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"El libre comercio con los europeos es neocolonialismo"
Fecha de publicación:07/06/2011
País: Ecuador
Fuente: Prensa Latina

El excanciller ecuatoriano, Fander Falconí, destacó la importancia del desarrollo endógeno y la diversificación, lo cual quedaría indefinidamente postergado con un eventual Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE), que sería otra forma de neocolonialismo.

  En entrevista con Prensa Latina el académico y miembro de la Dirección Nacional del gobernante Movimiento Alianza PAIS, estimó que Ecuador debe atender a sus propios tiempos, honrar su Constitución, y a su Plan Nacional para el Buen Vivir.

Es necesario poner mucha atención para que la negociación ecuatoriana no pase de ser una mera adhesión a lo que ya acordaron Colombia y Perú, como es el anhelo de los europeos, recalcó.

Las negociaciones comerciales entre la Unión Europea y la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) comenzaron siendo una negociación de bloque, citó el excanciller.

Hay que recordar, dijo Falconí, que Bolivia abandonó la mesa de negociaciones por considerar que el componente comercial debilitaba su posición de desarrollo propio, y por un cuestionamiento que tenía sobre el tema de la propiedad intelectual.

Una negociación que empezó siendo bloque a bloque terminó como un acuerdo eufemísticamente llamado multipartes, que finalmente dejó en claro la UE se trata de un acuerdo bilateral, y eso, precisó Falconí, resta fuerzas a un posicionamiento más integrado de los países andinos.

Nuestros vecinos países (Colombia y Perú) apuestan por un libre comercio y han terminado ya las negociaciones en ese sentido con Estados Unidos y la UE, comentó.

Ecuador suspendió la negociación comercial el 17 de julio del 2009, y esta decisión no desconoció la importancia del mercado europeo para el país, pues es su segundo en importancia comercial.

No obstante, esto obedeció al escaso avance de las perspectivas del acuerdo multipartes y a una estrategia para presionar por la solución del diferendo del banano.

También se buscaba redefinir el campo de la negociación, para conseguir un acuerdo comercial favorable para el sector productivo nacional en conjunto y no sólo para los empresarios europeos, de un importante grupo de exportaciones tradicionales ecuatorianas.

Ya el 2006 Ecuador rechazó un acuerdo de libre comercio, dijo Falconí, cuando grupos tradicionales aliados a Washington quisieron imponernos un TLC con Estados Unidos.

Se trata, recalcó, de estrategias de desarrollo completamente distintas a las que perseguimos en Ecuador, basadas en un desarrollo endógeno con acumulación propia de capital, con intentos de consolidar una producción local y un empleo nacional.

Creo, afirmó, que en Ecuador un TLC con la UE, sin beneficio de inventario como pretenden los voceros de las grandes Cámaras, vulneraría derechos constitucionales de amplios sectores de trabajadores en ámbitos que van desde lo agrícola hasta la salud.

Asimismo, agregó Falconí, la opción de desarrollo delineada en la Constitución de la República y detallada en el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013 quedaría pospuesta en forma indefinida por las concesiones que pretende Bruselas.

Bruselas, dijo en referencia a la ciudad sede de la UE, pretende concesiones especiales en tres aspectos que son fundamentales para el desarrollo propio, endógeno, que implican acumulación interna en Ecuador.

Estos son, acotó, bajar los estándares en las compras públicas, es decir, en aspectos relativos a servicios para que entren sus empresas al país; ingresar en los sectores estratégicos definidos por nuestra Constitución, y concesiones en los aspectos de propiedad intelectual.

Estos últimos son sumamente sensibles para un país mega diverso, con una alta biodiversidad como Ecuador, la que se puede asociar con información y capacidad de generar valores alrededor de nuevos descubrimientos tanto agrícolas como farmacéuticos, señaló.

Si vemos la forma cómo los países de América Latina nos hemos insertado en el orden global de comercio, es fundamentalmente a través de la venta de productos primarios, expuso Falconí.

La estrategia de desarrollo endógeno de Ecuador persigue reducir paulatinamente el peso del sector extractivo, y si seguimos condicionados a vender productos primarios a la UE no tendremos posibilidad de generar un desarrollo diversificado, advirtió.

Una desconcentración de nuestra oferta exportable, anotó, tiene varios problemas: concentración a nivel de mercados, de productos y de zonas geográficas, porque el 90 por ciento de la oferta exportable de Ecuador se produce sólo en cinco cantones (municipios).

Entonces, recalcó, es muy importante el aspecto de la diversificación, y esto quedaría indefinidamente postergado con un eventual TLC con la UE, tal como persiguen los europeos.

De ahí la definición para Ecuador de un esquema relacionado con sus propias necesidades de desarrollo endógeno, que dé contenido a tratados comerciales para el desarrollo que impliquen un comercio justo y la incorporación del diálogo político y la cooperación.

Esto último, señaló, porque abriría posibilidades para negociar formas innovadoras por ejemplo para reprimir el tráfico de sustancias prohibidas o de revisar los inhumanos mandatos que criminalizan la movilidad de nuestros compatriotas en Europa.

Nosotros tenemos una realidad y es que un quinto de la población ecuatoriana vive en el exterior, fundamentalmente en Estados Unidos y la Unión Europea, por eso es tan prioritario que se abra un diálogo político para revisar esos inhumanos mandatos.

La UE, recalcó, afronta las secuelas de una crisis económica que arrancó en el último trimestre del 2006 y se expresa incluso en temas de convulsión social, como en España, cuyo alto desempleo está afectando a la población y especialmente a los jóvenes.

Los TLC, enfatizó finalmente Falconí, van más allá del comercio, e implican sumisiones geopolíticas y disciplinas sociales que sólo competen a cada país de manera soberana, no a una potencia extranjera y, sin dudas, implican una nueva forma de neocolonialismo.