Preguntas frecuentes sobre la transformación de los sistemas agroalimentarios
En esta lista se responden preguntas que se plantean frecuentemente acerca de los términos, los significados y los procesos de transformación de los sistemas agroalimentarios.
El primer conjunto de preguntas se refiere a términos y significados relevantes para dicha transformación. El segundo conjunto se refiere a esta transformación entendida como un proceso práctico. Las respuestas se basan en ejemplos reales de países que están encabezando el cambio. Estos ejemplos se han publicado en la guía práctica Transformar la alimentación y la agricultura mediante un enfoque de sistemas.
Conceptos clave y definiciones
Los sistemas agroalimentarios son redes de componentes interconectados que participan en el recorrido de los alimentos desde la explotación agrícola hasta la mesa. Esto incluye la forma en que los alimentos se crían, cultivan, pescan, cosechan, elaboran, envasan, transportan, distribuyen, comercializan, adquieren, preparan, consumen, eliminan y reutilizan. Los sistemas agroalimentarios incorporan asimismo los productos no alimentarios de tipo agrícola, forestal y pesquero que también constituyen medios de vida, así como todas las personas, actividades, inversiones y decisiones implicadas (FAO, 2021a).
Estos sistemas están compuestos por distintos subsistemas, como los subsistemas de semillas, de piscicultura, de inocuidad alimentaria, de alimentación escolar o de gestión de residuos. Dichos subsistemas, a su vez, funcionan como componentes interconectados que actúan conjuntamente para cumplir funciones específicas dentro de un sistema agroalimentario más amplio (FAO, 2025).
Además, los sistemas agroalimentarios interactúan con otros sistemas interrelacionados y dependen de ellos, como los sistemas medioambientales (tierra y agua), económicos, sanitarios y sociales.
La manera como estos componentes, subsistemas y sistemas interrelacionados se conectan y funcionan conjuntamente determina los resultados que generan los sistemas agroalimentarios. Estos resultados son, por ejemplo, la productividad agrícola, las dietas y la salud, la sostenibilidad ambiental, el género y otras formas de inclusión, así como el crecimiento económico, los empleos y los medios de vida.
Los sistemas agroalimentarios operan a múltiples escalas: mundial, regional, nacional y local. No existe un único sistema agroalimentario, sino una diversidad de "sistemas dentro de sistemas" que están interconectados y actúan en todos estos niveles.
Los sistemas agroalimentarios son más amplios que los "sistemas alimentarios", ya que engloban otros productos agrícolas, como biocombustibles, fibras, productos forestales madereros y no madereros, productos del mar y otros recursos naturales y materias primas, así como todo lo relacionado con ellos. En la Constitución de la FAO, el término "agricultura" y sus derivados comprenden la agricultura, la ganadería, la pesca, los productos del mar, la acuicultura, los bosques y los productos primarios forestales.
Estos productos no alimentarios son importantes porque forman parte de la economía agrícola, influyen en los medios de vida rurales y afectan a la tierra, el agua y la sostenibilidad ambiental. Todos estos elementos tienen repercusión en el suministro de alimentos a escala mundial y aportan recursos necesarios para el acceso a los mismos.
El término "sistema agroalimentario" corresponde a una panorámica más amplia que muestra cómo están conectados los productos agrícolas alimentarios y los no alimentarios. Esta concepción holística puede ayudar a mejorar la toma de decisiones en los sistemas agroalimentarios y a dar perspectivas a más largo plazo.

La seguridad alimentaria, que existe cuando todas las personas tienen en todo momento acceso a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para llevar una vida activa y sana (FAO, 1996), es el objetivo fundamental de los sistemas agroalimentarios. Los sistemas agroalimentarios y su transformación son los medios para alcanzar dicho objetivo.
En el pasado, las actividades encaminadas a paliar la inseguridad alimentaria mediante los sistemas agroalimentarios se centraban, sobre todo, en aumentar la disponibilidad de alimentos básicos, como el trigo, el arroz y el maíz. Aunque este enfoque mejoraba el suministro, no afrontaba otros aspectos críticos, como el acceso equitativo, las dietas saludables, la inocuidad de los alimentos, la resiliencia y la sostenibilidad ambiental. El énfasis en la producción de alimentos básicos reflejaba una interpretación estrecha de lo que se necesitaba, y pasaba por alto motores más profundos, como una tenencia poco clara de la tierra, la desigualdad de género, el cambio climático, la escasez de agua, la pobreza y los conflictos.
Para mejorar realmente la seguridad alimentaria y la nutrición, los sistemas agroalimentarios deben funcionar como sistemas cohesionados e interrelacionados que produzcan alimentos inocuos y nutritivos; apoyen a los agricultores y los trabajadores; creen cadenas de suministro resilientes que garanticen el acceso, permitan una nutrición saludable, mitiguen el cambio climático, promuevan la inclusión de género y de las personas jóvenes y, por último, conserven, restauren y hagan un uso sostenible de la biodiversidad. Tienen que empoderar a las personas dotándolas de la capacidad de acción necesaria para tomar decisiones sobre su nutrición y sus medios de vida.
Para alcanzar este objetivo, se precisan cambios fundamentales en los sistemas agroalimentarios y sistemas relacionados, como la tierra, la salud, la protección social, la educación y los sistemas económicos. La transformación tiene que llegar a toda la cadena –desde la producción y la elaboración hasta la distribución y la venta al por menor– mediante una acción sistémica e interconectada. De ahí que adoptar un enfoque de sistemas sea imprescindible para una seguridad alimentaria significativa y duradera.
