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El desafío uruguayo de poder plantar yerba mate
Fecha de publicación:23/09/2013
País: Uruguay

"Hay que plantar”, dijo enfáticamente a El Observador el presidente José Mujica esta semana. Se refería a la yerba cuyo precio se ha ido por las nubes. Es que resulta paradójico que un país tan matero y con tan amplios y cultivables campos como Uruguay, no cuente con una producción industrial de yerba mate. La cuestión volvió a plantearse esta semana con la previsión de los importadores de que el producto alcance los $ 150 el kilo a fin de año, cuando hoy ya está en $ 114 con un aumento de 46% en los últimos 12 meses. Para el fenómeno hay explicaciones de mercado, de sabor y de clima –dos ítems que Brasil asegura–, aunque alguno se animó a decir que también es un problema de falta de ganas e imaginación de los uruguayos. 

En Brasil, de donde proviene el 95% de la yerba que consumen los uruguayos, la producción se cultiva en bosques nativos, con árboles que crecen en un microclima generado por la naturaleza que lo rodean, explicó a El Obsevador Nelson Loira, gerente de marketing de Canarias. En ese sentido, la yerba vive a la sombra de la araucaria, un árbol de tronco fino pero con una muy ancha copa. “El sol y esa sombra, más un grado importante de humedad, favorece el crecimiento y da la textura, la amargura y el sabor a la hoja” que gusta al oriental, prosiguió Loira. Esa yerba, antes de venir para estos pagos, se mantiene almacenada entre cuatro a seis meses para homogeneizar el padrón de sabor. 

El otro 5% de la yerba importada proviene de Argentina y Paraguay, los otros dos países que comercializan este producto. Argentina es el principal productor de yerba del mundo con 206 mil hectáreas cultivadas –90% en Misiones y 10% en Corrientes–, seguido de Brasil con 85 mil hectáreas –en Río Grande del Sur, Santa Catarina y Paraná– y de Paraguay con 35 mil hectáreas. De tierras argentinas podría arribar al país una yerba más barata, pero su tipo, su sabor, no cala en el gusto uruguayo. En esto tiene bastante que ver cómo se la procesa en el norte argentino. 

“En Argentina se consume una hoja más gruesa que la nuestra, con mucho palo; el proceso productivo hace que su gusto sea demasiado amargo, por eso el componente del palo para suavizarla. Además se lava más rápido que la nuestra”, dijo Loira. En esto incide que, a diferencia de Brasil, en Misiones y Corrientes se cosecha la yerba a la intemperie, en grandes extensiones de tierra sin sombra alguna. 

En Uruguay, en tanto, no hay bosques naturales de araucarias y si se hiciera como en Argentina, se debería sacrificar algún que otro cultivo, algo que sucede en Brasil pero a la inversa, donde productores de yerba se pasan a la soja en un movimiento que ha provocado el encarecimiento del producto. En Uruguay tampoco hay un clima húmedo tropical o subtropical de constantes lluvias y con una temperatura media de 20 grados Celsius, que permita un buen crecimiento de la yerba. Científicos uruguayos han identificado árboles de yerba en la Quebrada de los Cuervos, en el departamento de Treinta y Tres, y en Aiguá y Cerro Catedral en el departamento de Maldonado. Pero esto es demasiado poco para lo que se pretende. 

Un solo antecedente

“Si tuviéramos que plantar yerba para el consumo local quizá el territorio entero nos quedaría chico”, aseguró Germán Álvez, jefe de ventas de Puritas, importadora de la yerba Del Cebador, un comentario que viene a cuento en tanto ocho de cada 10 uruguayos toman mate, con un promedio de casi 10 kilos de consumo de yerba per cápita por año, la mayor cifra mundial en este aspecto. Álvez, como Loira, aseguró que las ventas no han decaído pese al aumento del precio. 

Así y todo el único antecedente de intento de producción industrial de yerba en el país se remonta a 1901, justamente en Maldonado, señaló Julián Gago, técnico del Jardín Botánico de Montevideo. Por una cuestión climática, el experimento quedó por el camino. Está claro que los granizos y las grandes heladas son más frecuentes aquí que en el norte argentino o en Brasil. 

“En caso de plantar, si los suelos y la tierra fueran aptos, la yerba no tendría el mismo sabor final que un árbol de Brasil, justamente por el microclima que se genera” en ese país, argumentó Loira. También hay que tener en cuenta que para la primera poda de un árbol de yerba deben pasar entre seis y siete años desde su plantación, y, desde su poda, otros dos años más para una nueva faena. 

Si se superan estas barreras, “hay otra que es la industria: se requerirían muchos millones de dólares para instalar una planta en Uruguay, y esto no garantiza que el precio final sea inferior al importado, por costos internos y capacidad de producción”, añadió el gerente de marketing de Canarias. Loira calculó en 31 millones los kilos de yerba que ingresan al año al país. Un reporte de la consultora ID Retail cifró en US$ 90 millones la facturación anual por el producto. 

Sin embargo, con más del 80% de los suelos del país cultivables, el problema pasa por un tema cultural, según Gago. El experto indicó que no habría inconvenientes por el suelo, el cual en términos generales tiene “un grado de adaptación importante”, y que se debería trabajar con equipos multidisciplinarios en la cría, en el cultivo, en el aspecto sanitario y en el manejo general de la planta. “Para mí se puede”, dijo, y agregó que en términos de mercados debería rendir porque “somos por lejos el país con mayor consumo de yerba per cápita del mundo”.

Palabras clave: Uruguay, yerba mate, producción, consumo, comercio
Author: Pedro Dutour
Publicado por: El Observador (Uruguay)