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Entusiasmo por la nutrición en las huertas comunales de Haití

Las mujeres de Haití están utilizando el canto y el teatro para promover hábitos nutricionales saludables que han aprendido en el proyecto de huertos comunitarios de la FAO.

Datos clave

Una sola carretera sin asfaltar une la provincia haitiana de Grand’Anse, que ocupa una lengua de tierra en el extremo sudoccidental de la isla, con el resto del país. Pese a estar ubicada en un lugar remoto, su población ha aumentado en unas 120 000 personas tras el devastador terremoto de 2010 como consecuencia del flujo entrante de refugiados procedentes de zonas que sufrieron daños más graves. Este rápido crecimiento demográfico ejerció gran presión en los recursos y el suministro de alimentos en la zona, con lo cual ha aumentado la malnutrición, de por sí crónica. Para que la situación no se siga deteriorando, la FAO y diversos asociados han puesto en marcha un proyecto gracias al cual han mejorado la nutrición y los medios de vida de más de 5 000 familias de las más vulnerables de la zona. Mediante el proyecto se han impartido a las mujeres conocimientos prácticos y directos sobre técnicas de producción casera de alimentos en combinación con clases en que se subrayaba la importancia de favorecer la nutrición al adoptar decisiones sobre lo que plantan para dar de comer a su familia.

Una huerta comunal se ha convertido en centro de la vida social en el pequeño municipio de Moron, en la provincia de Grand’Anse (Haití). La huerta es un símbolo floreciente del éxito de un proyecto de la FAO mediante el cual las mujeres de varias aldeas cercanas dieron un lugar preponderante a la nutrición a la hora de adopter decisiones sobre los cultivos que iban a plantar y el ganado que iban a criar. De hecho, fue tal el éxito del proyecto que su personal denomina a las mujeres locales que trabajan en la huerta mamans lumières, “mamás luz”.

El nombre da idea de su entusiasmo por lo que aprenden en el ámbito de la nutrición y la producción agrícola y su voluntad de impartir sus conocimientos a otras mujeres de su comunidad. Han llegado a escribir canciones y obras de teatro para transmitir sus conocimientos, atraer público y poner en marcha una reacción en cadena gracias a la cual se han dado a familias de toda la región consejos sobre producción alimentaria y hábitos sanos de consumo, lo cual, a su vez, ha contribuido a mitigar el problema de la malnutrición crónica.

Las huertas cubren déficits nutricionales
El proyecto debe su éxito, en parte, a la decisión estratégica de ir más allá de la mera introducción de técnicas que aumentan el rendimiento haciendo frente a la vez a una cuestión tan compleja como la nutrición. En las fases iniciales, la FAO examinó los problemas y las causas de la malnutrición en la zona, determinó los cultivos locales que cubrirían los déficits nutricionales y elaboró un plan de mejora o aumento de la producción de esos alimentos.

El proyecto, que abarca 12 municipios de Grand’Anse, ofrece clases que tienen como fin mejorar la producción en el ámbito de la agronomía, la cría de ganado y la comercialización. A la vez, presenta a las mujeres buenas prácticas en materia de higiene, manipulación de los alimentos y puericultura, siempre desde la óptica de la nutrición. El plan constaba de instrucción, talleres, clases de cocina y experiencia práctica en la aplicación de nuevas técnicas agrícolas y de preparación de alimentos, todo lo cual iba dirigido a aumentar la capacidad de las mujeres de producción de alimentos y preparación de comidas con el objeto de mejorar la nutrición y la salud de su familia.

Técnicas de elaboración de alimentos: fuente de nutrición para todo el año
Un ejemplo claro es la elaboración de mangos, introducida para hacer frente a la estacionalidad. Como ocurre con muchos cultivos y frutas, los mangos abundan tanto que a menudo se pudren en los árboles o en el suelo, pues la oferta estacional supera con creces la demanda. En el marco del proyecto se enseñaba a las mujeres a secar y elaborar mangos cuando era su estación. Los frutos elaborados no solo garantizan a los consumidores al acceso a la vitamina A, de importancia crucial todo el año; las mujeres también pueden vender el excedente producido para generar más ingresos domésticos. Ocurre lo mismo con otros productos locales como el gombo y el amaranto, hortalizas de hoja cuyo valor nutritivo pasaba desapercibido para las mujeres hasta que asistieron a las clases de capacitación de la FAO.

Este concepto ha tenido especial importancia en Grand’Anse. La provincia se libró de la devastación del terremoto de 2010 que sacudió al resto del país, pero tuvo que hacer frente a un increment demográfico repentino cuando unas 120 000 personas acudieron a la zona en busca de refugio. Este aumentommeteórico ejerció mayor presión en la provincia, donde los recursos ya corrían peligro y la población padecía de forma crónica malnutrición, retraso del crecimiento y carencias de micronutrientes.

Las mujeres que han participado en el proyecto comunican que sus hijos están más sanos y crecen más y con mayor rapidez desde que se percataron de la importancia de la nutrición para las dietas de su familia y pudieron producir los alimentos que necesitaban. De hecho, los centros de salud de Grand’Anse notifican que el porcentaje de niños aquejados de malnutrición grave que debía tratarse bajó de un 5,7 % en 2009 a un 0,8 % durante el primer semestre de 2012. Ejercer de mamans lumières ha sido algo natural para las mujeres que han participado en el proyecto y que ahora han asumido la tarea de dar a conocer lo aprendido a otras amigas y vecinas de toda la región.

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