2. VALOR NUTRICIONAL
- FRUTOS SECOS Y SALUD
EFECTOS DE LOS FRUTOS SECOS SOBRE LA SALUD: ALIMENTOS CLAVE EN LA PREVENCIÓN
DE DIVERSAS ENFERMEDADES
Sleiman R, Rodrigo L,
Salas-Salvadó J. Efecto de los frutos secos sobre la salud. Alimentos
clave en la prevención de diferentes enfermedades. Alimentación,
Nutrición y Salud 2002; 9: 51-58.
Los frutos secos, alimentos que se consumen en pequeñas cantidades como
aperitivo o formando parte de otros alimentos procesados, han sido considerados
históricamente como alimentos superfluos. En los últimos años
han aparecido múltiples trabajos que relacionan su consumo con la reducción
de los niveles de colesterol y del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
En esta revisión vamos a tratar no solamente estos aspectos sino también,
el efecto que tiene el consumo de nutrientes en forma de frutos secos sobre
el peso corporal y el cáncer, aunque existan pocos estudios y controvertidos
al respecto.
Composición de los frutos secos
La principal característica de los frutos secos es su elevado contenido
energético, debido a su pobre estado de hidratación y a su elevado
contenido en lípidos. El contenido calórico varía entre
5,3 y 6,6 kcal/g y el de grasa entre 51 y 73 g/100g1. En el caso de la castaña
estos valores son muy bajos ya que ésta es más farinácea
que oleosa y además está más hidratada. En la tabla 1 puede
observarse el contenido calórico y en macronutrientes de los principales
frutos secos.
Aproximadamente, EL 80% DE LAS CALORÍAS DE LOS FRUTOS SECOS LAS APORTAN
LOS LÍPIDOS. Son pobres en ácidos grasos saturados (entre el 5
y el 8% de los lípidos) y ricos en ácidos insaturados, sobre todo
monoinsaturados (alrededor del 60%) que junto con los poliinsaturados representan
aproximadamente un 90% de la energía lipídica². Según
la composición nutricional en ácidos grasos podemos diferenciar
dos grupos de frutos secos: los ricos en ácido linoleico (18:2) como
los cacahuetes, anacardos y nueces, y los ricos en ácido oleico como
las avellanas, almendras, pistachos y nueces de macadamia. Las nueces son las
únicas que contienen cantidades considerables de ácido alfa-linolénico
(18:3n-3)². En la tabla 2 puede observase la composición en ácidos
grasos de algunos frutos secos seleccionados.
Los frutos secos al ser alimentos de origen vegetal no contienen colesterol
y contienen una notable proporción de proteína rica en arginina.
Además contienen también diferentes esteroles vegetales beneficiosos
para la salud.
Los carbohidratos de los frutos secos en su mayoría son complejos. Contienen
cantidades importantes de fibra (de 3,8 a 8,8 g/100g) comparados con frutas
y verduras frescas (0.4 a 2.5 g/100g)4. La cantidad de fibra soluble que contienen
los frutos secos oscila entre 0.1 y 0.2 g/100g, mientras que el contenido de
fibra insoluble es mucho mayor: de 3,7 a 8,6 g/100g4.
En cuanto a micronutrientes, los frutos secos contienen importantes cantidades
de manganeso, cobre, fósforo, selenio y cinc. Las nueces, y en especial
las nueces del Brasil, son especialmente ricas en selenio2.
Al igual que ricos en minerales, los frutos secos son especialmente ricos en
vitamina E, particularmente las almendras. También aportan cantidades
considerables de tiamina, niacina y riboflavina2. Entre las vitaminas del grupo
B destaca el ácido fólico especialmente en los cacahuetes.
Dentro del grupo de frutos secos la castaña es excepcional pues, a diferencia
de los demás frutos secos, su composición nutritiva es rica en
carbohidratos complejos (aportan el 79,1% de su energía), es pobre en
lípidos (14%) y contienen una cantidad de proteínas similar¹.
Consumo alimentario actual de frutos secos
El consumo de frutos secos de las poblaciones del Mediterráneo es
aproximadamente (considerando consumidores y no consumidores de frutos secos)
de 6 g por persona día4,5. Por ello, a pesar de que su contenido en nutrientes
es muy interesante, su contribución nutritiva real a la dieta es poco
significativa, incluso en los individuos consumidores habituales de frutos secos,
para los que representa un 2.9% del aporte energético y un 3.6% del aporte
lipídico5. Los individuos consumidores habituales de una buena ración
de frutos secos, tendrán aportes importantes de proteínas y fibra,
con un contenido lipídico mayoritariamente insaturado, lo cual contribuirá
a realizar un patrón de ingesta lipídica aconsejable.
