Comisión de recursos genéticos para la alimentacíon y la agricultura
Recursos fitogenéticos





O SE UTILIZAN O SE PIERDEN

Desde que los cazadores-recolectores se dieron cuenta hace unos 12 000 años de que podían guardar semillas de una temporada y plantarlas en la siguiente, la suma de los recursos fitogenéticos mundiales para la alimentación y la agricultura ha ido en aumento. Con el paso de los milenios, los agricultores aprendieron a guardar las semillas de los cultivos que consideraban más fáciles de elaborar o almacenar, los que tenían mayores posibilidades de sobrevivir a períodos de crecimiento o incluso los que simplemente tenían mejor sabor. Se han cultivado o recolectado más de 7 000 especies de plantas, y muchas de ellas siguen siendo importantes para la seguridad alimentaria de las comunidades locales. No obstante, se estima que en la actualidad el 95 % de las necesidades de energía alimentaria de las personas se satisfacen con tan solo 30 cultivos, y cinco de ellos —el arroz, el trigo, el maíz, el mijo y el sorgo— cubren aproximadamente el 60 % de ellas. Dada la importancia para la seguridad alimentaria mundial de este grupo relativamente reducido de especies de cultivos, resulta crucial conservar la diversidad que contienen, que a menudo es inmensa. Se calcula existen más de 100 000 variedades distintas de la especie de arroz Oryza sativa, mientras que las comunidades agrícolas de los Andes cultivan más de 175 variedades de papa que poseen nombres locales. Esta diversidad existente dentro de cada especie permite producir cultivos en diferentes regiones, en diferentes climas y en diferentes tipos de suelo.

La diversidad fitogenética también puede proporcionar rasgos que contribuyan a hacer frente a los desafíos futuros, como la necesidad de adaptar los cultivos a condiciones climáticas cambiantes o a brotes de enfermedades. Una variedad de trigo turco recolectada y almacenada en 1948 se ignoró hasta la década de 1980, cuando se constató que portaba genes que conferían resistencia frente a muchos hongos causantes de enfermedades. Ahora los fitomejoradores utilizan estos genes para obtener variedades de trigo resistentes a diversas enfermedades. Las variedades silvestres de los cultivos alimentarios, a menudo presentes en la periferia de las tierras cultivadas, pueden contener genes que les permiten sobrevivir en condiciones difíciles. Estos genes pueden añadir rasgos importantes, como robustez o resistencia a la helada, a sus parientes cultivados.

Recursos fitogenéticos para la seguridad alimentaria

Los agricultores africanos apenas se alarmaban cuando en ocasiones encontraban manchas en las hojas de sus plantas de yuca. No obstante, en 1989 surgió una cepa agresiva de la enfermedad del mosaico de la yuca —el virus que causaba las manchas— que diezmó los cultivos en toda la región de los Grandes Lagos. En Uganda, por ejemplo, el virus ocasionó escasez de alimentos y dio lugar a hambruna localizada y a grandes pérdidas económicas.

En respuesta a ello, expertos nacionales e internacionales entraron en acción. Analizaron unas 100 000 muestras de yuca recogidas e intercambiadas entre bancos de germoplasma de todo el mundo. A través de un proceso de selección genética, determinaron una serie de variedades resistentes y crearon invernaderos en los países afectados para multiplicar las plántulas de yuca libres de la enfermedad, lo que permitió recuperar el cultivo de yuca.

Frenar la pérdida de recursos fitogenéticos

La diversidad fitogenética se ve amenazada por la “erosión genética”, un término acuñado por los científicos para describir la pérdida de genes y de combinaciones de genes como los presentes en variedades adaptadas localmente. La principal causa de la erosión genética, de acuerdo con el Estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo, es la sustitución de variedades locales por variedades modernas. A medida que las variedades antiguas de los campos de los agricultores son reemplazadas por otras nuevas, suele tener lugar erosión genética porque las primeras contienen algunos genes que no están presentes en las segundas. Además, la introducción de variedades comerciales en los sistemas de cultivo tradicionales ocasiona con frecuencia la reducción del número de variedades cultivadas. Otras causas de la erosión genética son la aparición de nuevas plagas, malas hierbas y enfermedades, la degradación ambiental, la urbanización y el aclareo del terreno mediante la deforestación y los incendios de matorral.

Los esfuerzos tradicionales para combatir la erosión genética se concentraron en la conservación de semillas en bancos de germoplasma de cultivos (ex situ). No obstante, hoy en día está claro que la mejor estrategia es que la combina la conservación ex situ con la conservación sobre el terreno (in situ), es decir, la conservación de variedades de cultivos por los agricultores en sus agroecosistemas locales y la conservación de parientes silvestres de los cultivos en, por ejemplo, zonas protegidas por su valor ambiental.

Si bien la conservación de la diversidad fitogenética mediante mecanismos de este tipo es crucial, la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos también es fundamental. La diversidad fitogenética incrementa las opciones y proporciona un seguro frente a futuros problemas, como los relacionados con el cambio climático. Sin embargo, explotar este potencial exige capacidad para mejorar las variedades de cultivos mediante el fitomejoramiento. También requiere asociaciones y redes que engloben a todas las partes interesadas pertinentes, desde los agricultores hasta los investigadores pasando por los directores de los bancos de germoplasma. Un enfoque integrado es fundamental para diseñar mecanismos que permitan que los sistemas de cultivo se adapten a los futuros cambios y satisfagan las necesidades que se vayan presentando. 

