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Todos los días las mujeres pasan horas moliendo a mano el trigo (FAO/K.Iversen) |
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Gracias al nuevo molino, en 15 minutos se muele el trigo de todas las familias de Calala (FAO/K.Iversen) |
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Los silos evitan la pérdida del 20% al 40% de la cosecha de maíz (FAO/K.Iversen) |
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QEn el pequeño pueblo de Calala, en el altiplano boliviano, 15 mujeres indígenas han estado esperando pacientemente la llegada del ingeniero de la FAO Yeric Peric. La expresión de las mujeres se ilumina a la llegada del técnico, que trae consigo un pequeño molino rojo para cereales y un alto silo de metal. La dirigente del grupo de mujeres, Norma Llanos de Ruiz, está lista para recibirlo con una taza de chicha, la bebida local de maíz fermentado.
Peric, director local de un proyecto de la FAO de actividades poscosecha y de dos proyectos de TeleFood en el departamento de Potosí, disfruta del refresco. Ha recorrido tres horas de arduo camino, atravesando ríos crecidos y un campo abrupto para llevar esos tesoros al remoto pueblo. Y ya es su segunda visita del día a grupos locales de mujeres. En conjunto, se han construido y distribuido 600 silos y 20 molinos para cereales en el departamento de Potosí en ocho meses. Peric personalmente, o alguno de sus técnicos, ha entregado, instalado y demostrado cada artículo. Esta actividad cuenta con el apoyo de TeleFood.
La Sra. Llanos de Ruiz y las otras mujeres de Calala han estado ahorrando desde hace mucho tiempo para adquirir estos instrumentos simples pero esenciales. TeleFood pagó los materiales, pero ellas tuvieron que juntar fondos para costear la mano de obra: 9 dólares EE UU por el silo y 125 dólares EE UU por el molino, mucho dinero en una aldea cuya economía monetaria es mínima. Pero a largo plazo, la inversión rendirá ganancias, al proteger las cosechas y ayudar a obtener ingresos.
De dos horas a dos minutos
"Estamos muy contentas. Con el silo podemos guardar la cosecha, y el molino nos ayudará a ahorrar tiempo", dice la Sra. Llanos de Ruiz, de 22 años de edad. Es de las pocas mujeres del grupo que hablan español, las demás hablan quechua.
Sin el molino, cada mujer pasa de dos a tres horas al día moliendo trigo y maíz manualmente, entre dos piedras, para obtener harina suficiente para preparar los alimentos de sus familias. Cuando Peric demuestra cómo utilizar el molino y le enseña a las mujeres también a mantenerlo, se hace evidente su milagroso beneficio: a partir de ahora tomará menos de 15 minutos moler suficiente cereal para las 15 mujeres, lo que ahorrará a cada una casi dos horas al día, que podrán dedicar a otras actividades.
Cada mujer ha llevado cerca de 20 kilos de maíz, que pretenden vender. Antes de almacenarlo en el nuevo silo, Sócrates, el esposo de la Sra. Llanos de Ruiz, lo pesa y registra en el diario del grupo. Él es de los pocos del pueblo que saben leer y escribir. A continuación, Peric enseña a las mujeres a desinfectar el maíz en el silo --para evitar que lo infeste alguna plaga-- y a sellar el silo.
Los silos protegen los cereales
Las mujeres discuten cuándo vender el maíz. Deciden esperar porque los precios subirán dentro de dos meses. Pero independientemente de cuándo lo vendan, tienen casi garantizado ganar más dinero que antes porque el silo protegerá la mayor parte de la cosecha, y quedará más para vender.
Tradicionalmente se acostumbra almacenar los cereales en una almacería situada sobre el fogón de la cocina, donde el humo ayuda a protegerlos de las plagas. Pero este sistema no es muy eficaz porque todos los años las ratas y otras plagas dan cuenta de gran parte de la cosecha. El silo conserva otro 20% o 40% de la cosecha de cereales. Con los 600 nuevos silos instalados en Potosí, podrán conservarse al año por lo menos otros 36 480 kilos de trigo. En otras palabras, de 500 a 600 más familias tendrán seguridad alimentaria. Además, los cereales estarán más limpios y serán más saludables, y será posible vender una mayor cantidad de ellos en el mercado.
"Es asombroso ver las enormes repercusiones que técnicas tan sencillas pueden producir en la vida cotidiana de los campesinos --dice Peric--. Ya se aprecia el desarrollo en las comunidades donde muchas familias tiene silos particulares. Ahí, los niños se enferman menos y está mejorando la nutrición".
En Calala hay sólo un silo del grupo, con una capacidad para alrededor de 250 kilos. Las mujeres sueñan con tener sus silos particulares, y quizá una trilladora, que les ahorraría el arduo trabajo de trilla manualmente los cereales.
Llegó la hora de que se vaya Peric, pero primero len piden que bendiga el nuevo molino y el silo. La Sra. Llanos de Ruiz le obsequia un tarro grande de chicha. El técnico le da un sorbo y vierte otro poco sobre el molino y el silo. Las mujeres bendicen al hombre y a su automóvil, y él se prepara para partir, rumbo al siguiente pueblo.
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