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Los países asumen responsabilidades en la lucha contra la langosta del desierto

Desde 2006 los países han detectado y controlado con éxito cuatro brotes de langosta del desierto sin asistencia externa.

Datos clave

Cuando especialistas altamente capacitados llegados en vehículos bien equipados respondían a noticias transmitidas por radio de un brote de langosta del desierto en Malí, todo parecía indicar que se estaba declarando una crisis. En realidad, se trataba de un simulacro muy bien planificado que, tras meses de preparación, ejecutaron los 10 países miembros de la Comisión de la FAO de Lucha contra la Langosta del Desierto en la Región Occidental (CLCPRO). Los simulacros son, junto con las operaciones de seguimiento sobre el terreno vinculadas con sistemas nacionales, regionales y mundiales, una de las herramientas elaboradas por los países de la CLCPRO para vigilar permanentemente las actividades de la langosta en África occidental y noroccidental. Las unidades nacionales autónomas de lucha contra la langosta del desierto han elaborado planes de emergencia y mantienen equipo y existencias de plaguicidas en previsión de una respuesta rápida. Cuando la CLCPRO se creó en 2002, pocos países disponían de unidades nacionales de lucha contra la langosta o programas autofinanciados. Sin embargo, a medida que los países entendían los beneficios que esas unidades podían reportar a su seguridad alimentaria y su economía, en sus presupuestos fueron dando prioridad a la lucha nacional y regional contra la langosta del desierto.

La última gran plaga de langosta  declarada en el mundo duró dos años, de 2003 a 2005, y se propagó de unos cuantos millares a millones de hectáreas, infestando 20 países de África septentrional y obligando a emplear 13 millones de litros de plaguicida. Para controllarla hicieron falta más de 500 000 millones de USD, y las pérdidas de cosechas superaron los 2 500 millones de USD. La plaga acabó cediendo a la labor de lucha y a las condiciones climatológicas desfavorables, pero, a su paso, millones de personas habían perdido alimentos y medios de  vida, a lo cual se sumaba el impacto ambiental que tuvieron los plaguicidas empleados en toda la región.

Actualmente, las posibilidades de que vuelva a declararse una plaga de tales dimensiones en África occidental y noroccidental han quedado reducidas astronómicamente gracias a la labor de la Comisión de la FAO de Lucha contra la Langosta del Desierto en la Región Occidental (CLCPRO). La CLCPRO, una de las tres comisiones regionales de la FAO encargadas de la langosta, colabora con los 10 países de la región. Cuando la FAO creó la CLCPRO en 2002, era la primera vez que se agrupaba a los países de África occidental en una comisión regional de la FAO de lucha contra la langosta. Por conducto del Sistema de prevención de emergencia de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas (EMPRES), la CLCPRO empleó una estrategia de lucha preventiva que ha resultado sostenible. El hecho de que la plaga de 2003-05 se declarara antes de que EMPRES entrara en funcionamiento confirmó a los países y a los donantes la importancia de contar en la región con una estrategia de vigilancia de la langosta y de lucha contra la plaga, así como de tener capacidad para aplicarla y mantenerla. De hecho, examinando el costo de las actividades de lucha de la CLCPRO, se comprueba que los gastos que supuso la plaga en 2003 habrían sufragado 170 años de prevención.
 
Alerta rápida y reacción rápida, clave del éxito

Cuando la plaga de 2003-05 quedó controlada, la CLCPRO sumó sus fuerzas a las de EMPRES para establecer unidades autónomas de lucha contra la langosta con fines de alerta rápida y reacción rápida ante brotes de langosta. Las unidades están ahora firmemente asentadas en los ministerios nacionales de agricultura de Argelia, Burkina Faso, el Chad, Libia, Malí, Marruecos, Mauritania, el Níger, el Senegal y Túnez y se financian con cargo a los presupuestos nacionales. De ese modo, se sustraen al ámbito de la política y queda garantizada su existencia aunque cambie el ministro.

La CLCPRO aporta capacitación y equipo a especialistas nacionales en la lucha contra las mangosta que estudian las zonas desérticas reuniendo información sobre las condiciones ecológicas y las poblaciones de langostas. Los datos nacionales están vinculados con el sistema mundial de alerta rápida de la FAO, el denominado Servicio de información sobre la langosta del desierto, ubicado en Roma. Este Servicio analiza datos procedentes de todos los países, así como imágenes obtenidas desde satélites, para pronosticar el momento, la ubicación y la escala de la cría y la migración de langostas a fin de ofrecer a los países miembros alerta rápida. Gracias a las actividades de la CLCPRO, desde 2006 los países han conseguido detectar y controlar sin ayuda externa cuatro brotes en África occidental, y solo ha habido que someter a tratamiento a menos de 50 000 hectáreas.

Los países establecen un programa de intercambio de plaguicidas que beneficia a todos

Muchos países de la region mantienen existencias de plaguicida para garantizar una respuesta rápida en caso de imprevisto. Sin embargo, corren peligro de que venza la fecha de caducidad de las existencias, tras lo cual surge el problema de la eliminación de las sustancias tóxicas. Ante ello, los países de la CLCPRO han establecido un dispositivo de intercambio del que todos se benefician en virtud del cual quiete pueden permitirse el mantenimento de existencias las comparten con quienes las necesitan. De ese modo, los países necesitados reciben los plaguicidas sin tener que pagar por almacenarlos y son menores las
probabilidades de que los países se queden con existencias caducadas.

A principios de 2012 llegó a los países de la CLCPRO un sobrecogedor recordatorio de la importancia de implantar la vigilancia y la alerta rápida en toda la región cuando se declaró un brote de langosta en la frontera entre Argelia y Libia en un momento en que los problemas de seguridad estorbaban la vigilancia sobre el terreno y las operaciones de control preventivo. Como consecuencia del menor grado de control, se formaron pequeños grupos y enjambres de langostas que se desplazaron hacia el sur en dirección a Malí, el Níger y el Chad, donde, en muchas zonas, las labores de vigilancia y control también se veían obstaculizadas por problemas de seguridad, con lo cual toda la región entró en alerta.

Pero la propagación de esta amenaza ha demostrado que la región está mucho mejor preparada para hacer frente a una emergencia de lo que lo estaba cuando la crisis se declaró en 2003. Gracias a la CLCPRO las unidades nacionales de lucha disponen de personal debitamente capacitado, equipo adecuado y planes de emergencia a efectos de su rápida movilización y entrada en acción.