Un sistema es un conjunto de componentes interconectados que interactúan de forma dinámica para generar múltiples resultados (FAO, 2025). En la alimentación y la agricultura están entrelazadas numerosas actividades, componentes y personas, por lo que, si se producen cambios en una parte del sistema, esto influye en los resultados de otras. Estas interacciones generan sinergias y compensaciones recíprocas. Los fertilizantes y los plaguicidas, por ejemplo, pueden aumentar el rendimiento de los cultivos, pero también degradar el suelo y contaminar el agua si se utilizan en exceso. Del mismo modo, las políticas que promueven los biocombustibles pueden reducir la tierra disponible para el cultivo alimentario, lo que podría mermar la disponibilidad de alimentos. En resumidas cuentas, algunos cambios pueden beneficiar la seguridad alimentaria en un área a corto plazo, pero generar desafíos más amplios a largo plazo.
Concebir la alimentación y la agricultura como un sistema nos ayuda a entender qué es necesario para brindar seguridad alimentaria y nutrición a todos. Cuando las políticas y las acciones se refuerzan mutuamente, y cuando los riesgos y las oportunidades derivados de estas interacciones se gestionan activamente, los sistemas agroalimentarios pueden cumplir múltiples objetivos, por ejemplo, adoptar prácticas agrícolas sostenibles que eviten aclarear nuevos terrenos y ayuden a proteger los bosques sin reducir la productividad agrícola (Dupong et al., 2025).
Los sistemas alimentarios sostenibles son sistemas alimentarios que proporcionan seguridad alimentaria y nutrición para todos de manera que no se pongan en peligro las bases económica, social y ambiental que generarán seguridad alimentaria y nutrición para las generaciones futuras (HLPE, 2014). Estos sistemas se asientan en tres pilares:
- Sostenibilidad económica: proporcionar un valor económico y medios de vida dignos y viables para las personas involucradas.
- Sostenibilidad social: generar beneficios que lleguen a todos, promover la equidad y la cohesión social y mejorar la nutrición y la salud.
- Sostenibilidad ambiental: conservar, restaurar y hacer un uso sostenible de los recursos naturales y la biodiversidad, fortalecer la resiliencia y minimizar el daño al entorno.
En FAO (2014) se definieron cinco vías clave para conseguir la sostenibilidad en la alimentación y la agricultura:
- Un uso más eficiente de los recursos.
- La conservación, la protección y el mejoramiento de los ecosistemas naturales.
- La protección y el mejoramiento de los medios de vida, la equidad y el bienestar social en el medio rural.
- Una mayor resiliencia de las personas, las comunidades y los ecosistemas.
- El fomento de mecanismos de gestión responsable y efectiva de los sistemas naturales y humanos.
La finalidad de los sistemas agroalimentarios es garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición, pero su función va mucho más allá de suministrar comida suficiente. Cuando estos sistemas funcionan bien, producen un conjunto de resultados interconectados e interdependientes en las dimensiones económica, social, sanitaria y ambiental.
Estos resultados son:
- una agricultura productiva y sostenible;
- dietas saludables, alimentos inocuos y una mejor nutrición y salud;
- medios de vida dignos y crecimiento económico sostenible;
- igualdad de género, implicación de la juventud y otras formas de inclusión social;
- sostenibilidad y capacidad de recuperación ambiental.
Los sistemas agroalimentarios efectivos son eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, y pueden resistir y adaptarse al cambio climático, las perturbaciones económicas y los conflictos sin dejar de satisfacer las necesidades humanas. La FAO condensa estos resultados deseados mediante un marco de cuatro mejoras: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás. Conjuntamente, estos resultados son la base para hacer efectivo el derecho a una alimentación adecuada y convierten los sistemas agroalimentarios en un elemento central para la consecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Reconociendo el potencial de los sistemas agroalimentarios para brindar beneficios integrados a las personas, el planeta y la prosperidad, el Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible ha señalado estos sistemas como una de las seis transiciones clave que requieren inversión específica para impulsar el cambio transformador hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La incapacidad de los sistemas agroalimentarios de satisfacer las expectativas, y la frustración consiguiente, ha hecho que muchos críticos los consideren "quebrados".
Sin embargo, los sistemas agroalimentarios siguen suministrando diariamente grandes cantidades de alimentos y de productos agrícolas en muchos lugares del mundo. El problema de base es que estos sistemas no fueron diseñados para alcanzar un equilibrio en la consecución de todos los resultados que se espera que proporcionen actualmente, a saber: el acceso equitativo a alimentos inocuos y saludables, la igualdad de género, empleos dignos, sostenibilidad y capacidad de recuperación ambiental. Desde este punto de vista, muchos sistemas pueden parecer productivos o rentables, pero no satisfacen necesidades sociales más amplias y, al mismo tiempo, merman la resiliencia a largo plazo.
Este desempeño deficiente se aprecia mejor cuando los resultados están desequilibrados o son contradictorios. Hay sistemas, por ejemplo, que producen grandes cantidades de alimentos nocivos o con escaso valor nutricional, que causan degradación ambiental o pérdida de biodiversidad, que permiten la pérdida y el desperdicio de alimentos, que generan beneficios económicos que se reparten de manera desigual, que dependen de mano de obra mal pagada o sin medidas de seguridad, o que facilitan dietas saludables a grupos de población acomodados, pero que son inaccesibles para grupos desfavorecidos.