Los frutos secos más consumidos en el hogar son preferentemente los cacahuetes5,6.
Éstos junto con las avellanas, se emplean habitualmente en la hostelería.
Los colectivos que consumen más habitualmente frutos secos son las poblaciones
del Mediterráneo y los vegetarianos7,8. Para los lactovegetarianos, el
consumo diario oscila entre 33 y 42 g, lo que representa entre un 6 y 8% del
aporte total calórico. La cantidad ingerida por ciertos grupos de vegetarianos
puede llegar hasta los 88 g al día, representando un aporte aproximado
de 500 kcal. A modo de ejemplo, el porcentaje de individuos que consume 5 veces
o más veces por semana frutos secos es de un 31% en los vegetarianos,
un 15% en no vegetarianos y de un 5% en la población general7.
Según la FAO9, en 1999 España fue el mayor productor de almendras
de los países mediterráneos, seguido de los países áfrico-mediterráneos
e Italia. De los países mediterráneos, Turquía es el mayor
productor de avellanas, pistachos y nueces. Italia es la mayor productora de
castañas seguida de Turquía. La producción de frutos secos
en el último siglo ha ido decreciendo progresivamente, aunque en los
últimos años la producción ha experimentado un cierta recuperación.
En 1999, el consumo de frutos secos a nivel individual de los países
Mediterráneos, según la FAO9, esta representado en la tabla 3,
donde Grecia es el mayor consumidor, seguido de España y de Italia. Según
la FAO, desde el año 1992 hasta el 2000 en España el consumo de
frutos secos aumentó, pasando de 2.31 kg/persona/año a 2.59 kg/persona/año.
Los frutos secos aceptan muchas formas de consumo, en las más habituales,
como aperitivo o "pica pica", el fruto seco se encuentra descascarillado,
habitualmente tostado o frito e incluso salado. Existen muchas vías de
consumo, en forma de postre o repostería, algunas estacionales como turrones,
mazapanes o cremas solubles y otras de repostería popular acompañando
chocolates o galletas. También hay que destacar el uso de los frutos
secos en recetas culinarias, como algunas salsas típicas (salsa romesco,
pesto, picadas), sopas, cremas, ensaladas, acompañando a carne, pescado,
en yogures y, además, imprescindible junto al queso y el membrillo.
Los frutos secos salados contienen una proporción considerable de sodio,
por ello no son aconsejables en individuos que deben realizar un control de
la ingesta de sal.
Efecto de los frutos secos sobre los niveles de colesterol y la enfermedad
cardiovascular
Durante los últimos años, se ha evidenciado que las dietas
que incluyen frutos secos, ayudan a prevenir las enfermedades cardiovasculares.
En la actualidad es de gran interés para la comunidad científica
el comprender mejor los mecanismos por los cuales los frutos secos producen
este efecto. Este interés se inició cuando unos pocos estudios
evidenciaron epidemiológicamente este efecto protector, para que a continuación
un numero de estudios clínicos demostrasen el efecto beneficioso que
tienen sobre los lípidos y lipoproteínas sanguíneas.
Evidencias Epidemiológicos
Es ampliamente conocido que aquellas poblaciones que consumen de forma habitual
frutos secos, como las comunidades del mediterráneo y evangélicos
adventistas, presentan un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Esto ha sido observado en una serie de estudios epidemiológicos longitudinales,
analizando grandes poblaciones (Adventist Health Study7,11-13, Iowa Women´s
Health Study14-15, Nurses' Health Study16, Cholesterol and Recurrent Events
(CARE) Study17 y Physicians' Health Study)18.
Los individuos estudiados fueron sujetos sanos7,11-13 o bien pacientes post-infarto
de miocardio17. En todos estos estudios se observó que los individuos
que ingerían más de 4-5 veces por semana una ración de
aproximadamente 25 g de frutos secos, presentaban una reducción del 18%
al 51% del riesgo de padecer mortalidad por enfermedad cardiovascular11,12,15-17,
infarto de miocardio no fatal7,11-13, mortalidad de origen cardiaco y muerte
súbita18. Esta disminución del riesgo en algunos estudios se observó
ya en aquellos sujetos que ingerían mas de una vez a la semana frutos
secos. Esta relación inversa entre ingesta de frutos secos y mortalidad
cadiovascular persistía después de ajustarse por diferentes factores
confusores como la edad, el sexo, la ingesta de otros componentes de la dieta
o variables sobre el estilo de vida.
