Plataforma de Territorios Inteligentes

Enfoques integrales del desarrollo sostenible

I. Contexto

Los enfoques de “desarrollo territorial” y “paisaje” son dos enfoques integrados que abordan, con base en geografías específicas y de manera integrada, las necesidades socioeconómicas y ambientales de las personas en sus territorios.  Durante los últimos años, los gobiernos están incorporando cada vez más estos enfoques en sus estrategias y políticas nacionales de desarrollo y medio ambiente, para abordar la pobreza, la inseguridad alimentaria, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Es incuestionable la necesidad de avanzar hacia la implementación de estos enfoques, y adaptar políticas e inversiones a contextos específicos: a una diversidad más amplia de contexto agroecológicos y de medios de vida, funciones y prácticas de los ecosistemas, patrones de estacionalidad y migración, aspiraciones de las personas (particularmente de los jóvenes), derechos sociopolíticos existentes, infraestructura existente, conectividad y acceso a servicios, entre otros factores. Paralelamente, se hace necesario fortalecer las capacidades institucionales para operacionalizar estos enfoques y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

Si bien son similares en muchos frentes: el diálogo social y la negociación, la participación inclusiva y la integridad ecológica se consideran componentes centrales de ambos enfoques basados en el lugar. Pueden perseguir objetivos diferentes, a veces conflictivos, lo que resulta en diferentes procesos de políticas, instituciones y práctica. Los enfoques territoriales tienden a centrarse en los objetivos socioeconómicos y la revitalización de las economías locales, mientras que los enfoques del paisaje tienden a priorizar los objetivos biofísicos / ecológicos y comienzan desde las dimensiones ambientales y de recursos naturales, y en un segundo grado, integran consideraciones de medios de vida.

La Plataforma de Territorios Inteligentes presenta los enfoques de desarrollo territorial y de paisaje fuertemente relacionadas y complementarios cuando se trata de su implementación en el terreno. Cuando se integran de manera innovadora, ofrecen un conjunto de herramientas complementarias que abordan con éxito los complejos problemas planteados por la Agenda de Desarrollo Sostenible.

Abundan experiencias exitosas de estos enfoques que tienen como denominador común, en definitiva, el abordaje de los problemas y las soluciones a partir de la consideración de una serie de mallas socio-territoriales que permiten posicionar lo local en el espacio global a través de un equilibrio “inteligente” entre su crecimiento económico, social y ambiental.  Es importante resaltar la contribución de la teoría de sistemas a estos enfoques proponiendo coherencias en los arreglos y las relaciones entre sus elementos. Trabajar en los desafíos del desarrollo rural en una forma sistémica e integrada significa asegurar la participación de todos los actors en el proceso, la efectividad y la sostenibilidad de las iniciativas de desarrollo planteadas y el fortalecimiento del diálogo social.

II. Principios conceptuales 

  • Basado en los Actores: Reconocimiento de la heterogeneidad de los intereses y visiones que tienen los actores del territorio.
  • Basado en el Territorio: Reconocimiento de los territorios como unidades espaciales de análisis, modelados por las relaciones sociales e históricas que se producen entre los actores y el territorio.
  • Dinámico: Comprensión y aprendizaje de la complejidad de un ambiente en constante cambio para apoyar los patrones positivos de cambio y ayudar a mitigar los patrones negativos.
  • Sistémico: Suposición de la complejidad de un contexto territorial y las interdependencias dentro y entre territorios.
  • Multi-sectorial: Integración de las dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales de la visión que tienen los actores del territorio.
  • Multi-nivel: Integración de los diferentes niveles y escalas territoriales en el sistema de gobierno.
  • Participativo y negociado: Consideración del territorio como una arena de negociación para reforzar el diálogo y la confianza mutua, e incrementar el poder de negociación”.

III. Principales components  

El desarrollo territorial ha existido siempre en todos los territorios, y está vinculado a las tradiciones, saberes y capacidades locales, como la innovación, creatividad y aptitud empresarial de los agentes locales, la capacidad técnica y de gestión, la capacidad organizativa y de relación de las personas, la capacidad de articulación con el entorno institucional y los mercados, la capacidad de liderazgo y de concertación entre actores económicos (FAO, 2008).