Estos patrones no se deben a fallos aislados, sino a desafíos sistémicos, por ejemplo:
- la falta de componentes o un funcionamiento anómalo de estos (p. ej., normas cuyo cumplimiento no se impone; mercados de alimentos nutritivos que no llegan a poblaciones desfavorecidas);
- subsistemas fallidos (p. ej., cadenas comerciales fragmentadas o excluyentes);
- conexiones débiles o distorsionadas (p. ej., escalas de precios o incentivos que premian el daño al medio ambiente);
- relaciones clave descuidadas (p. ej., entre la agricultura y los ecosistemas, o dinámicas de poder muy concentradas);
- fallos de gobernanza y de rendición de cuentas (p. ej., priorizar la eficiencia o la rentabilidad sin proteger los resultados sociales y ambientales).
No es que los sistemas agroalimentarios estén "quebrados", es que no se han ajustado lo suficiente para proporcionar múltiples resultados interconectados de manera equitativa. Para corregir estos defectos, hay que rediseñar y realinear deliberadamente la forma en que estos sistemas funcionan. Esta es la esencia de la transformación de los sistemas agroalimentarios.
La transformación de los sistemas agroalimentarios es un proceso deliberado y continuo de cambio en el funcionamiento de estos sistemas, orientado a lograr mejoras sostenidas y a gran escala de múltiples resultados interconectados, como la nutrición y la salud, la sostenibilidad ambiental y empleos y medios de vida dignos. Aunque las perturbaciones pueden acelerar este proceso, la transformación suele surgir del efecto acumulado de diversas medidas adoptadas a lo largo del tiempo. Al acelerar el avance hacia estos objetivos, los sistemas agroalimentarios transformados pueden mejorar significativamente la seguridad alimentaria de las generaciones presentes y futuras.
La transformación es un proceso que obliga a reconocer explícitamente las compensaciones recíprocas y a gestionarlas. Implica cambios sistémicos en el propósito, la estructura y las relaciones de los sistemas agroalimentarios, es decir, cambios fundamentales en su funcionamiento. Esto significa que hay que replantearse la toma de decisiones, quién está involucrado, cómo fluyen el dinero y las inversiones, y qué tipos de resultados se valoran.
La transformación de los sistemas agroalimentarios se diferencia de otras transformaciones de la alimentación y la agricultura en el amplio alcance de la primera, que tiene cuenta los resultados económicos, sociales y ambientales de manera holística, así como en su orientación normativa, es decir, su priorización de los resultados que los sistemas agroalimentarios deberían proporcionar.
Estas prioridades no son las mismas que en la transformación agrícola y la rural, por ejemplo, que se refieren a procesos de cambio continuados y estructurales. La transformación agrícola se refiere específicamente al paso de una agricultura de subsistencia a un sector agrícola moderno y comercial (FAO, 2017). La transformación rural implica cambios de gran alcance en los medios de vida rurales, las infraestructuras, los servicios y la diversificación económica (FAO, 2017).
Aunque estas dos transformaciones son importantes y continuadas, difieren del concepto normativo de la transformación de los sistemas agroalimentarios, que se centra en cambiar deliberadamente el funcionamiento del sistema agroalimentario en su conjunto para conseguir una serie de objetivos deseables.
Este concepto también se puede aplicar a subsistemas concretos. La transformación de los alimentos acuáticos, por ejemplo, consiste en maximizar la contribución de la pesca y la acuicultura a la mejora de resultados como la nutrición, los medios de vida y la sostenibilidad ambiental.
Un enfoque de sistemas para la alimentación y la agricultura es una manera de pensar, actuar y colaborar que tiene en cuenta las interconexiones entre los componentes y los resultados del conjunto de los sistemas agroalimentarios y los sistemas interrelacionados (FAO, 2025). Su propósito es transformar el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios de manera que puedan alcanzar y mantener múltiples objetivos interrelacionados a gran escala. Esto es lo que llamamos "transformación de los sistemas agroalimentarios".
Aunque es importante identificar aquello que debe cambiar, un enfoque de sistemas se centra en cómo se produce el cambio y en la forma como se toman las decisiones para hacerlo posible, lo cual mejora la alineación de todos los elementos. Esto contrasta con un enfoque compartimentado, en el que los problemas se tratan de manera aislada sin considerar sus interconexiones, lo que suele generar desajustes, efectos imprevistos o compensaciones recíprocas (IPBES, 2024).
Un enfoque convencional no aprovechará la capacidad de los sistemas agroalimentarios de brindar soluciones a muchos de los acuciantes problemas de la actualidad. En cambio, un enfoque de sistemas una brinda una vía práctica para conseguir soluciones más efectivas en los sistemas agroalimentarios, al facilitar que los encargados de tomar decisiones...
- prioricen las acciones que puedan surtir más efecto;
- permitan un uso más eficiente de los recursos aunando esfuerzos que, de otro modo, se fragmentarían;
- apliquen soluciones integradas que afronten conjuntamente las causas interrelacionadas;
- promuevan acciones que reporten beneficios en múltiples objetivos, como la nutrición, la economía y el medio ambiente;
- mejoren la coherencia de las políticas de sectores diferentes, como la agricultura, la silvicultura y la pesca;
- identifiquen las consecuencias recíprocas y ayuden a gestionar los efectos imprevistos y las dinámicas de poder subyacentes.
Un enfoque de sistemas también ayuda a superar los impedimentos que resultan de pensar, actuar y colaborar de forma compartimentada. Con un pensamiento lineal, por ejemplo, es fácil pasar por alto la manera como un problema está relacionado con otros. Una financiación no coordinada que se centra en productos a corto plazo dentro de mandatos estrechos no fomenta la colaboración entre sectores. Las políticas y las acciones aisladas dan lugar a ineficiencias, luchas por el poder, duplicidades y oportunidades perdidas.
