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La agricultura de conservación contribuye a la recuperación económica de Zimbabwe

Se estima que han adoptado este sistema 300 000 agricultores de Zimbabwe.

Datos clave

La economía de Zimbabwe, país antes considerado el granero de África austral, ha empezado a cambiar de signo tras un decenio de recesión en el que la producción agrícola cayó de golpe, los ingresos disminuyeron y la escasez de alimentos fue en aumento. Dado que los medios de vida de un 70 % de la población dependen de la agricultura, la fortaleza de este sector es fundamental para la recuperación económica. La FAO ha colaborado con el Gobierno para que los productores adopten la agricultura de conservación, sistema sin labranza que aumenta el rendimiento al tiempo que protege los campos de la erosión, mejora la calidad del suelo y mitiga los efectos de la sequía. En las fases iniciales, la agricultura de conservación resulta más laboriosa que los métodos convencionales, de modo que, para ganarse a los agricultores, la FAO ha creado un programa de capacitación y demostración e introducido plantadoras mecánicas que ahorran trabajo. Con ello, se ha observado en Zimbabwe una “adopción espontánea”, lo cual significa que los agricultores ven las ventajas en las fincas de los vecinos y deciden adoptar la agricultura de conservación. Al día de hoy, más de 300 000 agricultores de Zimbabwe practican este método y casi han triplicado la producción.

Cuando se introdujo la agricultura de conservación en Zimbabwe, proliferaron en las zonas rurales lo que los observadores denominaron “parcelas ONG”, que eran terrenos donde los agricultores ponían en práctica el enfoque. Sin embargo, estas parcelas de tamaño reducido estaban rodeadas por otros terrenos donde los agricultores seguían aplicando métodos convencionales. En un principio, la FAO y otros grupos que operaban en pro del desarrollo suministraron a los agricultores semillas y fertilizantes suficientes para plantar en régimen de conservación media hectárea, lo cual era suficiente para arrancar. Sin embargo, el hecho de que los agricultores no ampliaran estas parcelas era señal evidente de que, aunque recibían con agrado los insumos, el método no les convencía lo suficiente para aplicarlo en la totalidad de sus tierras. Su escepticismo inicial tenía razones fundadas. La agricultura de conservación parte de tres principios (perturbación mínima del suelo, cobertura permanente de los suelos y rotación de cultivos) de eficacia comprobada en cuanto a la reducción de la erosión, la mejora de la calidad del suelo, la conservación de agua, la reducción de los costos de los combustibles y, sobre todo, la mejora del rendimiento.No obstante, desde la óptica del pequeño agricultor, cada principio presentaba problemas concretos.

El escepticismo se desvanece ante los logros demostrados y el uso de la mecanización
Para perturbar el suelo lo menos posible, los agricultores no aran la tierra, sino que excavan a mano hoyos estancos en receptáculos de 15x15x15 cm donde plantan miles de semillas. Naturalmente, este método es más laborioso que la plantación en surcos arados. Además, la maleza crece con más rapidez en los suelos no alterados, con lo cual cuesta más mantener limpios los campos. El mantenimiento de una cobertura permanente de los suelos también es más laborioso. Los agricultores deben recoger los tallos y hojas que quedan en los campos tras la cosecha para emplearlos como cubierta vegetal que protege el suelo de la erosión y conserva la humedad. La rotación de cultivos obliga a los agricultores a alternar sus cultivos de maíz con los de legumbres a fin de mejorar la fertilidad del suelo, pero a menudo son reacios a renunciar a espacio de campo donde normalmente plantan sus cultivos principales.

En realidad, estos problemas solo se plantean en la primera campaña, a veces en la segunda. Al llegar a la segunda o la tercera campaña los agricultores pueden reutilizar los hoyos de semillas que ya han excavado, lo cual, a medida que la cubierta vegetal se va incrustando, ayuda a controlar la maleza. Con todo, los agricultores de Zimbabwe adoptaron con lentitud la agricultura de conservación y, cuando cesó el suministro de insumos gratuitos, algunos la abandonaron por completo.

Ante ello, la FAO cambió de estrategia centrándose en el núcleo reducido de agricultores que estaban plenamente convencidos de los beneficios. Asimismo, estableció parcelas de demostración donde los agricultores podían apreciar el aumento del rendimiento propiciado por la agricultura de conservación frente a otras técnicas de cultivo.

La FAO también determinó, puso a prueba e introdujo nuevas tecnologías mecanizadas que reducen la cantidad de trabajo que debe invertirse en la agricultura de conservación sin poner en peligro sus principios. Puso a disposición de extensionistas, escuelas superiores de agricultura y grupos no gubernamentales aparatos que estos exhibieron a los agricultores y los estudiantes. Gracias a estas máquinas, los agricultores ya no necesitan excavar a mano hoyos para sembrar. Pueden plantar hasta dos hectáreas al día sin tener que agacharse, accionando palancas que sueltan las semillas a la vez que miden microdosis de fertilizante.

Los agricultores reducen costos, aumentan el rendimiento, mitigan el cambio climático
El Gobierno de Zimbabwe respalda la agricultura de conservación por su contribución a la mitigación de los efectos adversos del cambio climático y a la conservación del suelo y los recursos hídricos. El Ministerio de Agricultura, Mecanización y Desarrollo del Riego copreside con la FAO el grupo de trabajo nacional sobre agricultura de conservación y se reúne periódicamente con agricultores, extensionistas, investigadores y el sector privado para estudiar, perfeccionar e impulsar la investigación sobre agricultura de conservación. Se estima que ya la han adoptado 300 000 agricultores de Zimbabwe.

Una vez superadas las campañas iniciales, que exigen mucho trabajo a los agricultores, las técnicas de agricultura de conservación reducen el desperdicio de insumos y, con ello, abaratan los costos. Mientras que sólo un 5 % de la superficie de Zimbabwe donde se cultiva maíz se explota actualmente en régimen de conservación, los agricultores que la han adoptado han podido aumentar el rendimiento de sus pequeñas parcelas, cuya media es de unas dos toneladas por hectárea en el caso del maíz, lo cual casi triplica la producción en régimen de agricultura convencional. Por su parte, la producción de legumbres se ha duplicado. Los agricultores no solo están cosechando maíz y legumbres en cantidad suficiente para alimentar a sus familias; en la práctica, el aumento del rendimiento genera un excedente que pueden vender, lo cual mejora sus medios de vida a la vez que contribuye a la cesta nacional de alimentos.

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