Integración de todos los componentes de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura

En 1995, a raíz de la concienciación acerca de la importancia de la biodiversidad para el desarrollo sostenible, se amplió el mandato de la Comisión. Además de las plantas, su trabajo comprende actualmente todos los demás componentes de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura —recursos genéticos de los animales, el medio acuático, los bosques, los invertebrados y los microorganismos— a través de su Programa de trabajo plurianual.

La Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura
Apoyo de las iniciativas mundiales encaminadas a respaldar la diversidad genética de los cultivos

La Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura se creó en 1983 como un foro para tratar específicamente cuestiones relacionadas con los recursos fitogenéticos. De acuerdo con su mandato, la Comisión ha ayudado a coordinar y guiar una serie de iniciativas internacionales cruciales que han creado conciencia en la comunidad internacional acerca del rápido incremento de la erosión de los recursos fitogenéticos. Ha dirigido esfuerzos concertados en el ámbito de las políticas para promover la conservación. La Comisión elaboró las Normas para bancos de germoplasma de recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura  y el Código internacional de conducta para la recolección y transferencia de germoplasma vegetal. Las Normas para bancos de germoplasma, que contribuyen a reducir al mínimo la pérdida de diversidad genética en colecciones ex situ, han sido actualizadas y ampliadas para incluir normas relativas a la conservación de semillas no ortodoxas y plantas de propagación vegetativa.

La Comisión sigue de cerca las amenazas para la diversidad fitogenética y las tendencias de la conservación y utilización de esta dirigiendo las actualizaciones periódicas del Estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo. Como parte de su Programa de trabajo plurianual, la Comisión también supervisa la aplicación del Plan de acción mundial para los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura y facilita su actualización. 

En 2009, en su 12.ª reunión ordinaria, la Comisión hizo suyo el Segundo informe sobre el estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo como evaluación autorizada del sector. Este segundo informe es una actualización del primer informe (véase más abajo) y en él se determinan los cambios más importantes que tuvieron lugar entre 1996, año de aprobación del primer informe, y 2009. En él se analizan el estado y las tendencias de los recursos fitogenéticos y su utilización, su manejo in situ y su conservación ex situ. También se trata la situación de los programas pertinentes, las necesidades en materia de capacitación y la legislación del ámbito nacional. Se analiza la colaboración regional e internacional en la gestión de los recursos fitogenéticos tomando en consideración la cuestión del acceso a ellos y la distribución de los beneficios derivados de su utilización, así como las contribuciones que su utilización sostenible realiza a la seguridad alimentaria y la mitigación de la pobreza. También se examina la función que desempeña la diversidad fitogenética en la agricultura sostenible y la provisión de servicios ecosistémicos. Se incluye un análisis de las deficiencias y necesidades existentes en relación con cada uno de los principales temas tratados. El informe constituyó la base para elaborar el Segundo Plan de acción mundial para los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura.

En 1996, los 150 países que asistieron a la Conferencia Técnica Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos , celebrada en Leipzig, acogieron con beneplácito el primer informe sobre el Estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo, en tanto que primera evaluación mundial amplia del estado, la utilización y la conservación de los recursos fitogenéticos. En esta conferencia también se aprobó el Plan de acción mundial para la conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura.

Tomando como base el primer Plan de acción mundial, se siguió trabajando en otras dos iniciativas de vanguardia. 

  • El Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura , negociado por la Comisión, entró en vigor en 2004 y ha sido ratificado por más de 130 países. Por conducto del Tratado los países acuerdan establecer un Sistema multilateral para facilitar el acceso a los recursos genéticos de 64 de nuestros cultivos y forrajes más importantes y distribuir los beneficios que se derivan de su uso de modo justo y equitativo. El Tratado contempla la distribución de los beneficios mediante el intercambio de información, el acceso a tecnología y su transferencia y la creación de capacidad. También prevé una estrategia de financiación encaminada a movilizar fondos para programas a fin de ayudar, sobre todo, a los pequeños agricultores de los países en desarrollo. La estrategia de financiación también trata la distribución de los beneficios monetarios pagados en el marco del Sistema multilateral.
  • El Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos, puesto en marcha en 2004, lidera los esfuerzos internacionales encaminados a dotar de recursos a las colecciones de diversidad de cultivos más importantes del mundo. El Fondo constituye un elemento fundamental de la estrategia de financiación del Tratado y respalda específicamente la conservación ex situ de la diversidad genética de los cultivos.

Aumento del respeto por los cultivos secundarios y diversificación de nuestra cesta de alimentos

La oca, la quinua, el tef, la digitaria y la canihua son especies de cultivos infrautilizadas, aunque en determinadas zonas del mundo son cruciales para la seguridad alimentaria y de los medios de vida de los hogares. Se trata de cereales y tubérculos conservados y utilizados por comunidades locales pero que, a pesar de ello, son ignorados frecuentemente por los programas de investigación y extensión agrícolas. Sin embargo, estos y otras innumerables especies marginadas presentan un gran potencial de contribuir a la agricultura y a la diversificación de las dietas y de generar beneficios para los agricultores y los consumidores. El desarrollo y la comercialización de cultivos infrautilizados es una de las actividades prioritarias del Segundo Plan de acción mundial.

 

El Fondo, el Tratado y la Comisión contribuyen de modos diferentes pero complementarios a garantizar la conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos.