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FAO en Cuba

Historias de éxito en FAO Cuba

A Lesvia Calderón se la puede encontrar entre los caminos que dividen las piscinas de la empresa acuícola La Juventud. Alta, poderosa, muy seria, camina bajo un amplio paraguas con el que se resguarda del sol cubano, mientras supervisa al equipo que se encarga de las crías recién nacidas de tilapia, peces que cultiva en Paso Real, en la provincia de Pinar del Río.

 Lesvia es la jefa del área de engorde de la granja de tilapias en La Juventud, reconocida por ser la mejor de su tipo en Cuba: solo en el 2016 produjo 298 toneladas de pescado.

 Además, es una de las lideresas del proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que impulsa el mejoramiento genético de peces de agua dulce, y que ha integrado la perspectiva de género en su implementación para cerrar las brechas que existen entre hombres y mujeres en el sector acuícola de la Isla.

Son inmensas las sabanas de San Martín de los Llanos, capital ganadera del Departamento de Meta, en Colombia; pródigas las corrientes de agua que riegan selvas, sabanas naturales y antiguos bosques de San José del Guaviare, en muchos de los cuales hoy crecen pastos.

 Hasta allí, donde la belleza del paisaje es tanta que puede sofocar, llegaron las cubanas, Jahel Echeverría y Elenis Hernández, Directora una y especialista la otra del Instituto de Investigaciones de Pastos y Forrajes de la mayor de las Antillas, para acceder a los procesos de capacitación vinculados al proyecto “Apoyo al Fortalecimiento del Sistema de Innovación Socio-Productiva del Sector Ganadero en Cuba”, que ejecuta la FAO en la Isla.

 Durante cinco días Jahel y Elenis, desandaron las fincas “Camagüey”, “La Bendición”, “Nuevo Caney” y “Caño Hondo” con el propósito de realizar un reconocimiento técnico de experiencias diversas en la adopción e implementación de sistemas silvopastoriles (SSPI).

La monta natural en los cerdos o cualquier otro animal de corral es una práctica habitual para los productores individuales o aquellos asociados en cooperativas. Sin embargo, este proceder puede ocasionar infecciones, crías con bajo peso al nacer y muertes prematuras.

Con el fin de evitar esas pérdidas, contribuir al crecimiento de la producción porcina a nivel nacional y perfeccionar la genética, se ejecutó en Cuba del 2013 al 2015 el proyecto “Utilización de dos centros de producción de semen porcino (CPSP) en zonas suburbanas y rurales de La Habana”, entre la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto de Investigaciones Porcinas (IIP) del Ministerio de la Agricultura (MINAG).

Con un monto ascendente a 302 mil dólares, la iniciativa estuvo dirigida al mejoramiento de las capacidades de los laboratorios seleccionados, con el propósito de potenciar la inseminación artificial, y también de contribuir al incremento del potencial genético productivo del sector porcino para aumentar la eficiencia técnica (85%), la eficiencia económica (80%) y la eficiencia reproductiva.

Durante los últimos años, en La Habana, capital de Cuba, han ido creciendo paulatinamente los espacios populares para la siembra de hortalizas y vegetales, a tono con el Programa de Agricultura Urbana y Suburbana que fomenta el estado, vinculado a los conceptos de agricultura familiar.

Sin embargo, todavía en la dieta básica de los cubanos no es común encontrar una variedad de frutas, vegetales u hortalizas, lo cual tiene raíces en una cultura alimentaria que privilegia la carne de cerdo, arroz, frijoles y algunas viandas, con preferencia a los alimentos fritos, un fenómeno aún más habitual en las edades adolescentes, marcadas por el consumo de la denominada comida chatarra.

Con el propósito de contribuir a formar una cultura alimenticia en adolescentes, y lograr una adecuada formación en el área agropecuaria, la FAO en Cuba emprendió en febrero de 2011 un proyecto Tele Food para la creación de un área de naturalización y de un huerto escolar que contribuyera a la alimentación de jóvenes de la enseñanza media.