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ARGENTINA: El rol de la Agricultura Familiar
Fecha de publicación:30/09/2011
País: Argentina
Fuente: Texto:Prensa de frente/Foto:alsurinforma

Introducción

"No cabe duda de que el nuevo modelo agroalimentario que se expande a escala mundial tiene mucho que ver con la hegemonía creciente de la agroindustria; o mejor dicho, el agribusiness, o sea, las grandes empresas transnacionales agroalimentarias en diversos ámbitos rurales y agropecuarios del mundo. El paradigma del modelo agroalimentario impulsado por estas transnacionales y por organismos internacionales se basa fundamentalmente en el modelo agrario estadounidense, en donde se originó la agricultura industrial que según algunos autores ha hecho estragos en todas partes, inclusive en EE.UU., y que se contrapone al modelo de la agricultura familiar" (Giarracca, Teubal, 72 :2006).

No casualmente en nuestro país durante la aplicación de las políticas neoliberales de los 90, los agricultores familiares fueron los que se vieron más afectados con el alejamiento de muchos del campo, lo que implicó el desarraigo y un deterioro creciente en su calidad de vida. Así las grandes cadenas agroalimentarias dominadas por las grandes empresas trasnacionales restringieron, según Cloquell (2005) "la emergencia de actividades alternativas de las explotaciones familiares más chicas, enfrentándolas a la adopción de tecnologías de última generación, con alto requerimiento de capital, limitando al mismo tiempo estrategias diversificadas basadas en la flexibilidad que tradicionalmente proveía el trabajo familiar, permitiendo actividades que aportaban financiación para la realización de otras".

Esto se ve reflejado en el último Censo Nacional Agropecuario: entre 1988 (fecha del anterior relevamiento) y 2002 el número total de explotaciones agropecuarias disminuyó en cerca de un 21%, a la vez que se incrementó el tamaño medio de las que continúan en actividad. En la región pampeana, la pérdida de unidades productivas alcanzó niveles todavía más altos (25.6%). Si se consideran los distintos tamaños de explotaciones, se observa que la disminución adquiere su mayor expresión (26%) entre las unidades de hasta 200 hectáreas. En total, estos estratos - en los que comúnmente se ubican las explotaciones de tipo familiar - registran 75.293 unidades menos que en 1988, lo cual representa cerca del 93% de la disminución total de explotaciones, indicando que el desplazamiento se condensa principalmente en las unidades de menor superficie (Gras, 2: 2006).

Como dice Walter Pengue para este modelo no cuenta (es mas, incomoda) el pequeño y mediano agricultor, aquel que aún está afianzado a su terreno, con una cultura propia y para el que el desarrollo incluye no solo una mejora de su necesaria estabilidad económica, sino el respeto y consolidación de pautas culturales, familiares, sociales, ecológicas y de arraigo a un entorno que el modelo industrial desatiende o directamente amenaza (Pengue 2005).

Frente al actual modelo de los agro negocios que promueve la concentración de la tierra, la producción y las riquezas, que arroja al desarraigo de miles de familias agricultoras, que encarece el precio de los productos agropecuarios, cobra vigencia el rol de la Agricultura Familiar como promotor de un mejor nivel de vida, generadora de empleos, que ponga freno al éxodo permanente de los pobres del campo a las ciudades y que apunte a garantizar la soberanía alimentaria

Frente al predominio de los agro negocios, que promueve una agricultura sin agricultores, sin familias y sin cultura rural, que arrojan a las sociedades a hambrunas que están dando lugar a sublevaciones en varias ciudades del mundo frente a los gobiernos subordinados al dominio exclusivo de los mercados se hace necesario revalorizar la importancia de la agricultura familiar como un tema de primer orden en la agenda.

Coincidimos con Pengue cuando dice que:"En el marco de un verdadero desarrollo rural sostenible será pilar insustituible la agricultura, pero solo aquella de base familiar. Así lo han entendido los principales países desarrollados. Existen rigurosos estudios que demuestran que las naciones que alcanzaron elevados niveles educacionales, mejoraron sus condiciones de salud, calidad y esperanza de vida y lograron una elevada renta per capita optaron por la reforma agraria y fortalecieron una agricultura basada en el trabajo familiar mientras que las naciones con los mas bajos índices de desarrollo humano presentan un fuerte predominio de su agricultura terrateniente y utilización del latifundio en el marco de una agricultura cada día mas intensiva y especulativa"(Pengue, 2: 2005) .