Así pues, los resultados de estos estudios sugieren que el consumo de
frutos secos es un factor protector independiente de padecer enfermedades cardiovasculares.
Evidencias Clínicas
Después de demostrarse epidemiológicamente el efecto protector
de los frutos secos, han sido realizados diferentes estudios clínicos
controlando la dieta del individuo para corroborar el efecto que tiene el consumo
de frutos secos sobre los niveles de colesterol sanguíneo. La mayoría
de los estudios publicados al respecto han sido realizados sobre poblaciones
con dislipemia, aunque otros han sido llevados a cabo sobre sujetos sanos. Recientemente
Kris-Etherton y colaboradores han realizado una excelente revisión de
todos los estudios clínicos publicados hasta el año 200019.
En la actualidad han sido publicados cinco estudios clínicos comparándose
el efecto de la administración controlada de una dieta hipocolesteromiante
baja en grasa con la administración de una dieta enriquecida con nueces,
pecanas, nueces de macadamia o cacahuetes. En todos los estudios randomizados,
controlados y en diseño crossover, se ha podido observar que la suplementación
con cualquiera de estos frutos secos se asocia a una reducción significativa
de los niveles de colesterol total y especialmente de los niveles de colesterol
LDL.
También han sido publicados nueve estudios clínicos realizados
sobre población a la que se le recomienda la ingesta de una dieta control,
de una dieta baja en grasas o de una dieta mediterránea con una dieta
enriquecida en nueces, nueces de macadamia, pistachos, pecanas, almendras o
cacahuetes. En la mayoría de estos estudios se ha observado también
la disminución de los niveles de colesterol total y de colesterol LDL.
La reducción observada en los niveles de colesterol total y de colesterol
LDL en estos estudios fue del 4 al 25% y del 9 al 33% respectivamente. Sin embargo,
existe una gran variabilidad en cuanto a los niveles de colesterol HDL entre
los diferentes estudios. Si bien algunos encuentran un aumento significativo
de esta fracción, otros estudios o bien no encuentran diferencias, o
bien incluso, alguno de ellos se observa una disminución en aquellos
individuos suplementados con frutos secos. Tampoco existe un consenso en relación
al efecto que tienen sobre los niveles de triglicéridos plasmáticos.
Vale la pena reseñar los cuatro últimos estudios publicados evaluando
el efecto hipocolesteromiante de la suplementación de la población
con frutos secos. Zambón y colaboradores20 mediante un estudio randomizado
y en diseño crossover realizado sobre 49 pacientes hipercolesterolémicos,
comparó la administración de una dieta mediterránea con
otra que contienen la misma cantidad de grasa (35% de la energía) suplementada
con nueces. Las grasas provenientes de las nueces sustituían parte de
las grasas monoinsaturadas de la dieta mediterránea. Si bien, tanto los
niveles de colesterol total como los de colesterol LDL disminuyeron con ambas
dietas, esta reducción fue significativamente superior en el caso de
la dieta enriquecida con nueces.
Rajaram y colaboradores21 compararon en 23 sujetos sanos o con ligera hipercolesterolemia
el efecto sobre los niveles de colesterol de una dieta Step I baja en grasas
y colesterol, con una dieta isoenergética enriquecida con pecanas y por
tanto con una mayor proporción de energía en forma de grasas monoinsaturadas.
Ambas dietas provocaron una mejoría del perfil lipídico, sin embargo
la dieta enriquecida con pecanas provocó una disminución de los
niveles de colesterol total y colesterol LDL del 6,7% y el 10,4% respectivamente
en comparación a la dieta Step I. También se pudieron observar
una reducción de los niveles séricos de apoproteína B y
lipoproteína(a) en comparación a la dieta Step I.
Almario y colaboradores22 de la Universidad de California, compararon la administración
de forma secuencial de a) una dieta habitual, b) una dieta habitual enriquecida
en nueces, c) una dieta baja en grasas y d) una dieta baja en grasas enriquecida
con nueces. Los autores pudieron observar que la suplementación con nueces
mejoraba también el perfil lipídico plasmático de diferentes
subclases de lipoproteínas.
Por último Iwamoto y colaboradores23 mediante un estudio randomizado,
controlado y en diseño crossover realizado sobre 20 varones y 20 mujeres
sanos compararon la administración de una dieta japonesa moderada en
grasa con una dieta de las mismas características pero enriquecida con
nueces. Los autores observaron una reducción significativa de los niveles
de colesterol total y de colesterol LDL tanto en los varones como en las mujeres
suplementadas con nueces.