Estos beneficios se ejemplifican en programas de alimentación escolar que están diseñados para tener en cuenta la nutrición de los niños, la infraestructura de suministro, la inocuidad de los alimentos, el costo, los agricultores familiares locales, la sostenibilidad ambiental y el género de los alumnos. Si se considera solamente uno de los elementos anteriores, se pueden obtener resultados más rápidamente en un ámbito reducido, pero aplicar un enfoque más amplio e interconectado puede no solo mejorar las dietas de los niños, sino también convertirse en la palanca de un cambio más generalizado a largo plazo, que produciría resultados sostenibles y de vasto alcance que fortalecerían los sistemas agroalimentarios de los cuales dependen las generaciones futuras.
Adoptar un enfoque de sistemas implica hacer cambios en la forma como las personas y las instituciones piensan, actúan y colaboran. Significa pasar de acciones fragmentadas a una acción coordinada para solucionar problemas complejos. Los aprendizajes extraídos de las políticas, la práctica y la ciencia de sistemas apuntan a seis elementos básicos interrelacionados que diferencian a un enfoque de sistemas de un enfoque compartimentado. Los seis elementos elementos de un enfoque de sistemas se definen en la guía práctica Transformar la alimentación y la agricultura mediante un enfoque de sistemas" (FAO, 2025):
![]() | Pensamiento sistémico Comprender cómo están conectadas las cosas y quién debe participar. Con esta mentalidad fundacional, las personas son capaces de ver interconexiones, crear visiones compartidas e identificar puntos de entrada estratégicos. Resulta esencial para reconocer la forma en que los componentes de los sistemas se influyen mutuamente y para identificar a las personas y las instituciones cuyas acciones son decisivas para propiciar un cambio sistémico. |
![]() | Conocimiento sistémico Trabajar de forma conjunta para comprender las causas, los efectos y los factores que frenan el cambio. Esto implica generar y utilizar datos para comprender las causas interconectadas y la forma en que las acciones dan lugar a múltiples resultados. Incorpora varias fuentes de conocimiento, incluidas las experiencias vividas por las personas, para identificar los impedimentos y facilitar previsiones a la acción estratégica. |
![]() | Gobernanza sistémica Compartir la toma de decisiones, colaborar entre sectores y abordar los desequilibrios de poder. Esto supone articular los esfuerzos de los múltiples sectores y actores involucrados en la transformación de los sistemas agroalimentarios, mediante un liderazgo distribuido, una planificación inclusiva y procesos para afrontar los conflictos. |
![]() | Acción sistémica Aplicar medidas que se refuercen mutuamente y generen resultados de mayor alcance. Esta práctica consiste en plasmar una visión compartida en una acción coherente y conjunta. Implica alinear diversas políticas y acciones en carteras que generen beneficios colaterales, gestionar las compensaciones recíprocas y evitar crear nuevos problemas. |
![]() | Inversión sistémica Financiar la visión de conjunto, no solo proyectos a corto plazo. Esto implica movilizar y dirigir recursos en pro de una transformación a largo plazo. Requiere una financiación sostenida, flexible y coordinada por parte de varias fuentes, y debe estar a la altura de la complejidad y la duración del proceso de cambio sistémico. |
![]() | Aprendizaje sistémico Aprender, ajustar y difundir lo que funciona. Esta práctica consiste en integrar el aprendizaje y la adaptación continuos en todas las actividades. Dado que los sistemas agroalimentarios son dinámicos e imprevisibles, supone incorporar el aprendizaje colectivo sobre la marcha para ajustar las acciones y mejorar los resultados. |
Estos seis elementos son interdependientes y se refuerzan mutuamente, y su poder transformador radica en cómo interactúan entre sí. El pensamiento sistémico es la base de la acción sistémica, que sería imposible sin conocimientos, gobernanza ni inversiones. El aprendizaje facilita la adaptación, mientras que el liderazgo y la innovación aceleran el proceso. El enfoque de sistemas también es conveniente para la agenda de los sistemas agroalimentarios.
Han surgido numerosos conceptos y prácticas que reconocen explícitamente las interconexiones particulares en los sistemas agroalimentarios a fin de afrontar desafíos definidos. Suelen ir acompañados de métodos y herramientas que se han diseñado para apoyar la aplicación de dichos conceptos y prácticas dentro de su esfera prioritaria específica. He aquí algunos ejemplos:
- Los sistemas de innovación agrícola (SIA) sitúan la innovación agrícola dentro del sistema más amplio de actores, relaciones, instituciones y condiciones propicias que marcan cómo se desarrollan, adaptan y utilizan las nuevas tecnologías, prácticas y formas de organización.
- La agroecología fomenta sinergias entre los cultivos, el ganado, los suelos y los ecosistemas para mejorar la eficiencia, la resiliencia y los medios de vida, y reconoce las interconexiones entre la alimentación, la identidad y la comunidad.
- La bioeconomía consiste en gestionar los recursos biológicos y los conocimientos y la innovación correspondientes a fin de proporcionar productos y servicios sostenibles en cualquier sector y de facilitar una transición hacia una economía sostenible.
- Un enfoque de economía circular enlaza el uso de los recursos, la gestión de los residuos, el ciclo de los elementos nutritivos y los modelos de negocio para reducir los residuos y regenerar los recursos naturales.