Definiciones de la Agricultura Familiar

Tomamos lo dicho en su trabajo "Cambios en la organización laboral de los productores familiares pampeanos, Argentina" por Melina Neiman, quien nos refiere a los debates que se dieron en nuestro país con referencia a la Agricultura Familiar. Parte de señalar lo dicho por Archetti (1975) en cuanto a que bajo las condiciones de producción capitalista el término campesino adquiere un sentido meramente descriptivo cuyo único elemento invariable es el empleo de mano de obra familiar, y que aún conservando esta peculiaridad, al estar insertas en una economía nacional de tipo capitalista las unidades familiares siguen el "movimiento de la acumulación de dinero' y por lo tanto puede ser clasificadas "bajo las leyes del desarrollo y de la acumulación capitalista". Y más adelante continua mencionando a Archetti en cuanto a que más importante aún, es que "esto sucederá aunque se pueda aseverar, de una manera general, que la producción de una explotación familiar, aún bajo un modo capitalista de desarrollo, está orientada hacia la realización de las necesidades de la familia."

Archetti y Stolen (1978) proponen llamar farmer al tipo de productor "que combina trabajo doméstico y trabajo asalariado y que acumula capital, lo que permite, en un lapso significativo, ampliar el proceso productivo aumentando la productividad del trabajo."

Por su parte Bartolomé (1975), a quién continua citando Neiman, ha señalado la dificultad para encontrar una definición precisa de explotación agrícola familiar. Este al equiparar al agricultor familiar como farmer, cuyas principales características son la presencia del grupo doméstico del productor como principal fuente de mano de obra y la orientación comercial de las actividades, plantea que esto ubica a estas unidades en una posición ambigua entre el campesinado y el moderno agricultor independiente.

Por su parte Carla Gras nos refiere a que la heterogeneidad de situaciones de explotaciones familiares existente ha conducido a una prolifera discusión sobre las características y naturaleza que una definición de las mismas debía considerar. Así es que cita Neiman, Guillermo y otros (1999) que consideran como familiares a aquellas unidades que utilizan exclusivamente mano de obra familiar. Por su parte Balsa (2000) identifica a las formas de organización familiar cuando no se contrata trabajadores asalariados o cuando la proporción de trabajadores familiares es mayor al 90% y reserva la categoría de "familiares con asalariados" cuando esa proporción se encuentra entre el 50% y el 90%. Más adelante en el tiempo Neiman y otros (2003) llaman la atención sobre la existencia de un productor con características familiares incluso en aquellas unidades pampeanas que contratan hasta un trabajador asalariado permanente.

Gras propone utilizar dos criterios para distinguir una explotación familiar de una empresaria: por una lado la participación directa del titular y su familia en las labores del campo, aunque se contraten trabajadores permanentes y/o eventuales; y por otro la responsabilidad directa del titular en la administración de la explotación, tanto en la parte comercial-financiera como en la laboral productiva, sin que exista, por tanto, un administrador contratado (Tort y Román, 2005).

Así, entonces se define a la explotación familiar por su autonomía en la estructuración del proceso de trabajo agrícola, tanto en términos económicos (organización productiva) como sociales (organización familiar y establecimiento de vínculos con las instituciones locales).

Entonces la producción familiar, según afirma Piñeiro, se caracterizará por combinar el trabajo familiar sobre la tierra que poseen, estando totalmente vinculados a los distintos mercados y su objetivo es el de producir bienes agropecuarios para venderlos en el mercado y de tal manera obtener ingresos que le permitan subvenir a las necesidades reproductivas del grupo familiar (Piñeiro, 2003).

En la Argentina, a lo largo del tiempo, los diversos estudios y programas de intervención estatal utilizaron diferentes definiciones de Pequeño Productor y Agricultura Familiar, incluyendo como variables el tamaño de la explotación, la utilización del trabajo familiar en forma preponderante, las condiciones de pobreza, y otras. Según Obschatko los estudios clásicos de minifundio, que consideraban "pequeñas" a explotaciones por debajo de ciertos límites de superficie, se mostraron insuficientes para describir y clasificar un universo de productores distribuidos en regiones de muy diversa aptitud productiva (Obschatko, 2007).

