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Producción de semillas de calidad en aras de un rendimiento de calidad

Los agricultores que sembraron sus campos con semillas de calidad duplicaron sus rendimientos, que proporcionaron frijoles suficientes para más de 450 000 familias.

Datos clave

En los paisajes agrícolas de América central proliferan unos dos millones de pequeñas explotaciones familiares de una hectárea o una superficie inferior. En la mayoría de los casos, los campesinos plantan dos cultivos básicos: frijoles y maíz. El rendimiento de estos campos rara vez estaba a la altura de lo posible, pues los agricultores carecían de acceso a un insumo esencial: semillas de calidad. Las semillas constituyen uno de los factores menos costosos, pero más importantes, que determinan el rendimiento. Gracias a un proyecto de la FAO de mejora del acceso de los agricultores a semillas de calidad, la situación ha mejorado en gran medida en virtud del apoyo prestado al establecimiento de asociaciones de productores de semillas y su capacitación al objeto de mejorar la calidad y crear empresas. A la par que aumentaba la calidad de las semillas, aumentaba el rendimiento obtenido por los agricultores.

Tradicionalmente, los agricultores dependen de semillas certificadas por autoridades gubernamentales: semillas de las que saben que han sido objeto de inspección por evaluadores independientes en el sentido de que ofrecen la mejor cosecha posible para esa variedad de cereal. Sin embargo, en América central los semilleros de los que dependen los pequeños agricultores no suelen estar certificados. Sencillamente, los gobiernos carecen de capacidad para inspeccionar la enorme cantidad de pequeños campos donde se producen semillas de maíz y frijoles, que son los principales cultivos de la región.

Si se compara un campo de maíz o frijoles destinado a la producción alimentaria con otro donde se plantan semillas para la cosecha del año siguiente, es imposible distinguirlos. Sin embargo, la diferencia es fundamental: el maíz o los frijoles plantados con fines de producción alimentaria se valoran por su sabor o su contenido nutricional, mientras que cuando se plantan con fines de obtención de semillas se valoran por otros rasgos, como la viabilidad de la germinación, la pureza genética y las características genéticas que determinan su rendimiento en los campos. En 2010 la FAO puso en marcha “Semillas para el desarrollo”, proyecto que hacía frente a la baja productividad de los cereals básicos producidos en explotaciones familiares de América central. Con ello se reconocía que la falta de acceso a semillas de calidad era un factor que determinaba decisivamente la productividad, y se aspiraba a ayudar a los pequeños productores independientes de semillas (el sector “informal” de semillas) a mejorar la calidad de su producción.

Creación de cooperati vas de productores de semillas
La primera medida consistió en agrupar a los campesinos en cuestión en cooperativas y asociaciones de productores de semillas. Mediante las asociaciones no solo ganaron en eficiencia las tareas de capacitación, sino que también se unificó la voz de los productores a la hora de dirigirse a las autoridades gubernamentales encargadas de las semillas y solicitarles apoyo.

La capacitación se centró en la producción, el control de calidad, la gestión empresarial y los aspectos relativos a la comercialización en las empresas productoras de semillas. Se incorporó al sector informal de semillas en el sector formal conectándolo con centros nacionales de investigación agrícola y con las autoridades públicas encargadas de las semillas, al tiempo que se colaboraba con los gobiernos nacionales para mejorar el proceso de certificación y examinar las políticas y programas que afectan a los mercados locales. A raíz de ello se crearon 29 empresas locales que actualmente suministran semillas mejoradas a los agricultores de sus zonas.

Semillas de calidad, efecto duplicador
También participaron en el proyecto los ministerios de agricultura y los institutos nacionales de agronomía de todos los países de América central, que colaboraron con la FAO y sus asociados en la mejora de la calidad de las semillas mediante el aporte de conocimientos especializados y control de calidad y suministraron semillas básicas a las pequeñas empresas de semillas. Cuando finalizó el proyecto se había doblado la cantidad de semillas de calidad utilizadas en los campos de frijoles y maíz de pequeños agricultores de América central, cuya participación en el suministro había pasado de un 8 % a un 16 % de las necesidades de semillas de los países. Actualmente, las asociaciones de agricultores siguen aumentando la calidad y la cantidad de las semillas que ofrecen a sus clientes, que suelen ser sus propios vecinos, cuando no programas gubernamentales de ayuda a la producción de semillas y organismos humanitarios.

Estos avances también tuvieron notables repercusiones en la seguridad alimentaria. En diciembre de 2012 las empresas respaldadas por el proyecto produjeron más de 6 192 toneladas de semillas de frijol de calidad y 754 toneladas de semillas de maíz de calidad, cantidades que bastaron para plantar 121 834 hectáreas de frijoles y 67 000 hectáreas de maíz. Pero estas cifras solo hablan de la cantidad; la verdadera medida del éxito es la calidad, pues los agricultores que plantaron esas semillas doblaron el rendimiento al producir frijoles suficientes para alimentar a más de 458 000 familias y maíz suficiente para alimentar a más de 188 000 familias.

Por lo que se refiere al futuro, el reconocimiento por los gobiernos de la importancia del sector de la producción de semillas en pequeña escala ha dejado abierto el camino a la mejora permanente de las políticas de apoyo a la producción de semillas y a la mejora de la vinculación con los centros de investigación para promover los programa de mejoramiento en curso. Al día de hoy, los miembros de las agrupaciones de productores de semillas siguen colaborando en torno a la manera de seguir aumentando la calidad de las semillas y, a su vez, el rendimiento de los cultivos de los agricultores que las plantan.