- Un enfoque ecosistémico pesquero (EEP) sitúa la pesca dentro de un sistema ecológico, social y económico integrado para conseguir un equilibrio entre la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de los recursos, los medios de vida y la seguridad alimentaria mediante una gestión coordinada.
- Los servicios ecosistémicos para la producción sostenible de cultivos entienden las explotaciones agrícolas como sistemas socioecológicos y alinean las prácticas con servicios ecosistémicos (p. ej., la salud del suelo, la polinización y el control de plagas) para que la productividad vaya de la mano de la sostenibilidad y la resiliencia.
- El nexo acción humanitaria y desarrollo se refiere al vínculo entre la asistencia humanitaria y el trabajo por el desarrollo a largo plazo, también en la alimentación y la agricultura, y reconoce que las crisis y los desafíos para el desarrollo están interconectados y precisan enfoques complementarios.
- Los sistemas alimentarios de los Pueblos Indígenas son enfoques biocéntricos basados en los sistemas de dichos pueblos y consideran que los ecosistemas y sus cohabitantes, tanto humanos como no humanos, están conectados intrínsecamente.
- En el manejo integrado del paisaje se coordinan la tierra, el agua, la biodiversidad y la producción dentro de un territorio definido, como si de un sistema interconectado se tratara, para alcanzar un equilibrio entre la seguridad alimentaria, los medios de vida, los servicios ecosistémicos y la resiliencia al cambio climático.
- El desarrollo de sistemas de mercado trata los mercados como sistemas dinámicos formados por actores, reglas y funciones de apoyo, y modifica incentivos y capacidades a fin de mejorar la inclusión, los medios de vida y la sostenibilidad.
- "Una sola salud" es un enfoque unificador integrado que procura equilibrar y optimizar de manera sostenible la salud de las personas, los animales y los ecosistemas.
- El enfoque de la cadena de valor alimentaria sostenible (CVAS) vinculan la demanda institucional con la producción y las cadenas de suministro locales para dirigir los resultados de los sistemas agroalimentarios hacia una mejor nutrición, medios de vida más dignos y una mayor sostenibilidad.
- Los enfoques territoriales tratan los lugares como sistemas socioeconómicos y ecológicos integrados, y coordinan las intervenciones intersectoriales para lograr un equilibrio entre el crecimiento, la inclusión y la gestión ambiental dentro de una ubicación definida.
Procesos de aplicación
La transformación puede empezar en cualquier punto de los sistemas agroalimentarios en función del contexto y las prioridades. Por ejemplo, un país podría priorizar el subsistema de la pesca o utilizar un punto de entrada de un subsistema estratégico (p. ej., mercados, comidas escolares o una política de fertilizantes) para producir cambios positivos en el conjunto del sistema.
Siempre empieza con un cambio de mentalidad: se pasa de ver el sistema como un conjunto de intervenciones o componentes aislados a entenderlo como una entidad interconectada y dotada de una finalidad. En este "pensamiento sistémico" se basan los pasos iniciales, que son los siguientes:
- Establecer una visión compartida. Reunir a actores diversos –sectores gubernamentales, el sector privado, la sociedad civil y otros– para elaborar conjuntamente una visión compartida de los sistemas agroalimentarios. Esto es fundamental porque las partes interesadas tienen intereses y perspectivas diferentes y ostentan niveles de poder desiguales. En el proceso de definir visiones compartidas, los participantes conocen otros puntos de vista, lo que les permite hallar interconexiones y ver más allá de los mandatos individuales. Da espacio para reflexionar sobre prioridades contradictorias, alinearse y trazar un rumbo compartido hacia objetivos a largo plazo para el conjunto del sistema. Por ejemplo, los Diálogos sobre los Sistemas Alimentarios que se entablaron con motivo de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021 fueron un proceso de visualización que permitió a los participantes conocer otras partes del sistema.
- Diagnosticar el sistema. Llevar a cabo un análisis exhaustivo del sistema agroalimentario nacional y de los sistemas o subsistemas locales para comprender sus dinámicas, sus puntos fuertes y débiles, e identificar oportunidades y puntos de entrada claves que podrían ayudar a desencadenar un cambio transformador. Por ejemplo, la iniciativa SCOPE de la FAO ayuda a los países a catalogar estas interconexiones y a identificar oportunidades y desafíos sistémicos en la fase decisiva de la formulación o revisión de sus respectivos análisis comunes (CCA) y sus Marcos de Cooperación (UNSDCF), u otras ventanas de oportunidad importantes. El proceso de diagnóstico revela dónde es más necesaria la acción y dónde podría provocar las reacciones en cadena más sistémicas.
- Identificar puntos de entrada prioritarios para el cambio. Definir prioridades clave para el cambio en aquellos puntos en los que pequeñas acciones bien enfocadas puedan desencadenar grandes cambios positivos en todo el sistema. Estos puntos de entrada estratégicos se pueden hallar mediante diagnósticos que revelen causas profundas, vulnerabilidades y puntos claves. Por ejemplo, la implantación de programas de alimentación escolar bien diseñados en las escuelas pueden causar efectos en cadena en la infraestructura de la cadena de suministro, en la capacidad de proporcionar alimentos inocuos, en los negocios dirigidos por mujeres, en los medios de vida de los agricultores y en la sostenibilidad ambiental.
