AGRONoticias América Latina y el Caribe
 

Innovación, conocimiento y capital relacional

“Innovación es el proceso por el cual los actores sociales crean valor a través del conocimiento”. Engel, 2009

1.      Innovación, conocimiento y capital relacional   

Ante los grandes desafíos globales como son: elevar la productividad y competitividad con el fin de contribuir al bienestar y reducir la pobreza, impulsar la seguridad alimentaria mundial, favorecer la mitigación y adaptación al cambio climático, mejorar las condiciones de acceso y uso del agua, la innovación se ha convertido, durante la última década, en un factor clave para mejorar la competitividad y favorecer un desarrollo de los territorios. En este contexto, la innovación y el conocimiento se encuentran estrechamente ligados al territorio y habitualmente se originan en el ámbito local, son factores estratégicos del territorio al potenciar su capital intelectual, y consecuentemente su desarrollo sostenible y mejoramiento del nivel de vida de sus habitantes.

El papel impulsor de la innovación y su potencial para ser transformado en ventaja competitiva y sostenible,  es uno de los rasgos principales que define a los llamados “territorios inteligentes” (Vegara, de las Rivas, 2004). Sin embargo, los territorios favorables a la innovación no surgen de manera espontánea como resultado del libre funcionamiento de los mercados, sino que cuentan con la actuación de los “agentes o gestores de la innovación (innovation brokers)”, que cumplen una función articuladora e integradora entre los distintos actores sociales orientada a incorporar y transmitir el conocimiento tecnológico. Estos agentes intermedios, protagonistas de la innovación, comprende un marco amplio de personas y organizaciones, públicos y privados, e incluye: los productores, las empresas, la administración, la Universidad, los Centros de investigación y  la sociedad en su conjunto.

Precisamente desde los años 90, en que entramos en la era de la globalización, la importancia de establecer relaciones entre los actores sociales de los territorios se ha incrementado enormemente, como principal factor de potenciación de las ventajas competitivas de los mismos y de su capacidad de innovación. En la actualidad, la innovación ha dejado de ser un aspecto técnico y se ha convertido en un proceso relacional (Arboníes, 2006).

El entramado de relaciones entre habitantes, y actores públicos y sociales de un territorio y la manera en la cual interactúan y están comunicados y conectados, se conoce como el capital relacional de ese territorio. Su base es la articulación interna a través de redes de cooperación empresarial, social, institucional y su conexión a redes externas. Este tipo de desarrollo territorial se sustenta en un modelo de responsabilidad de sus habitantes y sus representantes respecto a la mejora de la calidad de vida y el bienestar de todos sus habitantes; el respeto al medio ambiente; y el progreso entendiendo en el sentido más amplio.

El enfoque de red resulta el más adecuado para avanzar hacia territorios inteligentes, responsables y colaborativos, ya que es el que permite, de manera natural, manejar relaciones complejas y un volumen de información elevado. A través de la interacción van surgiendo procesos acumulativos que potencian la capacidad y la competitividad de todas las partes involucradas.

En el ámbito económico, las estructuras productivas más diversificadas y conectadas son capaces de generar un mayor rango de encadenamientos en los territorios, lo que a su vez abre más opciones para los actores del territorio en las dinámicas de crecimiento, y permite incrementar tanto la competitividad como el capital social en pro de un crecimiento más inclusivo.

En el marco de la OCDE se han sistematizado los diferentes enfoques existentes sobre el fenómeno de la competitividad y resumirlos en un enfoque integral bajo el concepto de "competitividad estructural" (OCDE 1992). Los elementos medulares de este concepto son (1) el énfasis en la innovación como factor central del desarrollo económico, (2) una organización empresarial capaz de activar los potenciales de aprendizaje e innovación en todas las áreas operativas de una empresa, y (3) redes de colaboración orientadas a la innovación y apoyadas por diversas instituciones y un contexto institucional con capacidad para fomentar la innovación.

La capacidad que tenga cada territorio para establecer conexiones con otros sistemas territoriales cercanos o lejanos, tiene una importante componente social, en lo relativo a la introducción de dinámicas de trabajo en red, de realización de diagnósticos compartidos, de planes de acción conjuntos, al establecimiento de mecanismos de cooperación, a la realización de evaluaciones conjuntas de resultados y procesos, al establecimiento de compromisos y alianzas, etc. Y las posibilidades de comunicación instantánea e interactividad ligadas a la nueva era digital vienen a potenciarlo las plataformas de innovación.

Se acepta que la competitividad en la nueva economía global se ve determinada por la capacidad para desarrollar innovaciones y también en las interacciones entre los actores y en su capacidad para desarrollar proyectos comunes que aporten soluciones a sus problemas (Aydalot, 1986; Perrin, 1991; Belossi, 1996; Cooke-Morgan, 1993 y 1998).

