibilidades, las lamentables consecuencias de los desequilibrios en las relaciones que se dan dentro de un organigrama donde aparecen productores, consumidores, especuladores, países ricos, en desarrollo o pobres; todos ellos colectivos de seres humanos que sufren la irrenunciable necesidad de tener que comer todos los días.

Dicho esto, el alimento es un bien más y como tal, está sometido al capricho de los Gobiernos y al miedo o la avaricia de los mercados, a las fluctuaciones del petróleo o de las materias primas en general y, lógicamente, a la ley de la oferta y la demanda. Esta máxima económica es la que, según los bancos centrales, tal como dijo Jean-Claude Trichet esta pasada semana, ha hinchado la burbuja de los precios más que durante la crisis de 2008, periodo aquel que en opinión de algunos expertos no presenta demasiadas diferencias con el actual. En diciembre de 2010, según el último informe sobre los precios de los alimentos de la FAO, el indicador –que incluye una media del precio de las exportaciones de carne, aceite, cereales, productos lácteos y azúcar– alcanzó los 214,7 puntos, lo que significa un aumento del 4,2% con respecto a noviembre, superando los 213 puntos a los que llegó durante la carestía de 2008.

La creciente demanda de los emergentes, de China e India sobre todo, puede provocar “una inflación excesiva” en dichos países, dijo el gobernador del BCE; y además –esto no lo dijo–, cabe la posibilidad de que influya en que la pandemia del hambre se extienda con mayor virulencia si cabe. No obstante, el catedrático de Economía Juan Velarde es de los que opinan que no hay motivo para la alarma, al menos de momento. “Esos países aumentan su demanda, pero lo hacen lentamente”, indicó a este periódico y añadió que, además, “las economías en vías de desarrollo tienden a invertir en su agricultura para atender la demanda”. Entonces, ¿por qué se disparan los precios?

La FAO considera decisivas las nefastas cosechas que se dieron durante la segunda mitad del año pasado (sequías en Rusia o Ucrania, inundaciones...), génesis del escandaloso aumento del precio de las materias primas y de una serie de movimientos financieros que tuvieron que ver con el miedo generado por la crisis mundial; una incertidumbre ante la posibilidad de que se repita lo vivido hace dos años. Velarde se muestra más tajante al profundizar en las causas: “las alzas de precios no se hubiesen dado sin las tremendas reacciones especulativas, muchas veces de cobertura, ante lo que sucedía en los mercados financieros”, comenta.

Pese al descontrol de los precios, el mensaje general es de cierta tranquilidad. En 2008 se venía de años de cosechas muy pobres que, por si fuera poco, coincidieron con una espectacular subida de los carburantes –entonces el barril de petróleo superaba los 145 dólares, hoy se sitúa en los 95– y con el cierre de las exportaciones de arroz por parte de países como Egipto o Pakistán. Y es que si no escasea lo que es la base de la alimentación para millones de personas, el arroz, algo improbable a día de hoy, el estado de emergencia parece descartado. “De momento” –sentencia Velarde– “lo que tenemos es, en medio de un depresión muy fuerte, un incremento volátil de ciertos alimentos y una serie de interrogantes ciertamente colosales”.

Palabras clave: precios de los alimentos
Author: A. Gordo
Publicado por: Intereconomia.com