- Planificación conjunta. Diseñar y realizar intervenciones que tengan en cuenta las compensaciones recíprocas y las sinergias entre múltiples objetivos (p. ej., la nutrición, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico). En este proceso debería considerarse cómo se refuerzan mutuamente las acciones en lugar de causar efectos imprevistos. Sin embargo, pueden producirse tensiones entre prioridades contradictorias. Por lo tanto, hay que ir con cuidado y recurrir a la facilitación. Como ejemplo, varios países han emprendido procesos de planificación intergubernamentales y multisectoriales para diseñar estrategias nacionales para los sistemas agroalimentarios
Para elaborar una visión compartida para la transformación de los sistemas alimentarios, hay que reunir a personas de varios sectores a fin de averiguar cómo están conectados sus objetivos y sus acciones. A menudo se empieza por organizar diálogos y talleres intersectoriales donde los participantes puedan compartir perspectivas, identificar interrelaciones y replantear problemas y soluciones conjuntamente. Este proceso ayuda a todos a formarse una visión de conjunto y a comprender el valor de colaborar por objetivos compartidos y a largo plazo. La creación conjunta es fundamental. Es importante facilitar debates inclusivos en los que puedan participar todos los colectivos relevantes, incluidos los jóvenes, los responsables de las políticas, el sector privado, la sociedad civil y las personas que hayan experimentado problemas agroalimentarios. Herramientas prácticas como el mapeo de sistemas o el modelado participativo pueden ser útiles para visualizar las conexiones y realzar las prioridades compartidas.
Para transformar los sistemas alimentarios, hay que trabajar con múltiples ministerios aplicando enfoques que sean adecuados para la estructura particular de cada gobierno nacional o local. Por lo general, órganos gubernamentales diferentes tratan aspectos distintos de los sistemas agroalimentarios. Las prioridades y la especialización de dichos órganos podrían hacer que las responsabilidades quedaran compartimentadas. Cuando los ministerios de Agricultura, Sanidad, Comercio y Medio Ambiente afrontan temas relacionados con la alimentación de los cuales son responsables por separado, pueden pasar por alto que sus acciones afectan los objetivos de los demás. Esta fragmentación puede resultar en políticas incoherentes y hacer perder oportunidades de lograr más repercusión. Incluso puede causar efectos negativos imprevistos en otro sector.
Muchos países están usando una "gobernanza sistémica" para crear estructuras que reduzcan la compartimentación en los sistemas agroalimentarios. Una opción consiste en diseñar un mecanismo formal de liderazgo intergubernamental que enlace a los ministerios con las personas interesadas alrededor de una visión compartida y puntos de entrada estratégicos claros. Un órgano de este tipo puede coordinar la planificación conjunta, alinear los presupuestos y monitorear los progresos mediante indicadores relacionados con las dietas, los medios de vida, el medio ambiente y la equidad, lo que ayudaría a los sectores a apreciar su repercusión conjunta. Las prácticas de liderazgo distribuido, como las presidencias rotatorias o la facilitación compartida, pueden fortalecer la rendición de cuentas y la propiedad colectiva. Por su parte, los informes de evidencia integrados y los procesos de gestión de conflictos aseguran que todos los implicados trabajen con los mismos datos y traten las compensaciones recíprocas de manera franca. Otra estrategia consiste en utilizar el propio proceso de planificación como mecanismo para evitar la compartimentación. Promover la integración de la agenda de los sistemas agroalimentarios dentro de un ministerio transversal de alto nivel (p. ej., la Oficina del Primer Ministro) también puede ayudar a eliminar la compartimentación en el gobierno en cuestión.
Ya sea mediante estructuras formales, procesos de planificación conjunta, la elaboración alineada de presupuestos o el desarrollo de relaciones informales, la clave es crear un espacio para pasar de las responsabilidades fragmentadas a un agenda compartida, facilitando una mayor coherencia de las políticas, que es necesaria para la transformación de los sistemas agroalimentarios.
Para involucrar a personas, grupos o instituciones que tengan intereses contradictorios, primero hay que aceptar que las tensiones y los conflictos son casi inevitables debido a que las personalidades, las prioridades, los niveles de poder y los valores son diferentes. Es fundamental crear espacios seguros para el diálogo donde los participantes pueden compartir sus opiniones de manera franca y escuchar a los demás. Esto ayudará a descubrir las interconexiones y a desarrollar la comprensión mutua. Este enfoque se beneficia de la inclusión de grupos que suelen ser marginados, como las mujeres, los jóvenes y los Pueblos Indígenas. Los enfoques basados en derechos brindan orientación práctica para este diálogo.
Si hay cierta desconfianza, puede recurrirse a un mediador neutral para convocar a los actores y facilitar los debates. Crear una sensación de urgencia alrededor de problemas compartidos también puede fomentar la colaboración. Explicitar las opiniones divergentes, animar a las personas desfavorecidas a hablar y moderar el debate de forma constructiva evita que los desacuerdos imposibiliten el avance. Formar coaliciones y establecer plataformas formales ayuda a alinear las acciones a lo largo del tiempo, y empoderar las voces que están poco representadas favorece la equidad y la confianza. Al fin y al cabo, "involucrar" significa promover un diálogo inclusivo, gestionar los conflictos de manera constructiva y desarrollar una rendición de cuentas compartida de manera que las decisiones reflejen todos los puntos de vista. Este enfoque aumenta el apoyo a un cambio en todo el sistema.
En la transformación de los sistemas agroalimentarios, no se pretende cambiarlo todo, en todas partes y a la vez. Se trata de solucionar un problema concreto de una manera más efectiva sin perjudicar otras partes del sistema agroalimentario, y de afrontar potencialmente otros problemas al mismo tiempo. Para que este enfoque sea efectivo, es importante considerar las diez relaciones clave que podrían verse afectadas por cualquier decisión.

