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Buenas prácticas agrícolas mejoran cosechas de maíz en Quiché
Fecha de publicación:30/06/2011
País: Guatemala
Fuente: elperiodico.com

Unión Europea, FAO y Prorural combinan esfuerzos y financiamiento para favorecer que campesinos de Quiché sean más productivos. El objetivo es fortalecer las capacidades de seguridad alimentaria frente a una caída de la producción por efectos climáticos extremos.

 

Los hombres de maíz de Miguel Angel Asturias comen, para reponerse de su descenso al inframundo, “tortillas de trece capas de maíz amarillo, pistones de maíz blanco, redondos soles”.
Los hombres, mujeres y niños de maíz de las montañas de Quiché, como los de los municipios de San Pedro Jocopilas y San Bartolomé Jocotenango, han tenido que prescindir de sus conocimientos ancestrales sobre el cultivo de su planta sagrada y adaptarse.


Con la ayuda del Programa Extraordinario de Apoyo a la Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Unión Europea y la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas, FAO, 4 mil 200 familias de lugares como San Andrés Sajcabajá, Canillá, Chicamán, San Pedro Jocopilas o San Bartolomé han aprendido técnicas agrícolas para mejorar la productividad de sus tierras y la calidad del maíz.

Cambian costumbres

El grano con el que actualmente estas comunidades amasan los tamales multicolores descritos por el Premio Nobel de Literatura, contiene más que los mágicos ingredientes que Asturias menciona. Ahora se produce gracias a la tecnología de cultivos.
A 2 mil 100 metros sobre el nivel del mar, en la cima de un cerro del Cantón San Pedro II, cerca de Santa Cruz del Quiché, Belisario explica ante un grupo de periodistas y funcionarios de la Unión Europea la nueva forma de sembrar que ha aprendido.


El joven agricultor local sirve como promotor entre los demás campesinos.  Es asistido por la alianza que promueve las buenas prácticas en el cultivo, en la cual está también el programa gubernamental Prorural.
En su idioma k’iche’ explica por qué decidió cambiar lo que le enseñaron su padre y su abuelo sobre cómo sembrar maíz para obtener mejores mazorcas y así, mejores semillas.
Todo ello con el fin que promueve el proyecto de la FAO y la Unión Europea: aumentar la seguridad alimentaria de estas comunidades, cuyos cultivos fueron severamente afectados por la sequía de 2009 y la tormenta Agatha.

Fortalecer la seguridad alimentaria

Los objetivos detrás del cambio de costumbres en el cultivo del maíz, como la siembra utilizando “acacias”, montículos que protegen el suelo de donde brota la planta de ser lavado en caso de fuertes lluvias, obedecen a la necesidad de “reforzar la capacidad de producción de  alimentos de las familias mediante el aumento de productividad de las milpas”, afirma Miguel Tzoc, de FAO.


Durante la agudización de la crisis de seguridad alimentaria que se vivió en 2009, organizaciones como el Observatorio del Derecho a la Seguridad Alimentaria y Nutricional reportaron altos índices de desnutrición no sólo en lugares como el corredor seco del país, sino en comunidades del altiplano como en Chimaltenango y Quiché.
Ese problema está siendo evitado ahora.  “La formación de las comunidades es importante”, dice Norma Pérez, coordinadora del proyecto, mientras habla en el centro de operaciones de la aldea Quejché, en San Bartolomé Jocotenango.  “Los promotores capacitan a las familias y luego el aprendizaje se multiplica de campesino a campesino”.

Nuevas técnicas agrícolas

Entre las buenas prácticas que los agricultores locales han aprendido, comenta Pedro Ordóñez, del Consejo Comunitario de Desarrollo, está abandonar la “quema” de los terrenos para limpiarlos. Algo tan aparentemente simple como disminuir el número de granos que se plantan juntos, de siete u ocho, según la costumbre, a sólo tres, hace que las mazorcas crezcan más grandes y que al momento de seleccionar la semilla para la próxima cosecha, el campesino obtenga las mejores plantas.


Tan sencillo como “mejorar el pedigrí” a través de un cruce de raza de animales, esa práctica torna a las plantas en “más vigorosas y resistentes a las plagas” en un período que puede abarcar siete u ocho años, agrega Tzoc.
Además de la siembra utilizando acacias y barreras vivas –matas de otras plantas que se siembran frente al maíz para darle una protección adicional frente al clima o evitar que animales como cerdos o vacas se lo coman-, este programa hace que las familias rurales en pobreza aumenten sus sistemas productivos mediante la diversificación de cultivos en sus terrenos.  Tomates y calabazas  crecen en pequeños huertos junto a árboles frutales en estas aldeas.


Hace 35 años no había energía eléctrica en San Bartolomé, cuenta Bartolo Xotoy, alcalde municipal. Aunque el requisito que la empresa eléctrica les puso para instalarla fue que al menos 20 personas la solicitaran, casi nadie quiso y tuvieron que reportarse como familias separadas esposas y esposos de un mismo hogar para llegar al cupo.
Luego vino la guerra y muchos, incluyéndolo a él mismo, tuvieron que huir. Pero al igual que el ingreso de la energía eléctrica, los cambios han ido ocurriendo para bien del pueblo.  Aún así, muchos se resisten a usar estas nuevas técnicas de agricultura que contradicen lo que aprendieron.  “Al principio no les parecieron, sentían que perdían espacio de tierra al sembrar, pero al ver los resultados se han ido convenciendo”, agrega Xotoy.

Palabras clave: buenas prácticas agrícolas, Guatemala, Mecanismo Alimentario de la Unión Europea
Author: Carlos Rigalt
Publicado por: AGRONoticias