AGRONoticias América Latina y el Caribe
 

Desarrollo territorial inteligente

1.      Contexto y concepto de territorios inteligentes.

La entrada en el siglo XXI y el aumento de las incertidumbres y retos ligados a la globalización y a los problemas de justicia social y competitividad, han asentado en todos los territorios, a nivel mundial, el convencimiento de que es necesario refundar los principios en los que se han de basar, en adelante, las estrategias de desarrollo. Por una parte, se ha generalizado el convencimiento de que es ineludible incorporar el compromiso con la sostenibilidad - existen en este momento importantes reflexiones sobre cómo integrar de la mejor manera la sostenibilidad en las políticas territoriales, y, al mismo tiempo cómo dotar a las políticas sectoriales de dimensión territorial; y por otra, se ha generado una ruptura con modelos de gestión tradicional en el territorio.  Paralelamente, se está produciendo un replanteamiento sobre la necesidad de fortalecer las capacidades institucionales para afrontar los nuevos enfoques estratégicos en el territorio.

A la luz del debate sobre la redefinición de las estrategias de desarrollo, emerge el concepto de territorios inteligentes como una nueva interpretación del concepto de desarrollo competitivo y sostenible aplicado al territorio del siglo XXI. La nueva dimensión territorial supera la definición más tradicional de región administrativa, e integra todo tipo de espacios. El territorio se convierte bajo este nuevo paradigma, en la nueva unidad de gestión pública (Echeverri, 2009).

El concepto de territorios inteligentes, tiene escasos antecedentes, aunque es fácil encontrar conceptos cercanos a éste, por ejemplo, desde el enfoque del paisaje (“landscape approach”); como vía para el logro de sistemas agrarios climáticamente inteligentes (“climate-smart agricultural systems”); o también desde el enfoque de las teorías urbanas y regionales que plantean el tema de las ciudades inteligentes (“smart cities”, si bien éste es un debate que está centrado sobre todo en el uso de las tecnologías de la información en el espacio público urbano.  

Adoptando la definición de Vegara y de las Rivas (2004), territorio inteligente es “aquel territorio innovador capaz de construir sus propias ventajas competitivas en relación con su entorno, dentro de un mundo complejo, global e interrelacionado, persiguiendo su sostenibilidad”. La arquitectura institucional territorial que promueva este tipo de interrelaciones, es decisiva y ha de incluir las estructuras sociales, las instituciones políticas, las reglas del juego, las organizaciones y los intereses y motivaciones de sus actores. Ello sin olvidar que el verdadero desarrollo territorial exige una ética global que acepte los límites sociales y ambientales en términos de producción, consumo y distribución de la riqueza. Los territorios inteligentes, por ello, han de contar con un liderazgo fuerte y una participación pública efectiva en la conformación de un proyecto de futuro que se base en las expectativas y necesidades de las personas que viven en él.

La definición de un sistema territorial incluye, además de las dinámicas de los sistemas agrarios, las interrelaciones entre las áreas rurales y urbanas, así como la existencia de polos de atracción vinculados al mercado, producción y tecnología, nuevos sistemas de información y aquellos cambios resultantes en las dimensiones sociales, económicas, ambientales y culturales. Los sistemas territoriales se encuentran abiertos a influencias provenientes de los contextos nacionales y supranacionales como también de las relaciones inter-territoriales.

Es importante resaltar la contribución de la teoría de sistemas a este enfoque. Analizar un sistema territorial significa buscar las coherencias en los arreglos y las relaciones entre sus elementos. Trabajar en los desafíos del desarrollo rural en una forma sistémica e integrada significa superar la meta orientada al enfoque de las intervenciones clásicas; así como asegurar la participación de todos los actores en el proceso, la efectividad y la sostenibilidad de las iniciativas de desarrollo planteadas y el fortalecimiento del diálogo social.

Abundan experiencias exitosas de este nuevo enfoque de desarrollo territorial que tienen como denominador común, en definitiva, el enfoque de los problemas y las soluciones a partir de la consideración de una serie de mallas socio-territoriales que permiten posicionar lo local en el espacio global a través de un equilibrio “inteligente” entre su crecimiento económico, social y ambiental.