Este proceso puede ayudar a identificar qué otras cosas tienen que cambiar y cuáles con las compensaciones recíprocas, los efectos imprevistos, los beneficios colaterales y las sinergias, como se explica en los siguientes ejemplos:
- Qué otras cosas tienen que cambiar. Reconocer la relación entre los productores y los consumidores, por ejemplo, podría ayudar a los encargados de tomar decisiones a promover un mayor consumo de frutas y verduras, y a entender que reducir sus precios al por menor será más sostenible y efectivo si se dan pasos para apoyar los medios de vida de los productores. Del mismo modo, tener en cuenta la relación entre los sistemas agroalimentarios y los sistemas interrelacionados podría poner de manifiesto, por ejemplo, que, además de reducir los precios, conviene mejorar la comodidad y la fiabilidad de los suministros energéticos domésticos de manera que las familias tengan los medios para preparar y almacenar las frutas y las verduras. Si no se consideran estas relaciones, es posible que las decisiones tengan consecuencias imprevistas y tengan solamente un efecto limitado.
- Compensaciones recíprocas y efectos imprevistos. Reconocer la relación entre prácticas concretas de los sistemas agroalimentarios y los resultados en los que estas influyen puede ayudar a los encargados de tomar decisiones a anticipar efectos en cadena. Por ejemplo, la decisión de mejorar la inocuidad de los alimentos o de hacer más sostenible la producción podría aumentar, de manera imprevista, las exigencias laborales sobre las mujeres, lo que perjudicaría la igualdad de género. En otro ejemplo, la decisión de maximizar la captura de una especie de peces en particular podría desestabilizar el ecosistema que lo sustenta. Comprender pronto estas compensaciones recíprocas permite que los encargados de tomar decisiones puedan diseñar soluciones que minimicen el daño y, aun así, puedan conseguir sus objetivos primarios.
- Beneficios colaterales y sinergias. Del mismo modo, reconocer la relación entre espacios, lugares y niveles jurisdiccionales diferentes puede ayudar a los encargados de tomar decisiones a diseñar intervenciones que produzcan múltiples beneficios. Por ejemplo, un programa de compra pública bien diseñado en un área urbana puede mejorar localmente la nutrición infantil y la igualdad de género, a la vez que complementa los medios de subsistencia de los agricultores de territorios rurales de alrededor. Teniendo en cuenta estas conexiones espaciales y de gobernanza, los encargados de tomar decisiones pueden maximizar la repercusión y hallar soluciones beneficiosas para todos en el conjunto del sistema.
Para la transformación de los sistemas agroalimentarios, hay que pasar de evaluar los problemas por separado a elaborar conjuntamente datos sobre las interconexiones, a fin de prever efectos en cadena, compensaciones recíprocas y sinergias antes de aplicar las políticas. Varias herramientas pueden ser de utilidad en este proceso:
- mapeo de sistemas (p. ej., el conjunto de herramientas "árbol de soluciones" de la FAO para la silvicultura, en Dupong et al., 2025);
- evaluaciones de los costos ocultos de los sistemas agroalimentarios, basadas en la contabilidad del costo total (FAO, 2024);
- previsión estratégica (p. ej. el informe El futuro de la alimentación y la agricultura [FAO, 2018]; Alexandrova-Stefanova et al. [2024]; y el Programa de previsión en materia de inocuidad alimentaria de la FAO);
- • modelado económico de equilibrio general aplicado (p. ej., la Herramienta de optimización de políticas [PolOpT] de la FAO y el modelo MIRAGRODEP).
Si se combinan estas herramientas, se puede obtener un enfoque holístico pero coherente, como se demuestra en la hoja de ruta mundial de la FAO para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 sin superar el límite de 1,5 °C (FAO, 2023).
Empleando estos métodos, los encargados de tomar decisiones pueden alinear mejor sus intervenciones con el sistema más amplio, adaptar las políticas en función de nuevos conocimientos y asegurar que las acciones contribuyan a múltiples resultados en lugar de causar nuevos problemas.
Una compensación recíproca es una situación en la que distintos objetivos compiten entre sí a la hora de tomar una decisión, de modo que avanzar hacia un objetivo puede limitar el logro de otros (IPCC, 2022). Las compensaciones recíprocas pueden producirse dentro del propio sistema agroalimentario –con decisiones como la asignación del agua para el riego de cultivos o para la acuicultura– o entre el sistema agroalimentario y otros sistemas. En todos los casos, para gestionar las compensaciones recíprocas es necesario un enfoque de sistemas que ayude a los encargados de tomar decisiones a ir más allá de las soluciones a problemas aislados, para pasar a gestionar prioridades contradictorias y dinámicas de poder de manera transparente. Gestionar correctamente estas compensaciones implicará lo siguiente:
- Visibilizar las compensaciones recíprocas mediante el conocimiento sistémico. Utilizar datos para demostrar la forma en que las acciones encaminadas hacia un objetivo, como incrementar la productividad, pueden afectar a otros objetivos, como la sostenibilidad ambiental o la igualdad de género. Tener en cuenta estas compensaciones recíprocas de manera franca y transparente forma parte de una gobernanza sistémica efectiva. Los encargados de tomar decisiones también necesitan datos acerca de cómo las acciones realizadas en el sistema agroalimentario afectan a otros sistemas, como los bosques y el ambiente natural en su conjunto. Para este análisis pueden usarse varios métodos, como el modelado (bayesiano), los diagramas de sistemas y el juicio de expertos, así como procesos de participación. Las relaciones clave que la FAO ha identificado en los sistemas agroalimentarios pueden ayudar a elegir las interacciones y las compensaciones recíprocas que deben examinarse.