Un reciente trabajo elaborado para el INTA caracteriza la Producción Familiar como "un tipo de producción donde la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas, la agricultura es un recurso significativo en la estrategia de vida de la familia, la cual aporta la fracción predominante de la fuerza de trabajo utilizada en la explotación, y la producción se dirige tanto al autoconsumo como al mercado Incluye las diversas formas de intercambio de bienes, formales e informales".

Por su parte el Foro Nacional de la Agricultura Familiar dice que en esta definición genérica y heterogénea se incluyen distintos conceptos que se han usado o se usan en diferentes momentos, como son: Pequeño Productor, Minifundista, Campesino, Chacarero, Colono, Productor Familiar, a los que agregan a los Campesinos Sin Tierra, los Trabajadores Rurales y las Comunidades de Pueblos Originarios.

La definición utilizada en el estudio "Los Pequeños Productores en la República Argentina. Importancia en la producción agropecuaria y en el empleo en base al Censo Nacional Agropecuario 2002", al que nos referiremos más adelante, establece que las explotaciones agropecuarias de pequeños productores son aquellas en las que el productor o socio trabaja directamente en la explotación y no emplea trabajadores no familiares remunerados permanentes.

Asimismo en dicho trabajo se estableció un límite superior de extensión y de capital, para evitar que se filtraran en el universo explotaciones que, con toda evidencia, no pueden ser explotadas principalmente con una estructura de trabajo familiar pero que, por cuestiones de declaración censal, pudieran aparecer como tales.

Este trabajo, junto con uno más reciente de Obschatko, llamado "La competitividad y sostenibilidad de la agricultura familiar Argentina en el contexto global" de agosto de 2007 publicado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA-Argentina), y realizado sobre la base de los datos del CNA de 2002, nos brinda una cantidad de datos de mucha utilidad para estimar la importancia de la Agricultura Familiar en nuestro país.

Tipología de Agricultores Familiares

A los fines de una mayor clarificación conceptual, en dicho trabajo, se establecieron tres tipos de pequeños productores, en primer lugar los más capitalizados; luego aquellos que viven principalmente de su explotación pero no logran evolucionar; y por último el que agrupa a los de menores recursos productivos, que no pueden vivir exclusivamente de su explotación.

Se establecieron tres tipos, que responden, a grandes rasgos, a la siguiente categorización:

- Tipo 1: un estrato de pequeño productor familiar capitalizado que –a pesar de la escasez relativa de recursos productivos con los que cuenta (tierra y capital) en relación al nivel medio de la actividad representado por el empresario agrario –, puede evolucionar (realizar una reproducción ampliada de su sistema de producción). No presenta en general rasgos de pobreza y sus principales carencias se refieren a servicios de apoyo a la producción (financiamiento y crédito, asistencia técnica, apoyo a la comercialización, a la integración en cadenas productivas, etc.);

- Tipo 2: un estrato intermedio de pequeño productor familiar (los llamados campesinos o pequeños productores 'transicionales' por la teoría sociológica) que posee una escasez de recursos (tierra, capital, etc.) tal que no le permite la reproducción ampliada o la evolución de su explotación, sino solamente la reproducción simple (es decir, mantenerse en la actividad), y presenta algunos rasgos de pobreza por falta de acceso a servicios sociales básicos;

- Tipo 3: un estrato de pequeño productor familiar, cuya dotación de recursos no le permite vivir exclusivamente de su explotación y mantenerse en la actividad, (es 'inviable' en las condiciones actuales trabajando sólo como productor agropecuario), por lo que debe recurrir a otras estrategias de supervivencia (trabajo fuera de la explotación, generalmente como asalariado transitorio en trabajos temporarios y/o de baja calificación), posee acentuadas condiciones de pobreza (NBI), y su mantenimiento en el campo se explica, en una gran mayoría de casos, por el aporte que recibe de programas públicos de asistencia social y por otros ingresos eventuales.

Esta tipología busca aproximarse, por una parte, a la identificación de tipos sociales agrarios como categorías sociológicas que forman parte de la conceptualización más aceptada de "campesinos y pequeños productores rurales" y, por otra, a la experiencia de los programas de desarrollo rural en la Argentina, en relación con la definición de su población objetivo.