2.      Unión Europea: Hacia la especialización inteligente de territorios.

 En el ámbito de la Unión Europea, el  concepto de "Estrategia de Especialización Inteligente" (Smart Specialisation Strategy, S3) es, en estos momentos, un pilar central de la Estrategia Europa 2020, que define las prioridades para la política regional de todos sus estados miembros, hasta el año 2020.

La especialización inteligente de territorios (regiones), aparece así incorporada como un elemento de condicionalidad que supedita la financiación europea de la I+D+I (en el Marco de Cohesión 2014-2020)  a la existencia de Estrategias Regionales basadas en dicho enfoque.

La especialización inteligente de territorios representa una aproximación estratégica regional, para promover un crecimiento sostenible, inclusivo e impulsado por la innovación en Europa. Muchos de los elementos fundamentales del enfoque de especialización inteligente no son nuevos y forman parte de un debate más amplio sobre la innovación y desarrollo económico en general. Lo que distingue a la especialización inteligente de las tradicionales políticas industriales y de innovación es, sobre todo, el protagonismo que se otorga al proceso que se produce en el territorio entre sus actores, y que es definido como  “descubrimiento emprendedor”. En dicho proceso, los empresarios, emprendedores y actores sociales son quienes han de revelar la información útil que permita descubrir nuevas actividades en el territorio con potencial de generar un crecimiento y una especialización competitiva para cada región. En ese proceso, los gobiernos tienen el papel de garantes del proceso, y hacen llegar a la Comisión Europea la estrategia de especialización que cada región acuerde.

 

3.      América Latina y Caribe: El desarrollo rural con enfoque territorial.

En América Latina y Caribe (ALC) existen ya numerosas experiencias de territorios que han introducido grandes transformaciones en su planeamiento rural; que han creado nuevos escenarios de institucionalidad;  nuevos marcos normativos para la actuación en el ámbito territorial; y nuevos enfoques estratégicos de carácter multidimensional en los cuales se asumen aspectos políticos, culturales, ambientales o de identidad, como objetivos del mismo nivel que los de generación de riqueza, que fueron los privilegiados en los planteamientos de desarrollo rural.

Según recientes informes de instituciones internacionales, en la región ALC se está produciendo el tránsito desde una economía dominada por la agricultura a una economía más diversificada. Se viene observando en los últimos años un incremento en la proporción de empleo rural en sectores no agrícolas y de la importancia relativa del empleo asalariado, fenómenos que reflejan cambios en la estructura productiva de las economías rurales. Lo rural ya no es equivalente a agricultura y es necesario redirigir las políticas públicas hacia políticas multidimensionales ligadas al territorio, y no a lo sectorial; hacia un fomento de nuevas actividades productivas; y hacia la creación de capacidades entre la población para acceder a las mismas (con especial atención a mujeres y jóvenes).

Para ello, es preciso promover una nueva generación de políticas e inversiones públicas que reconozcan la multitud de aspectos que conforman el territorio (cultural, espacial, ambiental, institucional, económico), y la necesidad de considerar todos ellos de manera compleja para conseguir un desarrollo más efectivo y sostenible. Precisamente, una de las conclusiones del Informe final del programa internacional sobre “Dinámicas territoriales rurales  2007-2012” en ALC es la absoluta necesidad de contar con estrategias de desarrollo territorial y con políticas públicas que las instrumenten (Julio Berdegué, Coordinador).

Así, el enfoque territorial se está implementando, en diversos grados¸ en países como México, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Colombia, Perú y Paraguay. En algunos de ellos se ha instaurado una orientación completa que incluye un conjunto de leyes, una política y un marco institucional, en otros se está trabajando con aproximaciones parciales Sin embargo, en todos los casos la principal enseñanza ha sido constatar que la formación de capital humano y social son fundamentales para asegurar el éxito del desarrollo.

 

4.      Un Enfoque metodológico de desarrollo territorial.

En su documento “Un enfoque para el desarrollo rural: Desarrollo Territorial Participativo y Negociado (DTPN)  de junio de 2005, la FAO sugiere una orientación y dirección para el desarrollo territorial, y plantea respuestas concretas a los siguientes desafíos: mejorar la confianza entre actores sociales, fortalecer la cohesión social y promover un desarrollo territorial sistémico. El enfoque de Desarrollo Territorial Participativo y Negociado (DTPN) se basa en las reflexiones teóricas de la escuela francesa de análisis de Sistemas Agrarios, en las experiencias de campo del Ordenamiento Territorial Participativo y en el manejo concertado de recursos naturales realizado principalmente en América Latina y el Caribe durante la década de los ‘90. El enfoque DTPN intenta ir más allá del análisis clásico del espacio rural como sistema productivo y propone un análisis sistémico tratando los vínculos entre territorios, flujos resultantes, dinámicas e impactos derivados de la promoción del desarrollo rural, además de establecer otra serie de enlaces con los mercados nacionales e internacionales. Este tipo de análisis permite la identificación y evaluación de la competencia por el espacio y los recursos, así como de los conflictos de interés entre los diferentes actores, y resalta la falta de confianza entre los actores involucrados desde el inicio.