El capital relacional es por ello un elemento definitorio de los llamados territorios inteligentes, en la medida en que permite sustituir una lógica de competencia (por los recursos, por los fondos, por el uso del territorio, etc) por una lógica de sinergias y oportunidades, que redunda en un aumento de la capacidad de aprender y crecer de ese territorio. El aumento del capital relacional, además, posibilita abordar de forma colectiva problemas que tendrían difícil solución en un ámbito individual o aislado, y, debido a las interacciones que genera, consigue que se difundan y compartan las innovaciones en el territorio, favoreciendo de ese modo la creación de inteligencia colectiva.

Es imprescindible, en el camino hacia territorios con mayor número de interacciones, el crear una nueva institucionalidad capaz de gobernar esa complejidad, y capaz de liderar la transición desde una gestión tradicional basada en la fragmentación de actores territoriales y el solapamiento institucional; hasta un nuevo modelo de articulación, relación  y estructuración sostenible de la sociedad local.

Y son los territorios que potencian la creatividad que generan las personas o redes de personas, y aprovechan los beneficios de la llamada “inteligencia colectiva” de una comunidad, quienes más fácilmente desarrollan la innovación y las redes de emprendimiento. Se trata de territorios donde florece la llamada economía del conocimiento o economía creativa, en cuanto ponen el conocimiento y el talento al servicio de la competitividad tanto económica como social del territorio.

 

2.      Los sistemas de innovación agraria del territorio  

El sector primario encierra un enorme potencial de innovación para el territorio, y en algunos países está pasando de ser un mero sector productivo a un área de verdadera innovación estratégica: aspectos como la seguridad alimentaria, el respeto medioambiental en los sistemas de producción agropecuaria, la trazabilidad, la logística inteligente, los nuevos modos de consumo, o la producción de biocombustibles, son, en estos momentos, objeto de investigación y de especialización inteligente en muchos territorios con una fuerte componente agraria.

En el ámbito rural, la innovación agraria unida a un sistema  eficiente de gestión del conocimiento puede cumplir funciones tales como: (a) servir de espacio para la experimentación de nuevas prácticas; (b) ser un escenario de capacitación; (c) facilitar la articulación con socios clave; y (d) ser un mecanismo para atraer oportunidades” (CEPAL-FAO-IICA, 2013).

La innovación agrícola, según lo define FAO, es el proceso por el cual personas u organizaciones ponen en uso social y económico productos, procesos o formas de organización nuevas o existentes, para incrementar la efectividad, competitividad, resiliencia o la sostenibilidad ambiental; contribuyendo con ello a la seguridad alimentaria, al desarrollo económico y a la gestión sostenible de los recursos naturales. De esta manera, a través de la innovación los individuos, empresas y organizaciones responden a las oportunidades y retos que emanan de la evolución del entorno de producción y mercado. La innovación no se produce en forma aislada, sino a través de las interacciones dinámicas entre una multitud de actores que participan en las cadenas de valor y de agentes innovadores:

Los agricultores, sus socios directos del mercado y otros actores de la cadena de valor (por ejemplo, los productores de semillas y los proveedores de tecnología, procesadores y otros actores) son los actores principales de un sistema de innovación, como generadores y ejecutores de las innovaciones. Son los que conocen mejor las circunstancias específicas de su entorno de producción y mercado. Ellos por lo tanto, generan la demanda de innovaciones y pueden proporcionar información crítica sobre la utilidad y la viabilidad de las soluciones innovadoras, que pueden ser de tipo tecnológico u organizativo.

Un segundo grupo importante de actores comprende el sistema de investigación, extensión y educación nacional. La investigación agrícola pública desempeña un papel importante en la generación de nuevas tecnologías, especialmente aquellas con características de bien público que genera externalidades positivas para las que el sector privado no tiene incentivos suficientes para invertir. Esto incluye tecnologías destinadas a los agricultores marginados y a los demás actores de la cadena de valor, así como a reducir las externalidades ambientales negativas. Los sistemas de extensión y educación públicas, a pesar de sus deficiencias, siguen jugando un papel clave en el fortalecimiento de la capacidad de los actores de la cadena de valor agrícola para generar, difundir y adoptar innovaciones a escala.

Los actores privados y de la sociedad civil como las ONG, las asociaciones de agricultores, asociaciones de consumidores y grupos ecologistas, que vienen ejerciendo desde los últimos 20 años un rol esencial como agentes de conocimiento, difusión y promoción, proveedores de servicios, así como representantes de las partes interesadas. Facilitan la acción colectiva, que se conozcan las necesidades de los pequeños agricultores y otros grupos marginados oído, y el desarrollo de enfoques y metodologías innovadoras para la extensión, el aprendizaje social y la movilización.

