Objetivos de Desarrollo Sostenible

Nuevo informe de la FAO presenta un panorama preocupante de los logros de los ODS

Una granja inundada en la región de Afar, Etiopía. © FAO/Michael Tewelde
19/09/2022

Los impactos socioeconómicos adversos de los conflictos, el COVID-19 y el cambio climático retrasan los esfuerzos para lograr la Agenda 2030 

Mientras el mundo se enfrenta a múltiples crisis dominadas por nuevos conflictos, la pandemia de COVID-19, el cambio climático, las crisis económicas y las crecientes desigualdades, se ha detenido o incluso invertido el desarrollo en varios ámbitos, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 

“Si bien el mundo estaba lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluso antes de 2020, en los últimos años se han producido una serie de crisis económicas, políticas y medioambientales que han provocado un retroceso en los progresos realizados en varias dimensiones económicas y sociales, incluidas la seguridad alimentaria y la productividad agrícola”, dijo el Jefe de Estadística de la FAO, Pietro Gennari. “Los desafíos adicionales, como los conflictos armados y la guerra que se desarrolla en Ucrania, el aumento de la inflación y las crecientes desigualdades, la mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, están agravando los impactos socioeconómicos de la pandemia de COVID-19, poniendo en riesgo a los ODS”, añadió. 

El informe, "Seguimiento de los progresos relativos a los indicadores de los ODS relacionados con la alimentación y la agricultura 2022", se publicó al margen del 77º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ofrece análisis detallados y tendencias sobre indicadores seleccionados relevantes para la FAO (para los cuales la FAO es un organismo custodio o contribuyente o tienen implicaciones clave para la alimentación y la agricultura) en ocho ODS (1, 2, 5, 6, 10, 12, 14 y 15), destacando ámbitos de progreso y ámbitos donde se necesita un mayor esfuerzo. El informe es la cuarta evaluación de este tipo de la FAO, basada en los últimos datos y estimaciones disponibles. 

Algunos de los puntos destacados del informe incluyen: 

  • Comparando los avances logrados en 2022 con respecto al año anterior, solo tres indicadores (la conservación de los recursos fitogenéticos, los instrumentos para promover la pesca en pequeña escala y la eficiencia en el uso del agua) registran una mejora notable. En cambio, la inversión en la agricultura se ha estancado, mientras que los indicadores relacionados con la seguridad alimentaria, la sostenibilidad de las poblaciones de peces, la cubierta forestal y el valor añadido de la pesca sostenible se están deteriorando. 

  • Las proyecciones más recientes estiman que el aumento de la inflación y las repercusiones de la guerra en Ucrania podrían resultar en que entre 75 y 95 millones de personas adicionales vivan en pobreza extrema en 2022, en comparación con las proyecciones anteriores a la pandemia. 

  • A pesar de la esperanza de que el mundo saldría más rápido de la crisis y de que la seguridad alimentaria comenzaría a recuperarse de la pandemia en 2021, el hambre aumentó todavía más este año a nivel mundial, tras un repunte acusado en 2020, en plena pandemia del COVID-19. Tras permanecer relativamente estable desde 2015, la prevalencia de la subalimentación pasó del 8,0% en 2019 a cerca del 9,3% en 2020 y siguió aumentando en 2021, aunque a un ritmo menor, hasta alcanzar aproximadamente un 9,8%. 

  • Las estimaciones relativas a la pérdida de alimentos a nivel mundial se mantienen relativamente estables, sin mostrar ningún progreso hacia la meta, y con variaciones notables entre las regiones y subregiones.  

  • El sector agrícola ha sufrido la peor parte de las pérdidas económicas debidas a catástrofes. En 2020, las pérdidas económicas directas atribuidas a catástrofes ascendieron a 15 400 millones de USD, de los cuales 6 800 millones correspondieron a pérdidas agrícolas. 

  • Los productores de alimentos en pequeña escala están por detrás de las de sus homólogos a gran escala, tanto en términos de productividad como de ingresos. En la mitad de los países de los que se dispone de datos, las unidades de producción de alimentos en pequeña escala dirigidas por mujeres obtuvieron unos ingresos de entre el 30% al 50% inferior a los ingresos de las unidades dirigidas por hombres.  

  • La volatilidad de los precios de los alimentos aumentó considerablemente, pasando del 16% en 2019 al 47% en 2020, exacerbada por las medidas tomadas para contener la pandemia de COVID-19, las incertidumbres del mercado y, más recientemente, por el impacto más amplio de la guerra en Ucrania. 