- Pasar de los conocimientos a la acción sistémica. Diseñar y realizar acciones que gestionen y mitiguen deliberadamente las compensaciones recíprocas a la vez que maximizan los beneficios colaterales. Por ejemplo, las estrategias para ampliar la producción agrícola pueden incluir el mapeo de la aptitud de los suelos para evitar la deforestación y, al mismo tiempo, vincular inversiones a gran escala con líneas de crédito específicas para los pequeños productores, a fin de asegurar medios de vida equitativos. Del mismo modo, las medidas dirigidas a proteger los ecosistemas marinos, como las restricciones estacionales o espaciales del uso de los recursos, se pueden combinar con el apoyo a otras fuentes de ingresos y financiación a corto plazo para conseguir un equilibrio entre los objetivos ambientales y las necesidades económicas y sociales.
- Reforzar la gobernanza sistémica. Asegurarse de que las personas adecuadas –incluidos los grupos desfavorecidos, que suelen sufrir los efectos imprevistos– participen en los debates acerca de las compensaciones recíprocas y su mitigación. Los jóvenes, las mujeres, los agricultores, los pescadores, los Pueblos Indígenas y las comunidades locales son partes interesadas fundamentales. La gobernanza inclusiva genera confianza y equidad en la toma de decisiones. Ignorar los desequilibrios de poder y las voces de los grupos afectados perpetúa los intereses contrapuestos y las desigualdades. El derecho a la alimentación proporciona una referencia normativa para garantizar que las compensaciones recíprocas se afronten de una manera que proteja unos estándares mínimos, prevenga la regresión y priorice los colectivos más amenazados por la inseguridad alimentaria.
Las compensaciones recíprocas pueden gestionarse de manera más equitativa y efectiva realizando un seguimiento de los resultados de múltiples objetivos, contando con varias perspectivas y adaptándose a partir del aprendizaje. Con este enfoque se asegura que los avances a corto plazo no mermen la resiliencia del sistema ni la inclusión.
Una visión compartida de los resultados deseados de los sistemas agroalimentarios es un requisito previo para un monitoreo efectivo. Una vez establecida esta visión, debe hacerse un seguimiento de los progresos en todos los resultados deseados, en lugar de centrarse en una sola dimensión.
Para el monitoreo se precisan dos tipos complementarios de indicadores.
- Los indicadores de resultados miden resultados a largo plazo. Se trata, por ejemplo, de mejoras en las dietas, la sostenibilidad ambiental, los empleos, la igualdad de género y la inclusión en los procesos de toma de decisiones. Revelan si el sistema agroalimentario está proporcionando los resultados deseados con el paso del tiempo. Para evaluar el desempeño e identificar los progresos en desafíos persistentes a lo largo de períodos más prolongados, los países utilizan, cada vez más, herramientas como tableros de control de sistemas alimentarios nacionales y locales, con el apoyo de iniciativas como Food Systems Countdown Initiative (Schneider et al., 2023).
- Con los indicadores de cambio en los sistemas se hace un seguimiento de si las políticas y las intervenciones están teniendo efecto en el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios. No se centran exclusivamente en los productos; también monitorean los cambios en los procesos de toma de decisiones, el uso de conocimientos, las relaciones de poder y la colaboración entre sectores. Por ejemplo, el Instrumento de la FAO para la Evaluación del Desempeño Agroecológico (TAPE) incluye indicadores del empoderamiento y del aprendizaje entre pares como parte de una evaluación general de si las transiciones agroecológicas generan beneficios sociales, económicos y ambientales interconectados. Del mismo modo, la herramienta SHARP+ de la FAO incluye indicadores de la colaboración con múltiples proveedores como parte de su evaluación de la resiliencia de las explotaciones agrícolas. Estos tipos de indicadores reflejan "señales" de cambio en los sistemas, lo que ayuda a orientar ajustes en las políticas y las intervenciones durante la aplicación de estas, a medida que se extraen lecciones. Organizar los indicadores de cambio en los sistemas alrededor de los seis elementos de un enfoque de sistemas (pensamiento sistémico, conocimiento sistémico, gobernanza sistémica, acción sistémica, inversión sistémica y aprendizaje sistémico) brinda un marco coherente para monitorear los progresos.
El proceso de definición de indicadores tiene que ir acompañado de un sistema de seguimiento fiable para actualizar periódicamente los indicadores y recabar datos. Un sistema de este tipo sustenta la toma de decisiones basadas en hechos comprobados y permite aprender y adaptarse colectivamente a medida que los programas y los proyectos avanzan.
Referencias
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Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). 2022. Anexo II: Glosario. In: V. Möller et al., eds. Climate change 2022 – Impacts, adaptation and vulnerability. Contribution of Working Group II to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge, UK, Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009325844.029
Schneider, K.R., Fanzo, J., Haddad, L., Herrero, M., Rosero Moncayo, J., Herforth, A., Remans, R. et al. 2023. The state of food systems worldwide in the countdown to 2030. Nature Food, 4: 1090-1110. https://doi.org/10.1038/s43016-023-00885-9
Esta lista de preguntas se irá actualizando para reflejar nuevos conocimientos y actualizaciones derivados de la labor de la FAO.
Última actualización: 21 de enero de 2026





