Food and Agriculture Organization of the United Nations

16 de octubre de 2026

Día Mundial de la Alimentación

Acabar con el hambre exige un liderazgo que convierta la innovación en un bien público duradero. Los gobiernos tienen la responsabilidad singular de configurar políticas, determinar inversiones y concebir instituciones que garanticen que los sistemas agroalimentarios ofrezcan alimentos asequibles y nutritivos para todos, especialmente ante las perturbaciones relacionadas con el clima, los conflictos y las conmociones económicas. Esto exige una actuación coherente e intersectorial que refuerce la gobernanza, erradique la pobreza y el hambre, reduzca las desigualdades, promueva la agricultura sostenible, amplíe el acceso a alimentos inocuos y nutritivos, defienda los derechos humanos y fomente el desarrollo sostenible.

Los gobiernos necesitan dar prioridad a un enfoque normativo integrado, atento a la nutrición y basado en datos comprobados en materia de alimentación saludable, que se sustente en las Directrices sobre el derecho a la alimentación. Las leyes y las políticas deberían basarse en datos y en la ciencia para defender el derecho a la alimentación para todos y, en particular, para los grupos vulnerables. Los gobiernos deberían establecer objetivos normativos claros basados en la evaluación de las necesidades en materia de seguridad alimentaria, nutrición e inocuidad de los alimentos empleando sistemas de vigilancia sólidos, al tiempo que promueven el crecimiento económico inclusivo y el desarrollo sostenible de los mercados agrícolas y de alimentos.

Una gobernanza eficaz requiere instituciones transparentes, basadas en la ciencia y en datos comprobados, que rindan cuentas y posibiliten a las personas alimentarse con libertad y dignidad. Esto incluye garantizar el acceso equitativo a los recursos naturales; fortalecer los sistemas de datos para la gobernanza de la tierra y los recursos; fomentar la toma de decisiones inclusiva que involucre a las comunidades locales, los Pueblos Indígenas, las mujeres y los jóvenes y establecer asociaciones público-privadas con mecanismos de rendición de cuentas.  

En el enfoque de “Una sola salud” se reconoce que la salud de las personas, los animales, las plantas y el medioambiente está estrechamente relacionada: los gobiernos deberían invertir en ciencia, innovación y tecnologías de alerta temprana para prevenir y controlar las plagas y enfermedades de plantas y animales y las zoonosis, hacer frente a la resistencia a los antimicrobianos, garantizar la seguridad alimentaria y enfrentarse a las amenazas para la salud ambiental. Esto requiere fortalecer las organizaciones nacionales mediante capacitación, normas internacionales, vigilancia digital, diagnósticos, intercambio de datos y una infraestructura que posibilite responder de manera oportuna y basada en datos comprobados, al tiempo que se mantienen prácticas agrícolas sostenibles.

Apoyándose en el derecho a la alimentación, los gobiernos deberían elaborar, actualizar y aplicar guías alimentarias basadas en alimentos y normas de inocuidad de los alimentos que se fundamenten en datos científicos y estén integradas en las estrategias de seguridad alimentaria y nutrición. Esas guías deberían servir de base a los programas escolares de alimentación y nutrición, la compra institucional de alimentos y la asistencia alimentaria. Se necesita un liderazgo político decidido para lograr que se asuman en todos los sectores, junto con incentivos para que el sector privado procure alimentos más saludables y producidos de manera sostenible.

Los gobiernos deberían fortalecer la cooperación mundial y velar por que, de conformidad con el derecho internacional humanitario, el acceso a la ayuda humanitaria y a la asistencia agrícola de emergencia se produzcan en condiciones de seguridad, en tiempo oportuno y sin trabas, lo que incluye contribuir a las evaluaciones de necesidades basadas en datos comprobados, la acción anticipatoria y los mecanismos innovadores de ejecución con miras a alcanzar a las poblaciones afectadas por crisis y perturbaciones. 

