Innovación para la transformación de los sistemas agroalimentarios
El despliegue estratégico de la innovación puede ser un factor esencial propicio para la transformación de los sistemas agroalimentarios y servir de motor para lograr un desarrollo rural inclusivo, resiliente y sostenible.
La innovación agrícola es el proceso por el que las personas u organizaciones introducen por primera vez en un determinado contexto el uso de productos, procesos o formas de organización nuevos o existentes con el fin de aumentar la eficacia, la competitividad, la resiliencia ante las perturbaciones o la sostenibilidad medioambiental, favoreciendo así la seguridad alimentaria y la nutrición, el desarrollo económico o la ordenación sostenible de los recursos naturales (FAO, 2019).
Existen muchas esferas de innovación, como las siguientes:
Las innovaciones institucionales son nuevas normas y formas de organizar las relaciones entre los distintos actores de un sistema.
Se producen cuando las personas y las organizaciones (actores) movilizan estratégicamente a otros a través de redes de relaciones a fin de reparar o sustituir instituciones.
Enlaces pertinentes
Se producen cuando las personas y las organizaciones (actores) movilizan estratégicamente a otros a través de redes de relaciones a fin de reparar o sustituir instituciones.
Enlaces pertinentes
Enlaces pertinentes
Enlaces pertinentes
Los enfoques agrícolas sostenibles innovadores, con inclusión de la agricultura climáticamente inteligente, la agricultura de conservación, la agricultura integrada, la agrosilvicultura y la agroecología, ofrecen oportunidades para lograr, al mismo tiempo, los dos objetivos de producir alimentos suficientes y proteger el medio ambiente, sin perder de vista los desafíos.
La agroecología es un enfoque participativo y orientado a la acción que abarca tres dimensiones, a saber: una ciencia transdisciplinaria, un conjunto de prácticas y un movimiento social.
Las innovaciones agroecológicas se distinguen por reconocer que la producción, la distribución y el consumo de alimentos establecen una relación intrínseca entre los procesos económicos, ecológicos y sociales; incluyen además el cambio ―institucional, ecológico, tecnológico, social, en el plano de las políticas y basado en el mercado― centrado en la creación conjunta de conocimientos.