La Agricultura Familiar en números

Según señala Irma Lorena Acosta Reveles es su trabajo "De campesinos a "Multifuncionales", la agricultura familiar en México", en la actualidad el trabajo comunitario, familiar y al margen de las relaciones salariales conserva un peso decisivo en todo el mundo. La población rural representa el 53% de la población total y la agricultura sigue siendo la actividad económica que mayor empleo genera (Acosta Reveles, 2005).

En nuestro país "La Pequeña Agricultura Familiar (PAF) abarca el 66 por ciento de los Establecimientos Agropecuarios (EAPs), ocupa el 13,5 por ciento de la superficie, dato que se traduce en más de 23 millones de hectáreas. Este importante sector produce el 20 por ciento del Valor Bruto de Producción (VBP), que en números del año 2004 significó más de 12 millones de pesos; y contempla el 53 por ciento del empleo rural" (Ing. Julio Elverdín, Director del CIPAF Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar, del INTA).

De acuerdo a los datos del CNA del año 2002, se registraban 218.868 pequeños productores en todo el país, lo que significa los dos tercios del total de explotaciones agropecuarias, cubriendo 23,5 millones de hectáreas, lo que representa el 13,5% del área del total de explotaciones agropecuarias.

Según Pedro Cerviño, coordinador del FONAF (Foro Nacional de la Agricultura Familiar), y disertante del encuentro de la Mesa Nacional de este foro, realizado en abril de este año los pequeños productores de la Argentina alcanzan a 250.000.

En términos de superficie, las regiones donde los Agricultores Familiares (en el mencionado trabajo denominados también como Pequeños Productores) tienen una mayor presencia, en porcentajes, son: Pampeana, Patagonia, Monte Árido y Chaco Húmedo.

Si tomamos la distribución del número de Agricultores Familiares por tipos, de acuerdo al trabajo de referencia, al sector más capitalizado le corresponde el 21%; al sector intermedio el 27%; y al de menores recursos productivos el 52%. En tanto, la distribución de la superficie es la siguiente: 48%; 27%; y 25% respectivamente.

El peso de los Agricultores Familiares en la producción


El peso relativo de los agricultores familiares en el total de las superficies cultivadas es, en promedio, del 18%. Debe destacarse que este porcentaje, al ser un promedio de cultivos, extensivos e intensivos, es un indicador muy general. Las explotaciones de pequeños productores tienen una participación destacada en la ganadería caprina, porcina, aviar y en miel.

La estimación del valor bruto de producción, a precios y rendimientos promedio de 2004, es de $ 11.741 millones. Esto representa el 19,2% del valor generado por el total de EAP, que es de alrededor de $ 61.200 millones. Las actividades más importantes son los cultivos extensivos y las actividades pecuarias.

Los agricultores familiares son la gran mayoría (en % del total de explotaciones que cultivan determinado producto) en un gran número de cultivos: más del 85% en tabaco, algodón, yerba mate y caña de azúcar; entre el 70% y 80% en varias hortalizas.

La participación en el valor de la producción (tomando rendimientos promedio) es del 19,2%. Esta participación se distribuye entre tipos de la siguiente forma: Tipo 1: 9,0%; Tipo 2: 6,1%; y Tipo 3: 4,1%. Si se utilizan rendimientos de pequeños productores, la participación total baja al 15,3%.

El 92% del valor de la producción de los pequeños productores se forma con los rubros de oleaginosas, ganadería bovina, cereales, hortalizas y frutales a campo, forrajeras, cultivos industriales y productos forestales. La participación de rubros no es homogénea según los Tipos de productores.

El Tipo 1 predomina en los cultivos extensivos o que requieren mayor capital, mientras que el Tipo 3 es el que más participa en los cultivos intensivos y forestales.

El valor de producción promedio por explotación de los pequeños productores es considerablemente inferior al del resto de explotaciones (alrededor del 12%). Sin embargo, el valor de producción por hectárea es superior al del resto de las explotaciones. Las regiones preponderantes en el valor de la producción de los pequeños productores son: Pampeana, Mesopotamia, Chaco Húmedo, Monte Árido y Oasis Cuyanos, aportando el 87% del valor total.

La ubicación regional de los Agricultores Familiares


Haciendo un análisis regional son predominantes, en porcentaje, en las regiones del Norte del país y en la Mesopotamia, y su importancia es algo menor en la región Pampeana, Patagonia y Cuyo. Sin embargo, por cantidad, el mayor número de Pequeños Productores se ubica en Pampeana, Mesopotamia, Monte Árido y Chaco Húmedo.