Otros actores del territorio contribuyen al desarrollo de un entorno propicio para la innovación incluyen a:

- las instituciones públicas que diseñan e implementan políticas y programas de innovación;

- los organismos reguladores y normativos (por ejemplo, para las normas sanitarias y fitosanitarias, la metrología, las normas comerciales, los derechos de propiedad intelectual),

- las instituciones financieras, (desarrollo del sector privado, el comercio y la industria, la investigación y la innovación, etc.)

Un problema tradicional ha sido la interacción y la escasa coordinación dentro y entre estos grupos tan diversos. Y, por esta razón, los órganos de coordinación y otras formas de organización de los actores son eslabones cruciales dentro de un sistema de innovación agraria. Las principales tareas de estos órganos son (i) establecer plataformas para fomentar la interacción de los interesados ​​y el intercambio de conocimientos; (ii) concienciar a las empresas sobre los beneficios a largo plazo y la acción colectiva; (iii) superar la inercia y garantizar la apertura y la transparencia.

Dicho concepto se basa en la idea de que el proceso de innovación y aprendizaje es esencialmente “social”, dado que implica la interacción de las empresas, las agencias de promoción de la innovación, y las instituciones académicas y los centros de investigación; es decir, este proceso no transcurre únicamente al interior de estas instituciones. Además, la importancia del conocimiento tácito acumulado por los diferentes actores que participan en el proceso de innovación hace que las características de un territorio, sus redes y sus capacidades específicas influyan en su desempeño innovador.

 

3.      La innovación agraria en América Latina y el Caribe.

En América Latina y el Caribe (ALC) se ha prestado escasa atención al concepto de Sistema Regional de Innovación (SRI). Si bien algunos países de la región poseen experiencias relativamente consolidadas en materia de políticas nacionales de innovación, y otros han puesto en marcha programas de desarrollo económico local o regional vinculados, con frecuencia, con la presencia de clusters y aglomerados productivos de naturaleza territorial, el análisis sistemático de las políticas de innovación regionales o subnacionales es muy escaso.

En ALC el crecimiento de la producción agrícola está limitado por las brechas de productividad entre los países, el área disponible para nuevos cultivos, la competencia por el agua con otros sectores, los efectos de la variabilidad climática y la volatilidad y el aumento de los precios de los servicios y los insumos necesarios para producir. Para impulsar procesos de cambio hay que tener una visión integral y de carácter estratégico, que de manera práctica debería traducirse en la construcción de políticas nacionales de innovación. La innovación es el motor que nos permitirá construir un futuro mejor para la agricultura y para la seguridad alimentaria; y la inversión en su combustible.

Desde los años 70 del pasado siglo, ha habido un cambio de tendencia en ALC: desde sistemas de producción hasta sistemas agrícolas; desde sistemas agrícolas al principio de “el agricultor primero” y a enfoques participativos; desde éstos a enfoques más amplios de sistemas de conocimiento; y de éstos a sistemas de innovación agraria. A lo largo del tiempo, se ha constatado que el potencial de innovación en la agricultura familiar no tiene tanto que ver con las prácticas de los agricultores, sino más bien con el cambio de comportamiento y actitud de los otro actores del sistema, y cómo se apoya la capacidad para innovar de aquéllos.  El reto al que nos enfrentamos hoy es cómo construir sólidamente la capacidad de innovación para asegurar la competitividad y la sostenibilidad de la agricultura familiar.

 

4.    La innovación en el centro de la nueva política de especialización inteligente de la Unión Europea.

La Unión Europea (UE) dispone de instrumentos de financiación en la Política Agraria Común (PAC) para que los resultados de la apuesta por la innovación en el ámbito agrario lleguen a la economía rural. Por otra parte, la Estrategia Europa 2020[1], basada en un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo confiere un importante rol a la innovación es una de las cinco áreas principales. Para ello, Europa ha decidido invertir en investigación, innovación e iniciativa empresarial en todos los Estados Miembros y regiones de la UE, entendiendo que es en esos tres ejes donde se concentra el máximo potencial para que Europa alcance el desarrollo deseado, y un nivel adecuado de competitividad en el marco global.

Con el objetivo de asegurar que todas las regiones europeas se involucran activamente en los compromisos derivados de la nueva Estrategia de crecimiento Europa 2020, durante los próximos años, será condición previa para el uso por parte de las regiones europeas del Fondo Europeo de Desarrollo Regional 2014-2020 (principal instrumento financiero de la UE para la política regional), el contar con una estrategia de investigación e innovación para la especialización inteligente. El enfoque de especialización inteligente, significa para cada región la obligación de acometer un proceso de identificación de sus características y activos principales, de cara a identificar sus principales ventajas competitivas. Ese proceso de “descubrimiento empresarial” está protagonizado por los propios emprendedores, empresarios y agentes del conocimiento de la región,  y ha de ser animado por la administración.

