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Mejoras en la vida de las mujeres afganas mediante proyectos avícolas

Las participantes produjeron 106 toneladas de carne de aves de corral y 21 millones de huevos, algunos para consumo familiar, pero la mayoría para la venta, con lo que se mejoraron sus ingresos.

Datos clave

Las construcciones agregadas que proliferan a millares en los patios de 22 distritos del Afganistán se asemejan a casas en miniatura. Algunas tienen cortinas en las ventanas y las paredes pintadas con diseños brillantes. En realidad, estas estructuras pequeñas son gallineros construidos por las propias mujeres de las familias con los materiales que tenían a mano. La construcción de los gallineros fue lo primero que hicieron las participantes en un proyecto de capacitación de la FAO cuyo objeto era ayudar a las mujeres a generar ingresos produciendo aves de corral. El proyecto combinaba la enseñanza en aulas con la capacitación en el hogar. Empezando por las instrucciones para construir los gallineros, el proyecto elevó el nivel de actividad imperante, que pasó de unas cuantas gallinas escarbando en el patio a disponer de los elementos necesarios para lanzar una verdadera empresa avícola. Resultó que la combinación de enseñanza y capacitación ideada por la FAO para este proyecto pudo aprovecharse para ayudar de otras maneras a las mujeres afganas. 

La producción avícola de patio siempre ha sido un importante elemento de la nutrición familiar en el Afganistán, donde las mujeres se encargan en las aldeas de más del 90 % de la producción de huevos y carne de aves. Dos proyectos de la FAO de capacitación en avicultura cuyo objeto era introducir sistemas de producción avícola familiar en pequeña escala iban dirigidos a mujeres. Además de ayudar a las mujeres a mejorar la producción avícola, los proyectos servían para facilitar a las mujeres otros tipos de información y aptitudes.

Gran parte de las mujeres que habitan en aldeas en el Afganistán son analfabetas. Apenas salen de casa, es limitado su acceso a la enseñanza en aulas y no interactúan con los vecinos ni forman parte de grupos que aspiran a obtener objetivos comunes. Al impartir capacitación en las aulas a las mujeres, los proyectos también les ofrecieron la oportunidad de reunirse con vecinas y colaborar con ellas, relacionarse con los proveedores de insumos y crear mercados.

La avicultura en el Afganistán debe situarse en el contexto de un país que ha sufrido 20 años de guerra y conflictos civiles, por no mencionar los años acumulados de sequía y pobreza crónica. Sin embargo, al día de hoy unos 28 000 gallineros construidos por las participantes en el marco de los dos proyectos son una confirmación palpable de la importancia de los proyectos de la FAO para las mujeres que habitan en aldeas de todo el Afganistán.

Respeto de la tradición
Las tradiciones sociales y culturales del país obligan a que, en las zonas rurales, solo el personal femenino pueda ocuparse de las actividades de desarrollo emprendidas con mujeres. A ello se debe que, al principio, la FAO se reuniera con los ancianos de las aldeas para explicarles el objetivo de mejorar la producción avícola, tras lo cual seleccionó y capacitó a mujeres locales para que ejercieran de instructoras.

El plan de estudios no se preparó hasta que el proyecto había realizado en las aldeas evaluaciones de la avicultura y entrevistado a miles de mujeres para hacerse una idea clara de sus necesidades y limitaciones. Por ejemplo, la avicultura se resentía antes de la escasez de conocimientos técnicos, la falta de vacunas y servicios sanitarios y la imposibilidad de acceder a insumos como piensos de calidad. Las mujeres criaban unas cuantas gallinas locales (10, a lo sumo), les daban de comer desperdicios domésticos o desechos agrícolas y no tenían manera de vacunar a sus aves, todo lo cual era causa de un alto índice de mortalidad.

En el marco de los proyectos fue necesaria una intensa labor teórica en las aulas impartida una vez por semana durante dos meses en la casa de una de las asistentes. Además, se prestó apoyo práctico a lo largo de seis meses durante los cuales las instructoras trabajaron individualmente con las mujeres en su casa. Además de ofrecer a las mujeres la oportunidad de conocer a sus vecinas, socializarse y aprender técnicas avícolas en grupo, el aula les sirvió para hablar de otros asuntos familiares comunes. De ese modo, los proyectos aportaron el valor añadido de ampliar los conocimientos de las mujeres en materia de nutrición, higiene y salud en el ámbito familiar.

Técnicas de producción y comercialización
Permitiendo a las mujeres aprender y trabajar juntas se consiguió establecer cientos de grupos de producción avícola en las aldeas mediante los cuales las mujeres pueden seguir mejorando el rendimiento de su producción. Para que las empresas avícolas arrancaran con buen pie, el proyecto facilitó insumos iniciales de pollitos sanos, piensos y vacunas. Cada grupo de productoras eligió a sus dirigentes, que, a su vez, recibieron más capacitación en materias como la vacunación. Las dirigentes de los grupos son ahora capaces de vacunar a los polluelos de otras integrantes del grupo para protegerlos de la enfermedad de Newcastle y otras enfermedades contagiosas que antes habían mermado la producción.

A continuación la capacitación se amplió a la comercialización de los productos, y, a medida que las mujeres se organizaban mejor, sus grupos se vincularon con proveedores de insumos para garantizar un suministro fiable. A raíz de ello se establecieron en todo el país 18 centros “alimentadores” que siguen aportando a las mujeres los suministros que necesitan.

Durante los tres años del primer proyecto las participantes produjeron 106 toneladas de carne de aves y 21 millones de huevos, de los cuales solo se consumieron en el hogar 7,5 millones, con lo cual les quedaron muchos para vender y, gracias a ello, aumentar los ingresos familiares. Los efectos persisten: al día de hoy, las miles de mujeres que participaron en los proyectos están en contacto, gracias a sus grupos de producción avícola, no solo con sus vecinas de la aldea, sino también con los mercados y los proveedores. A la vez, las familias de todo el país gozan de un Plan Nacional de Producción Avícola puesto en marcha con apoyo de los proyectos.

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