La presencia de agricultores familiares supera al 80% del total de EAP en las regiones Puna, Chaco Seco y Valles del NOA; en Mesopotamia llegan casi a ese porcentaje; mientras que superan el 70% en Agricultura Subtropical del NOA y Monte Árido; y en Chaco Húmedo abarcan el 68,7%. Las menores proporciones se registran en Oasis Cuyanos y Valles Patagónicos (46,6% y 47,5% respectivamente); en tanto que en la región Pampeana y en la Patagonia presentan niveles intermedios (56,6% y 52,5%).

El peso de las explotaciones de pequeños productores en la superficie ocupada alcanza su máximo en la Puna (51%). Le sigue Chaco Seco (29%) y luego las regiones de Valles del NOA, Chaco Húmedo, Mesopotamia y Pampeana con un porcentaje parecido (17%). En una situación intermedia están las regiones de Agricultura Subtropical del NOA y Monte Árido (entre un 11 y 12% respectivamente); las que presentan una menor proporción de superficie ocupada por los pequeños productores son la Patagonia (8%), los Valles Patagónicos (10%) y los Oasis Cuyanos (3,7%).

En el conjunto del país, algo más de la mitad de las EAP de pequeños productores son de Tipo 3, las más pobres en términos de recursos, ya que son las de menor nivel de capitalización. Siguen en peso relativo las de Tipo 2, intermedias, con el 27%. Finalmente, las de Tipo 1, del mayor nivel de capitalización, participan con algo más de un quinto del total.

En cambio, la participación de los tipos en la superficie total es inversa. Los de mayor nivel de capitalización (Tipo 1) abarcan casi el 50% de la superficie, mientras que los de menor nivel (Tipo 3) cuentan con el 25%. Los PP de Tipo 2 muestran una notable simetría en su participación en el número de EAP y en la superficie, que, en ambos casos, es del 27%.

Los productores de menores recursos (Tipo 3) muestran los porcentajes más elevados en las regiones que conforman el NOA (Puna, Valles del NOA, Agricultura Subtropical del NOA), con más del 70%. Siguen los de las provincias de la Mesopotamia que representan casi 2/3 del total de. En el extremo opuesto, los productores del Tipo 1 muestran su mayor presencia en la Región Pampeana y Valles Patagónicos (38% y 37% respectivamente). Este resultado coincide con otras informaciones disponibles que detectan en estas zonas los menores niveles de pobreza rural y una actividad agropecuaria y agroindustrial más capitalizada.

Siguen en la participación Patagonia y Chaco Húmedo (33% y 23%). En cuanto a la distribución de los productores intermedios, Tipo 2, es relativamente pareja entre las distintas regiones, en un rango de 21% a 28% del total, con la excepción de Pampeana (con el 37%), Monte Árido (19%) y Valles del NOA (16%).

Aporte al empleo de la Agricultura Familiar

Una de las contribuciones más significativas de los pequeños productores se refiere al trabajo en el sector. Aportan el 53% del total del empleo utilizado en el sector agropecuario a nivel nacional (equivalente a 428.157 puestos de trabajo). El mayor aporte al empleo lo realiza el Tipo 3 (53%), le sigue el Tipo 2 (26%) y, por último, el Tipo 1 (22%).

Por categorías de ocupación, los agricultores familiares aportan el 54% del trabajo permanente y utilizan el 29% del trabajo transitorio directo empleado en el sector. En la contratación indirecta de mano de obra (contratación de labores por hectárea o tareas ganaderas), participan con el 16% de la superficie contratada y el 13% de las cabezas de ganado. La superficie trabajada a través de contratación de servicio de maquinaria -otra modalidad de incorporación indirecta de mano de obra transitoria- representa el 19% del total de superficie contratada por todas las EAP.

El 23% de los productores familiares trabajan fuera de la explotación, en un 42% dentro del mismo sector, y en un 58% fuera del sector agropecuario. El 55% lo hace en condición de asalariado. Casi todo el empleo generado es trabajo permanente (96,5% de los jornales equivalentes totales). El aporte del empleo transitorio, en promedio del 3,5%, se eleva notablemente en la región de Valles Patagónicos, Agricultura Subtropical del NOA, Chaco Húmedo y Oasis Cuyanos, coincidiendo con el predominio de cultivos industriales o intensivos en dichas regiones, típicamente demandantes de mano de obra transitoria.