Tanto en el estudio de Almario y colaboradores22 como en el de Rajaram y colaboradores21,
la suplementación con frutos secos no comportó un incremento del
peso de los individuos. Aquellos pacientes sometidos a dietas bajas en grasas
y enriquecidas en frutos secos experimentaron incluso una pérdida de
peso en el caso del estudio de Almario y colaboradores22.
¿Puede el efecto sobre los lípidos y lipoproteínas plasmáticas
explicar la reducción del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares?
Parece interesante destacar que el efecto hipocolesteromiante observado
en los estudios realizados con dietas suplementadas con frutos secos es mayor
que el esperado a partir de la composición en ácidos grasos de
los frutos secos.
Al mismo tiempo, diferentes autores han observado que la reducción teórica
del riesgo cardiovascular producida por la disminución de los niveles
de colesterol total y colesterol LDL, debido a la sustitución de diferentes
grasas de la dieta por las grasas de los frutos secos, es inferior a la observada
en los estudios epidemiológicos poblacionales. Kris-Etherton y colaboradores
realizaron recientemente una revisión al respecto19.
Estos datos sugieren que el efecto hipocolesteromiante y reducción del
riesgo cardiovascular atribuible a los frutos secos, no es solo debido a su
composición en ácidos grasos sino también a otros componentes.
Efecto de los diferentes componentes bioactivos de los frutos secos sobre
el riesgo cardiovascular
Los frutos secos son los vegetales mas ricos en fibra que existen. Debemos pensar
que la fibra es capaz de reducir los niveles de colesterol a través de
múltiples mecanismos (tabla 4). La fibra inhibe la absorción de
colesterol, y los productos de fermentación en el colon producen una
inhibición en la síntesis de colesterol hepático. Además
los frutos secos contienen proteínas de origen vegetal ricas en arginina,
aminoácido precursor del óxido nítrico implicado en la
inducción de la relajación musculatura vascular, la inhibición
de la agregación plaquetaria, la inhibición de la adherencia de
los monocitos y la inhibición de la quimiotaxis de estas células.
Los frutos secos son ricos en ciertas vitaminas antoxidantes como la vitamina
E, implicada en prevención de la oxidación de las partículas
LDL de la placa de arterioesclerosis. También contienen grandes cantidades
fitoesteroles capaces de reducir la absorción de colesterol y de flavonoides
o compuestos fenólicos que poseen capacidad antioxidante y por ello inhiben
la formación de la placa de ateroma.
Por último algunos frutos secos contienen grandes cantidades de cobre,
selenio y magnesio, sustancias también implicadas en el metabolismo del
colesterol o en prevención de la lesión de arterioesclerosis.
Así por ejemplo una ración de nueces del Brasil nos aporta el
100% de la necesidades diarias de selenio.
El consumo diario de todas estas sustancias en forma de frutos secos explicarían
muy probablemente esta reducción marcada de la mortalidad por enfermedad
cardiovascular observada en los grandes estudios epidemiológicos. Sin
embargo, creemos que en el futuro es importante profundizar en el estudio de
los mecanismos implicados en este proceso de protección cardiovascular
mediado por los frutos secos.
Efecto de los frutos secos sobre el peso corporal
Los frutos secos han tenido la mala prensa de que engordan ya que son alimentos
muy ricos en calorías. Sin embargo en la mayoría de estudios clínicos
realizados con suplementos de estos alimentos nunca se ha podido observar un
aumento de peso de los que los consumían. Recientemente Almario y colaboradores22
observaron sobre 18 pacientes con hipercolesterolemia, que la administración
de 48 g/día (al rededor de 300 Kcal) de frutos secos asociados a la dieta
habitual no se acompañaba de un incremento del peso corporal. Los autores
sugieren que la ingesta grasas mono y poliinsaturadas, presentes en gran cantidad
en los frutos secos, protegen del incremento de peso en comparación a
las grasas saturadas.