  • Los progresos realizados en lo que respecta a la conservación de la diversidad genética vegetal y animal para la alimentación y la agricultura siguen siendo escasos. Por ejemplo, de todas las razas animales de las que se conoce su situación, el 72% están consideradas en riesgo de extinción. 

  • Las desigualdades de género en los derechos sobre la tierra siguen generalizadas en lo que respecta a la propiedad y/o el control de la tierra. En 29 de los 36 países con datos disponibles, la proporción de mujeres con derechos de propiedad y/o control de la tierra es significativamente inferior a la de los hombres, a pesar de que las mujeres representan alrededor de la mitad de la mano de obra agrícola total en la mayoría de los países. 

  • El nivel mundial de estrés hídrico se mantuvo en 2019 en un nivel seguro del 18,6%; no obstante, esta cifra encierra grandes variaciones entre las distintas regiones de la tierra. Algunas, como África del Norte, Asia Occidental, Asia Central y Asia del Sur padecen de estrés hídrico alto de más de 75%, lo cual supone una amenaza para los progresos relacionados con el desarrollo sostenible. 

  • Si bien se han logrado notables avances en la lucha contra la pesca ilegal, la sostenibilidad de los recursos pesqueros mundiales sigue disminuyendo (del 90% en 1974 al 64,6% en 2019), aunque a un ritmo inferior al de los últimos años. 

  • A pesar de unos avances significativos hacia la gestión forestal sostenible, la pérdida de la superficie forestal sigue siendo elevada (100 millones de hectáreas en los últimos dos decenios).  

  • En los últimos años se ha avanzado mucho en la reducción de las subvenciones a las exportaciones agrícolas en todo el mundo para evitar las distorsiones de los precios. El total de los desembolsos anuales notificados se redujo desde su máximo de 3 840 millones de USD, en 2003, hasta 58 millones de USD en 2019. 

  • El acceso libre de derechos de las exportaciones de los países en desarrollo y menos adelantados a los mercados internacionales ha mejorado en los últimos años, sobre todo en el caso de los productos agrícolas. Sin embargo, el crecimiento general de las exportaciones de los Países Menos Adelantados sigue siendo preocupantemente bajo, inferior al 1% en 2019, una cifra que ha permanecido prácticamente estancada durante 10 años. 

Llamamiento a la acción 

Haciéndose eco del llamado del Secretario General de la ONU, António Guterres, para "un esfuerzo urgente para rescatar los ODS", el nuevo informe de la FAO "Seguimiento de los progresos relativos a los indicadores de los ODS relacionados con la alimentación y la agricultura 2022" identifica numerosos ámbitos que requieren acciones urgentes para que el mundo vuelva a encaminarse para alcanzar los ODS relacionados con la alimentación y la agricultura. El informe enfatiza la necesidad de que los gobiernos nacionales y la comunidad internacional construyan unos sistemas agrícolas más sostenibles; prevengan el aumento del hambre en el mundo y mejoren la productividad de los productores de alimentos de pequeña escala; preserven la diversidad de los recursos genéticos vegetales y animales; y refuercen la resiliencia de los sistemas alimentarios. 

Además, el informe hace un llamamiento a la acción colectiva para ahorrar agua e incrementar la eficiencia del uso del agua en las regiones más afectadas por un alto estrés hídrico; facilitar el comercio internacional de productos agrícolas a través del rediseño e aplicación de medidas no arancelarias; formular políticas orientadas específicamente a la reducción de las pérdidas de alimentos; apoyar a las comunidades pesqueras en pequeña escala y garantizar la gestión sostenible de los océanos; proteger los ecosistemas terrestres, incluso manteniendo el impulso para detener la deforestación y la degradación de los bosques, y restaurar los ecosistemas dañados. 

Aunque muchos países han tomado medidas legislativas para reducir las desigualdades de género, el informe advierte que aún queda mucho que hacer para materializar los derechos de la mujer a la tierra por ley y en la práctica. Del mismo modo, a pesar de los importantes logros, es urgente intensificar los esfuerzos para garantizar que la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) ya no represente una amenaza para la sostenibilidad de la pesca en todo el mundo. 

Para seguir recopilando e informando sobre la información más confiable y actualizada, el informe también destaca la necesidad de mejorar la capacidad estadística de los países para monitorear los ODS. Si bien se ha realizado progresos considerables en la creación de sistemas de datos y estadísticas más sólidos, siguen existiendo importantes deficiencias en los datos de los ODS. Por lo tanto, es crucial aumentar las inversiones para mejorar la recopilación de datos y reforzar su capacidad para generar respuestas más tempranas a las crisis, anticiparse a las futuras necesidades y diseñar las medidas urgentes necesarias para rescatar la Agenda 2030. 

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