Los gobiernos deben formular políticas para prestar apoyo a los pequeños productores mejorando el acceso a la financiación, los mercados, los servicios, los datos y las innovaciones y tecnologías apropiadas, al tiempo que invierten en infraestructura rural. Deberían ampliarse los enfoques participativos, inclusivos y equitativos, como las escuelas de campo para agricultores, combinando los conocimientos científicos con las prácticas locales y tradicionales con miras a incrementar la productividad, la resiliencia y los medios de subsistencia.  

Con miras a prepararse mejor para las conmociones y responderlas con mayor suficiencia, los gobiernos necesitan adoptar, con respecto a la resiliencia, un enfoque de los sistemas agroalimentarios amplio y con base científica que integre la información sobre los riesgos climáticos, la reducción del riesgo de desastres y la sostenibilidad ambiental. Las inversiones deberían centrarse en la restauración de la tierra, la gestión del agua, la salud del suelo y la adaptación al clima utilizando la innovación y los datos para reforzar la preparación, la acción temprana y la resiliencia a largo plazo. 

Los gobiernos necesitan consolidar sistemas de protección social reactivos frente a emergencias que sean adaptativos y estén basados en datos y armonizados con los objetivos en materia de seguridad alimentaria y nutrición. Una protección social bien concebida es una inversión que favorece los medios de subsistencia, amortigua las conmociones, evita que las crisis se intensifiquen y contribuye a establecer sistemas agroalimentarios inclusivos y resilientes.

El Codex Alimentarius establece normas basadas en principios científicos para la seguridad alimentaria y la reglamentación en materia de etiquetado nutricional. Una implementación eficaz exige la aplicación de la normativa, la vigilancia y la innovación en materia de etiquetado y comunicación, junto con sensibilización y educación del público para contribuir a que los consumidores adopten decisiones informadas y cambios de comportamiento.

Los gobiernos deberían dar prioridad a políticas eficaces, basadas en hechos comprobados y en los ecosistemas que promuevan la nutrición, la diversidad alimentaria y la sostenibilidad, desde los cultivos, la ganadería y la pesca hasta la agroforestería. Para alentar a los agricultores a adoptar prácticas sostenibles es decisivo proporcionarles capacitación, innovación, instrumentos digitales y, cuando proceda, incentivos financieros que estén en consonancia con los objetivos ambientales y climáticos. 

Es necesario alentar a los consumidores a que elijan alimentos más saludables mediante campañas de concienciación pública, educación nutricional en las escuelas, intervenciones comunitarias e información en los puntos de venta, así como prácticas claras y coherentes de etiquetado de los alimentos. Los tabúes alimentarios nocivos y las normas sociales discriminatorias deberían afrontarse recurriendo a los datos comprobados, el diálogo y los enfoques inclusivos. Los gobiernos necesitan asociarse con el mundo académico, la sociedad civil e instituciones independientes para fomentar la confianza y proteger los derechos de los consumidores.

La ciencia, la tecnología y la innovación, combinadas con el conocimiento tradicional, son factores poderosos que impulsan la transformación de los sistemas agroalimentarios. Los gobiernos deben invertir en la infraestructura, la educación y las instituciones que la hacen posible: financiar los servicios de investigación y extensión, promover el aprendizaje de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, reforzar los sistemas nacionales de innovación y crear políticas y marcos reglamentarios propicios. Al colaborar con las comunidades científicas y tratar la innovación y la tecnología como bienes públicos mundiales, al tiempo que se adaptan a los contextos locales y se salvaguarda la biodiversidad y la salud de los ecosistemas, los gobiernos pueden lograr que los nuevos conocimientos beneficien a todos.  

Colaborar con la FAO para transformar los sistemas agroalimentarios mediante el apoyo a las políticas basadas en la ciencia, la innovación, el desarrollo de la capacidad y el diálogo inclusivo. La FAO puede prestar apoyo a los Miembros mediante la asistencia técnica, el fortalecimiento de la gobernanza, la cooperación Sur-Sur y triangular y la orientación en materia de políticas del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial con miras a promover el derecho a la alimentación y garantizar una vida y un futuro mejores para todos.