Recientemente McManus y colaboradores24 han publicado los resultados de un estudio
de intervención nutricional realizado sobre pacientes obesos demostrando
que las dietas ricas en monoinsaturados podrían ser beneficiosas para
el peso corporal. El equipo investigador comparó la evolución
del peso de dos grupos de pacientes obesos que seguían dos dietas diferentes
para perder peso. Las dos dietas contenían entre 1000 y 1500 Kcal, una
de ellas era pobre en grasas (20% del aporte calórico total) y la otra
moderada en grasas (35% del aporte calórico total). Un año y medio
después del inicio del estudio, los 55 individuos que habían seguido
la dieta baja en grasas habían ganado 2 kg de peso, mientras que los
otros 55 individuos que tomaban la dieta moderada en grasa monoinsaturada (enriquecida
con aceite de oliva y frutos secos) habían conseguido perder 4 kg. Los
investigadores comprobaron que la adherencia a la dieta moderada en grasa fue
muy superior a la dieta baja en grasa.
Recientemente, Hu y colaboradores25 observaron en el estudio de las enfermeras
de Estados Unidos, que las que consumían de forma habitual frutos secos,
presentaban una menor incidencia de diabetes con el tiempo en comparación
a las no consumidoras de frutos secos, sin que ello se asociara a un incremento
del peso corporal.
Cáncer y Frutos Secos
Hoy en día esta muy clara la importancia que tiene el estudio de la relación
existente entro los hábitos de alimentación de una población
y la aparición de diferentes tipos de tumores. Muchos estudios epidemiológicos
sugieren que el consumo de vegetales disminuye el riesgo de padecer diferentes
tipos de cáncer, en contra, consumir un exceso de alimentos de origen
animal, en especial los ricos en ácidos grasos saturados y trans aumentaría
el riesgo. Existen muchas posibles explicaciones biológicas para este
hecho. Entre ellas tenemos la presencia de muchos compuestos anticarcinógenos
en las plantas, como los carotenos, vitamina C, vitamina E, selenio, fibra dietética,
fenoles, esteroles, fitoestrógenos e inhibidores de preoteasas, entre
otros. Muchos de estos compuestos anteriormente mencionados se encuentran en
los frutos secos.
Si bien la mayoría de los estudios clínicos e epidemiológicos
que se han realizado con frutos secos han sido dirigidos a evaluar el efecto
que estos sobre las enfermedades cardiovasculares, muy pocos han buscado encontrar
una relación con el cáncer.
Hebert y colaboradores26 mediante un estudio ecológico realizado sobre
59 países observaron una relación negativa entre el consumo de
cereales integrales, granos o frutos secos y la mortalidad por cáncer
de próstata. Por otro lado diferentes estudios caso-control sobre pacientes
con cáncer de próstata han demostrado que los pacientes con esta
patología ingerían menores cantidades de selenio, nutriente que
se encuentra en grandes cantidades en diferentes frutos secos y especialmente
en la nueces de Brasil27,28.
Recientemente, mediante un estudio experimental en ratas sobre un modelo de
cáncer de colon, Davis y colaboradores29 observaron que los frutos secos
podrían estar implicados en proteger al animal de la acción de
ciertos cancerígenos. Los animales que consumían aceite de almendra,
harina de almendra o almendras enteras, presentaban con el tiempo un menor número
de células anormales en comparación a los alimentados solo con
pienso normal . Los autores sugieren que el tipo de ácidos grasos que
contienen las almendras o bien otros compuestos presentes en ella serian los
responsables de la protección observada.
Sin embargo se precisan realizar otros estudios en animales y humanos para poder
afirmar que los frutos secos protegen del cáncer de próstata o
colon.
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Tabla 3. Consumo individual
de frutos secos en los países del Mediterráneo, FAO año
1999
| País | Consumo (kg/persona/año) |
| Francia | 3.8 |
| Grecia | 9.9 |
| Italia | 6.5 |
| Portugal | 4.2 |
| España | 7.3 |
| Turquía | 5.4 |
| Israel | 5.5 |
| Libia, Túnez | 5.6 |
Tabla 4. Frutos secos: mecanismos antiaterogénicos
propuestos.

Figura 1. Riesgo relativo de padecer enfermedad coronaria en función del consumo de frutos secos según el estudio de los Adventistas7.

Figura 2. Efecto del consumo de frutos secos sobre el riesgo relativo de padecer enfermedad coronaria según los estudios epidemiológicos poblacionales (adaptado de Kris-Etherton y colaboradores19). Comparación de aquellos individuos que consumen frutos secos en el quintil más alto respecto al más bajo.

Figura 3. Efecto de la sustitución por nueces de los ácidos grasos
monoinsaturados de la dieta sobre el perfil lipídico de pacientes con
hipercolesterolemia según Zambón y colaboradores20.

Alimentación,
Nutrición y Salud 2002
| Fuente: |
Fundación
Nucis (Salud y Frutos Secos) www.nucis.org |