Programa de Cooperación Internacional Brasil-FAO

Artículo: La alimentación escolar en la lucha contra el desperdicio de alimentos

Es esencial que las acciones para combatir el desperdicio de alimentos se institucionalicen en el ámbito escolar, como parte de las acciones pedagógicas y curriculares.

Brasília, Brasil, 14 de octubre de 2024 - Enfrentar el desperdicio de alimentos se vuelve cada vez más urgente cuando nos encontramos con datos alarmantes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que indican que 1 mil millones toneladas de alimentos fueron desperdiciados en 2022. Esto equivale a alrededor de una quinta parte de toda la producción global.

Mientras tanto, 41 millones de personas en América Latina y el Caribe, además de 733 millones en el mundo, enfrentan el hambre, según el informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras agencias de la ONU.

El desperdicio de alimentos ocurre, en gran parte, en el consumo final, ya sea en el comercio minorista o en los hogares. En el ámbito escolar, este diálogo abarca desde la planificación de las compras, la preparación y el consumo de las comidas por parte de los estudiantes hasta la eliminación de sobras y residuos generados durante la alimentación.

Para enfrentar este problema, es necesario adoptar medidas que involucren todas las etapas del proceso de desarrollo de los programas de alimentación escolar.Una de las acciones más efectivas en la reducción del desperdicio es la planificación adecuada de las compras de alimentos, siempre considerando el diálogo entre gestores, nutricionistas y agricultores. La valorización de la estacionalidad y de la cultura alimentaria local, el incentivo a circuitos cortos de producción y consumo, y la capacitación de agricultores familiares para satisfacer las demandas de los programas de alimentación escolar también son medidas esenciales.

Otras iniciativas incluyen el almacenamiento adecuado de los alimentos, la definición de menús que respeten la biodiversidad local, la capacitación de cocineros y cocineras y la adecuación de las porciones a la edad de los estudiantes. También es fundamental promover la reutilización de tallos, cáscaras y semillas en nuevas recetas, evitando el descarte innecesario.Asimismo, una estrategia relevante es la educación alimentaria y nutricional, ya que al promover y educar sobre el consumo de alimentos nutritivos, hay mayores posibilidades de aumentar la aceptación de las comidas compuestas por legumbres, verduras y frutas ofrecidas en las escuelas.

Además, esta educación contribuye a la formación de hábitos saludables y sostenibles que impactan a los estudiantes y sus familias.Otra herramienta valiosa es la implementación de huertos pedagógicos en las escuelas. Además de fomentar el consumo de alimentos frescos y saludables y permitir el contacto con el medio ambiente, los huertos permiten el aprovechamiento de residuos orgánicos para la compostaje, creando un ciclo sostenible en el que los alimentos son cultivados, consumidos y sus restos regresan al suelo, cerrando el ciclo de manera ecológica.

Experiencias exitosas ya se están llevando a cabo en Brasil y en otros países de la región, con proyectos que ajustan la cantidad de alimentos servidos y miden el desperdicio, promoviendo la concienciación de los estudiantes y comunidades sobre la importancia de evitarlo, especialmente en un mundo donde millones de personas enfrentan la inseguridad alimentaria y el cambio climático nos afecta a todos.

Para garantizar que estas iniciativas escalen, es esencial que las prácticas de combate al desperdicio de alimentos se institucionalicen en el ámbito escolar, como parte de las acciones pedagógicas y curriculares. La Ley nº 11.947/2009, que regula el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE) de Brasil, prevé la inclusión de prácticas de educación alimentaria y nutricional en el proceso de enseñanza y aprendizaje, abordando temas como alimentación saludable y seguridad alimentaria.Esta legislación también establece que, como mínimo, el 30% de los alimentos adquiridos para el programa de alimentación escolar deben proceder de la agricultura familiar. Esto fortalece los circuitos cortos de producción, transporte y consumo, facilita la logística e incentiva el uso de productos locales, lo que contribuye significativamente a la reducción del desperdicio de los alimentos adquiridos.

Otra importante estrategia es la Red de Alimentación Escolar Sostenible (RAES), creada por el Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación (FNDE) y la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), secretariada por la FAO. La RAES promueve diálogos e intercambios entre países de América Latina y el Caribe para discutir soluciones y desafíos relacionados con la pérdida y el desperdicio de alimentos, como un componente importante de los programas de alimentación escolar.

Por último, combatir el desperdicio de alimentos en el ámbito escolar requiere un esfuerzo conjunto de gobiernos, tomadores de decisiones, parlamentarios, sociedad civil, gestores escolares y, sobre todo, de educadores, nutricionistas, manipuladores de alimentos, estudiantes y sus familias. Un cambio duradero depende de la concienciación sobre el papel que cada uno desempeña en esta lucha al hacer elecciones diarias conscientes y comprometidas con el planeta y las próximas generaciones.

Artículo producido por Najla Veloso, coordinadora del proyecto Agenda Regional para Alimentación Escolar en América Latina y el Caribe, del Programa de Cooperación Internacional Brasil-FAO