Este enfoque de abajo hacia arriba y negociado promueve los procesos de toma de decisiones consensuados. Estos involucran a todos los actores del territorio en la búsqueda de soluciones para las problemáticas del desarrollo territorial, y parten de las consideraciones socio-políticas, más que de las preocupaciones puramente técnicas o económicas. Al tener en cuenta las políticas y prácticas, el enfoque DTPN intenta dar respuesta a la pregunta de cómo los actores locales pueden apoderarse del proceso y de esta forma utilizar los elementos disponibles para sus proyectos de desarrollo. Más aún, este enfoque permite la movilidad de recursos locales para el desarrollo territorial a través de un proceso que promueva la descentralización y el fortalecimiento de las capacidades financieras, administrativas y políticas de los niveles gubernamentales intermedios y así proveer de servicios básicos.

Este enfoque de sistema tiene en cuenta la complejidad de los procesos de desarrollo, y por lo tanto no pretende alcanzar resultados tangibles de diálogo y cambio social, sino más bien su estimulación. El desafío al aplicar este enfoque en un contexto de proyecto reside en determinar un margen de tiempo apropiado, los recursos financieros y humanos necesarios, así como definir los indicadores para la evaluación de las intervenciones que muestren un claro progreso atribuible al proceso DTPN.

Principios conceptuales del enfoque:

Basado en los Actores: Reconocimiento de la heterogeneidad de los intereses y visiones que tienen los actores del territorio.

Basado en el Territorio: Reconocimiento de los territorios como unidades espaciales de análisis, modelados por las relaciones sociales e históricas que se producen entre los actores y el territorio.

Dinámico: Comprensión y aprendizaje de la complejidad de un ambiente en constante cambio para apoyar los patrones positivos de cambio y ayudar a mitigar los patrones negativos.

Sistémico: Suposición de la complejidad de un contexto territorial y las interdependencias dentro y entre territorios.

Multi-sectorial: Integración de las dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales de la visión que tienen los actores del territorio.

Multi-nivel: Integración de los diferentes niveles y escalas territoriales en el sistema de gobierno.

Participativo y negociado: Consideración del territorio como una arena de negociación para reforzar el diálogo y la confianza mutua, e incrementar el poder de negociación”.

 5.      Atributos de los territorios inteligentes.

La Ventana de Territorios Inteligentes del Centro de Inversiones de la FAO propone una serie de atributos que caracterizan a este tipo de territorios, y que quedan sintetizados en el primero de ellos:   

(1)  Sostenibilidad y competitividad sistémica: Como principal pilar, la apuesta por la sostenibilidad en todas sus vertientes (territorial, económica, social y medioambiental) informa la arquitectura esencial de este modelo territorial. Los territorios inteligentes abanderan un cambio de paradigma con una visión más sistémica y sostenible de su desarrollo territorial, basado en el respeto al entorno, y en la justicia social; actúan con un enfoque territorial dirigido a encontrar su singularidad competitiva en un marco global. Los territorios inteligentes, (sostenibles y responsables socialmente), consideran bajo el término “competitividad” no sólo la competitividad privada o sectorial sino la competitividad de todos los actores y de todos los sectores del territorio, partiendo del principio de que una productividad social alta permite incrementar no sólo la calidad de vida de sus habitantes, sino, además, la posición estratégica del territorio en el actual marco global.