En cuanto al aporte al empleo agropecuario total de los distintos Tipos de pequeños productores, los resultados muestran que el mayor aporte al empleo total lo realiza el Tipo 3 (53%), le sigue el Tipo 2 (26%) y por último el Tipo 1 (22%). Por categorías de empleo, el Tipo 3 supera en proporción el aporte al trabajo permanente en relación a los otros dos tipos, y a la inversa, en el empleo de trabajo transitorio son éstos los que superan al Tipo 3.

De acuerdo a los resultados de este estudio, los pequeños productores estarían aportando a nivel nacional el 71% del empleo directo del productor o socio, el 87% del empleo permanente familiar (92% del empleo familiar sin remuneración y 71% del empleo familiar con remuneración) y el 36% del empleo permanente no familiar sin remuneración.

Según los procesamientos realizados en el promedio nacional, participan con un 16% de la superficie total trabajada con contratación indirecta de mano de obra transitoria y con un 13% del total de las cabezas de ganado manejadas bajo dicha modalidad de trabajo.

Instituciones vinculadas con la Agricultura Familiar

Desde el punto de vista gubernamental las relaciones con los Agricultores Familiares se dan a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de un conjunto de programas. A fines del 2007 se resolvió la creación de la Subsecretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar.

En diciembre de 2005, se constituye el Foro Nacional de Agricultura Familiar que cuenta con el apoyo de la SAGPyA y está integrado por representantes del gobierno y de las organizaciones de productores. El objetivo del Foro es constituir un ámbito de diálogo político y de construcción de capacidades y soluciones a los problemas inherentes a los productores familiares (Obschatko 2007).

Asimismo las provincias cuentan con organismos oficiales, tanto a nivel de Ministerios o Secretarías para la atención específica de desarrollo rural, que articulan y ejecutan los programas de orden nacional y también llevan adelante políticas propias.

En el ámbito privado, existe un gran número de asociaciones de productores, muchas de ellas vinculadas principalmente a pequeños productores, en el caso en que éstos tienen preponderancia en un cultivo determinado. También existe un gran número de cooperativas. Algunas se nuclean en la Federación Agraria Argentina, si bien esta representa fundamentalmente a los agricultores familiares capitalizados, y a medianos productores agropecuarios.

Por otra parte el Movimiento Nacional Campesino e Indígena, y el recientemente constituido Frente Nacional Campesino agrupan a una buena cantidad de agricultores familiares.

Para todos estos agrupamientos, e incluso para niveles de decisión gubernamental la Pequeña Agricultura Familiar es un sector social relevante en Argentina dado su gravitante rol en la seguridad alimentaria, en la absorción de mano de obra y como actores significativos en las tramas sociales locales. No obstante sus reclamos no son muy tenidos en cuenta.

Algunos de los reclamos de los Agricultores Familiares

Al respecto vale la pena la respuesta a una periodista, de uno de los delegados al encuentro del FONAF, que se realizó el 24 de abril de este año, cuando estaba desatado el conflicto entre las denominadas entidades del campo y el gobierno, sobre "¿cuáles son las políticas que necesita un sector como el de los agricultores familiares?", este respondió: "Queremos discutir un cambio de modelo. El actual promueve la concentración, el monocultivo y el desarraigo. Nosotros proponemos un modelo multifuncional, que frene la migración a las ciudades, genere empleo y apunte a la soberanía alimentaria".

Entre las medidas que piden los agricultores, según la crónica, la primera en la lista es la diferenciación impositiva. "No debemos ser tratados igual que Luciano Benetton, que tiene miles de hectáreas en la Patagonia, y paga la misma retención a la lana que una de nuestras cooperativas", continuó el delegado Cerviño. "Debe haber un sistema impositivo diferenciado, alguna figura que nos permita estar en blanco y no pagar, por la mínima rentabilidad que tenemos".

Otro aspecto importante que remarcó Cerviño, es el apoyo a la estructura de comercialización y agregado de valor a los alimentos. "Necesitamos incentivos como los que tienen las industrias, pero destinados a nosotros, que promuevan la instalación de fábricas y plantas adonde se envase, elabore y agregue valor, en fin, para que produzcamos alimentos", destacó.