La Plataforma de territorios inteligentes  propone un conjunto de componentes característicos del enfoque de "desarrollo territorial" y “paisaje”, los cuales quedan sintetizados en el primero de ellos. Estos componentes son:    

  1. Sostenibilidad sistémica: Como principal pilar, la apuesta por la sostenibilidad en su triple vertiente: económica, social y medioambiental informa la arquitectura esencial del modelo de desarrollo territorial, el cual aboga por una visión sistémica del territorio, basada en la singularidad competitiva en un marco global, en el respeto al entorno y en la justicia social. Los territorios sostenibles, colaborativos y responsables socialmente consideran bajo el término “competitividad” no sólo la competitividad privada o sectorial sino la competitividad de todos los actores y de todos los sectores del territorio, partiendo del principio de que una productividad social alta permite incrementar no sólo la calidad de vida de sus habitantes, sino, además, la posición estratégica del territorio en el actual marco global.
  2. Gobernanza: La gobernanza territorial se ha convertido en el instrumento en el que se encuentran depositadas las esperanzas para una más efectiva gestión y una más transparente aplicación de las políticas de desarrollo territorial. En los territorios sostenibles, colaborativos e inclusivos, se crean nuevas formas de gobernanza para asegurar que la toma de decisiones sea participativa y esté suficientemente informada. La gobernanza ha venido a instaurar una perspectiva innovadora en el proceso de toma de decisiones en el territorio y ha dotado de una nueva  legitimidad a la intervención pública derivada de valores como la equidad, la participación, el pluralismo, la transparencia, la responsabilidad y el estado de derecho. A través de la construcción de redes de compromisos socio-territoriales, de mecanismos de participación y co-decisión, se consigue aunar voluntades y movilizar a los actores sociales en torno a proyectos compartidos, otorgándoles un papel de negociación y consenso que excede la mera  representación.
  3. Inclusión social: El objetivo del “enfoque territorial” es mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del territorio. En ese sentido, la cohesión social contribuye con el crecimiento inclusivo de los territorios rurales afectados por la pobreza y la desigualdad. Las políticas e intervenciones de inclusión social y género, jóvenes, poblaciones indígenas forman elementos medulares del modelo de desarrollo territorial, y se constituyen en políticas transversales, en aras de un desarrollo territorial que tenga como paradigma la lucha contra la pobreza, igualdad y la salvaguarda de los derechos humanos. Entre los requisitos para la cohesión social de un determinado territorio está el estímulo de inversiones que respondan a las condiciones locales y a la modificación de marcos institucionales para constituir actores territoriales que fomenten la inclusión de los sectores pobres y excluidos. No en vano, uno de los mayores obstáculos identificados para el desarrollo de la región es la gran discriminación hacia la mujer, unida a la persistencia de prácticas de discriminación racial y sociocultural que se han asociado de manera casi ‘funcional’ con las condiciones de extrema pobreza y marginalidad de grandes grupos humanos.
  4. Ordenamiento territorial: El objetivo central del ordenamiento territorial es contribuir al desarrollo humano ecológicamente sostenible, espacialmente armónico y socialmente justo. El ordenamiento territorial permite organizar el uso, aprovechamiento y ocupación del territorio sobre la base de las potencialidades y limitaciones, teniendo en cuenta las necesidades de la población y las recomendaciones generadas por todos los instrumentos de planificación y gestión.. De esta manera, en el ordenamiento territorial confluyen las políticas ambientales, las políticas de desarrollo regional, espacial o territorial y las políticas de desarrollo social y cultural, cuya naturaleza es determinada por el modelo de desarrollo económico dominante en cada país. (Massiris, 1991).
  5. Equilibrio rural-urbano: El enfoque actual del desarrollo territorial propone establecer sinergias entre territorios rurales y urbanos, más que continuar considerándolos como sectores autónomos y en desigualdad de condiciones. Se trataría de sustituir la separación tradicional entre el campo y la ciudad por un escenario de profunda imbricación territorial de ambos, en el cual una nueva malla territorial compartida permitiera abordar el reto común de construir territorios sostenibles, colaborativos e interrelacionados.
  6. Sistemas alimentarios sustentables. Entre las acciones que permitirán el desarrollo territorial sostenible están la seguridad alimentaria, el fortalecimiento de la competitividad de cadenas productivas y acceso al mercado, subsectores o conglomerados económicos potenciales del territorio, la consolidación de redes socioeconómicas de cooperación y competencia, o la implementación de mecanismos de retención de excedentes en la economía local. Este desarrollo territorial sostenible debe ser facilitado por los gobiernos locales y los gestores o propietarios de las unidades económicas, de manera concertada con otros actores locales del territorio
  7. Resiliencia al cambio climático: Se necesita avanzar en un nuevo marco territorial “sostenible” que reconozca que los mecanismos de respuesta a los impactos del cambio climático deben ser planificados y ejecutados de manera coordinada desde diferentes niveles de gobierno y desde diferentes sectores, y deben ser considerados, como política transversal, en cualquier actuación pública en el territorio. La agricultura climáticamente inteligente, que sigue un enfoque de paisaje desde su sentido amplio, puede resolver los retos y desafíos que involucran la gestión intersectorial de los recursos naturales.
  8. Emprendimiento rural: El estímulo y la consolidación del emprendimiento rural es uno de los componentes del desarrollo territorial más importantes a la hora de abordar los problemas económicos de las comunidades rurales, y está ganando mucha atención como respuesta a la pobreza y desigualdad de los países de América Latina y el Caribe. El emprendimiento rural implica promover nuevas innovaciones tecnológicas, organizativas y de gestión, destinadas a impulsar las potencialidades productivas y de empleo existentes. El concepto de ecosistemas de acompañamiento al emprendimiento es uno de los rasgos más innovadores en el nuevo enfoque territorial, y viene definido por la promoción de entornos adecuados que generan la confianza suficiente para el surgimiento de iniciativas empresariales, y para  el crecimiento económico y social de un determinado territorio.
  9. Innovación rural: Son territorios sostenibles igualmente aquéllos preocupados por innovar, integrar el conocimiento que exista en el territorio, conectarlo y utilizarlo para el beneficio común. Se caracterizan por su capacidad continua de aprendizaje y adaptación (el aprendizaje continuo es un prerrequisito indispensable para una sociedad innovadora), colaboran y trabajan en red, como enfoque necesario y útil para integrar y fomentar tanto relaciones complejas y multinivel; como un volumen de información elevado. Un modelo de desarrollo territorial basado en la conectividad, la innovación y las redes de cooperación interna y externa, es un rasgo definitorio del territorio.