(2)  Ordenamiento territorial: Los territorios inteligentes adoptan el ordenamiento territorial como estrategia para armonizar las actividades humanas con el aprovechamiento de los recursos naturales y con la distribución social y regional equilibrada de los beneficios de tales actividades para inducir la construcción de escenarios deseados desde el punto de vista ambiental, social y espacial. El objeto central es el de organizar, armonizar y administrar la ocupación y uso del espacio, de modo que éstos contribuyan al desarrollo humano ecológicamente sostenible, espacialmente armónico y socialmente justo. De esta manera, en el ordenamiento territorial confluyen las políticas ambientales, las políticas de desarrollo regional, espacial o territorial y las políticas de desarrollo social y cultural, cuya naturaleza es determinada por el modelo de desarrollo económico dominante en cada país. (Massiris, 1991)

(3)  Equilibrio rural-urbano: El enfoque actual del desarrollo territorial propone establecer sinergias entre territorios rurales y urbanos, más que continuar considerándolos como sectores autónomos y en desigualdad de condiciones. Se trataría de sustituir la separación tradicional entre el campo y la ciudad por un escenario de profunda imbricación territorial de ambos, en el cual una nueva malla territorial compartida permitiera abordar el reto común de construir territorios inteligentes, sostenibles e interrelacionados.

(4)  Innovación, conocimiento y capital relacional: Son territorios inteligentes igualmente aquéllos preocupados por innovar, integrar el conocimiento que exista en el territorio, conectarlo y utilizarlo para el beneficio común. Se caracterizan por su capacidad continua de aprendizaje y adaptación (el aprendizaje continuo es un prerrequisito indispensable para una sociedad innovadora), colaboran y trabajan en red, como enfoque necesario y útil para integrar y fomentar tanto relaciones complejas y multinivel; como un volumen de información elevado. Un modelo de desarrollo territorial basado en la conectividad, la innovación y las redes de cooperación interna y externa, es un rasgo definitorio de los nuevos territorios inteligentes, y tiene como objetivo avanzar desde situaciones de crecimiento económico hasta otras de verdadero desarrollo territorial basado en la mejor calidad de vida de sus habitantes.

(5)    Producción agrícola y clusters: Un desarrollo económico territorial inteligente debe ser liderado por los gobiernos locales y los gestores o propietarios de las unidades económicas, de manera concertado con otros actores locales del territorio. Entre las acciones que permitirán este desarrollo están el fortalecimiento de la competitividad de cadenas productivas, subsectores o conglomerados económicos potenciales del territorio, la consolidación de redes socioeconómicas de cooperación y competencia, o la implementación de mecanismos de retención de excedentes en la economía local.

(6)  Ecosistemas de emprendimiento: El concepto de “ecosistemas de acompañamiento al emprendimiento”, es uno de los rasgos más innovadores de la nueva generación de políticas públicas de desarrollo territorial, y viene definido por la promoción de entornos adecuados que generan la confianza suficiente para el surgimiento de iniciativas empresariales, y para  el crecimiento económico y social de un determinado territorio (actuaciones como la definición del umbral mínimo de servicios en los diferentes territorios, la interconexión rural-urbano, la corrección de asimetrías, la incorporación de las perspectiva de género y juventud en las políticas territoriales, el desarrollo de redes de cooperación empresarial e interinstitucional, el apoyo a sistemas de innovación, son claves del funcionamiento de dichos ecosistemas).

(7)  Inclusión social y género: La mejor acepción de los nuevos conceptos de territorios inteligentes favorece la calidad de vida de todos sus habitantes. En ese sentido, las políticas de inclusión social y de género constituyen elementos medulares del modelo de desarrollo inteligente y sostenible, y se constituyen en políticas transversales, en aras de un desarrollo territorial que tenga como paradigma la igualdad y la salvaguarda de los derechos humanos. No en vano, uno de los mayores obstáculos identificados para el desarrollo de la región ALC es la gran discriminación hacia la mujer, unida a la persistencia de prácticas de discriminación racial y sociocultural que se han asociado de manera casi ‘funcional’ con las condiciones de extrema pobreza y marginalidad de grandes grupos humanos.

(8)  Gobernanza y participación: La gobernanza territorial se ha convertido en el instrumento en el que se encuentran depositadas las esperanzas de una más efectiva gestión y una más transparente aplicación de las políticas de desarrollo territorial. En los territorios inteligentes, se crean nuevas formas de gobernanza para asegurar que la toma de decisiones sea participativa y esté suficientemente informada. A través de la construcción de redes de compromisos socioterritoriales, de mecanismos de participación y codecisión, consiguen aunar voluntades y movilizar a los actores sociales de un territorio en torno a proyectos compartidos, otorgándoles un papel de negociación y consenso que excede la mera  representación. La gobernanza ha venido a instaurar una perspectiva innovadora en el proceso de toma de decisiones en el territorio y ha dotado de una nueva  legitimidad a la intervención pública derivada de valores como la equidad, la participación, el pluralismo, la transparencia, la responsabilidad y el estado de derecho. 