Más adelante detalló que otras prioridades para el sector son la necesidad de infraestructura de caminos, salud y energética y el problema de la tierra, ya que la mayoría de los pequeños agricultores tiene problemas de titularidad. "Debe haber un plan de regularización en este sentido, y también una reforma agraria profunda, que no significa quitar tierras a ricos para dársela a los pobres, sino facilitar el acceso a la tierra a los agricultores familiares", hoy en día el 90% de los agricultores chicos y familiares tiene una situación irregular de tenencia de tierra", explicó por su parte otro delegado de apellido Coronel. "Encima ahora están llegando muchos yanquis y grandes productores a la zona y tenemos una cantidad de desalojos, porque la tenencia veinteañeal no se respeta", explicó Coronel.

Algunas primeras conclusiones

Creemos que en el marco del conflicto actual entre las entidades de las cuatro entidades rurales (SRA, CRA, CONINAGRO y FAA) con el gobierno desatada por las retenciones móviles se puede abrir una oportunidad para llevar adelante un verdadero debate sobre la importancia y el rol de la agricultura familiar, que entendemos debe ser la base mediante la cual se pueda alcanzar la soberanía alimentaria, y una producción sustentable en los campos ecológico, social y económico, para lo cuál es necesario garantizar el acceso a la tierra, al agua y a los recursos naturales necesarios para el crecimiento, desarrollo y expansión de la agricultura familiar, privilegiando la diversificación productiva, a través de una profunda reforma agraria integral.

Ante una estructura actual del campo argentino con 35.000.000 de hectáreas que están en manos de 936 dueños (35.000 hectáreas cada uno); mientras que 2.300.000 hectáreas están en manos de 137.000 propietarios, a un promedio de 16 hectáreas cada uno. Y frente a la "patria sojera", que en su avidez de máxima rentabilidad, mentalidad propia del capitalista, además de explotar el sacrificio de la peonada a su servicio, daña seriamente la tierra con toda una serie de agroquímicos y por falta de rotación de los cultivos, se erige como alternativa la agricultura familiar, campesina, que genera 35 puestos de trabajo genuinos por cada 100 hectáreas, que garantiza la diversidad productiva, el abastecimiento de mercados locales, el desarrollo de la identidad cultural y la protección y el uso sustentable de los bienes naturales.

Como dice el MOCASE VC en un comunicado emitido el 26 de marzo de 2008, esta es una oportunidad para redefinir las estrategias de desarrollo en función de la agricultura campesina indígena, el pequeño agricultor que vive en su predio, el trabajador rural. Esa estrategia debe contar como actores fundamentales a las organizaciones campesinas, destinar recursos a créditos y subsidios que mejoren la infraestructura comunitaria, productiva y de servicios sociales en el campo profundo, detener los desalojos de familias campesinas e indígenas, planificar la redistribución de la tierra y el repoblamiento del campo, garantizar la producción de alimentos sanos para la población y centralizar en el gobierno las exportaciones para regular los precios internos y redistribuir los ingresos.

Esto significará que el Estado debe reconocer a la Agricultura Familiar como sujeto indispensable del desarrollo agrario, y por tanto de llevar adelante políticas activas en su beneficio. Estas políticas, que como decíamos más arriba deben partir de garantizar el acceso a la tierra a los agricultores familiares deberán tener como norte estricto la preservación de los recursos naturales y del medio ambiente.

Se requiere, siguiendo con lo planteado por el MOCASE VC, en primer lugar la devolución de las tierras a sus antiguos dueños campesinos e indígenas; la defensa de los recursos naturales que hoy se ve amenazada, frenar la expansión del monocultivo de la soja transgénica, destinado al mercado internacional; reforestación y saneamiento de áreas infectadas por la producción de la soja transgénica; diversificación de la producción para el mercado interno; créditos a bajo costo y a largo plazo, subsidios para recuperar a los productores expulsados por este modelo; reactivación de la economía regional, fijación de precio sostén para la comercialización, creación de fuentes de trabajos: incorporación de mano de obra desocupada en la producción agroindustrial (desmotadoras de algodón, fabricas textiles, frigoríficos, curtiembres y obras publicas) entre otros.

Estas políticas, además deben contemplar el desarrollo de actividades no agrícolas que permitan contribuir a mejoras en la calidad de vida, tales como el turismo rural, la agroindustria familiar, los sistemas de mercado de comercio justo, la conservación del medio ambiente y la educación ambiental. La experiencia, si bien muy embrionaria de estas prácticas, demuestra que esto ayuda a fortalecer los lazos con los habitantes de las ciudades y el entorno local de los pueblos inmediatos, construyendo una red de servicios y de integración campo ciudad, hoy día en permanente retroceso por el modelo de los agro negocios que determina un campo sin agricultores.