III. Cómo materializar los enfoques de desarrollo territorial y paisaje 

Los Programas de Desarrollo Territorial y su cartera de proyectos, constituyen instrumentos básicos de negociación de recursos en una etapa temprana de la preinversión; facilitando que las potenciales fuentes de financiamiento se involucren a inicios del proceso. Ese procedimiento permite establecer un proceso dinámico de negociación de los proyectos y no obstante algunos de ellos pueden avanzar con mayor celeridad. Como complemento necesario a todos los desafíos planteados en el territorio, se hace cada vez más urgente contar con sistemas de indicadores que dimensionen correctamente la ruralidad, y permita medir el impacto de las inversiones en el territorio.

Además de profundizar en herramientas y en mejora institucional que garantice coherencia entre los enfoques de desarrollo territorial y paisaje y la gestión del desarrollo, es fundamental una verdadera decisión política en la asignación de presupuestos y recursos monetarios para implementar todas las medidas de los planes de desarrollo rural (o de adaptación al cambio climático, etc.;). Por otra parte, la construcción de capacidades del gobierno y otros actores son necesarias tanto para planificar, implementar y hacer un seguimiento de la gestión sostenible del paisaje, los recursos naturales y el cambio climático; como para contabilizar y certificar la reducción de emisiones de efecto invernadero e incrementar los depósitos de carbono. Junto a ello, se necesita también una clara decisión política.

V. Más allá del ciclo del proyecto: Monitoreo y evaluación de las políticas e intervenciones públicas

Los sistemas de Monitoreo y la Evaluación (M&E) de las políticas, planes, programas y proyectos permiten verificar y cuantificar los beneficios de los mismos en los territorios intervenidos. El objetivo del M&E es determinar el logro y la pertinencia de los objetivos de las intervenciones, así como su eficiencia, efectividad, impacto y sostenibilidad. Los datos que proporcionen el M&E deberán ser fiables y útiles para permitir influenciar la toma de decisiones.

La mediciones regulares a lo largo de la implementación de los planes, programas y proyectos, permitirá además actualizar y ajustar las intervenciones con el fin de alcanzar el modelo de desarrollo deseado. Los ajustes pueden realizarse después de una Evaluación de Medio Término del plan, o anualmente, si se hacen evaluaciones anuales periódicas.

El diseño de los sistemas de M&E deberán ser lo más participativos posible; y determinar junto con los beneficiarios directos: (1) los indicadores y mecanismos para monitorear la implementación de las intervenciones, resultados e impactos; (2) los niveles de evaluación (a nivel global, por componentes/programas, o por proyectos); (3) los actores que realizan la evaluación; (4) los recursos y financiación necesaria para realizar la evaluación; (5) el control de calidad de los datos; y (6) reajuste de los programas acorde con los resultados de la evaluación .

Los enfoques de sistema tienen en cuenta la complejidad de los procesos de desarrollo, y por lo tanto el desafío al aplicarlos en un contexto de proyecto reside en determinar un margen de tiempo apropiado, los recursos financieros y humanos necesarios, así como definir los indicadores para la evaluación de las intervenciones que muestren un claro progreso atribuible al proceso.

Compartir esta página