 

5.      Elementos metodológicos.

Existen tres tipos de innovación que tienen mayores impactos para que la agricultura sea más productiva, competitiva y sustentable, estas son la tecnológica, la institucional y la social”. La capacidad de innovación de la agricultura es vital para mejorar la calidad de vida de los pequeños agricultores, y va más allá del desarrollo tecnológico. Puede ser colectiva e individual y tiene cuatro elementos: (1) Expertez individual y organizativa; (2) Actitudes y rutinas desarrolladas a través de la formación y la teoría del “ensayo-error”; (3) Comunicación y redes que permiten a los individuos y a las organizaciones acceder a una amplia gama de ideas y conocimientos para la innovación and (4) Entorno normativo como modo de moldear los primeros tres elementos de capacidad.  

 

6.      Áreas de acción para promover los sistemas de innovación en los territorios.

La inversión en innovación, puede ser un negocio de alta rentabilidad económica, social y ambiental. Estas inversiones se han de enfocar a innovar para que el sector se adapte y contribuya a la mitigación del cambio climático, potencie la producción de pequeña y mediana escala, produzca alimentos más nutritivos, reduzca las pérdidas de alimentos y forme más recursos humanos que trabajen en el agro. Para aumentar la inversión en I+D en los países de medianos y bajos ingresos, que además son altamente dependientes de la agricultura, el sector privado es fundamental.

También se requieren inversiones públicas y privadas en el capital natural, físico y humano, que tienen roles complementarios en el proceso de producción agrícola. Pero la inversión nacional es insuficiente y es necesario atraer, en América Latina y el Caribe, inversión extranjera directa.

Para la atracción de estos recursos e inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe, los gobiernos deberán propiciar mediante marcos regulatorios claros y sin obstáculos, sistemas educativos sólidos y el impulso a la I+D que además establezca vínculos efectivos entre los creadores y los usuarios del conocimiento.  Mejorar la institucionalidad de la innovación y su articulación con las necesidades de los productores, así como proponer alternativas para el destino de las inversiones.

Recrear (ajustar) la capacidad de investigación

Promover vínculos (diseño) más estrechos entre las instituciones de investigación y otros agentes del sistema de investigación y transferencia. Promover el desarrollo de mecanismos para diseñar e implementar las políticas de innovación

 “La idea de que la pobreza es el más grave impedimento para el desarrollo sostenible en los países de desarrollo tardío está lejos de ser novedosa. Sin embargo, sería un error imaginar que este es el único, o incluso el mayor problema. La falta de organización social - en especial en lo que respecta a la sociedad civil - ha demostrado ser una barrera tan grande o quizás incluso mayor que la pobreza de las poblaciones rurales. Esto es especialmente cierto en una época en que la globalización ha realzado los espacios locales como el escenario para la participación social, económica y política de los grupos organizados” (Graziano da Silva).

 

7. Enlaces y referencias:

Innovación agropecuaria en América Latina y el Caribe: Escenarios y mecanismos institucionales. BID, 2013

Alburquerque, F. Reflexión estratégica sobre nuevos ámbitos de Intervención de las agencias de desarrollo local.

Vegara, A. y de las Rivas, J. “Territorios inteligentes: nuevos horizontes del urbanismo”. Fundación Metrópoli, 2004.

Borja, J y Castells, M (1997), Local y Global. La gestión de lasciudades en la era de la información. Madrid. Tauros. BILBAO METROPOLI, (1999), (2000), (2001), Informes Anuales y de Progreso.

Cookeet al, (2005), Informe de Expertos sobre Desarrollo Regional y Ventaja Construida, Comisión Europea.

Florida, R (2000), The geography of Talent. Mimeo, Pittsburgh: Carnegie Mellon University.

Agricultural Innovation System: An Investment Sourcebook. World Bank, 2012

Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas 2014: una mirada hacia América Latina y el Caribe, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

E U R O P A 2 0 2 0. Una Estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Comisión Europea, 2010.

Esser, K. et al. Competitividad sistémica: Nuevo desafío a las empresas y a la política. Revista de la CEPAL, Santiago 1996, No. 59, pág. 39 – 52.

González Bañales, D. et al. La influencia del capital relacional, innovación tecnológica y orientación al mercado sobre los resultados empresariales en empresas de alta tecnología. Un modelo conceptual. Pensamiento y gestión, N° 25. ISSN 1657-6276. 2008.

Caravaca, I. et al. Innovación, redes, recursos patrimoniales y desarrollo territorial. Revista eure (Vol. XXXI, Nº 94), pp. 5-24, Santiago de Chile, 2005.

 


[1] La Estrategia 2020 define cinco áreas principales: Empleo, Innovación, Cambio Climático, Educación y Pobreza,  con una serie de ambiciosos objetivos que deben alcanzarse en 2020.