Estas junto a otras medidas, como ser el mejoramiento de la salud, la educación pública y de la infraestructura, que permitan mejorar las condiciones de vida en el campo para repoblarlo, donde no puede faltar el regreso de los ferrocarriles en manos del Estado, determinará la incorporación directa de la fuerza de trabajo hoy en muchos casos desocupada o precarizada, que detendrá el permanente éxodo a los cordones de las grandes ciudades y de este modo se podrán reconstruir y crecer innumerables cantidad de pueblos.

La Agricultura Familiar cumple un rol destacado en la provisión de alimentos debido a su cercanía con los centros urbanos, permitiendo la llegada directa y barata de productos de buena calidad como huevos de campo, pollos, verduras y frutas frescas, etc., aún cuando en estos gran parte de la sociedad no estime la importancia de este sector, ausente de los grandes medios de difusión que, como ha quedado en claro en estos tiempos que corren, se han convertido en voceros de los intereses de los agro negocios.

Coincidimos con Pengue cuando dice que la mayor diversidad de producciones de la agricultura familiar tiene su fundamento en la búsqueda de diferentes rentabilidades a lo largo del año, asegurar el autoconsumo familiar, la reducción de riesgos y especialmente a una menor dependencia de los insumos externos. Esta diversidad productiva se debe y sostiene porque el agricultor es al mismo tiempo emprendedor y trabajador, de manera tal que el trabajo y la gestión están yuxtapuestos en la unidad familiar (Pengue 2006).

Y siguiendo a Pengue decimos que un modelo de desarrollo rural que tenga a la agricultura familiar como su eje fundamental debe contemplar entre sus principales cuestiones económicas la posibilidad de replicar un modelo de producción y consumo con fuerte base local, que garantice niveles de calidad de vida similares a aquellos de las poblaciones urbanas y asegure la sustentabilidad y la seguridad agroalimentaria junto con el ingreso y crecimiento económico bajo niveles equitativos.

Coincidimos con Altieri, en cuanto a que "debemos ir necesariamente hacia un sistema agrario sustentable, sin agroquímicos y socialmente equitativo, valorando las culturas y saberes de los agricultores familiares".

Rescatamos lo dicho por el MOCASE VC en el sentido que La Agricultura Familiar Sostenible constituye la respuesta a la crisis global del precio de los alimentos ya que puede alimentar el mundo, y que los alimentos no pueden ser objeto de ganancias ilimitadas.

Como está planteado en el documento "Otro camino para superar la crisis" firmado por un conjunto de intelectuales, dirigentes y movimientos políticos y sociales, se requiere la elaboración de un plan agrario que permita organizar la producción de acuerdo a un programa racional que permita contar con alimentos baratos y de calidad para todo el pueblo. Que contemple una política de fomento a los pequeños campesinos y de garantía de sus tierras, así como medidas protectoras del ambiente y una política de estatización de los insumos de los productores medianos y pequeños y de impuestos diferenciados según el tamaño de sus exportaciones.

Para finalizar, como decíamos en un reciente trabajo, la agricultura no debe verse solamente como el proceso que le permite al hombre producir sus alimentos sino como la forma en que más directamente este se relaciona con la naturaleza. El desafío pasa por el desarrollo de una agricultura que respete al medio ambiente, capaz de construir un desarrollo sostenible y sustentable, a través del uso racional de los recursos naturales. Es decir la aplicación de saberes correspondientes a la agricultura campesina tradicional, que indudablemente trasciende el plano de la producción ecológica sino que trasciende al plano cultural, de desarrollo armonioso con le medio ambiente.

El desarrollo sostenido supone el uso de los recursos naturales para la satisfacción de las necesidades de la población, asegurando un mejoramiento en la calidad de vida de las actuales y futuras generaciones, pero también, implica la aceptación de que los niveles de consumo deben ceñirse a los límites de las posibilidades ecológicas de la naturaleza.

Fecha de publicación del artículo: 7/7/2008

Palabras clave: agricultura familiar, editorial
Author: Roberto Fornari
Publicado por: AGRONoticias