Para los pescadores en la provincia de Cagayán, el mar es a la vez generoso y peligroso. Solo en 2024, seis ciclones tropicales azotaron esta zona de Filipinas y destruyeron barcos, redes, abrigos costeros y campos de cultivo tierra adentro. © FAO/Jomer Bais
En los confines más septentrionales de Filipinas, a lo largo de su extenso litoral, los pescadores llevan mucho tiempo disfrutando de la riqueza del mar para su sustento. Mahi Mahi, pez vela, caballa, mero y pulpo: las especies abundan. Mientras que en el interior, la tierra fértil también se prodiga con generosidad, produciendo frutas y hortalizas frescas para sus diligentes agricultores.
Los recursos naturales son abundantes en esta provincia de Cagayán y hacen de ella una de las zonas agrícolas más importantes del país. Paradójicamente, el mismo lugar que dona a la región estos tesoros es también el sitio donde cada año se producen potentes tifones que ponen en peligro vidas y medios de subsistencia.
Tan solo en 2024, seis ciclones tropicales azotaron esta zona del país y destrozaron barcos, redes, abrigos costeros, campos de cultivo y los medios de vida de quienes dependen de ellos. En septiembre de 2025, el departamento local de agricultura estimó los daños a la pesca y la agricultura de la provincia en más de USD 13,7 millones (PHP 807,14 millones), la cifra más alta de todas las regiones de Filipinas.
Muchos pescadores y agricultores aún no habían reconstruido lo que habían perdido cuando dos meses después surgió una nueva amenaza: el supertifón Fung-Wong (Uwan). Esta vez, la comunidad estaba resuelta a no volver a sufrir las mismas pérdidas.
Con unas condiciones meteorológicas extremas que se han convertido en la nueva normalidad, la comunidad ha comprendido que su trabajo ahora va más allá de la agricultura y la pesca: incluye proteger sus cosechas, equipos e infraestructura de los tifones y actuar mucho antes de que se produzca uno.
Ahora que los fenómenos meteorológicos extremos son más frecuentes, el trabajo de la comunidad va más allá de la agricultura y la pesca para proteger sus activos agrícolas. Con el apoyo de la acción anticipatoria de la FAO y el gobierno local, los pescadores utilizaron transferencias incondicionales de efectivo para retirar las embarcaciones y trasladar los activos a un lugar seguro. © FAO/Jomer Bais
Cuando las previsiones meteorológicas advirtieron de la proximidad del supertifón Uwan, los miembros de la Asociación de Pescadores Sinag de San Juan (Santa Praxedes) no perdieron el tiempo.
Caminaron durante una hora desde sus hogares en las tierras altas para llegar a su aldea costera y recuperar sus barcos de pesca. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y las autoridades locales ayudaron a los pescadores a retirar las barcas de la costa, llevarlas tierra adentro y atarlas con cuerdas y nailon, adquiridos como parte de una transferencia incondicional de efectivo de la FAO.
Más al este de la provincia, en Buguey, 55 miembros de la Asociación de Pescadores Minanga Este coordinaron la misma operación, trasladando las embarcaciones a un emplazamiento más seguro. Mientras tanto, las mujeres de ambas comunidades prepararon comidas, reembalaron mercancías y se aseguraron de que las familias tuvieran suficientes provisiones antes de que el tifón tocara tierra.
Esto era bayanihan —el espíritu filipino de apoyo mutuo en tiempos de necesidad— en su estado más puro. Y se trataba de acción anticipatoria puesta en práctica.
Los agricultores aseguran su futuro
Mientras los pescadores se movilizaban rápidamente a lo largo de la costa, los agricultores del interior también se preparaban. Con el apoyo y los conocimientos técnicos de la FAO y del Departamento de Agricultura de Filipinas, tres grupos de agricultores trasladaron las semillas y fertilizantes almacenados a zonas seguras, reforzaron los refugios del ganado y se aseguraron de que otros bienes estuvieran protegidos utilizando materiales adquiridos localmente gracias a la asistencia en efectivo anticipada.
El Sr. Amor Daluson, Presidente del grupo de agricultores Gunglo Dagiti Mannalon ti Portugal, explicó que antes tenían medios limitados para asegurar sus activos agrícolas.
“No teníamos mucho equipo para utilizar, pero nos alegramos mucho cuando llegó la ayuda de la FAO porque ahora tenemos instrumentos adicionales que nos ayudan a cuidar nuestros cultivos y nuestro ganado”, señaló. “Esta ayuda significa seguridad alimentaria para la comunidad”.
A su vez, el Sr. Gilbert Respicio, presidente de la Cooperativa Agrícola de Agricultores de Cabaleng San Isidro, destacó la oportunidad de la ayuda. “Los materiales que recibimos nos permitieron asegurar nuestras instalaciones, ganado, equipos y cultivos”, indicó.
El esfuerzo colectivo protegió activos agrícolas por valor de USD 37 000 (PHP 2,15 millones), lo que demuestra la eficacia de una planificación adecuada y una acción temprana.
La acción anticipatoria coordinada redujo los daños del supertifón y permitió a las comunidades volver a pescar antes. © FAO/Julian Macadamia
Lecciones más allá de Cagayán
Las intervenciones oportunas permitieron a estas comunidades reforzar no solo sus estructuras agrícolas, sino también su confianza en la gestión de riesgos.
En el plano nacional, el Gobierno de Filipinas ha aprobado ya la histórica Ley de Declaración del Estado de Desastre Inminente, que institucionaliza la acción anticipatoria como parte del Marco de reducción y gestión del riesgo de catástrofes del país.
Cuando finalmente pasó el supertifón Fung-Wong, las barcas estaban intactas, las artes de pesca protegidas y la comunidad preparada para volver al mar. También los agricultores han reanudado sus actividades agrícolas con renovado fervor.
Para los habitantes de Cagayán, la resiliencia no es solamente una reacción ante las catástrofes, es un compromiso con su comunidad y su modo de vida. Los pescadores, los agricultores y sus familias están demostrando que con preparación, conocimientos técnicos y bayanihan, las comunidades pueden capear incluso las tormentas más poderosas.
Este logro en la acción anticipatoria ha sido posible gracias al generoso apoyo financiero de la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas (ECHO), la República Federal de Alemania a través del Fondo especial para actividades de emergencia y resiliencia (SFERA) de la FAO y el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) de las Naciones Unidas, y refleja años de estrecha colaboración entre el Gobierno de Filipinas y la FAO. El Gobierno de Australia ha proporcionado además fondos para los esfuerzos de recuperación de los medios de vida en la provincia de Cagayán.
La FAO ha lanzado un Llamamiento mundial para la respuesta a emergencias y el fomento de la resiliencia en 2026 con objeto de ayudar a 100 millones de personas en todo el mundo a proteger los sistemas agroalimentarios de los que dependen. Las comunidades de Filipinas forman parte de esos 100 millones. La acción anticipatoria forma ahora parte del enfoque para ampliar las soluciones agrícolas, junto con la asistencia alimentaria y para la nutrición, a fin de alimentar a más personas, de forma más sostenible y a menor costo.
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