(9)  Resiliencia al cambio climático: Se necesita avanzar en un nuevo marco territorial “inteligente” que reconozca que los mecanismos de respuesta a los impactos del cambio climático deben ser planificados y ejecutados de manera coordinada desde diferentes niveles de gobierno y desde diferentes sectores, y deben ser considerados, como política transversal, en cualquier actuación pública en el territorio. La agricultura climáticamente inteligente, que sigue un enfoque de paisaje desde su sentido amplio, puede resolver los retos y desafíos que involucran la gestión intersectorial de los recursos naturales.

En conclusión, inteligencia ha existido siempre en todos los pueblos y territorios, y está inextricablemente unida a sus tradiciones, sus saberes y su capacidad de respuesta a lo largo de su historia. Un territorio inteligente, es, en definitiva, un territorio comprometido con el bien común, con los valores de la sostenibilidad, con la equidad, y con la competitividad social y económica. Y para ello, no se necesita ni un tamaño, ni un nivel de infraestructuras predeterminado. Cualquier territorio puede ser un territorio inteligente.

 

6.      Desarrollo territorial e inversiones.

La estrategia de desarrollo del territorio se traduce en acciones a través de la ejecución de inversiones. A su vez, éstas se definen en el proceso de preinversión e inversión (ciclo de proyectos) que incluye las fases de: a) identificación; b) formulación; c) evaluación ex ante; d) ejecución; y e) seguimiento y evaluación ex post. Mientras que la negociación se practica en diversos momentos a lo largo de todas las etapas. No existe una normativa para conducir ese proceso; sin embargo, éste debe ser flexible dinámico, participativo y de bajo costo.  La estrategia de desarrollo provee la base al diseño del programa de inversión y a su vez éste adopta una lógica de plan de negocios, el cual incluye una cartera de ideas o perfiles de proyectos, ordenados en un formato tipo fichas.

Por otro lado, el programa de inversión y su cartera de proyectos, constituyen instrumentos básicos de negociación de recursos en una etapa temprana de la preinversión; esto facilita que potenciales fuentes de financiamiento se involucren a inicios del proceso. De manera que la cartera genera una plataforma de alternativas flexibles para negociar y consensuar intereses tanto de los proyectos, como de diversas fuentes de recursos. Ese procedimiento permite establecer un proceso dinámico de negociación de los proyectos y no obstante algunos de ellos pueden avanzar con mayor celeridad. El programa de inversión, fundamentado en la estrategia de desarrollo, otorga coherencia y articulación a las inversiones.

Como complemento necesario a todos los desafíos planteados en el territorio, se hace cada vez más urgente contar con sistemas de indicadores que dimensionen correctamente la ruralidad, y permita medir el impacto de las inversiones en el territorio. 


7. Enlaces y fuentes de referencia:

 “Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas 2014: una mirada hacia América Latina y el Caribe”, elaborado en forma conjunta por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Interamericano. 

Un enfoque para el desarrollo rural: Desarrollo Territorial Participativo y Negociado (DTPN). FAO, 2005.

FAO. “Un enfoque para el desarrollo rural: Desarrollo Territorial Participativo y Negociado (DPTN)”. Junio 2005. 

RIMISP. Informe final del programa internacional sobre “Dinámicas territoriales rurales 2007-2012” : “Territorios rurales en movimiento”. 

Comité de las Regiones de la Unión Europea (2010): Primer Informe de Seguimiento del CDR sobre la Estrategia Europa 2020, 126ª Reunión de la Mesa del Comité de las Regiones.

Echeverri, R. y Echeverri, A. “El enfoque territorial redefine el desarrollo rural”. Proterritorios, abril 2009.

Estaba, R. “Del caos a los territorios inteligentes”. Universidad Central de Venezuela, Caracas, octubre 2008.

Foray, D. "Smart specialization, the concept". Knowledge Economists Policy Brief n° 9 . June 2009

Vegara. A., de las Rivas, J. "Territorios inteligentes". Revista Ambienta 2009. Gobierno de España.